En medio de la creciente confusión que rodea el posible cambio en la propiedad de Repsol, se ha oído la voz de ALFREDO PÉREZ RUBALCABA, poco pródiga en asuntos relacionados con la economía. En una entrevista radiofónica, el ministro del Interior admitió que Lukoil no es su candidato predilecto para convertirse en accionista de referencia de la principal petrolera española. ¿Acaso preferiría que fuese Total la que comprara la participación de Sacyr?, le preguntaron. “Pues igual sí”, respondió, “pero habría que verlo”.
Rubalcaba alimentó así, pretendiéndolo o no, las conjeturas de los últimos días que apuntan al gigante energético francés como posible caballero blanco de una operación cada vez más enmarañada. También les dio pábulo horas después el propio presidente de Repsol, con ocasión del breve encuentro que mantuvo con un grupo de periodistas so pretexto de felicitarles la Navidad por adelantado. ANTONIO BRUFAU ya no dijo aquello de que su compañía seguirá siendo “privada, independiente y española”, sino “privada, independiente y comprometida con su proyecto”. Que no es lo mismo.
Brufau se mostró una aparente displicencia con respecto a los rusos, al proclamar que si alguien pretende controlar Repsol “tendrá que lanzar una opa”. Eso es una obviedad, habida cuenta que los estatutos limitan al 10% el ejercicio de los derechos políticos cualquiera que sea la participación accionarial. Revocar ese blindaje en junta general exige a su vez una mayoría del 75% de total de los votos, que sólo se puede obtener mediante el lanzamiento de una oferta pública de compra extensible al conjunto del capital.
Todo apunta a que eso excede las actuales posibilidades de Lukoil, que no anda sobrada de liquidez, ni parece en condiciones de obtener mucho dinero de los bancos debido a su bajísima calificación crediticia. A precio de mercado, Repsol vale más de 18.000 millones de euros, cifra a la que se añadiría la prima que sus mayores accionistas (Sacyr, La Caixa, Pemex, Axa, Caixa Catalunya, Mutua Madrileña…) pidieran para ceder el control. Hasta ahora se ha hablado de una prima del 100% para que LUIS DEL RIVERO pudiera salirse sin pérdidas, y eso duplicaría el coste.
El papel secundario de Lukoil
La actual situación del sistema financiero dificulta extraordinariamente la búsqueda de los recursos necesarios para sufragar una operación de ese volumen. De ahí que, a tenor de lo dicho por Brufau, a Lukoil no le quede más alternativa que aceptar con resignación, al menos de momento, un papel secundario en Repsol o irse con la música a otra parte. Salvo, claro está, que consiga dinero fuera de los mercados, aprovechando su condición de empresa vinculada al Estado ruso.
Qué hacer con Cepsa
La opción de Total, que no disgusta a algunos miembros del Gobierno, tiene sin embargo algunas contraindicaciones evidentes. La empresa gala ya está presente en el sector energético español, donde controla Cepsa, de la que posee un 49%. Si además se hiciera con Repsol, quedarían bajo su órbita más de 5.000 de las 7.500 gasolineras y 9 de las 10 refinerías que hay en España, situación insostenible desde el punto de vista de la competencia, salvo que Total hiciera algunas desinversiones.
Botín, siempre en medio
Curiosamente, el socio de los franceses en Cepsa es el Santander, que algo tendría que decir ante una supuesta reordenación de la presencia de Total en España. EMILIO BOTÍN también está directamente interesado en el resultado final de las negociaciones en torno a Repsol, ya que su banco es uno de los que financiaron la entrada de Sacyr Vallehermoso en la petrolera, como hizo con otras constructoras que confiaron en la energía para reducir su dependencia del ladrillo.
La escapada energética que emprendieron las mayores constructoras españolas durante la última fase expansiva de la economía sólo ha servido a la postre para procurar inestabilidad a un sector cuyas apuestas a largo plazo requieren más certezas que incertidumbres. La irrupción de ACS en Unión Fenosa e Iberdrola, la de Sacyr Vallehermoso en Repsol y la de Acciona en Endesa les ha ayudado a diversificar sus negocios, demasiado expuestos hasta entonces al capricho de los ciclos; pero se ha revelado muy perturbadora para las empresas en las que entraron.
El tiempo ha demostrado que las cuantiosas inversiones energéticas de esas constructoras tenían un carácter puramente financiero y que no les animaba otro interés que sacar tajada de una actividad que suele dar bastante dinero cuando la coyuntura general va viento en popa. Ni siquiera tuvieron que rascarse el bolsillo para sufragar su prometedora aventura: los bancos (grandes y pequeños, nacionales y extranjeros) les prestaron gustosos cuanto necesitaban con la sola garantía de las mismas acciones que iban a comprar, subestimando lo que podía ocurrir si algún día se daba la vuelta la tortilla.
