Algunas compañías de transporte de viajeros por carretera están que trinan a causa de la agresiva política comercial que ha inaugurado Renfe, alentada por el Ministerio de Fomento, coincidiendo con la reciente apertura de las nuevas líneas de alta velocidad.
Si los billetes se compran a través de Internet, los ahorros pueden alcanzar el 60%, cosa inusual en una operadora ferroviaria tradicionalmente muy cicatera con los usuarios y que, en casi 66 años de vida, no ha sido capaz de idear en su favor mucho más que los días azules, la tarjeta dorada y la devolución del importe del trayecto en caso de retraso, esto último sólo en circunstancias excepcionales.
Las rebajas anunciadas facilitan que el tren rivalice en larga distancia con el autobús, al que ya no sólo puede sacarle ventaja en tiempo, comodidad y seguridad, sino que está cerca de igualarlo en precio, hasta el punto de que entre Madrid y Valladolid, por ejemplo, la diferencia en AVE ni siquiera llega a los 60 céntimos.
Se entiende así el disgusto de los transportistas, que atraviesan un momento poco boyante, debido a la brutal subida del petróleo, con el barril de Brent rondando los cien dólares y el consecuente encarecimiento de los combustibles, que ha estrechado sus márgenes.
Lo que más les molesta, sin embargo, es que la iniciativa cuente con el respaldo de MAGDALENA ÁLVAREZ, que conoce su situación, pues no en vano tiene sobre la mesa una solicitud profusamente argumentada para que adelante la revisión de tarifas prevista en principio para el mes de abril.
Si el ministerio no atiende sus razones, las empresas afectadas han amenazado con recurrir a las autoridades de la competencia, alegando que Renfe puede ser tan generosa no porque la cuenta de resultados se lo permita, sino por las elevadas ayudas que el Estado le sigue proporcionando año tras año y que en el presente ejercicio ascenderán a unos 2.600 millones.
El Gobierno, de momento, se ha limitado a defender la legalidad de los descuentos por boca del presidente de Renfe, JOSÉ SALGUEIRO. Pero poner los avances del ferrocarril al alcance del mayor número posible de ciudadanos no parece reprobable en ningún caso. Lo injusto sería que, por razones económicas, sólo pudieran disfrutar unos pocos de las costosísimas infraestructuras que entre todos hemos pagado.
En Milán están que trinan ante la más que probable venta de ALITALIA a AIR FRANCE-KLM, sobre la que el Gobierno, titular del 49,9% del capital , todavía no ha dicho la última palabra. Lombardía, la región a la que pertenece, alberga cuatro aeropuertos: el Milano Malpensa, donde se concentra buena parte del tráfico internacional del país; el de Linate, especializado en vuelos de bajo costo; el de Bergamo-Orio al Serio, que utilizan principalmente los charter, y el menor de todos, el de Montichiari. Los cuatro mueven en torno a 30 millones de pasajeros al año y son una fuente de riqueza para esta zona, la más poblada, industrial y próspera de Italia.
Los milaneses temen que Air France-KLM convierta Fiumicino en su tercer centro de distribución (hub), junto a París y Amsterdam. En tal caso, el Milano Malpensa dejaría de ser punto de paso obligado para los recorridos con origen o destino en el centro, sur y este de Europa, además del norte de África, con el correspondiente perjuicio económico para toda Lombardía en general y para su capital en particular. Con un inconveniente añadido: que aspiran, igual que Madrid, a organizar los Juegos Olímpicos de 2016, y un aeropuerto devaluado no es lo mejor para la candidatura.
La alcaldesa, LETIZIA MORATTI, y el gobierno regional han redoblado las presiones para que las acciones de Alitalia controladas por el Estado no pasen a manos de Air France-KLM. Especialmente virulenta ha sido la reacción de la Liga Norte, que no descarta llamar a la movilización ciudadana contra lo que considera una afrenta en toda regla. Pero sus posibilidades de torcer el curso de los acontecimientos son remotas, aunque queda cierto margen de maniobra que intentará aprovechar cuanto pueda.
