ANTONIO AVENDAÑO
Hay una derecha española que tiene una fe ciega en la maldad de la izquierda, de manera que nada que desmienta esa maldad tiene crédito alguno para ella. También hay una izquierda española a la que le ocurre lo mismo con la derecha, pero se trata de una izquierda marginal. Hoy hablo de una derecha convencida de patrañas como que la izquierda tritura bebés de ocho meses en las clínicas abortivas, asesina enfermos terminales en las urgencias de los hospitales o urde pavorosos atentados con apariencia de haber sido cometidos por cuatro moros desharrapados. Sus certezas son tan sólidas que ningún hecho las desmentirá jamás. Ningún hecho ni, por supuesto, ninguna sentencia. La sentencia del 11-M nunca convencerá a esa derecha de la autoría estrictamente islamista del 11-M. La sentencia de la Audiencia de Madrid nunca convencerá a esa derecha de que los médicos de urgencias de Leganés no mataban a sus pacientes.
En la atribución de maldades a la izquierda tal vez yerre en algún detalle, pero para esa derecha la verdad no está en los detalles. La verdad emana de su fe y nada más que de su torcida fe. Los hechos, las sentencias, los contrastes, los desmentidos son irrelevantes. De ahí que se trate de una derecha tan problemáticamente democrática. Aun así, no debería haber duda de que esa derecha no es toda la derecha española. No lo es pero lo parece, y por parecerlo es por lo que va a perder estrepitosamente estas elecciones.
ANTONIO AVENDAÑO
En alguna de aquellas páginas de William Faulkner en las que jueces, fiscales o coroneles del Sur derrotado deambulan melancólicos como fantasmas en el polvo se dice que la justicia consiste en un 50 por ciento de aplicación de la ley y un 50% de sentido común. Hasta ahora, los familiares de los 62 militares muertos en el avión Yak-42 habían conseguido a duras penas lo primero, pero en absoluto lo segundo. Puede que el juez instructor Fernando Grande-Marlaska haya intentado de buena fe aplicar la ley, pero desde luego que no ha aplicado el sentido común al pretender el archivo del asunto. Con su auto ordenando sin contemplaciones a Grande-Marlaska reabrir la investigación del caso, lo que la Audiencia Nacional ha venido a restituir ha sido, sobre todo, el sentido común.
Durante cuatro largos años las derrotadas familias de los militares muertos en Turquía en mayo de 2003 venían clamando por esa restitución sin la cual no hay justicia posible. Los familiares de las víctimas tal vez no sean expertos en leyes, pero lo son en sentido común. Y su sentido común les decía lo que nos dice a todos los que creemos en ese singular invento de los hombres que es la justicia: que si alguien contrata un aparato sobre el que una de las víctimas le dijo a la que hoy es su viuda que rezara por él “porque este avión es una mierda”; si alguien contrata un cacharro así y luego se estrella y sus ocupantes mueren y además el contratista ordena enterrar los cadáveres de mala manera, como si fueran “un montón de perros apagados”; si ocurre todo eso, es obvio que hay que investigarlo. Luego habrá o no habrá condenas, pero tiene que haber investigación y juicio. Para llegar a esa conclusión no hace falta ser juez de la Audiencia Nacional. Ni hace falta tampoco haber leído a Faulkner o robarle titulares a Lorca. Basta con tener un poco de sentido común. Y querer aplicarlo.
ANTONIO AVENDAÑO
La principal incógnita de las andaluzas no es quién ganará el Gobierno, sino quién desaparecerá del mapa. Mientras que para las generales hay los dos candidatos de siempre a la victoria, para las autonómicas andaluzas hay el único candidato de siempre a la victoria, que sigue siendo el Partido Socialista. Javier Arenas simula que él también puede ganar, pero lo ha simulado demasiadas veces como para que convenza de ello a alguien a estas alturas. Arenas es el líder político que mejor sabe poner cara de ganar cuando todos saben que va a perder, mientras que Chaves es el líder que mejor sabe poner cara de empatar cuando todos saben que va a golear. Ésta ha sido históricamente una de las grandes bazas político-fisonómicas de Chaves: que tiene cara de conformarse con el empate.