Al final la peor de las pesadillas se ha cumplido, y la crisis ha dejado al descubierto las vergüenzas de unas operaciones que se tramaron alegremente y que ahora, con la economía española al borde de la recesión y el sistema financiero colapsado, no resulta tan fácil destejer. Entre otras cosas porque sus principales promotores pretenden irse de rositas y, si fuera posible, con algún euro más de los que llevaban en la faltriquera.
La banca, como era previsible, tampoco quiere perder, aunque tenga que seguir engordando la bola de nieve por el tradicional procedimiento de conceder créditos que se utilizan para pagar otros anteriores, cosa que permite ganar algo de tiempo pero que normalmente no lleva a ninguna parte. Un dato: según contaba el lunes este periódico, el estallido de la burbuja inmobiliaria le ha costado ya a las entidades financieras la friolera de 7.800 millones de euros, que es prácticamente lo que le debe sólo Sacyr por los préstamos que obtuvo hace dos años para adquirir el 20% de Repsol, ahora en almoneda.
La suerte de Florentino Pérez
A ACS, de momento, la jugada le ha salido bien porque su deseo de salirse de Fenosa, donde controla el 46% del capital, ha coincidido con el renovado interés de Gas Natural, y en consecuencia de La Caixa, por formar un grupo gran grupo energético. Sin embargo, Florentino Pérez y sus principales socios han tenido que renunciar a sus ambiciones en un sector que soñaron con ordenar a su gusto y manera, aunque en Iberdrola (13%) todavía pueden dar guerra.
La incógnita de Repsol
Sacyr, ya se sabe, está asfixiada por las deudas (más de 18.000 millones de euros) que contrajo para financiar una ambiciosa expansión que le llevó a meter la cabeza en Repsol, de la que hace dos años se convirtió en el principal accionistas con el 20%. Hoy sus beneficios dependen tanto de la petrolera que le puede costar un disgusto marcharse de ella y además no tiene fácil encontrar un comprador aceptable dispuesto a poner sobre la mesa lo que ese paquete le costó, que es el doble de lo que vale en Bolsa.
… Y el previsible futuro de Entrecanales
Acciona tiene la ventaja de que su eventual salida de Endesa está tasada en el ventajoso pacto de socios que suscribió con Enel antes de lanzar su opa sobre la eléctrica española. A partir de 2010, Entrecanales puede decir ahí os quedáis en cualquier momento y los italianos tendrían que comprarle su 25% al precio de entrada que ambos pagaron. Mientras, seguirá haciendo de su capa un sayo, porque el Gobierno exigió en su día que hubiera un español al frente de Endesa, pese a que Enel tiene un 65%.
El soufflé que se preparó la semana pasada a cuenta de la entrada de Lukoil en el capital de Repsol parece que empieza a desinflarse, lo que da la razón a quienes siempre han puesto en duda que las negociaciones estuvieran tan avanzadas como inicialmente se dijo. Desde que el jueves por la tarde circularon las primeras noticias sobre el particular, cada día han quedado al descubierto nuevas aristas de una operación que hoy por hoy no acaba de convencer ni a los vendedores, ni a los compradores, ni a la banca, ni a parte del Gobierno.
Pese a la delicadísima situación económica por la que atraviesa, deshacerse del 20% que tiene en Repsol supondría un serio contratiempo para Sacyr Vallehermoso, cuyos resultados dependen en buena medida de la petrolera desde que se agudizó la crisis inmobiliaria en España. La venta de ese paquete aliviaría sustancialmente la pesada carga de la deuda que soporta el grupo de LUIS DEL RIVERO, pero dejaría temblando sus cuentas, que se saldaron durante los nueve primeros meses de 2008 con un beneficio de 410 millones, de los que 303 era imputables a Repsol.
Lukoil, a falta de otro candidato mejor, proporciona a La Caixa la posibilidad de perder de vista a Sacyr, que últimamente sólo aporta inestabilidad al accionariado de Repsol, y de paso colocarle a los rusos un trozo de su participación para hacer caja, cosa muy de agradecer en estos tiempos de pertinaz sequía financiera. Sin embargo, la bronca política y mediática que se ha desatado ante el eventual desembarco de los rusos recuerda mucho la que tuvo lugar a raíz de la fallida opa de Gas Natural sobre Endesa, que tantos quebraderos de cabeza procuró a ISIDRE FAINÉ y su entorno.