Hay que tener en cuenta que Alitalia no es una compañía saneada, como Iberia, sino que se encuentra en una delicada situación y necesita una gestión profesional y una fuerte inyección de capital, que en ningún caso sería inferior a los 4.000 millones de euros. De momento, los franceses, y sólo los franceses, parecen dispuestos a ponerlos sobre la mesa. Sin embargo, los designios de la política son inescrutables. En España, ESPERANZA AGUIRRE, haciendo uso de su influencia en Caja Madrid, ha cerrado las puertas de Iberia. Así que ya veremos si allí los dejan.
Los dos primeros espadas de La Caixa han decidido saltar al ruedo y lidiar personalmente con algunas de sus sociedades participadas. Por de pronto, el presidente, ISIDRE FAINÉ, y el director general, JUAN MARÍA NIN, se han incorporado a los consejos de administración de Repsol, de Gas Natural y de la aseguradora Caifor, y es bastante probable que más adelante caigan también sobre otras empresas en las que tiene importantes intereses la caja.
Fainé y Nin han dado este golpe de mano apenas transcurridos seis meses desde que asumieron sus actuales puestos, tras la retirada del veterano RICARDO FORNESA, que desde el pasado verano está dedicado en exclusiva al potente holding industrial del grupo. La carrera profesional de ambos se cruzó entonces gracias al empeño de Fainé, cuyo primer gesto al acceder a la presidencia fue precisamente el fichaje de Nin, viejo amigo suyo, con el que comparte pasión por el Barça y por los toros.
Éste, sin embargo, no se convirtió en el número dos de La Caixa sólo por su afinidad con Fainé. Lo avalaba una larga trayectoria en la banca y la buena opinión que de él guardan el vicepresidente económico del Gobierno y el gobernador del Banco de España. Nin conoce a PEDRO SOLBES desde los tiempos difíciles de LEOPOLDO CALVO SOTELO, que los mandó a fajarse con los burócratas de Bruselas para acelerar la adhesión de España a la Comunidad Europa. El respeto de MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ se lo granjeó por su gestión al frente del Sabadell, donde coronó airosamente la absorción del Urquijo y del Atlántico.
Juntos en La Caixa, Fainé y Nin parecen irreductibles en su propósito de llevar las riendas con firmeza, aunque ello los obligue a realizar el sobreesfuerzo que la acumulación de cargos normalmente lleva aparejado. Una acumulación bastante usual, por cierto, en el panorama empresarial español, como salta a la vista en cuanto se ojea la composición de los consejos de administración de las sociedades presentes en bolsa
Los que más se prodigan son ALEJANDRO ECHEVARRÍA y JOSÉ MARÍA LOIZAGA, aunque LUIS DEL RIVERO, SANTIAGO BERGARECHE o JAVIER ECHENIQUE no le van a la zaga.
Se trata, eso sí, de responsabilidades por lo general muy bien remuneradas, pues la retribución media por consejero en las cotizadas supera los 250.000 euros al año.
Si a alguien le cabían dudas de quién anda detrás de los recientes movimientos en Iberia, MIGUEL BLESA se ha encargado de despejarlas con la designación de ALBERTO RECARTE como tercer representante de Caja Madrid en la aerolínea española de bandera.
Recarte forma parte del surtido ramillete de consejeros de la institución financiera que son afines al PP, cuando no militantes en activo, muchos de los cuales accedieron al cargo por expreso deseo de ESPERANZA AGUIRRE, tras obtener ésta a la presidencia de la Comunidad de Madrid hace ya cinco años.
En el grupo figuran también dirigentes del partido caídos en desgracia (por ejemplo, RICARDO ROMERO DE TEJADA) o que quedaron fuera de juego a causa de la inesperada derrota electoral del 14 de marzo de 2004, cual es el caso de MERCEDES DE LA MERCED, ESTANISLAO RODRÍGUEZ PONGA y JOSÉ MANUEL FERNÁNDEZ NORNIELLA.
Recarte, por añadidura, tiene la misma extracción ideológica que el locutor de cabecera de la presidenta de la Comunidad de Madrid, FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS, con quien comparte tertulias radiofónicas y negocios, pues ambos son socios fundadores de Libertad Digital, desde donde se suministra sin descanso munición intelectual a la derecha que Aguirre representa.