Pero la gran incógnita es si Izquierda Unida y la Coalición Andalucista van a lograr, al fin, desaparecer. Desde luego, están poniendo mucha voluntad en ello. Han agotado prácticamente todas las maneras posibles de matarse entre ellos. El andalucismo anda como vaca sin cencerro y sin saber qué quiere ser de mayor: si un PNV, una CiU o una ERC. Como siga así, acabará siendo polvo, sombra, nada. En Izquierda Unida, mientras tanto, se odian unos a otros demasiado. Moribundos mutuamente amenazándose con matarse. Así, Chaves y el PSOE no ganan en Andalucía por ser los mejores, sino por algo mucho más sencillo: ganan porque son los únicos normales.
JUAN VARELA. Periodista y autor del blog www.periodistas21.com
El equipo del presidente José Luis Rodríguez Zapatero contesta propuestas de los ciudadanos en su web electoral La mirada positiva. El de Mariano Rajoy publica cada día en su perfil en FaceBook si trabaja en Génova, si se ha ido a casa o está comiendo. Gaspar Llamazares anuncia en su blog las novedades de la campaña y por ahora es el único de los candidatos nacionales que escribe una bitácora.
Los medios digitales se han unido para reclamar un debate electoral en Internet y YouTube, el portal de vídeo líder en el mundo, se lanza a la campaña con la fórmula de You Choose (Tú eliges) después de su éxito en Estados Unidos, donde los candidatos demócratas y republicanos contestan a los electores.
Los políticos se lanzan a Internet y las redes sociales pero ninguno de los dos principales candidatos españoles contesta directamente a los internautas. La política en Internet sigue muy separada de la real pese a que la política está en la Red. Las políticas de Internet empiezan a estar entre los temas de campaña cuatro años después de que la movilización de las multitudes inteligentes a través de sms, blogs y foros de Internet jugara un papel esencial en la victoria de Zapatero.
“No al canon digital” es la propuesta ciudadana más votada en la web de Zapatero. La campaña electoral arrancó al mismo tiempo que el Congreso aprobaba definitivamente la impopular medida. Y la Red estalló. Con 767 votos es la propuesta estrella, seguida por la petición de más recursos para la educación pública y la despenalización de las drogas blandas.
El equipo socialista reaccionó y en su promesa de contestar algunas propuestas defendió la implantación del canon. Democracia directa al estilo de la segosphere, la campaña participativa de la socialista francesa Ségolène Royal.
El equipo del PSOE ya había experimentado con la comunicación directa con los ciudadanos y las propuestas participativas, votadas por los propios internautas, en la campaña a la alcaldía de Madrid de Miguel Sebastián. El candidato socialista no ganó, pero fue el más presente y activo en Internet.
La web electoral de Mariano Rajoy se estrenó con un contador de los días que quedaban para suprimir el canon. Guiño a los internautas para arrancar la campaña. El no a Gallardón para entrar en las listas ha reventado la placidez y los elogios continuos para Rajoy en FaceBook o en los foros de Voluntarios Populares.
El PP experimenta lo difícil de controlar la política y la participación en Internet, donde la democracia deliberativa se ha desarrollado con más fuerza que en ninguno de los medios conocidos. El programa electoral del PSOE es el que recoge más iniciativas sobre la sociedad de la información y las nuevas tecnologías. Ahora se centra en avanzar en el voto por Internet. Para cerrar la legislatura, el Gobierno aprobó dominios .es gratis para los menores de 30 años y amplió los objetivos del Plan Avanza, el contenedor de proyectos de nuevas tecnologías e Internet de la legislatura.
Rajoy propone la creación de una Agencia de Propiedad Intelectual para cumplir su promesa de reformar el canon y la gestión de los derechos digitales, y un plan nacional “para alcanzar la plena penetración de las Tecnologías de la Información y las comunicaciones en la vida de las personas”. Sin noticias por ahora en el programa de Izquierda Unida.
