Cuando más falta le hacía, a LUIS DEL RIVERO le ha venido Dios a ver. Un consorcio en el que participa Repsol YPF ha descubierto un gigantesco yacimiento de crudo en Cuenca de Santos (Brasil). Los primeros cálculos cifran su capacidad en 33.000 millones de barriles de petróleo, que lo convertirían en el tercero más grande del mundo, sólo por detrás de los situados en Ghawar (Arabia Saudí) y Burgan (Kuwait).
La bolsa ha recibido con alborozo el hallazgo, y las acciones de Repsol YPF registraron ayer fuertes subidas, arrastrando consigo a Sacyr-Vallehermoso, que controla un 20% del capital de la compañía petrolera y que llevaba meses con un comportamiento bajista (hace un año, sus títulos valían más del doble), debido a la crisis del sector inmobiliario y a los problemas financieros que eso le ha procurado.
Con 20.000 millones de euros de deuda, la constructora ha iniciado un proceso de desinversión cuyo objetivo es, en parte, acopiar los recursos necesarios para no desatender los pagos correspondientes. Las dos operaciones más recientes emprendidas por el grupo (la enajenación de su paquete del 33% en la francesa Eiffage y la colocación en el mercado del 30% de Itinere) hay que situarlas en ese contexto, aunque desde el entorno de Luis del Rivero se niega.
La venta de la participación en Eiffage, donde Sacyr nunca fue bien recibida, estaba pendiente hasta ayer de la decisión de un tribunal del París que las tenía bloqueadas a petición de la empresa francesa. Una vez liberadas, Sacyr asegura que cuenta con compradores dispuestos a pagar en total 1.995 millones de euros, lo que le quitaría a Luis del Rivero un quebradero de cabeza y le permitiría cancelar los compromisos más acuciantes que tiene contraídos con la banca.
El fruto de la colocación de Itinere será una incógnita hasta que se determine su precio final el día 28. En el caso de que opte por la parte baja de la banda orientativa (4,16 euros por acción), la valoración de la compañía rondaría los 3.370 millones. El montante alcanzaría los 4.150 millones para un precio de 5,10.
Por todo ello, las buenas noticias llegadas de Brasil darán un respiro a Luis del Rivero, que probablemente nunca estuvo tan agradecido como ahora a quien un inspirado día le animó a meter la cabeza en el sector energético.
Por venir de quien viene, el aviso para navegantes que SOLBES dio el domingo en Washington puede interpretarse como la confirmación de que la entrada de MIGUEL SEBASTIÁN en el nuevo Gobierno no ha sido un plato de buen gusto para el vicepresidente. Sus encontronazos de la legislatura anterior, bien que atenuados desde que Sebastián renunció a la dirección de la Oficina Económica para inmolarse en una desigual batalla contra GALLARDÓN, no eran ensoñaciones de periodistas como algunos quisieron demostrar. Antes al contrario, respondían a una auténtica lucha por el poder; no por un poder cualquiera, sino por el poder de influir en el presidente, que, inseguro por su desconocimiento de los secretos de la economía, había decidido tener cerca dos brujos en vez de uno, a despecho de la rivalidad que entre ellos iba a despertarse inevitablemente.
Cuentan que antaño ZAPATERO debió emplearse a fondo en varias ocasiones para evitar que Solbes, por quien siente un respeto profesional a toda prueba, se marchara dando un portazo, harto de las descaradas intromisiones de la Oficina Económica en áreas de su competencia. Pero, en el trance de formar el nuevo Gobierno, el presidente no ha querido dejar pendiente de pago la deuda de gratitud que tenía con Sebastián desde que éste se ofreció a pelear en representación del PSOE por la Alcaldía de Madrid sabiendo que no tenía ninguna posibilidad de salir airoso del envite. Zapatero, además de liquidar puntualmente la cuenta, ha dejado una generosa propina, al darle a su amigo voz y voto en el nombramiento de otros ministros, mujeres ambas, que ya son consideradas de su cuerda.
Con una de ellas, CRISTINA GARMENDIA, tuvo el gesto de visitar el domingo en el Congreso a JOSÉ ANTONIO ALONSO, devenido portavoz parlamentario a pesar suyo, aunque cada día que pasa se le nota más ahormado al puesto que tanto le costó aceptar. La otra es BEATRIZ CORREDOR, una joven registradora de la propiedad que dejó su acomodada existencia para unirse a la candidatura perdedora de Sebastián en las municipales de mayo de 2007 y que, tras el batacazo electoral, se avino a permanecer en el Ayuntamiento como una concejal de a pie, muy respetada, eso sí, incluso por sus adversarios, gracias al trabajo, concienzudo pero estéril, que ha hecho en este año escaso de oposición.