Para Lukoil, que sigue sin decir públicamente esta boca es mía, las condiciones impuestas por los vendedores son difíciles de aceptar. No tendría control sobre Repsol, debería renunciar a toda influencia sobre Gas Natural y en el futuro sobre Unión Fenosa, y permanecería en la petrolera española prácticamente como un simple socio financiero. Eso sí, a la hora de pagar, se le exigiría lo mismo que si fuera a convertirse en el nuevo dueño y señor de Repsol: una prima de en torno al 100% respecto de la cotización actual, que no llega a los 15 euros.
Una prima incomprensible
Si Lukoil aceptara ese precio, el 29,9% de Repsol, porcentaje a partir del cual estaría obligado a lanzar una opa, le costaría alrededor de 10.000 millones. A pesar de la magnitud del desembolso, y en función de lo previsto en los estatutos, los derechos políticos de los rusos en ningún caso podrían exceder del 10%. Dicho claramente: en estas condiciones, entrar en Repsol es un mal negocio para Lukoil, pues el 10% de la petrolera española vale en Bolsa 1.700 millones.
Las dudas de la banca
Los acreedores de Sacyr, que hace dos años le prestaron el dinero para meterse en Repsol, vieron el cielo abierto cuando se enteraron de que los rusos estaban interesados en comprar el 20% en manos de Luis del Rivero. Pero resulta que Lukoil, por lo visto hasta ahora, no tiene liquidez para pagar en metálico, ni solvencia crediticia suficiente para suponer que, si asume la deuda, vaya a ser mejor pagador que Sacyr, por más garantías adicionales que se le exijan.
Contraindicaciones políticas
A algunos miembros del Gobierno, en fin, nunca les ha entusiasmado que Lukoil se instale en Repsol con mando en plaza, habida cuenta su evidente supeditación a los intereses estratégicos del Kremlin, común a la mayoría de los colosos energéticos de Rusia. Además, si Lukoil tomara el control de Repsol, prácticamente toda la red de distribución y la capacidad de refino de España, ya muy entreveradas de multinacionales, quedarían en manos extranjeras.
La polémica sobre la españolidad de REPSOL, calentada por quienes no ven con buenos ojos que la petrolera rusa LUKOIL entre en su capital, concierne a un sector donde la presencia foránea es ya de por sí notable. Las carreteras de todo el país están moteadas de estaciones de servicio cuyas enseñas corresponden a compañías extranjeras, que representan más del 40% de la distribución minorista.
Es el caso de la británica BP, de las portuguesas AGIP y GALP, de las italianas ERG, TAMOIL y SARAS, de las estadounidenses ESSON y CHEVRON, y de la kuwaití Q8, que suman más de 1.500 gasolineras. A ésas hay que añadir otras tantas de CEPSA, participada mayoritariamente por la francesa TOTAL desde octubre de 2006, aunque el BANCO SANTANDER mantiene todavía una participación significativa en ella.
Enfrente tienen a la propia Repsol, que copa casi la mitad del mercado (3.568 puntos de venta), y dos empresas más modestas: DISA propiedad de la familia Carceller, de origen canario, y ESERGUI, que opera en el País Vasco bajo la marca AVIA.
Si en el ámbito de la distribución el reparto es relativamente equitativo, en el de la producción ocurre prácticamente lo mismo: de las diez refinerías existentes en territorio nacional, cuatro están en manos extranjeras (las de Cepsa en Algeciras, Huelva y Tenerife, y la de BP en Castellón). Sin embargo, su capacidad (27 millones de toneladas al año) es inferior a las cinco que posee Repsol incluyendo la de PETRONOR en Bilbao (37 millones).
Todo lo anterior permite deducir que la entrada de Lukoil en Repsol, suponiendo que lleve aparejada el control de la compañía, ocasionará un vuelco en el statu quo petrolífero nacional. Sólo serían españolas 601 de las 7.469 gasolineras (es decir, el 8%) y la refinería especializada en derivados asfálticos que ASESA tiene en Tarragona.
Si eso es mejor o peor, si se puede evitar o es ineluctable, seguramente seguirá dando pie durante algún tiempo a profundos y encendidos debates. Pero está claro que el interés de las multinacionales por hincar el diente al apetitoso mercado español no es nuevo ni responde a una especial voracidad de los rusos, tanto por lo que respecta al petróleo como a otras energías, entre ellas la eléctrica.
Otros extranjeros
Repsol ya cuenta con notables accionistas de fuera. Por ejemplo, PEMEX, la mayor empresa de América Latina, de carácter público (su presidencia recae en el secretario mexicano de Energía), tiene un 6% de la petrolera española. BARCLAYS es propietario de otro 3,2% y CHASE NOMINEES representa un 9,8% de las acciones. SACYR, LA CAIXA, CAJA CATALUNYA y MUTUA MADRILEÑA, que acumulan el 38%, son los grandes socios españoles de Repsol. En Bolsa hay otro tercio del capital.