Y con Internet, la videocracia. A los ciudadanos les atrae la participación y la libertad de la política en Internet. A los partidos, también. Para ellos libertad es saltarse el filtro de los medios y hacer llegar sus mensajes a la opinión pública sin límite. Y la imagen sigue siendo su principal arma. Por eso YouTube y las redes de vídeo son tan importantes. La política está en el vídeo porque la “la revolución no será televisada”, dijo Joe Trippi, asesor de Howard Dean e inventor de las modernas campañas políticas en Internet. Después vendrían los debates de Ségolène con sus simpatizantes, las peroratas del británico David Cameron en la cocina de su casa o las charlas de Hillary Clinton desde el salón.
Los políticos españoles han aprendido poco. Sus vídeos en Internet son ruedas de prensa, mítines y telepropaganda. La videocracia es un lugar donde el acto de ver suplanta al de discurrir, como ha dicho Giovanni Sartori. Aunque también puede recordar y hacer pensar, como ocurrió con los pioneros de Hai que botalos, los cortos en Internet en protesta por el Prestige que tanto daño hicieron a Manuel Fraga en Galicia.
Howard Dean lanzó su campaña internetera porque no tenía dinero para la televisión. Tener la televisión asegurada limita mucho la pasión por la Internet política. El 24% de los norteamericanos ya se informa de la campaña por la Red, casi el doble que en 2004 (datos de Pew Internet). Y para el 42% de los menores de 30 años es su principal medio de información sólo por detrás de la televisión.
La brecha digital es generacional. En España, también. Por eso los partidos están tan interesados en Internet: uno de los pocos lugares donde encontrar a los jóvenes. ¿Aceptarán los nativos digitales una ciberpolítica muda y sorda y tan parecida a la de siempre? Es el desafío de la ciberdemocracia. Conseguir que la política en Internet mejore la tradicional. Sólo así una política 2.0, de participación, permitirá llegar incluso a otra política 3.0, el sistema operativo de la globalización, donde los ciberciudadanos se convierten en filtro público y activistas a través de la participación y el debate en red. Donde la movilización es rápida y sin necesidad de organización ni jerarquías. Un tejido de espacios comunes donde los ciudadanos se agrupan para causas concretas en coaliciones frágiles, pero con alto poder de difusión viral.
O todo quedará en un nuevo interfaz para la democracia de siempre.
SALOMÉ GARCÍA
O tienen ustedes una vida interior tan intensa que prescinden de la realidad –conozco casos– o les esperan cincuenta días de matraca electoral hasta la cita del 9 de marzo. Por mi parte, una vez descartadas las drogas ilegales –no prometo nada–, me he buscado un truco para soportar lo que se avecina.
Hasta nuevo aviso, me limitaré a leer las informaciones sobre el PP. No me negarán que es un partido de lo más ameno.
Tiene de todo: unas dosis de corrupción, luchas intestinas por suceder al líder antes incluso de que las urnas dictaminen si se lo merece; una mala de manual al acecho de ese puesto, de ésas que logran poner al espectador de su parte; puestas en escena de lo más innovadoras; empresarios supermillonarios que se van a preocupar de cómo llegan las familias españolas a fin de mes; especialistas en la mentira escrutando las declaraciones de Zapatero para pillarle en un renuncio; un ex presidente que ha sido abducido por su propio personaje (su aparición ayer, melena al aire y sujetando al vuelo la pashmina gris, da para una jornada de reflexión completa) y un plantel de secundarios que darán juego.
Los del PSOE ya pueden espabilar. Si quieren mi atención, que trabajen para superar tanto espectáculo.
VICENTE CLAVERO
A Esperanza Aguirre le han empapelado ya a un director general y a un viceconsejero. A ambos, curiosamente, por presuntas anomalías en su gestión como encargados de la vigilancia urbanística. Primero fue Enrique Porto, uno de los pocos altos cargos de la época de Alberto Ruiz Gallardón a los que no despidió con cajas destempladas. Y ahora le ha tocado el turno a Luis Armada, un arquitecto al que conoció siendo concejala y que andando el tiempo se llevó consigo a la Comunidad de Madrid.
Ni uno ni otro incurrieron en las irregularidades de las que se les acusa bajo el mando de Esperanza Aguirre, que puede zafarse así de la responsabilidad política que en caso contrario cabría exigirle, como suelen exigirlas ella y su partido con vehemencia a los demás cuando se encuentra en situaciones semejantes. Pero lo que ha quedado de manifiesto, al menos de momento, es que la “lideresa” del PP no pone demasiado cuidado a la hora de elegir a sus principales colaboradores.
