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Hacer el ridículo

04 feb 2008
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ANTONIO AVENDAÑO

A veces la política conjuga sin pudor el conocido verbo irregular Hacer el Ridículo. Ya saben: Yo hago el ridículo, tú haces el ridículo, él hace el ridículo y así hasta el infinito. Este fin de semana el PP andaluz lanzaba la noticia bomba. Atención, atención, paren rotativas, noticia bomba, repetimos, noticia bomba: “Chaves promociona la enseñanza del catalán en Andalucía”. Hasta ayer mismo, Javier Arenasy Mariano Rajoy siguieron disfrutando del notición y haciendo anticatalanismo a lo bruto, como cuando lo del cava, pero sin cava. Rajoy hizo del gramático Nebrija: “No tiene ningún sentido, la prioridad es conocer el castellano”. Arenas estuvo más torero: “He llegado a pensar que el programa electoral de Chaves lo habían hecho los asesores de Montilla o Maragall”. Ambos se lo estaban pasando bomba con la noticia bomba: Chaves haciéndole el caldo gordo al catalanismo separatista, qué bueno, tú, con esto nos hartamos a robarle votos al PSOE, ya verás, tú, ya verás.
Horas después todo se venía abajo: la oferta socialista de enseñar catalán en las Escuelas de Idiomas de Andalucía está en vigor desde hace tiempo nada menos que ¡¡¡en la Escuela de Madrid!!!, maldita sea, en el mismo Madrid Nacional que gobierna con españolísima mano la gran Aguirre. O sea, ¡ah, traición!, que la lideresa misma también ampara el catalán en el mismísimo corazón de España .
(En fin, sólo por ratos como éste vale la pena seguir una precampaña electoral).

El silencio de Dios y de Rajoy

04 feb 2008
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ANTONIO AVENDAÑO

Los obispos de la espaciosa y triste España de fray Luis persisten en su triple error de confundir a Dios con la Conferencia Episcopal, al PSOE con el Maligno y al PP con el Mesías. Dicen hablar en nombre de Dios, pero sólo hablan en nombre de sí mismos. No es que mientan, es que su pretensión de ser portavoces de Dios es una pretensión vana, cuando no sacrílega. Nadie está autorizado a hablar en nombre de Dios, pues la más profunda, inescrutable y misteriosa esencia de Dios es precisamente el silencio. Por eso da Dios tanto juego. Ninguna iglesia ha respetado nunca el silencio de Dios porque todas viven de él. Pero la española, tan cuca ella, ha logrado mejorar esa situación teológica viviendo no de uno, sino de dos silencios: el silencio de Dios y el silencio de Rajoy. Ante las cosas que dicen los obispos, ante su indisimulada nostalgia del Estado apostólico y confesional, Dios calla porque pronunciarse sería violar su propia esencia, mientras que Rajoy calla porque sabe que si les siguen la corriente a los obispos los seguidores del Maligno podrían verse impelidos a acudir a las urnas espoleados por la sacrílega alianza de la Cruz y la Gaviota. Pero a pesar de ese doble silencio, los obispos lo están consiguiendo: están consiguiendo cabrearnos. Y por cierto que ya era hora, vive Dios.