Pero Blesa no sólo ha confirmado lo que para la mayoría era más que una sospecha, sino que aprovechó también la última reunión anual del consejo de administración de la compañía para marcar su territorio haciendo un alarde de fuerza.
Sin el menor recato, negó las cuentas a los inversores reunidos en torno a Gala Capital, pese a que entre ellos hay gente tan principal como MANUEL JOVÉ o ALICIA KOPLOWITZ, a quienes no ha dejado otra alternativa que acudir a las bravas al mercado para cosechar las acciones que sin duda hubieran preferido adquirir por las buenas, aunque es poco probable que lo hagan por el desgaste inherente a cualquier operación hostil y porque no resultaría fácil ni barato encontrar la financiación necesaria.
Así las cosas, como titular del 23% del capital y por los 500 millones que le costaron las participaciones del BBVA y de Logista, Blesa va a ser dueño y señor de Iberia para regocijo de la “lideresa”, pero ha dejado con un palmo de narices a los pequeños accionistas que se habían hecho a la idea de una buena venta.
Acotación
Si finalmente Gala Capital tira la toalla, será el segundo abandono que se produce en la puja por Iberia, después de que el consorcio formado por British Airways y Texas Pacific Group diera marcha atrás al conocerse que Caja Madrid se había convertido en socio de referencia.
Descartada Air France-KLM, que ha preferido centrarse en la compra de Alitalia, sólo queda ya por conocer la decisión del grupo de inversores acaudillado por MIGUEL ZORITA, JAVIER SALAS y JOSÉ MARÍA CASTELLANO y si Lufthansa mantiene su propósito de entrar en liza cuando la cotización baje hasta los tres euros, de los que la acción de Iberia está cada vez más cerca.
La nueva sacudida de CÉSAR ALIERTA al organigrama de Telefónica ha acabado con uno de los últimos vestigios de la época de VILLALONGA: el portugués ANTONIO VIANA-BAPTISTA, que ha renunciado a su condición de responsable de Telefónica España, disconforme con el nombramiento de JULIO LINARES como consejero delegado del grupo, puesto que él codiciaba. Para sucederlo, Alierta ha dejado que corra el escalafón y ha optado por su segundo de a bordo, GUILLERMO ANSALDO, lo que apenas ha servido para atenuar la sorpresa de quienes no esperaban ese cambio.
Aunque los movimientos en la cúpula de Telefónica tienen una indudable importancia objetiva, siendo como es la mayor empresa española y la primera del mundo en su sector por volumen de beneficios, lo que más ha llamado la atención es la entrada simultánea en el consejo de administración de dos personas con un claro perfil político: JAVIER DE PAZ y MANUEL PIZARRRO. El primero de ellos, presidente de Mercasa, es un socialista militante, que forma parte del círculo de amistades de ZAPATERO. El segundo, que se batió el cobre contra el Gobierno cuando Gas Natural quiso tomar al asalto Endesa, nunca ha ocultado sus buenas relaciones con AZNAR, del que fue consejero y propagandista económico.
Esta doble paletada de Alierta (una de cal y otra de arena) ha sido interpretada como fruto de su deseo de congraciarse con los dos grandes partidos a menos de tres meses de las elecciones generales, que a día de hoy no tienen un ganador claro. Sin embargo, al menos aparentemente, no necesitaba hacerlo, porque el PP fue el que lo puso al frente de Telefónica y con el PSOE ha sabido nadar y guardar la ropa.
En cualquier caso, el fichaje de consejeros procedentes de la política y sus aledaños no constituye ninguna novedad. Uno de los más sonados tuvo como protagonista a MARIO CONDE, que en 1987, recién llegado a Banesto y para escándalo de las viejas familias, reclutó de una tacada a tres (JUAN BELLOSO, PAULINA BEATO y ANTONIO TORRERO) de conocida afinidad con ALFONSO GUERRA, entonces en la cima del poder.
