Opinion · Con M de

Retórica antimigratoria y ejemplos de superación desde la Haya

Manifestación en Lavapiés por la muerte de Mame Mbaye tras haber sido perseguido por la policía – Ignacio Marín / Fundación porCausa

La migración es parte de mi vida, una migración voluntaria y deseada, desde el privilegio y la curiosidad, para comprender y educar a mis hijos y como proyecto personal que complementa mi propia identidad. Como decía Juan Goytisolo en 1957 “la educación humana de ver la diversidad no se proporcionaba en universidad alguna”. Cuando ese viaje es fruto de la desesperación, del desamparo o de la superación de un destino mejorable, se convierte en un estigma y en una carga insoportable. Me indigna la intolerancia, la ignorancia y la xenofobia, sobre todo cuando es fomentada por espurios intereses políticos. Mezclar seguridad e inmigración, externalizar las fronteras y agitar el fantasma de la antinmigración son tendencias que vienen para quedarse y contra las que hay que informar y denunciar. Hay que contar historias de migrantes, de los que ya están entre nosotros y de los que están por llegar, de éxitos y de fracasos de viajes homéricos y desesperados. Hay que buscar soluciones, luchar contra la impunidad de la muerte de los migrantes, crear una gobernanza internacional de los dos grandes retos futuros de la humanidad: el medioambiente y los desplazamientos humanos, ambos entrelazados y transversales. Cambiar el discurso negativo entorno a las migraciones no solo es justo sino inevitable en un contexto de globalización y el punto de partida es la información veraz y la humanización de las cifras.

Después de muchos años viviendo fuera, ahora en la Haya, y antes en Viena y en Bruselas, trataré de informar sobre la inquietante retórica populista de la antinmigración, pero también sobre ejemplos de superación y empatía no solo de países que acogen, sino de comunidades, agentes de la sociedad civil y personas que tratan de cambiar este paisaje en un entorno hostil.