El Popular es desde hace años una perita en dulce, que ha logrado preservar su independencia contra viento y marea, a pesar de los reiterados requerimientos que en su día se le hicieron para que participara en el proceso de concentración bancaria. Bajo el largo mandato del legendario LUIS VALS TABERNER, ya desaparecido, el Popular optó por ser cabeza de ratón en vez de cola de león, aún a costa de quedar descolgado del grupo de los grandes, del que durante mucho tiempo formó parte con todo merecimiento. Hoy, mientras BBVA o Santander, hacen alarde del impresionante músculo financiero que han adquirido, el Popular milita en el batallón de los bancos medianos, si bien no por ello ha perdido la fama de banco sólido y primorosamente gestionado que de antiguo lo acompaña.
Para mantenerse a resguardo, sus directivos, ahora con ÁNGEL RON a la cabeza, han procurado rodearse siempre de un potente núcleo duro. Esa coraza representa en la actualidad alrededor del 40% de su capital social, un porcentaje inusualmente alto, pero cuya cohesión fue puesta en duda la semana pasada, cuando empezaron a circular noticias sobre el supuesto deseo de algunos de sus componentes de vender los paquetes accionariales de los que son propietarios. Tanto ellos como el propio Popular, e incluso el hipotético comprador (el empresario mexicano TOMÁS TILMO), negaron de inmediato cualquier vinculación con esos movimientos. Sin embargo, en el aire ha quedado flotando la idea de que el banco, por enésima vez, vuelve a ser objeto de la codicia ajena.
Nada tiene de extraño que el Popular despierte el apetito de los inversores, sobre todo en una época en que la sombra de la sospecha se ha extendido sobre el sector financiero, víctima de la desconfianza generada por la brutal crisis de la hipotecas basura. El Popular, según todos los indicios, tiene una exposición prácticamente nula a esos productos de infausto recuerdo, lo que añade un atractivo más a los muchos que lo adornan. Por el contrario, su dedicación casi exclusiva al mercado doméstico, tan castigado en los últimos meses por culpa de la desaceleración de la economía, es un serio inconveniente, que la bolsa ha reflejado con recortes en la cotización que los rumores desatados la semana pasada han tenido el efecto de frenar en seco.
El servicio postal español es un bocado apetitoso del que no se quieren privar algunos grandes operadores internacionales. Desde que el primer cartero echó a andar hace 250 años, la oferta universal de este servicio ha sido un monopolio estatal. Pero, a partir de 2011, su prestación tendrá que abrirse a la competencia por imperativo de la Unión Europea, donde la actividad postal representa el 1% del PIB.
Así ocurre ya en países como Suecia, Alemania, Finlandia o el Reino Unido. En el resto, sin embargo, la liberalización sigue pendiente, aunque ya se han dado algunos pasos para acercarse a ella poco a poco. La otra cara de la moneda la representan Grecia, Luxemburgo y los estados adheridos en 2004, que solicitaron y han obtenido una prórroga de dos años.
Ante la proximidad del establecimiento del nuevo régimen, hay quien ha puesto ya sus cartas sobre la mesa, como es el caso de DEUSTCHE POST. La mayor compañía europea del sector se ha dirigido ya al Ministerio de Fomento para comunicarle su intención de entrar en liza sin pérdida de tiempo cuando quede abierto el mercado español, ahora controlado casi en exclusiva por CORREOS.
Esta sociedad pública mueve anualmente más de 5.000 millones de envíos, lo que supone el 92% del total. Con 66.000 trabajadores, su volumen de facturación supera de largo los 2.000 millones de euros. En 2000, obtuvo sus primeros beneficios, aunque la cuenta de resultados ha tenido desde entonces una evolución zigzagueante. El pasado ejercicio ganó 150 millones, frente a los 227 de 2006.
El posible desembarco de gigantes de la talla de Deustche Post ha sumido en la preocupación a la plantilla, que teme que la competencia pase factura en materia de empleo, como es frecuente en procesos similares. Se da la circunstancia, además, de que la red postal, principal fortaleza de Correos, tiene que ser puesta a disposición de los futuros operadores, aunque lógicamente éstos deberán rascarse el bolsillo por utilizarla.
De todas formas, Deustche Post no es un desconocido en el mercado español. Ya está presente en él a través de UNIPOST, que se ha alzado con una cuota del 7% y de la que los alemanes controlan más de un tercio del capital.
El prudente silencio que guarda EDF de un tiempo a esta parte recuerda la quietud que suele preceder a la tormenta. Los franceses se están limitando de momento a achicar agua ante el torrente de iniciativas con que Iberdrola ha contestado a su acometida. Pero que permanezcan aparentemente a la defensiva no debe interpretarse como una renuncia, ni siquiera táctica, a sus planes en España. Unos planes, por cierto, a los que les viene de maravilla que el presidente del Gobierno, JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO, haya escondido en el fondo de un cajón su controvertida teoría sobre los “campeones nacionales de la energía”.
EDF tiene puestos sus ojos en nuestro país y, salvo imponderables políticos que hoy por hoy no existen, va a ser muy difícil que dé marcha atrás. Su opción prioritaria es Iberdrola, donde además cuenta con la complicidad del principal accionista: la constructora ACS, propiedad de la familia MARCH, de los ALBERTOS y de FLORENTINO PÉREZ. Pero, si al final IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN consigue mantener a buen recaudo el control sobre su compañía, nada tendría de extraño que el grupo galo buscara otras alternativas dentro del agitado sector eléctrico español.