La audacia le valió a Conde más de una primera página. Pero, cuando vinieron mal dadas, la influencia de los tres socialistas que tenía a sueldo no bastaron para evitar que el Banco de España lo echara a patadas.
Desde que hace un año pilotó la compra de Ferrovial Inmobiliaria por Habitat, BRUNO FIGUERAS no levanta cabeza. Aquella adquisición, saludada como muestra del resplandor de una estrella empresarial emergente, ha resultado un fiasco. No es frecuente que el pez chico se coma al grande porque se le puede indigestar, y la regla ha vuelto a cumplirse en este caso.
Los 1.745 millones que Habitat tuvo que pedir entonces son una losa cuyo peso le resulta imposible de soportar, sobre todo con un mercado que está en franca recesión. Así se lo expuso Figueras el mes pasado a sus atónitos acreedores, que esperaban sacar buenos rendimientos de una operación que, a la postre, puede ser ruinosa también para ellos.
A los más enfangados (La Caixa, Sabadell, Popular, Caja Madrid, Santander, Banesto, Caixa Catalunya y el Institut Catalá de Finances), la propuesta de convertir parte de la deuda en créditos participativos les olió a cuerno quemado. Hasta el punto de que la reunión prevista esta misma semana tuvo que suspenderse porque las posibilidades de sellar un acuerdo eran prácticamente nulas.
Por si fuera poco, los pequeños accionistas de Habitat tienen la mosca detrás de la oreja. El abogado EMILIO CUATRECASES, DOLORES ORTEGA, sobrina del dueño de Inditex, así como las familias RODÉS (Media Planning), CASTRO (Hesperia) y ANDIC (Mango) fueron invitados a participar en lo que se antojaba un negocio seguro y ahora no salen de su asombro ante la posibilidad de perder la inversión que hicieron.
La mayoría de ellos le han exigido a Figueras que, en la junta extraordinaria convocada para el día 27, ofrezca pelos y señales de cómo ha gestionado su dinero. Él ya ha entregado en bandeja de plata la cabeza del consejero delegado de Habitat, FERNANDO CIRERA. Pero los minoritarios, que se jugaron del orden de seis millones por barba y es gente poco acostumbrada a este tipo de reveses, quieren una satisfacción mayor.
Moverle la silla a Figueras no es fácil, pues controla, junto con JOSEP SUÑOL, el 55% de la compañía. Pero pueden poner en un aprieto a los DEL PINO, propietarios de otro 20%, y a quienes algunos acusan ya abiertamente de no haber jugado limpio. Lo que parece harto improbable es que aquel ramillete de apellidos ilustres vuelva a rascarse el bolsillo, como los bancos reclaman.
Fuera ésa su intención o no, los últimos movimientos de Caja Madrid han hecho que muchos ojos se fijen en MIGUEL BLESA, un hombre poco amigo de alharacas, que siempre se ha desenvuelto con más soltura en la penumbra de las bambalinas que bajo la cegadora luz de los focos.
Su última operación de campanillas, que ha convertido la entidad que preside en segundo accionista de Mapfre, la mayor aseguradora de España, da alas a la fundada sospecha de que Blesa quiere levantar sobre los cimientos de Caja Madrid un potente grupo empresarial, a semejanza del que tiene ISIDRE FAINÉ en La Caixa.
Cuenta para ello con el interesado aliento de ESPERANZA AGUIRRE, que tomó conciencia hace tiempo de que sus ambiciones políticas requieren el control no sólo del Partido Popular en Madrid, que ya ha logrado, sino de algunos resortes clave del determinante poder económico.
La promoción de su amigo GERARDO DÍAZ FERRÁN a la presidencia de CEOE o el reciente nombramiento de otro de sus fieles, LUIS EDUARDO CORTES, al frente de Ifema, pese a los nerviosos aspavientos de un ALBERTO RUIZ GALLARDÓN cada vez más aislado, fueron dos golpes de mano que tarde o temprano le proporcionarán los réditos que busca.