Si Sebastián ha llevado al Consejo de Ministros a dos personas que pasarán a partir de ahora por miembros de su tribu, el botín de Solbes en la rebatiña organizada en torno a la formación del Gobierno es bastante más pobre. Ha obtenido en bandeja la cabeza de JESÚS CALDERA, expulsado por Zapatero a las tinieblas exteriores con el metafísico mandato de convertirse en el gurú del PSOE. Pero ni uno solo de los hombres de Solbes ha ascendido, a pesar de sus indudables méritos.
Tampoco ha contado mucho el vicepresidente en el más que probable nombramiento como portavoz de economía en el Congreso de INMACULADA RODRÍGUEZ PIÑEIRO, íntima de Sebastián, que habría puesto así también una pica en el palacio de la Carrera de San Jerónimo. Bien arropado en el Gobierno y con complicidades de enorme utilidad en el Parlamento, el nuevo ministro de Industria, que podría estar llamado a mayores responsabilidades si el éxito lo acompaña, va a ser un hueso muy duro de roer.
Una muestra de la delicadeza de su posición la dio Solbes con las declaraciones del domingo en Washington. “No sé si Sebastián es una figura emergente”, contestó a preguntas de los periodistas. “Lo que sí sé es que el vicepresidente soy yo”. Esta afirmación, tan innecesaria como reveladora, probablemente tenga que hacerla muchas veces, al menos en privado, a lo largo de la legislatura que ahora empieza. Si es que Solbes llega hasta el final, cosa que a día de hoy no está nada clara.
No es habitual que un líder empresarial se manifieste acerca de asuntos internos de la CEOE con la claridad con que lo hace últimamente Santiago Herrero. El presidente de la patronal andaluza, en unas recientes declaraciones a Expansión, ha vuelto a referirse al tira y afloja que mantienen Gerardo Díaz Ferrán y Juan Jiménez Aguilar. Las desavenencias entre el número uno y el número dos de la CEOE son de gran calado y, según la versión que de ellas da Santiago Herrero, afectan seriamente al modelo de organización. Díaz Ferrán es un firme partidario de atender en cada caso las necesidades
individuales o sectoriales de los miembros de CEOE, mientras que Jiménez Aguilar defiende a capa y espada la conveniencia de seguir planteando estrategias comunes siempre que sea posible.
Estos dos puntos de vista difícilmente conciliables tienen su razón de ser en la distinta extracción profesional de ambos personajes. Díaz Ferrán, que llegó a la presidencia de CEOE hace menos de un año, es sobre todo un empresario, cuya actividad gira en torno a Viajes Marsans, grupo en el que comparte la propiedad con Gonzalo Pascuall. Jiménez Aguilar, en cambio, ha hecho la mayor parte de su carrera dentro de CEOE, a la que llegó de la mano del anterior presidente, José María Cuevas , y de la que es secretario general desde hace casi un cuarto de siglo.
A Díaz Ferrán le parece poco útil una CEOE de amplio espectro, que se meta en todo y no profundice en nada por miedo a perjudicar los intereses a menudo contrapuestos que conviven en ella. Esa naturaleza escurridiza de CEOE se acaba de poner de relieve, una vez más, con ocasión de la ley de modernización del
comercio que prepara la Comunidad de Madrid y que enfrenta a buena parte de los pequeños empresarios del sector con las grandes superficies. Como unos y otras son socios suyos, CEOE, al menos de momento, no ha dicho esta boca es mía para no indisponerse con ninguno, a pesar de que
la polémica está en la calle y todavía tiene un largo recorrido por delante.
Jiménez Aguilar, sin embargo, se siente más cómodo así y está convencido de que lo contrario no sólo vulneraría el acuerdo histórico que alumbró CEOE, sino que sería su suicidio institucional. Esa postura, por cierto, estuvo a punto de costarle el puesto hace unas semanas, cuando Díaz Ferrán intentó apearlo sin ningún miramiento de la secretaría general para que no obstaculizara sus planes. Incluso había pensado ya quién sería su sucesor: José María Lacasa, director de relaciones internacionales de CEOE. Al final, buena parte de la cúpula se puso decididamente de parte de Jiménez Aguilar, que consiguió esquivar la arremetida y de momento ha conservado su puesto.
