JOSÉ ANTONIO LABORDETA
Por esos raros oficios que uno ha ideo creando a largo de su ya, empieza, dilatada vida, las gentes de la localidad Navarra de Sartaguda, a orillas del Ebro, me invitaron, el sábado 10 a la inauguración de un monumento en recuerdo y homenaje de los fusilados republicanos el año treinta y seis.
Hablar de aquello produce escalofríos por la brutalidad que allí y en otros muchos lugares de España, se produjo y ahora, cuando los familiares buscan y rebuscan a sus antepasados, las “gentes de orden”, que han tenido a los muertos suyos en lapidas de las iglesias, en calles de las ciudades y a otros en monumentos, escandalizadas dicen que aquello ya es una pagina de la historia y que hay que pasarla.
Con sus beatos, tambien fusilados en la zona republicana-bastantes menos- el Vaticano, en manos de la iglesia mas reaccionaria de todos los tiempos, los elevan a los altares y los sacralizan sin que la pagina haya que pasarle porque ellos son, siempre los vencedores y hay que aguantarse.
Por eso cuando acudí hasta Sartaguda y me encontré, a pesar de la lluvia, ante mas de cuatro mil personas, que durante todo el día habían soportado la emoción del recuerdo y del hermoso monumento, noté que la voz, había ido a cantar, se me truncó en emoción como nunca me había pasado
En la calle, seguía lloviendo, alguien nos dijo:” No habéis dicho nada de la Tercera”. Tenía razón, pero aquella tarde era un homenaje a la Segunda y a sus muertos desgarradamente.
Salomé García
“No será una reforma contra nadie”, se apresuró a aclarar la vicepresidenta el viernes, cuando la asetearon a preguntas sobre su anuncio de que el Gobierno promoverá una reforma de la Ley de Libertad Religiosa. Peca de optimista Teresa Fernández de la Vega si cree que no se ofenderá más de media España con la perspectiva sola de que se atreva a tocar los privilegios de la Iglesia católica. Y peca de ingenua si confía en tener el respaldo del presidente Zapatero para que la acompañe en su empeño de hacer más laico el Estado. No parece dispuesto Zapatero en esta segunda legislatura a quemarse en enfrentamientos que, pese a ser éticamente necesarios, le reportarían más penas que glorias. Más bien al contrario. El presidente da muestras evidentes desde su toma de posesión de optar por impulsar medidas que agraden al PP, o para ser más precisos, a los que votaron al PP. A un buen número de ellos les convenció el discurso casi xenófobo de Rajoy, según interpretación del PSOE. De ahí el giro copernicano en política de inmigración. Enterrada la idea de que los inmigrantes son fuente de riqueza cultural y económica, ahora se lleva más argumentar que privarles de libertad, aun sin cargos, por un periodo superior a 40 días es una “mejora” para “garantizar repatriaciones más humanitarias”. La laicidad, la ampliación del aborto y hasta la reforma de la Constitución se me antojan jardines que no quiere pasear ahora Zapatero.
DAVID MIRÓ
En 1980 la CiU de Jordi Pujol obtuvo una inesperada victoria en las elecciones catalanas gracias, sobre todo, a la aportación de unos 300.000 votos que provenían de la UCD. De ese trasvase de sufragios y de la llegada al poder del centroderecha nacionalista nacen todos los problemas del PP catalán. A partir de ese momento los populares catalanes (entonces de Alianza Popular) han intentado mil y una fórmulas para recuperar aquellos 300.000 votos que, casi 30 años después, no han salido del redil nacionalista.
Desde entonces el PPC ha vivido en su exiguo espacio, en el extrarradio del sistema político catalán, como una minoría esencialista, fuertemente ideologizada y combativa, casi antisistema. Nada que ver con el sur del Ebro o el centro peninsular, donde el PP representa el poder establecido de una manera ‘natural’.
Por eso una persona tan meliflua como Josep Piqué no tenía ningún predicamento entre una militancia entregada a los Acebes y Zaplana, auténticos héroes para ellos.
La historia del PPC es la de una disyuntiva entre unos principios que le condenan al ostracismo y la voluntad de ser partido de gobierno, de ser ‘normales’, como el resto de sus compañeros.