La primera vez, al ser requerida su opinión por los periodistas, respondió con un displicente “Pregúntenle a Porto”.
Probablemente, en esta ocasión tenga una salida similar, como si con ella no fuera la cosa. Pero claro que va. Porque, si con todos los que le rodean ha sido tan poco escrupulosa, ¿el próximo quién será? ¿Un consejero? ¿Y entonces qué? ¿Dirá también que pasaba por allí y que no quiere saber nada?
SALOME GARCÍA
Lo ha hecho tarde, muy a destiempo y con más coste que beneficio por la inexplicable exhibición de la lucha intestina en el PP, pero esta vez Mariano Rajoy ha tomado una decisión sin ambigüedades, lo que en sí mismo es una noticia. Y no me refiero a la de negar a Gallardón el trampolín hacia el liderazgo que pretendía con un escaño en el Congreso, que ésa más que una decisión propia fue una imposición de Aguirre; sino a la determinación con la que ha emprendido el camino a la derecha.
Mensaje nítido a los partidarios del centro: vayan buscando alternativas si quieren votar en marzo. Rajoy ya no les representa. Se ha liberado de las tibiezas y ambigüedades tras las que permanecía borroso estos años y ahora se ofrece nítido al electorado. Aquel que pasó por ser más moderado que su mentor, José María Aznar, ha vuelto a las esencias del PP de la mayoría absoluta, el que gobernó España como un cortijo entre el 2000 y el 2004.
Le ha pasado lo que a todos los inseguros, que cuando toman una decisión se pasan de radicales. Al aceptar el órdago de Esperanza y despreciar la oferta de Gallardón, Rajoy ha derechizado su mensaje al electorado. El PP de hoy es el que prefiere la Cope al ABC, se vuelca con Alcaraz en lugar de hacerlo con Vidal-Abarca, admira a Rouco antes que a Blázquez y potencia a Acebes y Zaplana mientras pierde a Matas y Piqué.
Ahora ya está claro a qué se vota el 9-M.
JESÚS MARAÑA
Que Mariano Rajoy suele “echarle una pensada” a cada problema en lugar de buscar de inmediato una solución, ya se sabía. Que Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre se odian de forma entrañable desde hace años, también se sabía. Que el alcalde de Madrid estaba empeñado en acompañar a Rajoy en la lista electoral, pues claro. Que la intención última de Gallardón era tener escaño en el Congreso ante la posibilidad de una espantada de Rajoy si pierde las próximas elecciones, era vox populi. Que Esperanza dijo desde el primer minuto del partido “¡entonces, también yo!” estaba cantado. Ya son ganas de arropar al líder o de asistir en primera fila a su entierro político.
Lo que no sabíamos era que Rajoy necesitara reunir a la “pareja” antes de tomar una decisión final sobre la lista por Madrid. Y menos a las veinticuatro horas de anunciar con mucha autoridad la única sorpresa que tenía guardada: Manuel Pizarro como número dos. El PP reconocía anoche oficialmente que la reunión fue tensa y que tanto Aguirre como Gallardón seguían exigiendo “un puesto”.
Ni con el asesoramiento socialista podría Rajoy haber gestionado peor esta penúltima crisis. Si dio un puñetazo en la mesa, como aseguran algunas fuentes, lo hizo demasiado tarde. Aguirre ya había amenazado, él no había decidido y Gallardón estaba fuera de combate. ¡Qué tropa!
FERNANDO GAREA
Gallardón siempre va muy deprisa y suele apostar fuerte, aunque sus cartas sean las peores. No mide sus fuerzas. Vive muchas vidas en muy corto espacio de tiempo, pero de este golpe es difícil que se recupere. Lo peor para Gallardón es que nadie le va a llorar en el PP. Sólo le llorará su muy reducido equipo, dispuesto a inmolarse por él, y quizás Fraga que llora siempre.
Estaba ya fuera del presente y del futuro del PP, pero él era el único que no se había enterado. Ha vivido en la ficción de creer que tenía opción de sustituir a Rajoy si el resultado es adverso el 9-M. Apostó fuerte sin medir sus apoyos y su ambición se ha visto truncada.
