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Una ampliación vertiginosa con efectos secundarios

18 jun 2009
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Pese a disponer de tres días de plazo, Iberdrola apenas ha necesitado 24 horas para cubrir la ampliación de capital acelerada que anunció el martes por la tarde. Esta demostración de poderío va a permitirle saldar muy pronto parte de la voluminosa deuda que arrastra, cercana actualmente a los 31.000 millones de euros. La primera eléctrica española pretende evitar así que las agencias de rating le rebajen la calificación crediticia, pues tal cosa penalizaría su acceso a los mercados financieros.

Los 1.350 millones de la ampliación de capital se sumarán a los 2.400 que, en números redondos, recibirá Iberdrola en el último trimestre del año por la titulización del déficit de tarifa con aval del Estado, y a 2.500 más derivados de la prevista venta de activos no estratégicos. Ya se ha desprendido del 10% de Gamesa (con la que, no obstante, mantiene una importante alianza para el suministro de aerogeneradores) y de su participación en la pequeña empresa guatemalteca de telecomunicaciones Navega.

Iberdrola, gracias a todo ello, tiene la posibilidad de plantarse en 2010 con menos de 25.000 millones de deuda, lo que le permitiría exhibir las credenciales necesarias para recabar financiación ajena destinada a nuevos proyectos. Las desinversiones, además, ayudarán a alcanzar el objetivo fijado por su presidente, IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, de repetir o aumentar “ligeramente” en 2009 los resultados del año pasado, el mejor de la compañía, que obtuvo un beneficio neto de 2.860,6 millones de euros.

Aunque sea de rebote, la última ampliación de capital, que ha sido criticada porque los accionistas no tenían derecho de suscripción preferente, es una chinita más en el camino de ACS hacia su reforzamiento en Iberdrola, largamente acariciado por FLORENTINO PÉREZ. Éste anhela llegar al 20% del capital y meter la cabeza en el consejo de administración de la eléctrica para consolidar sus cuentas y cubrir el vacío que la venta de Unión Fenosa ha dejado en las de ACS.
A salvo de la futura evolución bursátil de Iberdrola, el movimiento realizado ahora por Ignacio Sánchez Galán puede alejar el objetivo de Florentino Pérez y de sus socios, a los que la ampliación de capital les obliga a poner más dinero para seguir adelante con su empeño.

Oportunidad perdida
Ese encarecimiento lo habrían sorteado si ACS hubiera acudido a la ampliación, que incluía un descuento del 7,2%. Sin embargo, el grupo constructor y de servicios declinó la invitación a participar, según fuentes de los bancos colocadores. ACS, de todas formas, sigue siendo el principal accionista de Iberdrola, aunque ya no con el 12,6%, sino con el 11,95%.

Menos riesgos
El consejo de administración de la eléctrica decidió recurrir al procedimiento acelerado para la ampliación de capital recién concluida porque así se evita que el valor esté expuesto más tiempo de la cuenta al desgaste en el mercado consecuente con ese tipo de operaciones. Iberdrola cerró ayer a 5,5 euros, con una caída levemente superior al 6% respecto a la sesión del martes.

Suma y sigue
La política de desinversiones requiere nuevos pasos hasta lograr los 2.500 millones de euros en que Iberdrola las ha cifrado para este año. En el mercado se baraja la posibilidad de que la compañía española salga de Energias de Portugal (EDP), donde tiene el 9,5%, por el que podría embolsarse del orden de los mil millones.con su empeño.

Un referente cada vez menos fiable

06 mar 2009
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Las rebajas del precio oficial del dinero, establecidas de un tiempo a esta parte muy a su pesar por el Banco Central Europeo, no acaban de actuar como el eficaz estimulante que la afligida economía necesita. El instrumento por excelencia de la política monetaria, el más socorrido cuando hacen falta cortafuegos de emergencia para impedir el avance devastador de una crisis, está demostrando escasa utilidad en ésta. De ahí el comedido alborozo con que han sido recibidos los descensos de los tipos de interés de las últimas semanas, a pesar de que en algún caso marcan ahora mínimos históricos.

La explicación a ese fenómeno hay que buscarla en la exasperante lentitud con que el abaratamiento se traslada a los ciudadanos, sobre todo a aquellos que suscriben préstamos nuevos. El dinero es un bien cada vez más escaso y muchos bancos están aprovechándolo sin ningún reparo para aumentar sus diferenciales, lo que neutraliza automáticamente el efecto benéfico de unos tipos de referencia menores. Ese fenómeno fue denunciado hace un par de meses por lo que se refiere a los créditos a las empresas y al consumo, pero hoy por hoy se trata de una moneda corriente también entre los de carácter
hipotecario.

A causa de ello, el nivel en el que se encuentra el Euríbor no es ya un elemento tan determinante como hace cinco o seis años a la hora de acometer la siempre comprometida compra de una vivienda. Pesan más las abusivas condiciones (garantías, tarjetas, seguros) que algunos bancos y cajas de ahorros imponen y que suelen encarecer notablemente los costes financieros de la operación. Eso, claro está, en el hipotético caso de que accedan a concederle el préstamo a quien confiadamente se lo solicita, después de escrutar a conciencia, del derecho y del revés, hasta la última costura de sus bolsillos.