British Airways hizo una apuesta muy arriesgada cuando a primeros de este mes de diciembre anunció que estaba negociando su fusión con la Qantas. Los contactos entre ambas empresas se habían iniciado en agosto, sólo un mes después de que British e Iberia decidieran acometer un proceso similar. A pesar de ello, la aerolínea española de bandera no fue informada de lo que se estaba cociendo hasta una hora antes de que lo supiera todo el mundo. Un detalle poco prometedor entre dos viejos socios que aspiran a consolidar su relación con un matrimonio llamado a ser duradero.
Era tan evidente la deslealtad que desde el primer momento fue interpretada como un intento de reavivar el interés de Iberia por su propia fusión con British, que había languidecido notoriamente en los últimos meses. El descubrimiento de un agujero de 3.100 millones de euros en el fondo de pensiones de la compañía británica, que obligaba a aportar 1.210 millones, había caído como un jarro de agua fría sobre el ánimo de FERNANDO CONTE. No sólo por sus consecuencias financieras, sino también por el hecho de que no le hubiera sido comunicada a tiempo la auténtica gravedad del problema.
Esa circunstancia, junto a la dispar evolución bursátil de British y de Iberia en la segunda mitad del año, animó a los españoles a plantear una revisión de las bases de la fusión acordadas en julio. Según ellos, la ecuación de canje prevista (65-35) ya no tenía sentido, toda vez que el valor de mercado, antes favorable a los británicos, prácticamente se había igualado. El consejero delegado de British, sin embargo, no estaba dispuesto a aceptar una fusión entre iguales, que sería un síntoma de debilidad difícil de digerir por sus accionistas, por las autoridades y por la opinión pública de su país.
Temeroso de que las negociaciones entraran en un callejón sin salida, WILLIE WALSH decidió espolear a Iberia hace dos semanas metiendo en danza sorpresivamente a Qantas. Según dijo, su deseo era explorar las posibilidades de una operación a tres bandas, que ha quedado descartada por la falta de entusiasmo de Iberia y la oposición del Gobierno australiano. Pero todo apunta a que British se ha salido con la suya y a que, tras el mutis del tercero en discordia, los españoles volverán a caer a sus pies como rendidos enamorados.
Desconfianza
No obstante, hay un elemento que seguramente planeará a partir de ahora sobre las negociaciones, haciendo más impredecible si cabe su resultado. La taimada utilización de Qantas ha sumido a Iberia en la desconfianza. Cualquiera que haya sido la razón por la que British recurrió a los australianos, su comportamiento en este asunto no parece muy leal. De ahí que los hombres de Conte observen ahora con más recelo que nunca todos los movimientos de los británicos.
Una buena alternativa
Aun así, el emparejamiento con British sigue siendo una opción interesante para Iberia, como demostraron ayer los mercados. Tal y como está el sector aéreo, la alianza entre estos dos gigantes europeos no sólo da volumen sino también consistencia. Todo depende, claro es, de en qué términos se cierre el acuerdo. Si desde el punto de vista industrial la cosa ofrece pocas dudas, para los accionistas de Iberia la clave radica en cuál sea la relación de fuerzas.
Factores políticos
Una ecuación de canje 50-50, aunque se aproximaría a la capitalización bursátil actual de las dos compañías, a día de hoy resulta impensable. Pero es evidente que todo lo que se aleje de esa proporción podría ser desincentivador para los socios españoles. Hay que tener en cuenta, además, que Iberia está controlada por Caja Madrid, una institución sobre la que pesan factores políticos que no son ajenos a las negociaciones con British.
No ha salido mal parado BRUNO FIGUERAS, presidente de Habitat, de la primera estación de su recién iniciado vía crucis judicial. La querella criminal por estafa interpuesta contra él y su socio de toda la vida, JOSÉ SUÑOL, no ha sido admitida a trámite. El juzgado de instrucción número 2 de Barcelona no aprecia indicios de delito en la actuación que ambos tuvieron a raíz de la compra de Ferrovial Inmobiliaria. Según el auto, en ningún momento hubo deseo de engañar a los inversores que fueron invitados a participar en la operación. Dos de ellos, DOLORES ORTEGA (sobrina del fundador de Inditex) y JOSÉ ANTONIO CASTRO (dueño de Hesperia) fueron los promotores de la querella. Entre ambos pusieron 84 millones de euros, que tienen muy difícil recuperar, sobre todo tras la suspensión de pagos presentada por Habitat a finales de noviembre.