Se ha dado de bruces con la realidad y Rajoy ha agravado la derrota manteniendo con crueldad la confusión. No le hubiera costado nada hablar hace meses con el alcalde de Madrid y decirle: “Abandona toda esperanza”.
Gallardón creía que Rajoy, finalmente, no iba a tener más remedio que incluirle en la lista, precisamente para no proporcionar al PSOE la municición del centrista descartado. Creía que en Rajoy iba a pesar más el miedo a aparecer como preso de la Cope y de los sectores más conservadores del partido. Pensaba que su presencia en las listas evitaba la imagen de debilidad de Rajoy. En eso confiaba y se ha equivocado, porque el líder del PP podrá ser débil y haber cedido al órdago de última hora de Aguirre, pero ha demostrado más crueldad y sangre fría que Aznar.
El error de Gallardón es creer que contra él sólo estaba Esperanza Aguirre. La inmensa mayoría de los dirigentes del PP respiró anoche aliviada porque consideraba que si Rajoy accedía se creaba un peligroso precedente, porque se premiaba al rebelde, al disidente, al que desoye las recomendaciones y hace públicas sus aspiraciones y ambiciones. Pero Gallardón lo reducía sólo a un pulso personal de Esperanza Aguirre, que se veía fuera de la posible sucesión.
Pero hoy nadie le llorará en Génova y, probablemente, en ninguna dirección regional o provincial. Detrás del órdago que ganó ayer la presidenta de Madrid están casi todos los cuadros del PP. Al alcalde se le olvidó hace 10 años trabajarse el apoyo del partido. Decía tener el respaldo de Aznar, pero eso tampoco está nada claro.
Los de Esperanza sostenían anoche que ha sido el propio Gallardón quien ha ido “hinchando el globo” durante meses, como el hinchó el del PP de Madrid en el último Congreso y ha terminado por meterse en el lío él solo. No miró si había agua antes de tirarse a la piscina. El nutrido grupo que apoya a Esperanza Aguirre considera que, de nuevo, Gallardón se ha hecho trampas él sólo y se ha metido en el lío, sin preocuparse de buscar apoyos dentro del partido. Sí se procuró respaldo de Felipe González, de Bono o del Grupo Prisa, pero esos no puntúan en el partido. Añaden que ahora mantendrá el victimismo unas semanas y auguran que prepara el discurso del 10-M: “Han perdido sin mí”.
Como el capitán Ahab, Gallardón seguirá persiguiendo su ballena blanca, su sueño de La Moncloa, pero si antes de ayer creía tener alguna posibilidad por pequeña que fuera ahora debe abandonar toda esperanza.
SALOMÉ GARCÍA
Heredamos una ley hipócrita de una época en la que hacía falta hipocresía para legislar contra la moral católica. Sería ridículo pretender que en la España de 1985 –a menos de una década del fin de la dictadura– las fuerzas muy vivas de la derecha hubieran consentido un derecho para la mujer embarazada en lugar de algunos supuestos en los que abortar no fuera delito.
Mayor hipocresía demostró años después González –que hoy clama por una ley de plazos– al dejar para la fase terminal de su mandato una reforma despenalizadora que ya en 1995 era una reclamación social relevante. Nunca llegó a ver la luz.
Para hipocresía sin parangón, la del PP. Gobernó ocho años sin mentar la ley, con el silencio cómplice de asociaciones pro vida y cúpulas eclesiales que jamás protestaron por los más de 450.000 abortos que se llevaron a cabo en esa doble legislatura.
Hipócrita la Sanidad pública que permite a sus ginecólogos la objeción sobrevenida e inmediata, sin obligarles a registrarse como objetores o a practicar abortos gratuitos. Habría que ver si algunos de ellos completan sueldo en centros privados.
Hipócrita Zapatero por prometer una ley de plazos en su programa electoral de 2004 y ni pedir disculpas ahora por sostener que no hay demanda social para esa reforma. Y lenta la vicepresidenta por intervenir sólo cuando ya han sido acosadas 25 mujeres. Y eso por ahora.