Opinion · Con M de

Los hijos de otros

Niños inmigrantes malviven y mueren solos en España

Menor extranjero sin familia y solo – Ignacio Marín / Fundación porCausa

Esta es una historia real. Érase una vez una familia muy humilde con un padre, una madre y un hijo 16 años. Él murió en otro país, solo y tras 20 días en coma. Nadie avisó a los padres de que su hijo estaba hospitalizado. Nadie les avisó de que su hijo había muerto. Nadie les contactó cuando su hijo fue enterrado tres meses más tarde en un cementerio a miles de kilómetros de su casa.

“Nadie les avisó de que su hijo había muerto. Nadie les contactó cuando su hijo fue enterrado tres meses más tarde en un cementerio a miles de kilómetros de su casa”

Si los padres hubieran sido españoles y esto hubiera sucedido en Inglaterra, Alemania o Estados Unidos, esta historia habría sido un escándalo internacional. Pero se trata del hijo de otros, de esos ‘otros’ que no son como nosotros, o eso pensamos.

Esta historia sucede en España a principios de este año. Ese chaval, no era mayor de edad no había nacido en España. Algo que mucha gente no sabe es que, cuando un niño, de donde sea, no tiene padres ni familia en España, la tutela pasa a las autoridades locales, por delegación del Gobierno central. Así que ese ‘hijo de otros padres’, cuando murió, era responsabilidad de las autoridades locales. Y si nos paramos a pensar, ese ‘hijo de otros’ era a fin de cuentas nuestra responsabilidad, ya que son nuestros impuestos los que financian a las autoridades que deberían haber cuidado de él.

Da igual de dónde fuera el niño, quiénes fueran sus padres, cómo llegó a España o cómo estaba viviendo su vida aquí. Era un niño. Ese estatus borra cualquier otro. Ese estatus confiere al individuo unos derechos, los derechos del niño, que son inalienables para asegurar que se protege a esta población tan sumamente vulnerable.

En Melilla hay cientos de niños que no son tratados como tales. Allí murió este ‘hijo de otros padres’ en circunstancias extrañas que, cinco meses después de su fallecimiento, aún no han sido aclaradas y seguramente no se aclaran porqué las autoridades locales parecen no tener ningún interés en ello. Si no fuera por un grupo de personas que están dedicando su vida y sus recursos personales a ayudar a estos niños, esta historia no sería contada.

La abogada de la familia, que trabaja pro bono y se enfrenta sola a todo un sistema deshumanizado y lleno de irregularidades, me contaba que se enteró de que estaban enterrando al niño porque la llamó el presidente de la única ong autogestionada presente ahora en Melilla, Prodein. El entierro se ordenó  un día antes de que llegara desde Guinea el poder con el que ella podía iniciar los trámites para, por ejemplo, pedir la autopsia y aclarar las causas reales de la muerte del niño o repatriar el cuerpo a su país de origen. El juez que ordenó el entierro tenía esta información presentada por la abogada por escrito y aún así ordenó  el entierro. La fiscal de menores que permitió que esto sucediera también tenía toda esta información presentada por escrito por la abogada. Ahora, para realizar una autopsia, que sería privada y muy costosa, habría que exhumar el cadáver, lo cual, además de doloroso para la madre del niño, es carísimo.

“El juez y la fiscal de menores sabían que la abogada iba recibir el poder para representar al niño y aun así el entierro se celebró el día antes. La abogada ha denunciado el caso a la Fiscalía General de Menores y al Defensor del Pueblo, y ambos han abierto sendas investigaciones”

La abogada ha denunciado el caso a la Fiscalía General de Menores y al Defensor del Pueblo y ambos han abierto sendas investigaciones. Pero es probable que la abogada pague un alto precio por su osadía. En Melilla el sistema está diseñado para expulsar a aquellos que intentan que se haga justicia y se respeten los derechos humanos que son universales, especialmente los de los niños. El Gobierno melillense lleva meses, desde la muerte de dos chavales a su cargo, una en diciembre y la otra en enero, intentando maquillar su desastrosa gestión de los menores bajo su tutela, a los que trata peor que si fueran animales. No solamente existe un notable racismo institucional que se traduce en historias como la aquí descrita, sino que además existe una enorme campaña de comunicación dirigida a demonizar y denigrar a los niños extranjeros sin familia que viven en la ciudad.

El otro día el consejero melillense de Bienestar, el señor Ventura, se jactaba de que han invertido 35.000 euros en crear una cátedra dentro de la UNED con el fin de mejorar su imagen internacional en lo relativo a la gestión de los menores extranjeros no acompañados que deambulan por la ciudad. Son recurrentes las declaraciones en medios afines, principalmente locales, tanto del señor Ventura como del alcalde, Juan José Imbroda, en las que aseguran que todo está ya bajo control y no hay más problemas. Y entre tanta manipulación, de vez en cuando vuelve a aflorar el racismo y la inconsciencia de estos cargos públicos en declaraciones como las realizadas por el juez decano el otro día en las criminaliza a los menores y exige a Marruecos que se haga cargo de ellos. El artículo del Faro de Melilla que recoge las informaciones es terrorífico, no dejen de notar la foto que lo ilustra.

Estarán pensando que mezclo poderes, jueces con gobierno local. Pues sí, esto pasa en Melilla, donde todo está mezclado, lo cual criminaliza y bloquea el trabajo de las personas que intentan proteger a estos chavales.

“Esto que está pasando con “los hijos de otros” podría acabar pasándole a nuestros hijos. Los derechos no pueden ser parciales nunca. Aplicarlos de forma selectiva aboca a su pérdida”

Entiendo que Melilla puede quedar muy lejos. Y entiendo que esto al final es hablar de los hijos de otros. Entiendo que hay final de Champions, Mundial de Fútbol, moción de censura, elecciones anticipadas y políticos huidos en Suiza. Pero tenemos que darnos cuenta de que esto que está pasando con ‘los hijos de otros’ podría acabar pasándole a nuestros hijos. Los derechos no pueden ser parciales nunca. Aplicarlos de forma selectiva aboca a su pérdida.

En España están pasando cosas muy graves con los derechos que tanto nos costó adquirir. La libertad de expresión, la igualdad entre géneros, la libertad de movimiento y el cuidado de los niños son derechos reconocidos por la Carta de Derechos Humanos que suscribimos. En nuestro país no se están respetando y solo una minoría está luchando para que no dejen de existir. Los derechos son como un bosque de robles: tardan muchisimo en crecer, pero si se les prende fuego, todo puede reducirse a cenizas en cuestión de días. Y necesitaríamos años para poder recuperarlos.

Todo bien, pensarán ustedes, pero, ¿qué podemos hacer nosotros? Para empezar, difundir esta información para que toda la sociedad se entere de que hay ‘hijos de otros’ sufriendo e incluso muriendo abandonados en nuestro país, concretamente en Melilla, donde la autoridades no cumplen con sus obligaciones. También tenemos el deber de seguir informándonos, leeyendo sobre estas violaciones para que no queden en el olvido y podamos exigir responsabilidades a nuestros representantes.

Este espacio pretende ser un altavoz de historias como esta y muchas más. No es fácil mirar de cara a la realidad, pero esa es la única manera de que empiecen a cambiar las cosas. El pasado nos enseña que con gente mirando para otro lado empiezan los episodios más oscuros de la historia. No lo permitamos. Cambiemos el mundo, al menos un rato.

Bienvenidos a Con M de (Migraciones, Menores, Melilla, Muros, Multiculturalidad, Movimiento, Marea Humana).