En esa batalla, además, se ha ganado algunas complicidades de las que antes no disfrutaba. Por ejemplo, la del propio Santiago Herrero, con el que no mantenía unas relaciones demasiado fluidas desde que éste intentó entrar en la pugna por la máxima magistratura de CEOE tras la retirada de Cuevas.
Los pequeños empresarios están que trinan por la ley de modernización del comercio que prepara el equipo de gobierno de ESPERANZA AGUIRRE, uno de cuyos pilares básicos es la ampliación de horarios, que la Comunidad de Madrid comenzó a ensayar en la concurrida zona de la Puerta del Sol hace ahora dos meses.
La Confederación Española de Comercio (CNC), que preside PERE LLORENS y tiene especial arraigo en Cataluña, ha salido en tromba contra la nueva ley por considerar que encierra una “salvaje liberalización” del sector que sólo beneficiará a las grandes superficies.
HILARIO ALFARO, líder de COCEM, que agrupa a las tiendas donde se venden productos textiles, a las perfumerías y a las peleterías, ha ido más lejos y ha cifrado en 100.000 puestos de trabajo el quebranto que la ley puede ocasionar en materia de empleo.
Los pequeños empresarios, sin embargo, no están unidos sobre el particular. La patronal regional, CEIM, y la Conferencia Madrileña de Comercio y Servicios (CECOMA) han dado abiertamente su visto bueno a la iniciativa de Aguirre, a sabiendas de que eso les iba a costar el reproche de algunos de sus compañeros.
Ambos apoyos eran, empero, previsibles. CEIM está controlada por el reputado restaurador ARTURO FERNÁNDEZ, cuñado del presidente de CEOE, GERARDO DÍAZ FERRÁN, que es a su vez una persona muy cercana a la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Al frente de CECOMA, por otra parte, se encuentra SALVADOR SANTOS CAMPANO, máximo responsable también de la Cámara de Comercio de Madrid y a quien Aguirre marca de cerca desde que se resistió al controvertido nombramiento de LUIS EDUARDO CORTES como presidente de Ifema a finales del año pasado.
Pese al malestar interno que eso originó en la Cámara, Santos Campano acabó cediendo al comprobar la determinación de Aguirre a moverle el sillón si no se plegaba a sus deseos. Otro hombre de la cuerda de la presidenta, MIGUEL CORSINI, es el número dos de la institución desde entonces.
El rifirrafe entre patronales a propósito de la ley de modernización del comercio de Madrid viene a poner de manifiesto, una vez más, las viejas contradicciones del modelo organizativo de los empresarios españoles, que pretende integrar intereses a menudo contrapuestos en aras de una unidad que en casos así se revela inalcanzable.
Los casi dos años que ha permanecido en el capital de Eiffage le han proporcionado a Sacyr más quebraderos de cabeza que satisfacciones. Su presidente, LUIS DEL RIVERO, estaba empeñado en fusionar las dos compañías para constituir la constructora más grande del mundo. Pero los franceses no veían con buenos ojos esa operación y le han puesto trabas sin cuento hasta que finalmente no ha tenido más remedio que tirar la toalla.
Del Rivero, como buen jugador de mus, empezó yendo al tran tran con Eiffage. En febrero de 2006 compró sus primeras acciones (5,8%), pero le pudo la impaciencia y sólo dos meses después la participación de Sacyr rondaba el tercio del capital. La broma le costó más 1.900 millones de euros, pero lo peor no fue el montante de la inversión, sino que ésta despertó inmediatamente los recelos de la empresa gala.
Sus directivos cerraron filas y se dispusieron a plantear batalla con una determinación que recuerda la defensa numantina que IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN está haciendo ahora de Iberdrola frente al cerco que le ha puesto Eléctricité de France. Eiffage negó la entrada de Sacyr en el consejo de administración so pretexto de que la empresa española había concertado acuerdos indebidos con otros accionistas para el asalto final, y la cosa acabó en los tribunales.
