EVA MINTENIG
Una amiga me mandó hace poco un e-mail comentando lo agresiva que es la gente cuando se pone tras el volante, y ayer comprobé cuánta razón tenía. Yo, en la ciudad, casi nunca voy en coche porque la moto es mucho más rápida, aunque caigan chuzos de punta. Te vistes de astronauta, y a la calle. Pero ayer se había muerto la batería de la moto y cogí el coche.
Saliendo de un parking en pleno centro, me topé con un señor (por llamarle de alguna manera) que, con su 4×4 carísimo y gigantesco, esperaba a que llegasen unas amigas y se montaran en su trasto.
El problema es que el señor (repito: es una manera de hablar) realizaba la espera en medio de la curvita de la empinada rampa de salida y no dejaba pasar a nadie. Como yo no veía a las amigas camino del trasto, con un ligerísimo toque de claxon y media sonrisa le indiqué que retrocediera medio metro, para poder pasar. “¿Qué pasa?”, gritó el energúmeno, palmeando con fuerza la puerta de su cacharro. “Que tengo prisa”, respondí.
Y no sólo no se movió, sino que demoró en extremo su ascenso por la rampa (frenando ostentosamente cada medio metro, para fastidiar) y el pago de su estancia en el aparcamiento, que debe de ser su entorno natural.
El energúmeno no consiguió, sin embargo, su propósito: decidí ser zen y no perder ni un segundo de mi existencia cabreándome con semejante retrasado.
XAVI CASINOS
Circula por Internet una convocatoria de concentración, mañana, en Barcelona para reclamar una calle para Winston Churchill. Los promotores son la Fundació Catalunya Oberta y el grupo Hayek, vinculado a la anterior. Dicen que el primer ministro británico durante la
II Guerra Mundial lo merece por su defensa de la paz, la democracia y la libertad, y porque pidió a los londinenses que resistieran los bombardeos alemanes con la misma heroicidad que Barcelona resistió los franquistas.
No se trata de poner en duda el papel histórico desempeñado por Churchill, con quien sin duda Gran Bretaña y buena parte de Europa están en deuda, pero no España, pues fue uno de los más férreos valedores de la continuidad del régimen de Franco tras la guerra mundial. Es decir, fue uno de los culpables de que los aliados frenaran en los Pirineos su avance contra el fascismo.
Churchill pensaba que la España de Franco contribuiría a contener la influencia soviética en la Europa de posguerra.
Por eso sorprende que el promotor de la iniciativa sea la citada fundación, entre cuyos destacados miembros se cuentan relevantes históricos de CiU, como los ex consejeros Joan Guitart, Macià Alavedra y Andreu Mas-Collell, además de gente como Lluís Prenafeta y Arcadi Calzada. Sorprende porque ellos mismos vivieron la represión franquista, por no hablar de su líder, el president Jordi Pujol, que sufrió tortura y cárcel. Hay que ser coherente.
JOSÉ ANTONIO LABORDETA
Hasta hace unos meses todo el mundo reclamábamos más agua. Ahora todo el mundo reclama pausa porque a este paso se nos van a inundar hasta los ombligos de los recién nacidos.
Hace unos meses rezábamos a los santos, vírgenes y demás objetos de devoción popular, para que abriesen las tajaderas del cielo y el agua nos sacase de aquellos días de sequía, que acabaron con la ministra Narbona y puso en el podio del triunfo a los ecologistas catalanes disimulando su increíble estupidez con la excusa de agua de boca.
Ahora escucho cosas que me producen ciertas urticarias parecidas como los ataques, que el ínclito Jiménez Lozanitos, recibe desde sus propias trincharas acusándolo como un elemento disgregador de la fe y creador de un pensamiento equivocado y que nada tiene que ver con la doctrina de la Santa Madre.
¿Qué pasa ahora? Los que le felicitaban mientras nos ponía verdes a los que, desde la Comisión del 11M, defendíamos la teoría del atentado islamista, frente a aquellos, que son los que le acusan , de que era ETA la que andaba detrás.
A Federico, como se descuide, se lo va a llevar la corriente
que embiste ciega y que ataca cuando menos lo esperas: Losa obispos dudan del personaje; el órgano oficial del Vaticano saca unas declaraciones de un escritor que durante tiempos anduvo por las lindes de lo reaccionario, y todos se preguntan: ¿Qué pasa ahora?
Mi madre siempre me dijo, al hablar de la Iglesia, que ésta había echado raíces de polo a polo. Si te cruzas con ellas, al suelo con todo el equipaje.