Ortega y Castro son los dos accionistas minoritarios (9% y 5% del capital, respectivamente) que más lejos parecen dispuestos a llegar en defensa de sus intereses. Los otros tres apellidos ilustres que Figueras reclutó prácticamente a golpe de teléfono para que le ayudaran a sufragar la adquisición de Ferrovial Inmobiliaria mantienen una postura más templada. ISAK ANDIC (copropietario de la cadena de moda Mango), LEOPOLDO RODÉS (impulsor de Mediaplanning) y el conocido abogado catalán EMILIO CUATRECASAS siguen observando desde la barrera el curso de los acontecimientos. Los dos primeros tienen una vieja relación con Figueras, y el bufete de Cuatrecasas asesoró jurídicamente la operación, por lo que es de suponer que estaba al cabo de la calle de sus pros y de sus contra.
Estos tres, visto lo visto, deben de conformarse con minimizar daños y recoger las migajas que puedan quedar sobre la mesa después del concurso de acreedores, en el dudoso caso de que quede alguna. Habitat debe 2.200 millones a un sindicato bancario encabezado por la Caixa (232), Caja Madrid (220), Santander (218), BBVA (200) y Popular (160). Esa deuda fue contraída para la compra a la familia DEL PINO de la división inmobiliaria de Ferrovial. Habitat, cogida de lleno por la posterior crisis del ladrillo, no pudo cumplir sus voluminosos compromisos financieros y, tras un año largo de agonía, se vio abocada a la suspensión de pagos.
El artículo 71
Ortega y Castro ya han anunciado que recurrirán la inadmisión a trámite de su querella contra Figueras y Suñol por estafa. Sin embargo, ese no es el único frente judicial que los principales socios de Habitat tienen abierto. En el marco del concurso de acreedores, hay partidarios de solicitar que se active el artículo 71 de la ley reguladora de este proceso, según el cual pueden anularse los actos que hayan contribuido a desestabilizar la economía de la empresa en los dos últimos años.
Un precedente
Parece obvio que la adquisición de Ferrovial Inmobiliaria tuvo ese efecto, y además está dentro de plazo porque se produjo el 28 de diciembre de 2007. Cosa distinta es que el juez finalmente decida desanudar lo anudado, lo cual no sólo entraña serias complicaciones, sino que trascendería al caso concreto de Habitat. La compra de Fadesa, por ejemplo, guarda ciertas similitudes, pues fue también uno de los desencadenantes de la caída de Martinsa.
Preocupación de los vendedores
Nada tiene de particular, por todo ello, que los Del Pino, en lo que se refiere a Habitat, y MANUEL JOVÉ, antiguo dueño de Fadesa, asistan con preocupación a los movimientos que se están produciendo en los tribunales. Aunque las posibilidades de que el desenlace les sea desfavorables son muy remotas y, teniendo en cuenta la exasperante lentitud de la justicia española, seguro que van para largo.
Todavía está por ver que la entrada de Lukoil en Repsol se consume, pues no es fácil conciliar los dispares intereses que hay en juego. No obstante, todo apunta a que, al menos en su vertiente política, el camino hacia el acuerdo ha quedado expedito, una vez superadas las divergencias iniciales. Pese a las duras condiciones impuestas a la operación, que limitarían drásticamente la capacidad de influencia de Lukoil en Repsol, el Gobierno ruso le ha dado su visto bueno. En el español, los más renuentes, como el ministro de Industria, MIGUEL SEBASTIÁN, parecen dispuestos a transigir si queda a salvo el principio de que ningún socio extranjero tenga una participación mayor que la de todos los nacionales juntos.