Pasados dos años desde la escaramuza inicial, Del Rivero ha decidido sacudirse de encima el problema, que lo distraía demasiado del resto de sus ocupaciones, entre ellas ganar dinero con Repsol, la petrolera de la que Sacyr es socio de referencia. No le ha sacado una gran rentabilidad a su presencia en Eiffage (alrededor de 30 millones de euros); sin embargo, podrá cancelar parte de su cuantiosa deuda y dedicarse a trabajar más a fondo allí donde sea mejor recibido.
Del Rivero, que forma parte de la corte de constructores arracimados en torno al Real Madrid, junto con FLORENTINO PÉREZ (ACS), FERNANDO MARTÍN (Martinsa Fadesa) o JUAN MIGUEL VILLAR MIR (OHL), tiene suficiente tajo por sí solo como para andar metido en complicaciones que para nada le benefician.
A fin de cuentas él ya ha levantado a pulso un emporio con el que ni siquiera podía soñar cuando, al convertirse en ingeniero de Caminos, su padre le dio dos trajes y una palmadita en la espalda, y lo animó a que se buscara la vida.
Iberia ha pasado, en poco más de cuatro meses, de comprable a compradora. Si hace un año la prioridad de su núcleo duro era vender, la tortilla se ha dado la vuelta desde que Caja Madrid tomó las riendas de la compañía en noviembre.
La compañía española de bandera está inmersa ahora en dos operaciones de gran calado que, si finalmente se consuman, aumentarán su presencia en los cielos de forma considerable: la adquisición de Spanair y la fusión de su filial de bajo coste Clickair con Vueling.
En la primera de ellas, aunque hay otras candidatas, Iberia es la que tiene más papeletas para llevarse el gato al agua. Sus rivales, la pequeña aerolínea Gadair y el controvertido fondo de inversiones portugués Longstock, no demostraron una gran consistencia cuando se presentaron juntos al concurso abierto por SAS, propietaria de Spanair, y ahora que han decidido ir por separado la desconfianza que despiertan es aún mayor.
El matrimonio de Clickair con Vueling está más claro aún. La brutal batalla que han librado, al menos hasta ahora, sobre todo en materia de precios, ha dejado para el arrastre sus respectivas cuentas de resultados, en medio del regocijo de sus competidoras extranjeras, la británica Easyjet y la irlandesa Raynair, campeonas de los vuelos baratos en España a día de hoy.
Si llega a un acuerdo con SAS, Iberia no sólo ganará volumen (Spanair es la segunda del sector), sino que afrontará con mejores pertrechos uno de sus grandes retos: darle contenido suficiente a la T4 para rentabilizar la cuantiosa inversión realizada. El centro de operaciones de Spanair está ahora en El Prat, pero es altamente probable que pasara a Barajas, lo que explica las fuertes reticencias del gobierno catalán hacia esta opción.
La fusión con Vueling ayudará a atenuar las pérdidas de Clickair (alrededor de 50 millones de euros el año pasado), y además Iberia podrá sacar tajada de la empresa resultante si, como todo parece indicar, se convierte en su proveedor de servicios en tierra.
La gran amenaza que se cierne sobre este prometedor esquema es, naturalmente, su posible choque con las autoridades de defensa de la competencia, que podrían obligar a Iberia a renunciar a parte de los activos que haya sumado al final del proceso.
Por si no tuvieran bastante con achicar agua ante los continuos rumores de movimientos corporativos de largo alcance en el sector, las eléctricas españolas deben decidir hoy quién las representa, una tarea nada fácil por culpa de las tensas relaciones que siguen manteniendo algunos de sus máximos responsables.
El mandato de PEDRO RIVERO al frente de Unesa vence ahora, y los presidentes de las grandes compañías están ante la disyuntiva de renovarle la confianza que depositaron en él hace dos años o de elegir a otra persona para que ocupe su lugar.
Rivero es un técnico que ha dedicado muchos años a la patronal, y que llegó a la cima de carambola cuando su predecesor, IÑIGO DE ORIOL, un auténtico pata negra, hijo del fundador de Unesa, abandonó el cargo pocos días antes de jubilarse en Iberdrola.
Lo normal hubiera sido que a Oriol lo sucediera otro presidente, siguiendo el orden rotatorio previsto para tales casos; pero entonces no estaba el horno para bollos, pues las eléctricas andaban a la gresca a causa de la opa hostil de Gas Natural sobre Endesa.
La designación de Rivero, en consecuencia, fue una fórmula temporal y de compromiso, a la que todos se avinieron a la espera de que amainara el temporal, a fin de no ahondar en su división y de evitar males mayores.