El asalto de Caja Madrid a Iberia constituyó el primer síntoma de que Blesa, de buen grado o a la fuerza, estaba dispuesto a contribuir a esa estrategia, con el pretexto de que la aerolínea de bandera no podía quedar al albur de los caprichos de sus grandes competidoras europeas, ni ser pasto de la voracidad de algunos inversores nacionales deseosos de sacar tajada. Así, pues, con Mapfre llueve sobre mojado.
Además, esas dos no son las únicas participaciones industriales significativas que Caja Madrid posee. En su órbita se encuentran también la cadena hotelera NH (10%), la compañía de comunicaciones Indra (15%) y la inmobiliaria Realia (27%), sobre las que obviamente cuenta con una notable capacidad de influencia.
Su margen de compra, por añadidura, es bastante amplio, pues tiene las arcas llenas desde que Blesa, animado por la presidenta de la Comunidad, facilitó la toma de Endesa por JOSÉ MANUEL ENTRECANALES (Acciona) y los italianos de Enel. Caja Madrid obtuvo por la venta de sus acciones en la compañía eléctrica la friolera de 4.000 millones de euros, que todavía no se ha gastado.
Si RAMÓN ARECES fue el tutor de las KOPLOWITZ desde la muerte accidental de su padre en 1962 hasta que se casaron con los ALBERTOS siete años después, RAFAEL MONTES ha sido su cicerone en el mundo de los negocios. Al menos, de los negocios a los que se dedica FCC, la empresa a la que deben su fortuna y de la que ALICIA se desvinculó en 1998 por desavenencias con su hermana.
Montes, primero entre bambalinas y luego en el centro mismo del escenario por su condición de consejero delegado, es el principal artífice del desarrollo de FCC, una de las pocas compañías de su sector que se han mantenido fieles al negocio tradicional. Mientras Acciona (JOSÉ MANUEL ENTRECANALES), Sacyr (LUIS DEL RIVERO) y ACS (FLORENTINO PÉREZ) cortejaban a los grandes grupos eléctricos nacionales, FCC optaba por consolidar su posición dentro de las actividades que mejor conoce y buscaba en el exterior las oportunidades que pudieran faltarle en España.
A base de talonario, ha logrado mantener el tipo a pesar del aire racheado que sopla en la construcción, se ha convertido en líder de la producción de cemento gracias a la unión de Portland Valderribas con la catalana Uniland y, mediante compras muy selectivas, especialmente en el Este de Europa, ha logrado que el 36% de sus ingresos no dependa ya de los vaivenes del mercado local.
ESTHER Koplowitz, a pesar de todo, lleva algún tiempo intentado hacer algún fichaje de campanillas que sirva de revulsivo a FCC y, en particular, al valor de su acción en bolsa, donde languidece pese a todo, con una caída superior al 30% en los últimos doce meses. Primero quiso atraerse a JOSÉ MARÍA CASTELLANO, que ayudó a AMANCIO ORTEGA a levantar el imperio de Inditex, hasta que septiembre de 2005 decidió abandonar el barco. Pero las negociaciones, sin embargo, no prosperaron.
Ahora anda en tratos con BALDOMERO FALCONES, uno de los damnificados de la absorción de facto del BCH por el Santander y socio del principal de ellos, ÁNGEL CORCÓSTEGUI, cuya prometedora carrera en la banca truncó, aunque se fue con el riñón bien cubierto. Falcones es un financiero de altos vuelos, que fue el representante en España de la energética alemana RWE y consejero de Unión Fenosa. Un hito de su currículo que seguramente no habrá pasado inadvertido a la mayor de las Koplowitz.
Si cuajan las “conversaciones preliminares” que mantienen con la vista puesta en una eventual fusión entre sus empresas, LUIS PORTILLO y JOAQUÍN RIVERO podrán dormir más tranquilos. El primero ha convertido Colonial en un gigante inmobiliario después de zamparse a Inmocaral y a Riofisa, pero arrastra un endeudamiento superior a los 8.000 millones, difícil de digerir en solitario tal y como andan las cosas en el sector. Rivero y su socio, BAUTISTA SOLER, están en un serio aprieto desde que tomaron el control de la francesa Gecina, dentro del pacto suscrito con los SACAHUJA para salir de Metrovacesa. Entre ambos suman un porcentaje del capital que les obligaría a lanzar una OPA y los reguladores desconfían de su compromiso de no a actuar de forma concertada. La fusión con Colonial zanjaría de un plumazo el problema al diluir la participación que tienen en Gecina.