El antecedente de Endesa
La segunda mayor eléctrica española, ENDESA, está gestionada por ACCIONA y la preside José Manuel Entrecanales. Sin embargo, la constructora sólo es dueña del 25% del capital, pues el 65% restante pertenece a ENEL, compañía controlada por el Estado italiano. Ambas se hicieron conjuntamente con Endesa en octubre del año pasado, bajo el compromiso de que los españoles se mantendrían al timón, al menos durante cierto tiempo, por exigencias del Gobierno.
Un referente claro
Este modelo puede ser el que finalmente se tome en el caso de Repsol, si es que Lukoil sigue adelante con sus plantes, cosa que está por ver, habida cuenta las trabas que se le están poniendo. La petrolera española seguiría pilotada durante cierto tiempo por el equipo de Brufau, con el apoyo de La Caixa, y se dejaría el campo libre a los rusos más adelante cuando amaine el temporal. Lo que no parece probable es que Lukoil vaya a conformarse con ser indefinidamente un simple socio financiero.
Llama poderosamente la atención el clamoroso silencio que guarda LUIS DEL RIVERO sobre la eventual irrupción de Lukoil en el capital de Repsol, de la que Sacyr Vallehermoso es el principal accionista desde hace poco más de dos años. Se da por segura su disposición a venderle a los rusos el 20% que tiene en la petrolera española, pero él de momento se ha mantenido fuera de plano, sin confirmar ni desmentir lo que todo el mundo lleva tiempo dando por hecho.
Ese dontancredismo resulta chocante, habida cuenta la importancia de lo que Sacyr se juega en el envite, pues un desenlace favorable de la operación le permitiría desembarazarse de la noche a la mañana de buena parte de su asfixiante deuda. Una deuda que supera los 18.500 millones de euros y que compromete el futuro del grupo, gravemente castigado por la crisis del sector inmobiliario, del que Luis del Rivero no quiso, no supo o no pudo salirse a tiempo.
Aun así, la venta del 20% de Repsol no entusiasma a Sacyr, cuyos resultados tienen una fuerte dependencia de esa participación, que en los nueve primeros meses de 2008 le aportó 303 millones sobre un beneficio total de 415. De ahí que sea altamente probable que la iniciativa de negociar con Lukoil no la tomara Luis del Rivero, partidario de agotar antes todas las posibilidades de deshacerse de otras inversiones menos provechosas, como la concesionaria de autopistas Itínere, a fin de aligerar sus pesadas cargas financieras.
Todo apunta a que los contactos con los rusos se tomaron por impulso de los acreedores de Sacyr, temerosos de las consecuencias de un colapso de la constructora, y de La Caixa, que consideraba los problemas económicos de su socio en Repsol como un factor de inestabilidad muy poco recomendable. El riesgo de que Luis del Rivero, acuciado por las deudas, tuviera que buscar un comprador por su cuenta tampoco agradaba a ANTONIO BRUFAU, pues podía constituir una seria amenaza para su continuidad al frente de la petrolera.
En este contexto, el interés de Lukoil fue recibido como agua de mayo, a pesar de las lógicas reticencias que podía despertar en el seno del Gobierno, partidario de que Repsol continúe en manos españolas dado el carácter estratégico del servicio que presta.
El precio que conviene a Sacyr
Se pretende que los rusos paguen unos 27 euros por acción, precio al que compró Sacyr y que, en consecuencia, le permitiría salir del Repsol sin necesidad de anotarse minusvalías. Otros accionistas podrían unirse en tal caso a Luis del Rivero y vender también total o parcialmente, como La Caixa, Caixa Catalunya y Mutua Madrileña, hasta un máximo del 29,9%, a partir del cual Lukoil se vería en la obligación de lanzar una opa sobre el conjunto del capital.
Una prima desorbitada
Los 27 euros por acción suponen una prima del 100% sobre la cotización actual de Repsol, que un inversor podría pagar si a cambio toma el control de una compañía. El problema estriba en que, al menos de momento, parece difícil que Lukoil vaya a tener esa oportunidad. No sólo choca con el deseo del Gobierno, sino también con lo previsto en los estatutos de la petrolera, que limitan al 10% los derechos políticos, sea cual sea la participación.
Imprevisible desenlace
Esa circunstancia aleja la posibilidad de que los rusos, de rebote, influyan en Gas Natural, de la que Repsol tiene un 30%, y en Unión Fenosa, que va a quedar en la órbita de Gas Natural la próxima primavera. En definitiva, la idea es que Lukoil pague del orden de 9.000 millones por algo que en el mercado vale la mitad y que no tenga capacidad de decisión ni ventajas adicionales por ello. Habrá que ver si entrar en semejantes condiciones le interesa.