Otra cosa era prácticamente impensable, teniendo en cuenta que entre los electores había personajes con intereses tan contrapuestos como MANUEL PIZARRO y el propio Oriol, cuya empresa, acaudillada en la práctica por su consejero delegado, IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, pretendía sacar partido del asalto a Endesa.
Aunque las heridas no han cicatrizado por completo, aquel incidente pasó y las compañías eléctricas no están tan ocupadas ya en mirar hacia atrás como en diseñar su futuro, todavía incierto por la permanentemente aplazada reordenación del sector, inevitable a ojos de todo el mundo.
En su reunión de hoy, los prebostes de Unesa tendrán que optar entre mantener un año más la situación de interinidad, en cuyo caso Rivero seguiría en su puesto, o en dotar a la presidencia de un mayor peso político y representativo, para lo cual sería necesario que se sentara en el sillón uno de ellos.
La primera posibilidad es la que cuenta con más papeletas, pero nada se puede descartar en un ámbito tan convulso como el eléctrico.
El alboroto que ha causado el interés de EdF por Iberdrola no amainará hasta que culmine definitivamente la reordenación del sector energético español. Los franceses, sin pretenderlo, han reabierto un debate adormecido desde que Endesa cambió de manos y que necesitaba un revulsivo como éste para salir de su breve letargo.
Si la italiana Enel (con la inestimable ayuda de JOSÉ MANUEL ENTRECANALES) contribuyó a poner fin a la controversia desatada en torno a Endesa, el hecho de que sea precisamente EdF quien ronde a Iberdrola ha levantado muchas ampollas por tratarse de una empresa pública y extranjera. Igual que aquélla.
Ese arranque de nacionalismo, tan incongruente en una economía cada vez más transfronteriza y globalizada, no lo ha atenuado ni siquiera la participación de un grupo local, ACS, controlado por FLORENTINO PÉREZ, los ALBERTOS y la familia MARCH, que son socios destacados de Iberdrola y una especie de caballo de Troya de la operación.
A la espera del desenlace del asalto a Iberdrola, del que su presidente, IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, se está defendiendo con uñas y dientes, otros actores del sector energético han empezado a moverse también a fin de no quedarse fuera del mapa resultante.
Gas Natural (a la que Endesa se le escapó de las garras por poco) y Repsol ya han hecho saber su deseo de mojar pan en el diseño de ese mapa. Por no hablar de Unión Fenosa, que está participada mayoritariamente por ACS y que, en consecuencia, desde hace tiempo es la principal candidata a contraer un matrimonio de conveniencia
con Iberdrola.
Las combinaciones, sobre el papel, son múltiples: la fusión de Iberdrola y Unión Fenosa, o de Iberdrola y Gas Natural, o de Unión Fenosa y Gas Natural, un intercambio accionarial entre Repsol e Iberdrola, estas dos últimas al mismo tiempo…
Todas ellas, en mayor o menor medida, pueden plantear problemas de concentración empresarial y chocar con el espigón que representan en estos casos las autoridades de Defensa de la Competencia, con lo que resultaría inevitable que hubiera desinversiones y algunos activos tendrían que cambiar de titularidad.
Pues bien, cualquiera que sea la combinación, Unión Fenosa arañará algo y, por tanto, saldrá fortalecida. Da igual que finalmente se case con Gas Natural o con Iberdrola, que ésta llegue a un acuerdo con Gas Natural o que haya un cruce de acciones entre Iberdrola y Repsol. Unión Fenosa siempre entrará en juego, para su propio beneficio, como protagonista o como
actor secundario.
De ahí quizás el paciente silencio que ACS viene manteniendo desde que salió a la luz su complicidad con EdF para asaltar Iberdrola, a pesar de los dicterios que han tenido que escuchar sus dueños y, muy especialmente, Florentino Pérez, considerado el verdadero cerebro de la operación.
Si ACS va a salir ganando pase lo que pase, no tiene ninguna necesidad de desgastarse metiéndose en polémicas que en nada le benefician.
Haciendo honor a su fama de hombre resolutivo, MAURIZIO PRATO, harto de bregar inútilmente con tirios y troyanos, le ha devuelto a su amigo ROMANO PRODI el cargo de presidente de Aliatalia, que éste le había confiado nueve meses antes con el encargo de vender la ruinosa compañía al mejor postor.
