Opinion · Ciudadano autosuficiente

Diez cosas que dejarás de hacer muy pronto

El viernes pasado, una señora forcejeaba con una bolsa de papel en un supermercado madrileño. A punto de romper la bolsa, dijo en voz alta y clara, para que todos pudiéramos oírla: “Con lo bien que funcionaban las bolsas de toda la vida [de plástico], y ahora este engorro”. Alguien entre el público apostilló: “Cosas de la ecología, señora”. Y esto es solo el principio.

Por mor de la ecología, o la sostenibilidad, o los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030), muchas cosas van a cambiar. Dejando de lado las cosas grandes (el “mix” energético, la descarbonización del transporte, la economía circular, etc.) hay infinidad de pequeños gestos cotidianos que ya no vamos a hacer, o que vamos a hacer de otro modo. Pesadilla o utopía, todo lo que se cuenta abajo no es ciencia ficción, sino la consecuencia lógica de tendencias que ya están en marcha.

Volver a casa con un montón de bolsas de plástico que acaban en la basura en pocos minutos
La erradicación del plástico desechable no va a ser cosa fácil, pero ya está empezando. Hace algunos años Carrefour comenzó a cobrar las bolsas de plástico y ahora Lidl las ha eliminado de su oferta. La alternativa son bolsas de papel fuerte (kraft). Podemos usarlas para recoger el papel usado y llevarlo al contenedor azul o bien para acopiar la materia orgánica. El truco consiste en meter dos o tres bolsas de papel unas dentro de otras, para formar una superbolsa casi impermeable, compostable y biodegradable. Cuando esté llena, la llevamos al contenedor especial marrón o al común de restos, y listo.

Dar un acelerón en una calle o avenida de nuestra ciudad
La generalización de una velocidad máxima de 30 km/h o menos cambiará radicalmente nuestra manera de conducir. Ya no podremos acelerar para pillar el semáforo en verde o para intimidar a ese peatón que vemos acercarse al paso de peatones. Conduciremos con mucha tranquilidad y la vista puesta siempre en los peatones que nos rodean. Se acabó el placer de conducir en la ciudad. Por cierto, tampoco podremos ir en coche a todas partes y aparcar donde queramos (o haya sitio). Más y más zonas se harán peatonales y en general prohibidas al tráfico de coches.

Parar en una gasolinera para llenar el depósito
La generalización del coche eléctrico acabará con el negocio del combustible líquido de automoción. Tampoco nos preocupará el precio de la gasolina ni iremos de gasolinera en gasolinera buscando los precios más bajos. Pagaremos la tarifa eléctrica de automoción, única y hasta diez veces más barata que la de la gasolina o gasóleo. Además, la mayoría de los que se empeñen en tener coche propio lo cargarán en sus casas, por la noche. Las electrolineras funcionarán más bien dando un empujón de carga extra a un coche con la batería baja.

Recibir tremendos recibos de la luz
Esos recibos de la luz que nos hacen dar un respingo serán cosa del pasado. La razón está en que el “mix” eléctrico será renovable en un 90%, y el agua, el luz del sol y el viento son gratuitos, no hace falta sacarlos de una mina ni transportarlos en buques-tanque. Hay otros muchos gastos en un sistema renovable, claro está, pero el precio final es menor que en un sistema eléctrico basado en las energías fósiles.

Comprar un kilo de carne por tres euros. O tres camisetas por un euro
No va a ser posible porque toda la carne que esté en el mercado será de calidad, procedente de animales bien criados y alimentados con pienso ecológico. Eso subirá los precios sin duda. Algo parecido ocurrirá con la ropa low cost: cuando se pague un precio real por el consumo de agua de los algodonales y buenos salarios a los trabajadores del textil, el concepto de ropa de usar y tirar mezclada con poliéster, barata y de mala calidad, dejará de tener sentido.

Poner el aire acondicionado a tope, o derrochar agua regando nuestro césped
En realidad sí podremos, pero los nuevos sistemas tarifarios y contadores inteligentes electrónicos detectarán el desaforado consumo y lo penalizarán a modo. El que quiera lujos, que se los pague.

Comprar alimentos con etiquetas engañosas, supuestamente bajos en grasa, sal, azúcar, naturales, “eco”, “bio”, etc.
Las nuevas informaciones en los paquetes de comida serán de una sinceridad brutal. En realidad, habrá etiquetas como las que ahora podemos ver en los paquetes de tabaco en las cajas de cereales: “Este producto contiene un 50% de azúcar. El exceso de azúcar produce obesidad, diabetes y otras graves enfermedades”. Tampoco podremos comprar alimentos ecológicos, porque la agricultura ecológica será el nuevo estándar universal de producción de alimentos. Será como si todos los huevos a la venta fueran de clase 1 o 0 (criados en libertad o alimentados con pienso ecológico).

Tirar a la basura distraídamente latas y botellas
Los sistemas de devolución y retorno (la versión moderna del antiguo “devolver el casco”) nos harán pagar un buen dinero por cada envase y asegurarán que nos tomemos la molestia de devolverlo para recuperar la tasa.

No saber cuánto pagamos de tasa de basuras
Los nuevos métodos de recogida de residuos municipales serán capaces de saber con exactitud cuánta basura produce cada vecino, el cual pagará en proporción y no según el tamaño de la vivienda o por otra estimación, como ocurre ahora. La gente menos propensa a producir basura saldrá beneficiada.

Hacer caso omiso de nuestra huella ecológica
Para echarse a temblar: la huella ecológica de las personas físicas será medida con procedimientos oficiales y servirá de base de un impuesto / subvención. Las personas con huella ecológica reducida recibirán dinero del estado, dinero que saldrá de los elevados impuestos que gravarán las huellas ecológicas demasiado altas.

Jesús Alonso Millán

Hablando de huella ecológica: puedes unirte a los miles de personas que ya han medido la suya… y aprendido cómo hacerla más pequeña. Haz clic en este enlace, no te llevará más de un minuto.