Probablemente nunca se sabrá a ciencia cierta si el viceprimer ministro ruso, ALEXANDER ZHUKOV, erró al proclamar la semana pasada el interés de Gazprom por meter la cabeza en Repsol o si lo dijo sólo para despistar. Lo cierto es que, justamente siete días después de aquello, han salido a la luz las negociaciones que mantiene con los principales accionistas del gigante energético español otra compañía de su país: la petrolera Lukoil.
Ésta pretende tomar el control de Repsol mediante la compra del paquete en poder de Sacyr y de otros más pequeños, hasta totalizar algo menos del 30% del capital, porcentaje a partir del cual es obligatorio lanzar una opa. Aprovechará para ello la necesidad de vender que tiene el grupo presidido por LUIS DEL RIVERO para quitarse parte de su abultada deuda y del deseo de otros accionistas, entre ellos La Caixa, de hacer caja y aliviar así sus tribulaciones financieras.
Todo apunta, además, a que los rusos están dispuestos a pagar un buen precio por entrar con vara alta en Repsol, que tiene la llave de un mercado muy codiciado, el de América Latina, donde la petrolera española está presente en Argentina, Brasil, Perú y Ecuador. Eso explica la insistencia de los vendedores en pedir una fuerte prima, que duplicaría el valor bursátil actual y que a Sacyr, en concreto, le permitiría salir de Repsol sin demasiadas pérdidas, cosa inimaginable cuando hace un mes puso en almoneda su participación.
Si la eventualidad de que Gazprom aterrizara en Repsol era vista con muchos recelos por el Gobierno, que sea Lukoil la que se lleve el gato al agua tampoco resulta del agrado de algunos de sus miembros, a pesar de que esta empresa ni es estatal ni actúa en régimen de monopolio. Las dos tienen, eso sí, unas excelentes relaciones, hasta el punto de que el presidente de Lukoil, VAGIT ALEXPEROV, suele referirse públicamente a Gazprom como “nuestro hermano mayor”. El Gobierno podría alegar para oponerse a la operación la falta de reciprocidad, pues el sector energético ruso está vedado para las compañías extranjeras. Pero, así y todo, parece cada vez más lejana la posibilidad de que se cumpla el vaticinio de ANTONIO BRUFAU, presidente de Repsol, quien dijo recientemente que ésta seguiría siendo “privada, independiente y española”.
La sorpresa de La Caixa
Precisamente porque las declaraciones de Brufau fueron inequívocas, la mayor sorpresa que han deparado las negociaciones con Lukoil es la disposición de La Caixa a desprenderse de parte de su paquete del 13% en Repsol, que le permite ahora hacer de su capa un sayo en la petrolera. La Caixa reconoció ayer que mantiene contactos informales con los rusos y que, si el precio es interesante, se plantearía la posibilidad de venderles una parte.
El destino de la Mutua
Otro de los candidatos a ceder su participación en Repsol, en esta fase o en otra posterior, es Mutua Madrileña, que tiene un 2% de la petrolera desde el verano de 2007, cuando aún estaba al frente de la aseguradora JOSÉ MARÍA RAMÍREZ POMATTA. La Mutua compró a 27 euros por acción, frente a los 13 euros a los que cotiza ahora, lo que le origina unas minusvalías latentes del orden de los 150 millones que tuvo que provisionar en el tercer trimestre.
Un gran beneficiado
Mutua Madrileña puede ser uno de los principales ganadores de la venta de Repsol a Lukoil, pues es socio también de Sacyr, de la que posee un 5% que compró hace dos años al triple de su precio actual. La subida de los títulos de la constructora permitirá desbloquear parte del dinero consignado por la Mutua para cubrir la desvalorización, lo que a su vez repercutirá en sus beneficios, que entre enero y septiembre fueron un 60% inferiores a los del año anterior.
El proceso impulsado por el Gobierno de CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER para recuperar el control de Aerolíneas ha tomado un nuevo cariz al recomendar la comisión parlamentaria competente que se proceda sin más demora a la expropiación forzosa de la compañía. Desde que se planteó la reestatalización el pasado mes de julio, Marsans y los representantes argentinos andan en negociaciones para fijar el precio de la operación, pero las diferencias de criterio son tan profundas que difícilmente se podrá llegar a un acuerdo por ese camino. El grupo español, asesorado por Credit Suisse, reclama un resarcimiento de entre 330 y 540 millones de dólares por la cesión del paquete mayoritario (94,41%) de Aerolíneas, mientras que el Tribunal de Tasaciones de Nación asegura que su patrimonio neto es negativo en 546 millones.
