Publicidad

Entre la campaña militar y la electoral

12 ene 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

MAGDA BANDERA

La única frase que ayer arrancó algunas sonrisas en el centro de Madrid fue “No están, no se ven, los obispos del PP”. Por desgracia, es tan facilona como las declaraciones de Zapatero, que aprovechó un mitin en Galicia para exigir el alto el fuego y, sobre todo, para pedir a Rajoy que se pronuncie sobre la situación en Palestina y “se comprometa”.

Se abrió la veda. Estamos en campaña electoral, como casi siempre en este país, y ayer también se notó en las inmediaciones de Cibeles. Algún despistado que pasara por allí podría sentir que se había equivocado de manifestación. Demasiadas banderas del PSOE estratégicamente colocadas justo al lado de la pancarta VIP, la de los artistas. Lástima que sólo exhibieran sus logos, a secas, sin más compromiso. Ni una frase de repulsa al Gobierno de su partido por autorizar la venta a Israel de armas por valor de 1.551.933 euros durante el primer semestre de 2008, algunas muy útiles para la invasión de Gaza.

Ni siquiera le pidieron al presidente que hablara claro al amigo israelí, como exigían muchos de los manifestantes que ayer salieron a título personal sin más objetivo que denunciar la matanza de civiles, la ocupación y la impunidad del Ejército israelí. Se le llama así. No es tan difícil. No debería serlo ni siquiera para Zapatero, pero a sus seguidores les basta con saber que es el más duro de todos los blandos que se sientan en la ONU a hacer el paripé.

Las ciencias retroceden que es una barbaridad

05 ene 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

ANTONIO AVENDAÑO

Entre la ciencia y la naturaleza, como entre el periodismo y la realidad, hay una misteriosa enemistad. Sin naturaleza no podría haber ciencia, pero sin ciencia la naturaleza ya nos habría devorado a todos. Ahora de lo que se trata es de que el exceso de ciencia no acabe devorando a la propia naturaleza.

Si el don Hilarión de Carlos Arniches nos enseñó con desahogo castizo que hoy las ciencias avanzan que es una barbaridad, ahora algunas reflexiones y comportamientos parecen indicar todo lo contrario, que retroceden que es una barbaridad. Que retroceden en el buen sentido de la palabra, claro está. Sostienen bastantes mujeres, muchos ginecólogos y casi todas las matronas que a la ciencia se le ha ido un poco la mano con la medicalización del parto, de manera que hoy en día una mujer pariendo se parece, más que a una mujer pariendo, a un coche averiado al que amarran sobre el foso del taller para que el mecánico doctorado en obstetricia le examine las entrañas, le suprima las vibraciones y le extraiga sin ruido el bebé como si fuera una pieza que amenazara con ahogar el motor.

Hoy muchas de ellas piensan que una mujer embarazada es sólo una mujer embarazada, y no un maldito coche averiado. Por eso ven bien que las ciencias retrocedan un poco y reembolsen a la naturaleza algo de lo que le habían arrebatado. La ciencia ha hecho los partos más seguros y menos dolorosos, y eso es bueno, pero el exceso de ciencia puede acabar desnaturalizándolos, y eso ya no es tan bueno. Precisemos: que supongo yo que ya no es tan bueno, porque saberlo, lo que es propiamente saberlo, más bien no lo sé, pues en materia de partos uno habla estrictamente de oídas. Valga en mi descargo que escribir artículos es una cosa que suele hacerse de oídas. No como parir niños, que es una cosa que siempre se hace de verdad.