En el fondo se trata de optar entre representar sólo a una minoría, la derecha españolista, o intentar agrandar su espacio a riesgo de perderlo todo. No es fácil. Ni un tipo tan listo como Piqué lo consiguó.
EVA MINTENIG
Laura celebra mañana su “fiesta final de hipoteca” con una barbacoa para los amigos. Compró su propiedad en 1993, cuando los tipos de interés empezaban a bajar, y ha tardado 15 años en poder cancelarla. Actualmente pagaba un recibo mensual de 700 euros, cantidad que le parecía bastante llevadera. En mitad del recorrido hipotecario tuvo que afrontar la deuda sola porque su marido falleció, pero aun así ella reconoce que es una privilegiada porque sabe que, hoy día, le llevaría muchísimo más tiempo y más esfuerzo disponer de una vivienda como la que tiene.
A pesar de que seguramente se habrá privado alguna vez de comprar esto o lo otro, de salir aquí o allá para pagar el dichoso recibo, es consciente de que sus hijos renunciarán a muchas más cosas durante casi toda su vida adulta si quieren comprar un piso, y eso en el caso de que un alma caritativa de alguna entidad financiera se apiade de ellos y puedan obtener una hipoteca. En esto, dice Laura, vamos como Michael Jackson: para atrás.
Lo único bueno que le veo al tema es que se aproveche la alegría del corte de mangas al banco para celebrar una fiesta. No hay mal que por bien no venga. Te vas de casa de los padres, fiesta. Te divorcias, fiesta; sobrevives y cancelas por fin la hipoteca, fiesta. Claro que sí. Hay que celebrarlo todo. Que mañana nos puede atropellar un autobús.
ISAAC ROSA
Preguntado por la crisis económica, un poderoso empresario le quitaba hierro diciendo que podemos aguantar tasas de paro del 10%, pues ya sobrevivimos años atrás con un desempleo de más del 20%. Si lo miramos desde lo cuantitativo, tiene razón: hubo un tiempo en que uno de cada cuatro trabajadores, y la mitad de los jóvenes, estaba en paro. Y el país no estalló, es verdad, aquí seguimos.
Pero si miramos tras las cifras, el desempleo de hoy puede ser peor que el de antaño, aunque sea la mitad. Cojamos un parado de entonces y otro de hoy, y juguemos a encontrar las diferencias, como en el pasatiempo infantil. El parado de ayer, mal que bien, contaba con algún colchón para aguantar el momento: la prestación por desempleo, el denostado PER rural, la pensión o indemnización por reconversión de su sector o, en el caso de los jóvenes, la ayuda de los padres, en cuya casa todavía vivían.
El parado de hoy, en cambio, tal vez no tenga protección social por ser precario, temporal, falso autónomo o no tener ni contrato. En las zonas que un día fueron industriales, los parados de hoy son hijos de la reconversión de ayer, y ya se acabaron las ayudas. En cuanto a los jóvenes, se han independizado con hipotecas o alquileres altísimos, y sus padres, tras ayudarles con el piso, no pueden endeudarse más. Ahora que los ochenta están tan de moda, tal vez acabemos sintiendo nostalgia por aquellos parados. Eso sí: ellos no tenían Ikea, ni vuelos baratos, ni concursos de telerrealidad. Algo es algo.
JOSÉ ANTONIO LABORDETA
A Zaplana, de golpe, el señor Alierta, paisano de un servidor, le da un millón de euros y el personaje se larga, sin ninguna duda, dejando la tensión parlamentaria en manos de la señora Soraya. Se va tranquilamente porque su moral está por encima de dudas y complejos y anuncia, a bombo y platillo, lo que le van a dar de sueldo. Dicen, el lo niega, que cuando entró en política aseguró que lo hacía para forrarse. Si no se había forrado antes- Benidorm es una cajica de ahorros- lo ha hecho cuando las entretelas de sus trajes cruzados han comenzado a deshilacharse.
Don Cesareo Alierta parece que tiene complejo de rodearse de rancias figuras de la reciente historia de España desde los puntos de vista de la economía y la politica.