El porcentaje sobre el que ahora se negocia es el 20%, en lugar del que al principio se barajó: el 29,9%, justo el límite para no incurrir en la obligación legal de lanzar una opa. No está clara aún, sin embargo, la procedencia de ese paquete, cuya composición admite múltiples combinaciones, dada la conocida voluntad de vender de varios de los actuales accionistas de Repsol. Tanto la Caixa, como Caixa Catalunya y Mutua Madrileña, que controlan más del 17% del capital, quieren hacer caja gracias a la disposición de Lukoil a pagar un precio muy superior al de mercado (27 euros frente a 14) por meter la cabeza en la petrolera española. Pero el desarrollo reciente de los acontecimientos puede acabar dando con su gozo en un pozo.
Hay cada vez indicios más claros de que el Gobierno de RODRÍGUEZ ZAPATERO está dispuesto a arrostrar el desgaste derivado de la venta a los rusos de un trozo de Repsol para evitar que un gigante de la construcción como Sacyr Vallehermoso se vaya al garete. No así para que otros socios se hagan de oro aprovechando descaradamente que el Pisuerga pasa por Valladolid. Por eso, a día de hoy, lo más probable es que el 20% que se quede Lukoil, si finalmente entra en Repsol, sea el que tiene en sus manos LUIS DEL RIVERO, cuyas graves dificultades financieras son el origen de la situación que se ha creado. Unas dificultades, por cierto, menos acuciantes desde que a primeros de este mismo mes de diciembre vendió a Citi la concesionaria de autopistas Itínere por 7.800 millones de euros, equivalente a más de un tercio de la deuda global de Sacyr.
Las dichosas garantías
Descartado en principio que los rusos paguen en efectivo, los acreedores de Luis del Rivero llevan semanas intentando que Lukoil ofrezca prendas adicionales a las propias acciones de Repsol para subrogarse los créditos ahora a nombre de Sacyr. El problema estriba en que el Gobierno de PUTIN tiene capacidad de veto sobre la enajenación de activos energéticos, cuya aportación como garantía no convence en consecuencia a los bancos.
El desmoronamiento del castillo de naipes en que se había convertido el sector inmobiliario español ha aplastado también a los dueños de Metrovacesa. La familia SANAHUJA, incapaz de afrontar sus compromisos financieros, ha tenido que ceder el control de la empresa a los mismos bancos que le ayudaron a hacerse con ella. Santander, Banesto, BBVA, Popular, Sabadell y Caja Madrid se han quedado con el 65% de Metrovacesa a cambio de la mayor parte de una deuda que supera los 5.200 millones.
De esta humillante manera termina la aventura que Román Sanahuja y sus dos hijos, Javier y Román, iniciaron en 2005, tentados por la posibilidad de regir los destinos de la que acababa de convertirse en la primera inmobiliaria de Europa. Para cumplir sus deseos fueron acopiando con tenacidad de hormiga las acciones suficientes para desplazar al hasta entonces dueño y señor de Metrovacesa, JOAQUÍN RIVERO, cuya resistencia no pudo con el ímpetu de los ambiciosos promotores de la acometida.
Tuvieron los Sanahuja a su favor el deseo de las entidades financieras de sacar tajada de las grandes operaciones que se estaban fraguando al amparo del boom del ladrillo. La compra Urbis por RAFAEL SANTAMARÍA (Reyal), la de Fadesa por FERNANDO MARTÍN (Martinsa) o la de Ferrovial Inmobiliaria por BRUNO FIGUERAS (Habitat) contarían también con dinero a espuertas. Nadie veía, ni en la más aterradora de sus pesadillas, el brutal cambio de ciclo que se avecinaba.
La familia Sanahuja se empeñó hasta las cejas, pero logró su objetivo después de varios meses de tira y afloja con Rivero, que finalmente se vio obligado a aceptar la partición de Metrovacesa. Él se quedó con Gecina, la principal promotora gala, y dejó el campo libre a sus adversarios para continuar con el negocio en España. Pese al natural desgarro que aquello le supuso, nunca se alegrará bastante Rivero de la decisión que tomó forzado por las circunstancias.
