El juego de Gallardón en Caja Madrid
En la guerra por el poder en Caja Madrid, el objetivo prioritario de ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN era que ESPERANZA AGUIRRE no se saliera con la suya. Si además conseguía que conservara su puesto MIGUEL BLESA, con el que se lleva a partir un piñón, pues miel sobre hojuelas. Para ello, el alcalde ha movido incansablemente los peones que todavía tiene dentro de Caja Madrid, hasta meter en un callejón de difícil salida la elección de presidente.
Sus continuas maniobras dilatorias en la Comisión de Control, encargada de poner en marcha el proceso, le han permitido ganar tiempo mientras cundía la impresión de que era necesario un golpe sobre la mesa. Pero lo que más réditos sin duda le ha dado es el recurso que presentó contra el nuevo reparto de los consejeros de designación real a los que tradicionalmente renuncia la Corona. Un reparto que, a tenor de lo dispuesto en la nueva ley regional de cajas, beneficia ahora descaradamente a la Comunidad de Madrid en perjuicio de otras entidades, entre ellas el Ayuntamiento.
El recurso fue justificado por la necesidad de defender “los intereses de los madrileños” y, tras su admisión a trámite, indujo la paralización cautelar de las elecciones hasta que los tribunales se pronuncien sobre el fondo del asunto. Sin embargo, aquel era un argumento puramente instrumental, como ha demostrado sin ningún género de dudas el desarrollo posterior de los acontecimientos.
Una vez que Aguirre ha quedado fuera de juego en Caja Madrid, merced a la candidatura de RODRIGO RATO, impuesta manu militari por MARIANO RAJOY, Ruiz-Gallardón no ha tenido el menor inconveniente en retirar su recurso. Sin importarle los perjuicios que en el futuro pueda sufrir el Ayuntamiento por tener una menor representación en la Asamblea de Caja Madrid. Cautiva y desarmada su principal rival política, parece que al alcalde le da igual qué pase después y el tiempo que ha hecho perder a una Justicia que no está en España precisamente como para distraerse con este tipo de juegos.
Desenlace incierto
De todas formas, una vez que las elecciones en Caja Madrid han entrado en la vía judicial, no es fácil predecir su desenlace. Aunque el Ayuntamiento de Barcelona –que se había sumado al recurso de Madrid– también ha tirado la toalla, CCOO todavía sigue en la brecha. Y habrá que ver si las presiones sobre el sindicato surten el mismo efecto que las que recibió el alcalde de la Ciudad Condal, Jordi Hereu, para que no obstaculizara la llegada de Rato.
Otra incógnita
Una de las grandes incógnitas que aún queda por despejar en la guerra de Caja Madrid es el destino de IGNACIO GONZÁLEZ, el hombre al que Aguirre le había prometido la presidencia con la complicidad de la izquierda, tan necesaria como incomprensible. Este revés lo ha encajado con aparente naturalidad el número dos de la Comunidad de Madrid, pero es evidente que desde el punto de vista político ha quedado muy tocado tras el veto de Rajoy.
Una inusual derrota
Aún así, la gran perdedora de esta guerra es la propia Aguirre, que hasta ahora, por cierto, siempre había salido airosa de sus numerosos órdagos a Rajoy y a Ruiz-Gallardón. El nombramiento de Rato le va a dejar muy cuesta arriba la posibilidad de hacer y deshacer a su antojo en Caja Madrid, con la mirada puesta en su vieja aspiración de liderar a la derecha española, para la que contaba con la inestimable colaboración de Ignacio González.