La dimisión de Prato, un ejecutivo de 77 años especialista en privatizaciones, fue producto de la retirada de Air France-KLM, que después de varios meses de intensas negociaciones retiró el miércoles su oferta por la aerolínea italiana de bandera, acogida con muchas reticencias por parte de la clase política italiana y por los sindicatos.
Prato había advertido que la salvación de Alitalia, cuyas pérdidas superan el millón de euros diarios, tenía que venir de la mano de una “alianza internacional”. “La empresa se encuentra en estado comatoso, y cualquier otra fórmula que se plantee es una simple veleidad”, dijo públicamente hace sólo unas semanas.
Sin embargo, la inequívoca advertencia de Prato no ha sido tenida en cuenta. Los sindicatos se han negado en redondo a aceptar los sacrificios laborales previstos (2.100 despidos, la mayoría entre el personal de vuelo) y Air France-KLM no ha querido seguir adelante sin su complicidad.
La posición de los sindicatos ha sido alentada por el con más posibilidades de ganar los comicios del 13 y el 14 de abril: SILVIO BERLUSCONI, que desde que se hicieron públicas las condiciones de la oferta franco holandesa ha movido Roma con Santiago, de momento sin éxito, en busca de un comprador local para Alitalia.
Aparte de su propensión al nacionalismo más populista, en el ánimo de Berlusconi ha pesado sin duda el terror que los planes de Air France-KLM suscitaban en uno de sus aliados naturales: UMBERTO BOSSI, líder de la Liga Norte, totalmente contrario a que el aeropuerto de Milano-Malpensa pierda su condición de centro de distribución de vuelos, por el grave perjuicio económico que eso infligiría a la región de Lombardía.
La retirada del único aspirante a la compra de Alitalia y la dimisión de su presidente abren un periodo de incertidumbre que probablemente no se despejará hasta después de las elecciones. Si es que se despeja. Porque, como Prato proclamó con resignación antes dar el portazo: “Esta compañía está maldita y sólo un brujo puede salvarla”.
Si la reordenación del sector aéreo europeo va despacio, en España la cosa está que arde. Coincidiendo con la recta final del proceso de venta de Spanair, las dos compañías nacionales de bajo coste, Vueling y Clickair, han reconocido su deseo de fusionarse. Por lo tanto, es altamente probable que dentro de unos meses el panorama tenga poco que ver con el de ahora.
Desde la perspectiva empresarial, la unión de Vueling y Clickair es de puro sentido común, pues la competencia entre ambos operadores sólo ha servido para infligirles una severas pérdidas (alrededor de 100 millones de euros en conjunto el año pasado) y debilitar aún más su posición frente a la irlandesa Rynair y la inglesa Easyjet.
El accionista de referencia de Vueling (Inversiones Hemisferio, de JOSÉ MANUEL LARA, que controla casi un 27% del capital) y la familia SERRATOSA, a la que Iberia le ha dejado la voz cantante en Clickair, ya han mantenido varias reuniones, según reconocieron el lunes ante la CNMV. Pero el acuerdo aún está lejos.
En el supuesto de que finalmente se alcance, la aerolínea resultante sería la tercera de España y daría mucho juego a El Prat, donde permanecería su centro de operaciones. Esta circunstancia, de rebote, beneficiaría a la candidatura de Iberia sobre Spanair, que tiene en contra a la Generalitat, temerosa de que suponga un quebranto para el aeropuerto de Barcelona.
Para atenuar las suspicacias, FERNANDO CONTE, presidente de la compañía española de bandera, ha preferido mantenerse en un segundo plano. Si en las negociaciones con Vueling ha dejado el protagonismo a los Serratosa, la interlocución con los escandinavos de SAS, propietarios de Spanair, la está llevado JUAN MACARRÓN, primer ejecutivo de Gestair, líder nacional de vuelos privados y socio de Iberia en la operación.
El perfil bajo que Conte parece empeñado en conservar no ha impedido que se conozcan algunas de sus intenciones, encaminadas a ablandar las reticencias políticas con las que choca el deseo de Iberia de reforzarse. Una de ellas es dejar El Prat como base de tres aviones de Spanair que cubrirían rutas intercontinentales. El resto de la actividad, probablemente, se iría a Madrid, donde Iberia tiene la imperiosa necesidad de rentabilizar las costosas inversiones realizadas para la puesta en servicio de la T4.