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Malos jueces, pero buenos compañeros

11 sep 2008
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ANTONIO AVENDAÑO

Perro no come perro. Lobo no come lobo. Juez no come juez. Y, por supuesto, juez español de derechas no come juez español de derechas. La Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial considera que 1.500 euros son penitencia suficiente para purgar el pecado mortal de no haber ordenado el ingreso en prisión de un tipo que abusó
de su propia hija y más tarde mató a una niña.

Los tres jueces conservadores con mayoría en la Comisión Disciplinaria que juzgó a Tirado tal vez sean malos jueces, pero son excelentes compañeros. Si fueran boy scouts o flechas de la OJE les darían el primer premio a la camaradería y les pondrían una medalla en el pecho. Pero como son otra cosa, a lo mejor lo que habría que darles es otra cosa y ponérsela en otro sitio, pero mejor me paro aquí, que esta gente es muy suya con quienes ni somos jueces ni somos de derechas.
No querría estar en la piel del juez Rafael Tirado, teniendo que sobrellevar durante el resto de la vida la dolorosa carga de haber cometido un error irreparable que, siquiera indirectamente, le costó la vida a una niña. Puedo entender su amargura, su zozobra y hasta incluso su penosa certeza de estar pagando culpas que no son suyas: pero no puedo entender su falta de entereza moral y de gallardía profesional al no admitir que se equivocó gravísimamente y, sobre todo, al esconderse sin pudor alguno tras los errores cometidos por funcionarios que estaban a sus órdenes. Quien se dedica a la justicia está obligado a ser justo, no sólo cuando dicta sentencias contra otros, sino también cuando otros las dictan contra él. Tirado tal vez ha sido un buen juez, pero no está siendo un buen reo.

En contraste, el padre de Mari Luz ha sabido ser todo lo que había que ser: contenido en el dolor, paciente en la desgracia, templado en la ira. El juez debería haber sido él.

Superar el cosquilleo del pie en el acelerador

10 sep 2008
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DAVID MIRÓ

Yo también era de los que pensaba que no podría conducir a 80 km/h por una autopista por donde habitualmente lo hacía a 120. Al principio me costaba, el pie me temblaba, la cara se me crispaba y lanzaba miradas de odio a través del parabrisas que eran correspondidas por otros conductores igual o más tensos que yo.

Pero hoy puedo decir que he superado el virus de la velocidad que todos tenemos inoculado. Una adicción superable, con un periodo de mono que en mi caso duró más o menos un mes.

Un día coges el coche y, como por arte de magia, los músculos se destensan, la música te acompaña y tú fluyes por la carretera ajeno al cosquilleo en el pie que antes te martirizaba.

No digo que no falte camino por recorrer, medidas por aplicar e infraestructuras por mejorar, pero el primer paso es vencer el virus. Y eso lo tenemos que hacer cada uno de nosotros.

Putos cojos

03 sep 2008
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JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Con esta ruda expresión expliqué, en mi intervención en defensa de la Ley de la Memoria Histórica, el pasado mes de diciembre, en el Congreso de los Diputados, cuál era nuestra posición ante ella: durante años había existido una diferenciación ofensiva entre los caballeros mutilados del bando vencedor y los putos cojos de los vencidos.

Con mi expresión quería rebatir al entonces portavoz del PP, Zaplana, que llenó su discurso de lindezas sentimentales y hasta sacó a Azaña y a Indalecio Prieto de su terrible exilio para presentarlos como figuras que intentaron resolver el problema de las dos Españas. Ante tanto cinismo hacía falta mucha capacidad de contención, cuando uno ha leído el texto del franciscano confesor de la prisión de Zaragoza, o el magnífico libro de Jesús Aguirre en el que, pueblo por pueblo, saca a la luz los fusilados y tirados al borde de las cunetas. En la “incruenta” Rioja.

La ley, que salió con una amplia mayoría, sólo servía, hasta hoy, como un refrendo de que se podía seguir adelante en las excavaciones, pero poco más. Garzón, ese juez siempre enfrascado en temas delicados, ha puesto la guinda sobre esa ley y ahora las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica podrán reclamar los ficheros y archivos encerrados bajo demasiadas llaves. 90.000 fusilados merecen justicia, reclaman justicia. Y no más putos cojos en ningún bando.