La expropiación inmediata recomendada por el Parlamento es una buena coartada para Cristina Fernández, que sopesa desde hace tiempo la posibilidad de cortar por lo sano, pero prefiere no indisponerse más allá de lo imprescindible con el Gobierno de RODRÍGUEZ ZAPATERO, partidario de una solución pactada. España está estrechamente ligada a la suerte de Aerolíneas desde que en 1990 se hizo con ella Iberia (entonces todavía perteneciente al Estado) aprovechando el controvertido desmantelamiento del sector público empresarial que acometió el presidente CARLOS MENEN. A mediados de los noventa, la empresa pasó a estar bajo la tutela de la SEPI, que en 2001, poco antes de estallar la crisis ocasionada por los atentados del 11-S, se la revendió a Marsans.
El grupo propiedad de GONZALO PASCUAL y GERARDO DÍAZ FERRÁN ha llevado a cabo una gestión muy discutida de Aerolíneas, que ha tropezado con el boicot constante de los sindicatos y con la negativa del Gobierno a subir las tarifas, congeladas desde hace siete años. El supuesto vaciamiento patrimonial del que Marsans ha sido acusado y la merma de la calidad del servicio son los principales argumentos que Argentina ha puesto sobre la mesa para justificar la recuperación de su compañía de bandera. Sin embargo, esa medida no puede desvincularse de la revisión general del turbio programa de privatizaciones desarrollado en la última década del siglo XX y del que España fue sin duda uno de los grandes beneficiarios.
Empresarios de confianza
Para reargentinizar en la medida de lo posible las antiguas empresas públicas, los Kirchner han recurrido más de una vez a hombres de negocio de su plena confianza. Ese fue el caso, por ejemplo, de ENRIQUE ESKENAZI, dueño de la constructora Petersen, que figura entre las mayores concesionarias de obra pública del país. En diciembre se cumplirá un año de la compra por Eskenazi del 14,99% de YPF que estaba en manos de Repsol, a cambio de más de 2.200 millones de dólares.
Una operación fallida
La pasada primavera, otro potentado argentino, JUAN CARLOS LÓPEZ MENA, artífice de Buquebús, la sociedad que copa el tráfico fluvial a través del Río de la Plata, fue invitado a tomar un participación en Aerolíneas y de hecho, allá por el mes de mayo, él mismo proclamó a los cuatro vientos que la operación estaba cerrada. Según su propia versión, López Mena se convertiría en el primer accionista, con el 37%, y Marsans quedaría relegada al segundo puesto, con el 33%.
En la recta final
Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz Ferrán se negaron a vender en estas condiciones, temerosos de quedar como meros convidados de piedra en la nueva etapa de Aerolíneas. Esta actitud propició, unida a las presiones de los sindicatos para que se desbloqueara el asunto de una vez por todas, dio pie al proceso que puede acabar en la expropiación pura y dura y con una compensación para Marsans de un peso, es decir, 30 céntimos de euro.
Tremón se acaba de sumar a la cada vez más amplia nómina de damnificados por el tsunami que amenaza con dejar el sector inmobiliario español tan raso como la palma de la mano. Desde que Llanera abrió la veda hace poco más de un año, se han producido ocho grandes suspensiones de pagos, entre las que sobresale con mucha diferencia la de Martinsa-Fadesa. Cuando en julio solicitó el concurso de acreedores, ésta tenía una deuda de 5.153 millones de euros, superior a las de las otras siete juntas y que más que quintuplica la que Tremón ha declarado ahora.
Los problemas financieros del grupo presidido por HILARIO RODRÍGUEZ ELÍAS, a lo que se ve, eran de sobra conocidos por sus acreedores; no así por los propietarios de las 2.000 viviendas pendientes de entrega, a los que la insolvencia de Tremón ha cogido por sorpresa. Los bancos más afectados afirman que procedieron a efectuar las correspondientes provisiones desde el mismo momento en que detectaron las crecientes dificultades de su cliente para hacer frente a los pagos, en el tercer trimestre del año.
Todos ellos, en consecuencia, han restado importancia al quebranto que la crisis de Tremón infligirá a sus cuentas, aunque hay algunos en los que llueve sobre mojado. Es el caso del Popular, al que el grupo le adeuda cerca de 200 millones de euros (pagarés incluidos), que se suman a los 400 millones que tiene pillados en Martinsa-Fadesa. Eso equivale, en conjunto, a la mitad del beneficio neto atribuido que el banco prevé obtener en 2008. Otro acreedor coincidente en las dos compañías es Caja Madrid, aunque su riesgo en Tremón apenas asciende a 30 millones de euros.
