Civismos incívicos

Porque, en temas de seguridad urbana, no todo es lo que parece

Viejos pro-sistema

04 Oct 2010
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Leo hoy la enésima reflexión periodístico-experta sobre los “jóvenes antisistema” y los motivos de la violencia del 29-s en Barcelona, y vuelvo a preguntarme si es posible dar respuestas relevantes a preguntas equivocadas. ¿De qué hablamos, de jóvenes o de “antisistema”? Porque si existen los “jovenes antisistema”, así como categoría general (y aparentemente generalizada en Barcelona), existirán también los viejos pro-sistema, ¿no?

Lector/a: ¿eres tú un viejo/a pro-sistema? ¿A que jode la pregunta? Básicamente, por absurda.

Cuando hablamos de jóvenes antisistema, pues ¿buscamos entender los motivos que llevan a la generación prekaria a alejarse de los códigos de conducta establecidos por la generación de sus padres, o entender qué alternativas políticas se están articulando en los márgenes de partidos, sindicatos y ONGs?

En los últimos días, muchos expertos han (hemos) intentado salvar algo del debate, introducir complejidad y reflexión social sobre los hechos del 29-s, pero me temo que, cada vez, hemos caído víctimas de un debate mediático que no tiene más objetivo que el de alarmar, confundir y ahogar experimentos políticos en el charco del vandalismo.

Si se quiere hablar de “antisistema”, ¿por qué no dirigirse a los documentos, vídeos y reflexiones producidos por el entorno del llamado Moviment del 25? ¿Por qué no hablar sobre lo que significa ser pro-sistema en los tiempos que corren?

Si se quiere hablar de jóvenes, ¿por qué no reflexionar sobre la desaparición de las vías formales de inserción social y laboral en un país con un 40% de paro juvenil, un mercado laboral que no genera espacios de aprendizaje intergeneracional, un punitivismo que se ceba con los jóvenes, unos recortes que agudizan aún más la convicción de que no hay nada más allá de la precariedad del primer empleo?

Los recientes artículos de personas como Paco Fernández Buey, Almudena Grandes, Jordi Borja o Joan Subirats dejan claro que ser antisistema no es una enfermedad que se cure con la edad. Y si queremos hablar de vandalismo, no olvidemos que antes del 29-s, el último coche policial quemado en una revuelta urbana fue en septiembre de 2009 en Pozuelo de Alarcón (localidad con mayor renta per cápita del país), durante las fiestas patronales.

Así que igual no estaría mal separar los condicionantes biológicos de las opciones ideológicas, y a partir de ahí pensar qué jóvenes estamos criando como sociedad, y qué ideologías pueden sacarnos de este caminar sonámbulo hacia ninguna parte (que merezca la pena).


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