En tal caso, uno de los candidatos a convertirse en objetivo de una operación corporativa es Endesa, que tiene a Enel como socio mayoritario (65%), aunque la gestión está en manos de JOSÉ MANUEL ENTRECANALES, que controla el 25% a través de Acciona. EDF mantiene de antiguo unas excelentes relaciones institucionales con los italianos, que últimamente no andan en demasiada buena sintonía con sus socios locales, hasta el punto de que todavía no han sido capaces de pactar un plan estratégico para Endesa.
Tanto en un caso como en el otro, EDF obtendría, no sólo una notable presencia en España, sino también en América Latina, de donde los franceses se marcharon cuando las cosas vinieron mal dadas y que podrían querer reconquistar ahora que las economías del subcontinente van mejor. Si Iberdrola tiene profundas raíces industriales en México y Brasil, Endesa suma allí más de nueve millones de clientes, repartidos por Chile, Argentina, Brasil y Colombia. Cualquiera de las dos eléctricas, por tanto, son platos susceptibles de saciar el hambre de mercado de EDF.
La teoría de los “campeones nacionales”, que formuló la pasada legislatura con ocasión del asalto a Endesa, ya no es del gusto de JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO. Entonces estaba sobre la mesa una opa de E.ON que amenazaba con arruinar la que Gas Natural había lanzado antes sobre la eléctrica española con el apoyo de Moncloa. Y la teoría de los “campeones nacionales”, oportunamente aireada, fue un aviso en toda regla para los alemanes, que comprendieron así que sus planes no eran bien vistos por el Gobierno. Al final, Endesa no fue ni para Gas Natural ni para E.ON, sino para un consorcio improvisado del que forman parte la compañía italiana Enel (65%) y el grupo Acciona (25%), propiedad de la familia ENTRECANALES, que para guardar las apariencias tiene encomendada la gestión pese a que su participación es minoritaria.
Una vez cerrado aquel turbulento capítulo de la historia empresarial más reciente, Rodríguez Zapatero ha arrumbado su teoría de los campeones nacionales, que no conviene a otra de las grandes operaciones industriales en preparación desde hace meses: la toma del control de Iberdrola por EDF con la complicidad de ACS, la constructora que pilota FLORENTINO PÉREZ. Esa iniciativa, que no ha prosperado todavía gracias a la tozudez de IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, cuenta con la simpatía de algunos miembros del Gobierno, incluido su presidente y el ministro de Industria, MIGUEL SEBASTIÁN, pues la entrada en España del gigante francés, cuyo principal accionista es el propio Estado, anudaría nuestras relaciones energéticas con el país vecino.
Naturalmente, el entierro de los campeones nacionales ha caído como un jarro de agua fría sobre la cabeza de Iberdrola, que la había esgrimido en su batalla a cara de perro contra EDF. Por el contrario, PEDRO SOLBES probablemente haya esbozado una sonrisa al enterarse de la renuncia de Rodríguez Zapatero a una teoría tan fugaz como interesada. Él ya puso en duda su validez en plena lucha por el poder en Endesa, hace más de dos años, alegando que no encajaba demasiado bien con los principios del mercado único europeo. Idéntica opinión ha expresado reiteradamente el presidente de la Comisión, JOSÉ MANUEL DURAO BARROSO, que a buen seguro habrá saludado con alivio el repentino cambio de postura del Gobierno español.
Anda muy revuelta la aviación civil por culpa de la subida del petróleo, que es hoy un 75% más caro que el año pasado por estas fechas. El presidente de Iberia, FERNANDO CONTE, en la última junta de accionistas, tachó de “dramática” la situación del sector. GIOVANNI BISIGNANI, director general de la IATA, fue más lejos aún en la asamblea de la organización celebrada hace una semana, donde dijo que la escalada del precio de los combustibles es “el quinto jinete del Apocalipsis”.
El brutal encarecimiento del queroseno ha obligado a deshacer algunas operaciones en ciernes. En América, United y US Airways pusieron freno a finales de mayo a las negociaciones que mantenían para su fusión. Aquí, por las mismas fechas, Iberia retiró su oferta por Spanair, que llevaba meses sobre la mesa del consorcio escandinavo SAS.
Sin embargo, en otros casos se ha hecho de la necesidad virtud. Así, por ejemplo, el desalentador panorama que se abre ante ellas parece haber espoleado el matrimonio de Vueling y Clickair, una vez que Iberia y JOSÉ MANUEL LARA han sentado las bases de un acuerdo sobre sus respectivas participaciones en la empresa resultante.
Lo peor, de todas formas, aún está por venir, aunque es fácil predecir por dónde irán los tiros. Continental ha anunciado la eliminación de 3.000 puestos de trabajo y United, de entre 1.400 y 1.600. En el segmento de bajo coste, el futuro no pinta mejor. El gigante irlandés Rynair ha renunciado a obtener beneficios en 2008. Al menos otra treintena de compañías, entre las que figuran ATA, Silverjet, Oasis Hong Kong Airlines y Skybus han echado directamente el cierre.
La supresión de las líneas menos rentables, la jubilación de los aviones que más combustible consumen y la subida de tarifas son las medidas que se están tomando con carácter general para afrontar esta crisis. Las aerolíneas baratas, además, tendrán que mejorar los exiguos servicios que ahora prestan si quieren seguir siendo atractivas.
Un gigante que quiere crecer
En este contexto, una de las grandes aerolíneas europeas que continúa navegando en solitario, Lufthansa, ha reiterado su interés por intervenir en la reordenación del sector. Su presidente, WOLFGANG MAYRHUBER, insinuó recientemente que España sigue en el punto de mira de la compañía alemana. Iberia, que no ha perdido la esperanza de ampliar sus acuerdos con British Airways, quizás le queda ya demasiado lejos. Pero Spanair, en venta desde hace un año, sí está todavía al alcance de su mano, pues el único comprador que mantiene viva su oferta no acaba de convencer a SAS.