Rodríguez Elías ya tuvo que afrontar un serio contratiempo a finales de 2007, con motivo de la salida a Bolsa, prevista para mediados de diciembre. Tremón se vio obligado a renunciar a la colocación del 25% de su capital ante la desfavorable situación de los mercados y, sobre todo, por las reticencias de los inversores internacionales a aumentar su exposición en el deprimido sector inmobiliario español. Ni siquiera fue capaz de encontrar entidad alguna que asegurara la operación, con la que esperaba cosechar del orden de 300 millones de euros para proseguir su expansión en Europa. De las 2.000 viviendas que Tremón tiene pendientes de entrega, 238 están en Polonia.
Augurios confirmados
Ante la falta de demanda de la que adoleció la OPV, Rodríguez Elías se lamentó, con cierta arrogancia, de que los operadores no supieran discriminar entre los diferentes “modelos de negocio” y la “calidad de los activos” de las empresas del sector. El tiempo, sin embargo, parece haberles dado la razón, aunque nunca se sabrá ya cómo se hubieran desarrollado los acontecimientos si Tremón llega a obtener a tiempo los recursos que necesitaba para seguir creciendo en el exterior.
Un mal momento
La atonía del mercado no aquejaba sólo a las inmobiliarias por aquel entonces. Poco antes de la fecha prevista para Tremón, debutó en el parquet la filial de energías renovables de Iberdrola. A pesar de que su actividad estaba de moda, el primer día de cotización se cerró con una depreciación del 2,83%. Hoy, las acciones de la niña de los ojos de IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, Iberdrola Renovables, que salieron a 5,30 euros, valen menos de la mitad por culpa de la inestabilidad general de la Bolsa.
La opción Bhavnani
Uno de los inversores que estuvo interesado por meter la cabeza en Tremón fue RAM BHAVNANI, después de su sonada salida de Bankinter, donde tenía un 15% del capital que en noviembre de 2007 le vendió a Crédit Agricole. El inversor indio quería, no obstante, un precio inferior al de la OPV (la horquilla fijada inicialmente era de 6,56 a 7,57 euros por acción) y pagar parte de él con algunos hoteles de su propiedad radicados en Canarias.
La soterrada rivalidad que de antiguo mantienen los dos grandes grupos bancarios españoles ha emergido con ocasión de la macro ampliación de capital (7.194 millones de euros) emprendida por EMILIO BOTÍN hace una semana. El BBVA entendió que esta iniciativa condenaba al resto de las entidades a hacer lo mismo para equiparar sus ratios de solvencia con los del Santander y la atacó con inusual dureza en un escrito ampliamente difundido por toda la red de sucursales. En él se venía a decir que la ampliación era fruto de la agresiva política de compras del banquero cántabro y de su dificultad para desinvertir a buen precio por culpa de la crisis financiera.
El escrito levantó ampollas porque ponía el dedo en la llaga. Durante el último año y medio, Botín ha dado rienda suelta a su instinto depredador y se ha lanzado sobre las presas más apetecibles que se cruzaban en su camino. Gracias a ello, el Santander ha dado un paso de gigante hacia el objetivo de situarse a la cabeza de los mayores bancos del mundo (ya es el primero por beneficios, con 6.935 millones de euros entre enero y septiembre). Pero mantener esa tendencia expansiva requiere nuevos recursos, que Botín, a falta de otra alternativa mejor, ha decidido reclamar a sus propios accionistas.
Cuando la macro ampliación culmine, el capital del Santander representará un 7% de su volumen de riesgos, proporción equiparable a la de otros gigantes europeos como Crédit Agricole o Société Générale y muy superior a la del BBVA (6,4%). Este necesitaría captar del orden de 2.400 millones de euros, según un reciente informe de Merrill Lynch, aunque FRANCISCO GONZÁLEZ ha impuesto una estrategia mucho más comedida, basada en el control de gastos y en el crecimiento orgánico, que exige otras respuestas. Precisamente eso es lo que subrayaba el escrito puesto en circulación días pasados por el BBVA, que tan mal sentó al Santander.
La última operación de campanillas realizada por González se remonta a febrero de 2007, cuando adquirió por 7.300 millones de euros el Compass Bancshares, como parte de su expansión por Estados Unidos. Mientras tanto, Botín se ha echado al zurrón Banco Real, Antonveneta, Alliance & Leicester, Sovereing… Consecuentemente, la brecha entre Santander y BBVA ha crecido en capitalización y en volumen de activos.
Una decisión de última hora
De todas formas, la ampliación de capital no entraba en los planes del Santander, a pesar de que el citado informe de Merrill Lynch la consideraba conveniente también en su caso. El presidente y el consejero delegado, ALFREDO SAENZ, negaron públicamente que el banco necesitara reforzar sus recursos propios prácticamente hasta el día antes. Al final, sin embargo, hicieron caso a la sugerencia de Merril Lynch (propietaria del 0,15% del Santander), que ahora dirige la operación.
