La boda que quería evitar el Pastor

17 oct 2011
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El reciente acuerdo para la absorción del Banco Pastor por el Popular probablemente no habría sido posible sin el ataque de pánico que hizo presa en la entidad gallega tras conocerse los resultados de los últimos test de estrés. Hasta ese momento, sus máximos responsables –con el presidente, JOSÉ MARÍA ARIAS, a la cabeza– habían rechazado reiteradamente, no sin cierta arrogancia, cualquier operación corporativa en la que ellos no llevaran la voz cantante.

Todo cambió, sin embargo, cuando el pasado mes de julio la Agencia Bancaria Europea relegó al Pastor al batallón de los torpes, al que también fueron a parar cuatro cajas de ahorros, incluida la alicantina CAM (ya saben: “lo peor de lo peor”, en palabras del gobernador del Banco de España). Aparecer en la lista de suspensos con compañías tan poco recomendables dio un baño de realismo a Arias y a su equipo, que no pudieron seguir rehusando ya la vieja invitación a negociar del Popular, con quien hasta entonces habían dicho que no estaban dispuestos a sentarse “ni para comer”.

La nueva actitud del Pastor le vino de perillas al Popular, cuyo presidente, ÁNGEL RON, nunca había ocultado su disposición a pescar en el río revuelto de la reestructuración del sector financiero si se le presentaba una oportunidad propicia. Para él era estratégico no perder el quinto puesto del ranking, donde sólo tiene por delante a Santander, BBVA, Bankia y Caixabank, y al que aspira indisimuladamente el Sabadell, como demostró no hace mucho con la compra del Guipuzcoano. Además, al Popular le urgía fortalecer su balance, muy castigado también por la exposición al ladrillo, y la única forma de hacerlo sin dar un buen mordisco a los beneficios era a través de una fusión, pues en tal caso el saneamiento puede ir con cargo a reservas.

En consecuencia, con su acuerdo, ambas entidades han hecho de la necesidad virtud, echando pelillos a la mar de algunos rifirrafes que han mantenido a lo largo de su historia. El más sonado se produjo en 2004, cuando el Popular –entonces copresidido por los hermanos LUIS y JAVIER VALS TABERNER– acusó al Pastor de practicar la “guerra sucia”, al quitarle un puñado de destacados directivos. Entre ellos figuraba el actual consejero delegado, JORGE GOST, que por una pirueta del destino ahora vuelve a navegar en el mismo barco que sus antiguos compañeros.


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