El reto de las aerolíneas de equilibrar servicio y precio
Aunque la IATA ha pronosticado una reducción sustancial de los números rojos de la industria aérea mundial en 2010, todo apunta a que difícilmente bajarán de los 5.600 millones de dólares. Eso es la mitad que en 2009, pero constituye un dato inquietante para el sector por la sencilla razón de que llueve sobre mojado. En la última década, la aviación comercial ha acumulado pérdidas por importe de 49.000 millones de dólares; unas veces debido al encarecimiento del combustible; otras, a la caída de la demanda, y, en el peor de los casos, como consecuencia de la perversa coincidencia de ambas circunstancias. Eso ha dado al traste con muchas compañías, pequeñas y no tan pequeñas, pues gigantes de la talla de JAPAN AIRLINES, líder del mercado asiático, tampoco han sido capaces de aguantar el tirón y hoy andan hundidos en la bancarrota.
Las que siguen vivas, que pese a todo son mayoría, se hallan en plena reconversión, porque el modelo histórico de negocio ya no les vale, so pena de renunciar a la salvación de sus cuentas de resultados. Acuciados por la crisis y con el referente de las low cost, los pasajeros, en términos generales, no están dispuestos a pagar lo que antes pagaban por los vuelos; ni los de la clase turista ni los de la clase business, que por algo ha resultado siempre la más rentable. Con el fin de hacer frente a esta situación, las aerolíneas mantienen una guerra de precios cuyo efecto perverso es que las obliga a perder dinero para ingresar lo mismo.
Uno de los paliativos a los que se han entregado es la supresión de servicios, o al menos de su gratuidad, aun a riesgo de que su oferta se parezca cada día más a la de bajo coste. Las restricciones en el cátering y en el reparto de prensa a bordo, el cobro de la reserva de asiento o de la segunda maleta, al que el 1 de marzo se sumará IBERIA, pueden ser medidas necesarias, pero sin duda afectan a la percepción que el cliente tiene sobre la calidad del producto y, por tanto, tarde o temprano, también influirá en su decisión de compra.
Una paradoja
El asunto preocupa tanto que el presidente de la antigua compañía española de bandera se refirió a él en su última
reunión de directivos. Antonio Vázquez les urgió a que mentalicen a toda la plantilla sobre la necesidad de prestar la mayor atención posible a los pasajeros para marcar distancias con las low cost. Lo curioso es que, sólo unos días después, Iberia haya hecho pública su decisión de penalizar con 60 euros a quienes facturen dos maletas con billete de clase turista en los vuelos internacionales.
El meollo de la cuestión
En cualquier caso, medidas así apenas representan una gota de agua en el océano de los presupuestos de las aerolíneas tradicionales, cuyo principal problema estriba en la rigidez de la estructura de costes y, especialmente, de los de personal. En Iberia, que arrastra todavía secuelas de su origen estatal y está condicionada por la alta sensibilidad del servicio público que presta, saben que atacar el problema de raíz entraña serias dificultades, incluidas las de carácter político.
Vía de escape
De ahí el interés de Vázquez por derivar parte de la actividad de Iberia hacia una nueva low cost propia, sobre la que su equipo ya está trabajando a fondo y que se regirá por una filosofía y, sobre todo, por un marco normativo laboral completamente distintos. Sin embargo, el gran desafío, al paso que las cosas van, será diferenciar el servicio que preste esa nueva compañía del que acabe ofreciendo Iberia.