Para lo primero eligió a otro paisano, Pizarro, que hizo lo contrario que Zaplana: recogió sus ahorros y se metió en política .
Para lo segundo un influyente ciudadano que puso en tensión irritante los Plenos, las juntas de Portavoces y la Comisión del 11 M Donde él aparecía se levantaban barricadas de broncas para sacar de sus casillas al Banco Azul de los sociatas que, como avergonzados, soportaban las iras de este ciudadano que, visto con traje de calle, resultaba simpático, moreno y bien trajeado.
El día que se fue, en las entrevistas todo el mundo que hablaba parecía que lo hacia de otra persona y que todos se habían olvidado de a que carta había jugado. Hablaban bien. ¿Cuándo harán lo mismo de Acebes?
ANTONIO AVENDAÑO
La red es un espacio de libertad rigurosamente descontrolada donde los políticos juegan a periodistas y los periodistas juegan a políticos. Ese intercambio de papeles es altamente saludable para ambas partes, pero el riesgo que corren unos y otros es muy desigual.
Los políticos son unos tipos a los que, con toda la razón del mundo, todo el mundo pide cuentas, mientras que los periodistas son justamente lo contrario, unos tipos a quienes nadie se atreve a pedir cuentas, entre otras razones porque la exigencia de cuentas es una tarea encomendada al periodismo y éste es tan celoso de lo suyo que suele hacer pagar un alto precio a quienes se atreven a exigirle lo que con tanta fruición él reclama a los demás. No hay más que ver cómo cumplen los periódicos o las televisiones las sentencias que les obligan a rectificar: a regañadientes, desdibujando y hasta burlándose de la propia rectificación o publicándola como es debido, sí, pero más bien un 15 de agosto o un Viernes Santo para que tenga el menor eco posible.
Es llamativo que sean los políticos de izquierdas quienes más se prodigan en la red y quienes con más escrupulosidad ejercen de periodistas elaborando unos blogs bien armados informativamente y bien trabados éticamente. Y no es menos llamativo que sean los periodistas de derechas no sólo quienes más ruido hacen en la red, sino quienes con más brutalidad ejercen de políticos sectarios publicando webs descaradamente alimentadas con bulos, insultos, rumores, amenazas, desplantes, bravuconerías y todo el odioso armamento retórico de la peor política española. Todo esto ocurre así tal vez porque detrás de los mejores políticos de izquierdas se oculta un buen periodista, mientras que detrás de los peores periodistas de derechas acecha un mal político. El milagro de la red ha hecho aflorar el alma secreta de unos y otros.
EVA MINTENIG, PERIODISTA
Hablaba el otro día con un amigo, cuya mujer es una conocida abogada de Barcelona, muy competente, y me dijo: “No, si yo ya tengo claro que el mundo es vuestro, de las mujeres”. Mi respuesta fue inmediata: “Pero ¡qué dices! ¿En serio crees que las chicas queremos el mundo? Bastante trabajo tenemos ya”. Y él: “También es verdad. Por cierto, que yo tengo un alma femenina que no veas”.
Y ahí sí que salté: “Sí, hombre, ahora no te apuntes a nuestro bando, ¡oportunista!”
Todo esto viene a cuenta porque no paro de ver a mujeres poderosas a mi alrededor. Desde las ministras que están en las portadas cada día,
hasta la doctora de la Seguridad Social que me atendió la otra mañana. Da gusto, la verdad. Porque su aproximación al poder es diferente. Los hombres con poder tienden a querer dominar el mundo, poseerlo, mientras que las mujeres, me da la impresión, lo que desean es hacer que el mundo funcione, que sea más práctico. Las féminas que llegan
al poder con instinto masculino me asustan: Margaret
Thatcher, Hillary Clinton,
Madonna. Y los hombres que lo hacen recurriendo a una parte femenina de su alma, como dice mi amigo, suelen decepcionarme, como en el caso de Reijkaard. Lo que pasa es que, visto el auge importante que están teniendo
las mujeres en nuestro país, los hombres, que no son tontos, quieren ahora salir de su barrio e instalarse
en el nuestro. Lo mejor sería no dejarles.