Hoy, mientras Román Sanahuja y sus hijos apuran hasta las heces el cáliz de la crisis, con grave riesgo de enterrar en ella buena parte de su patrimonio familiar, el antiguo presidente de Metrovacesa parece totalmente repuesto y ha regresado de Francia con algún proyecto de envergadura bajo el brazo, como la ampliación de Puerto Sherry, donde prevé invertir más de 100 millones de euros.
Por los pelos
De carambola, Joaquín Rivero se ha convertido en uno de los pocos empresarios del sector que, de momento, no sólo ha salido indemne del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, sino que además ha conseguido librarse una buena costalada. Gecina ha sido su refugio, el burladero desde el que ha podido observar con cierta tranquilidad el desarrollado de los acontecimientos, ya que la regresión del mercado en Francia no ha tenido ni de lejos la magnitud que en España.
Bueno ojo
Aunque no se fue de Metrovacesa por gusto, su caso es parecido al de MANUEL JOVÉ, que soltó Fadesa con el tiempo justo para que no le pillara el toro, o al de RAFAEL DEL PINO, que hizo lo propio con la división inmobiliaria de Ferrovial. Uno y otro han podido capear el temporal sin ningún daño y con los bolsillos llenos, porque tuvieron la suerte de encontrar un comprador y el buen ojo de vender antes de que todo se viniera estrepitosamente abajo.
Por la codicia a la ruina
Por el contrario, igual que los Sanahuja, hay empresarios que, empujados por la codicia, han encontrado su ruina en las operaciones que entonces trenzaron. Tanto Martinsa como Habitat están inmersas hoy en sendos procesos concursales, de los que solo podrán salir con muchas dificultades. Fernando Martín y Bruno Figueras no han sido capaces de digerir Fadesa y Ferrovial Inmobiliaria, respectivamente, y ahora, sin más remedio, tienen que pagar las consecuencias.
Si MIGUEL BLESA, como parece, incluye finalmente en el consejo de administración de Cibeles a las tres personas que ESPERANZA AGUIRRE tiene tanto interés en que formen parte de él, será inevitable extraer algunas conclusiones.
El presidente de Caja Madrid se había negado en redondo hasta ahora a acoger en su holding a ÁNGEL ACEBES, a MANUEL LAMELA y a CARMEN CAVERO, cuñada de IGNACIO GONZÁLEZ, número dos de la Comunidad. Temía Blesa que fuesen simples piezas de la estrategia de Aguirre para aumentar su influencia en una institución financiera que todavía no ha conseguido controlar, pese al indudable empeño que de un tiempo a esta parte ha puesto en ello. La numantina resistencia del presidente de Caja Madrid le privó de las ya de por sí escasas simpatías que despertaba de antiguo en el entorno de la lideresa, poco proclive a transigir con quien le lleva la contraria. Por tal motivo, Aguirre y los suyos emprendieron una cruzada en toda regla para descabalgar de su puesto a Blesa, que si no ha tirado la toalla es por el incondicional respaldo que le prestan, entre otros, el alcalde de la capital, ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN.
Para evitar una tarascada letal de Aguirre, Blesa ha acelerado el proceso de renovación de sus órganos de gobierno, a despecho de los deseos de la Comunidad, partidaria de demorarlo hasta tener lista una nueva ley regional con la que se arrogaría mayores poderes en Caja Madrid. Ese movimiento está en el origen de las tensiones vividas en la entidad durante los últimos meses, cuyo punto álgido fue la asamblea celebrada el 10 de noviembre, en la que los representantes de ambos bandos se tiraron los trastos a la cabeza. La asamblea evidenció una vez más que Aguirre se encuentra en franca minoría y que, si el actual presidente decide dar la batalla hasta el final, el desgaste puede ser excesivo para ella y el resultado, incierto. Por eso, desde hace algunas semanas, se barajaba la posibilidad de un acercamiento que suspendiera las hostilidades, especialmente perturbadoras en un momento en que Caja Madrid debe concentrar sus esfuerzos en salir lo más airosa posible de la crisis financiera.
La aceptación de los tres consejeros de Cibeles propuestos por Aguirre podría ser una prueba de que esa aproximación se ha producido, aunque no garantice que haya acabado la guerra.