Este movimiento es uno más, aunque no menor (la sociedad resultante ocuparía el segundo lugar en el ránking europeo, con 24.000 millones en activos), dentro de la catarsis en la que está inmersa una actividad que tiene que sobrevivir entre vacas flacas tras de varios años nadando en la abundancia.
Pocas inmobiliarias españolas han conseguido mantenerse al margen de la fiebre vendedora desatada en los últimos meses y que ha mermado notablemente su patrimonio. Martinsa Fadesa, la promotora de FERNANDO MARTÍN, se ha desprendido del 50% de la filial que tiene en Marruecos para hacer frente a los pagos pendientes con las entidades financieras. El grupo valenciano Llanera ha renunciado a cinco millones de metros cuadrados a cambio de 230 millones de euros que debía a Lehman Brothers y Bancaja. Y la propia Colonial acaba de vender sendos edificios en Madrid y Barcelona a ING y a Inversiones Hemisferio, propiedad de la familia LARA, a fin de atender el servicio de su copiosa deuda. Por no hablar de los malabarismos de ENRIQUE BAÑUELOS para que Astroc, que fue el heraldo de la crisis, no se vaya definitivamente a pique.
Con todo, hay quienes han corrido peor suerte aún. Las inmobiliarias pequeñas, que carecen de los recursos y del margen de negociación con que cuentan las grandes, están dejándose los dientes en esta delicada situación. Una cuarta parte de ellas han tenido que echar el cierre en lo que va de año.
Mutua Madrileña se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en el perejil de todas las salsas. Si durante años tuvo una existencia silente, desde que la preside JOSÉ MARÍA RAMÍREZ POMATTA su presencia pública es cosa habitual. Entre los aficionados al deporte, se ha hecho muy popular gracias a las fuertes sumas de dinero que invierte en patrocinios. Se deja ver en las grandes regatas con un velero que lleva su nombre, financia el Masters de tenis de Madrid, la próxima temporada volverá a apoyar a FERNANDO ALONSO y dio la campanada en el Eurobasket al facilitar la participación de JORGE GARBAJOSA, cuyo elevado seguro cubrió.
Esa notoriedad le ha ayudado a extenderse por todos los rincones de España, hasta alcanzar los casi tres millones de clientes que hoy tiene. Como consecuencia de ello, Mutua Madrileña ha dispuesto de unos recursos que le han permitido meter la nariz en lo más florido del mundo empresarial. Conforme a la inquieta personalidad de su presidente, muchas han sido operaciones de ida y vuelta, que le han granjeado fama de socio inestable. El Popular o la ACS de FLORENTINO PÉREZ pueden dar cuenta de esa propensión de Ramírez Pomatta a coger la pasta y salir corriendo en cuanto la ocasión se pone propicia.
Ni siquiera EMILIO BOTIN se ha librado de sus espantadas a bolsillos llenos; eso sí, siempre con muy buenas palabras por delante. Al banquero cántabro, por ejemplo, lo piropeó mientras contaba los más de 500 millones que le dio a ganar durante los tres años que la Mutua fue accionista del Santander. “Botín es un artista”, dijo.
Con sus rivales, sin embargo, no suele mostrarse igual de zalamero. Que le pregunten, si no, a JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ, presidente de Mapfre, principal competidor de Mutua Madrileña, al que puso a los pies de los caballos cuestionando abiertamente sus resultados de 2006. El escándalo fue tan mayúsculo que la patronal del sector no tuvo más remedio que afearle su conducta y Ramírez Pomatta, contrariado, se marchó de Unespa.
Por eso no tiene nada de particular de ANTONIO BRUFAU se haya tentado la ropa antes de abrirle la puerta del consejo de administración de Repsol, compañía de la que controla en torno al 2%. Allí lo espera su amigo LUIS DEL RIVERO, presidente de Sacyr, con quien comparte negocios y pasión por el Madrid.