La fallida venta de Cepsa
El empujón definitivo lo dio, sin pretenderlo, el fondo soberano de Abu Dhabi, al rebajar notablemente su oferta por el 30,6% que el Santander tiene en Cepsa. El banco esperaba que pagase 50 euros por acción; es decir, unos 4.200 millones. Pero los árabes se plantaron en 35. Antes que malvender su paquete en la petrolera (que no es el mayoritario porque la francesa Total tiene el 49%), Botín optó por obtener los recursos que necesita mediante la macro ampliación de capital.
Antiguos adversarios
La rivalidad entre el Santander y el BBVA existe desde que ambos emprendieron hace diez años una disputada carrera por encaramarse al primer puesto del ránking nacional, después de sucesivas fusiones. El gato al agua se lo llevó Botín, al que no le ha importado abrir guerras (como la del pasivo) de las que siempre ha salido victorioso. Hoy gestiona depósitos de clientes por importe de casi 800.000 millones, frente a los 500.000 que tiene en cartera el BBVA.
Pocas veces concita una operación empresarial tanta unanimidad política como la que se ha producido en torno a la eventual entrada de Gazprom en Repsol. Gobierno y oposición se han mostrado radicalmente en contra de que los rusos metan la cabeza en la petrolera aprovechando la disposición de Sacyr a vender el 20% que tiene en ella. Su opinión ha sido resumida, probablemente sin pretenderlo, por ANTONIO BRUFAU, quien dijo el jueves que, pase lo que pase con ese paquete, la compañía que preside debe seguir siendo “privada, independiente y española”.
Los escrúpulos que despierta el carácter estatal de Gazprom no se compadecen con la postura que en su día mantuvieron unos y otros cuando lo que estaba en juego era el control de Endesa. El PP admitió que la mayoría de la eléctrica pasara a manos de Enel, cuyo principal accionista es el Estado italiano, con tal de que no cayera en la órbita de Gas Natural. Y el Gobierno también dio luz verde a la operación porque así podía alcanzar su objetivo de que MANUEL PIZARRO, un hombre estrechamente vinculado al ala neoliberal del PP, dejara la presidencia de Endesa.
En este caso, se consiguió guardar las apariencias gracias al concurso de Acciona, que se alió con Enel, bien que en condición de socio minoritario. El acuerdo entre ambos permitió que JOSÉ MANUEL ENTRECANALES cogiera el timón de Endesa, a pesar de que la participación de los italianos es sustancialmente mayor. Gracias a ello, se transmitió la impresión de que la eléctrica se mantenía en manos españolas, aunque en realidad Enel posee un 67% de su capital y Acciona solamente el 25%.
Si aquel episodio se cerró, todo apunta a que Gazprom no tendrá ni siquiera la oportunidad de abrir la puerta de Repsol, habida cuenta las airadas reacciones que su pretensión ha provocado. Cuando el viceprimer ministro ruso, ALEXANDER ZHUKOV, reconoció el miércoles en Madrid que a la primera gasista del mundo le interesaba la participación de Sacyr, no calculó las consecuencias que iban a tener sus palabras. En vista del cariz que habían tomado los acontecimiento, Gazprom salió ayer al quite y negó oficialmente que tenga intención de comprar ese paquete, porque el 20% de Repsol le parece “poco”.
Sacyr gana
Pase lo que pase finalmente, a Sacyr le ha venido de perlas el revuelo levantado por Zhukov, que ha relanzado su cotización en bolsa. La de Repsol, sin embargo, apenas se ha inmutado, porque los inversores no acaban de creerse la entrada de Gazprom o porque no acaban de ver las ventajas que tendría para ellos. De ahí que la petrolera sigua muy por debajo del precio al que Sacyr compró su participación (14 euros por título frente a 26).
Una considerable prima
Para el grupo que preside LUIS DEL RIVERO, vender en esas condiciones le causaría una minusvalía superior a los 3.000 millones de euros, salvo que consiguiera arrancarle una considerable prima al comprador. Esa prima podría estar justificada en el caso de Gazprom por el hecho de que la compañía española tiene la llave de un mercado muy codiciado: el de América Latina. Repsol está presente en países como Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador.
Lukoil y su “hermano mayor”
Tras la visita de Zhukov a Madrid, se citó un nombre menos conocido en España entre los candidatos a comprar el 20% que Sacyr tienen en el capital de Repsol: el de Lukoil, otro gigante ruso, esta vez del sector petrolero. Lukoil mantiene intensas relaciones con Gazprom, hasta tal punto que su presidente, VAGIT ALEKPEROV, en algunas ocasiones suele referirse cariñosamente a la gasista como “nuestro hermano mayor”.