Los socialistas rectifican
En su intento de controlar Caja Madrid, la presidenta de la Comunidad ha tenido un inesperado revés: el repliegue de los socialistas madrileños, con quienes contaba para echar a Blesa. Su secretario general, TOMÁS GÓMEZ, estaba decidido a unir sus fuerzas a las de Aguirre, disconforme con la el poco juego que se le da en la institución. Sin embargo, este alineamiento no era considerado oportuno en Moncloa y fue llamado a capítulo.
La justificación del cambio
Tomás Gómez hizo un quiebro y, de la noche a la mañana, trocó su beligerancia contra Blesa en una neutralidad amparada en el discurso de que la batalla de Caja Madrid era una simple lucha entre distintos clanes del PP. Lo cierto, sin embargo, es que semejante cambio favorece a Ruiz-Gallardón, principal beneficiario político de un traspié de la presidenta de la Comunidad en Caja Madrid, habida cuenta las posturas antagónicas que mantienen.
A Ruiz-Gallardón, ni agua
Ese regalo no gusta en Ferraz, donde se piensa en el alcalde como más que probable relevo de MARIANO RAJOY, en el caso de una nueva derrota electoral del PP. Según el análisis más extendido en el aparato del PSOE, las posibilidades de que Aguirre sea cabeza de cartel en unas generales son bastantes remotas, no así las de Ruiz-Gallardón, y, en consecuencia, hay que regatearle cualquier triunfo.
El matrimonio de conveniencia que contrajeron el año pasado Acciona y Enel para consumar juntas el asalto a Endesa no alcanzará los dos años y medio que estaban previstos según todos los indicios. El horizonte de marzo de 2010, en el que los italianos deben comprar el 25% en poder de la constructora presidida por JOSÉ MANUEL ENTRECANALES, se antoja demasiado lejano aún. Sobre todo teniendo en cuenta las premuras de Acciona, cuya deuda asociada a la compra de la eléctrica española (7.100 millones) es una carga demasiado pesada como para soportarla durante mucho tiempo.
Esa deuda está en proceso de refinanciación, pero entre los bancos acreedores hay algunas diferencias sobre cuál sería la estrategia más adecuada a las circunstancias. Unos están dispuestos a facilitar las cosas, incluso desvinculando las garantías de la cotización de Endesa, muy volátil debido su escaso capital flotante, que no llega al 10%. Otros, por el contrario, a la vista de la delicada situación que atraviesan los mercados, preferirían cobrar ya, lo que exige que Acciona venda su paquete a Enel, anticipando los plazos previstos en el pacto de socios.
También son partidarios de soltar lastre enseguida el nuevo banco de inversiones de la constructora, Citi, que acaba de tomar el relevo de Lazard, y parte de los Entrecanales, cuya disconformidad con la entrada en Endesa siempre ha sido pública y notoria. Esta facción de la familia sostiene que Acciona nunca debió sacar los pies del tiesto, emulando a aquellos gigantes del sector, como ACS o Sacyr, que buscaron en la energía un camino para su diversificación, con los resultados hoy de sobra conocidos. FLORENTINO PÉREZ y LUIS DEL RIVERO han tenido que plegar velas, incapaces de hacer frente a los compromisos financieros que contrajeron.
Ahora puede que haya llegado el momento de que Acciona haga lo propio para no poner en un brete su supervivencia, claramente amenazada por la magnitud de la deuda. Esa necesidad, sin embargo, no tiene por qué coincidir con los intereses de Enel, que sabe que tarde o temprano acabará siendo dueña y señora de Endesa. El calendario juega a su favor, y de ahí que Acciona esté intentado manejar muy bien los tiempos, a fin de evitar que su salida anticipada de la eléctrica le cueste dinero.
Pulso entre socios
Para forzar la situación, Entrecanales lleva meses apurando hasta el extremo las competencias que el pacto de socios le atribuye como presidente de Endesa, lo que ha dado lugar a algunos rifirrafes notables con los italianos. Frente a ello, el consejero delegado de Enel, FULVIO CONTI, ha puesto en práctica un clamoroso catenaccio, contra el que ha chocado una y otra vez la estrategia de Acciona.
Decisiones aplazadas
El resultado es que, a día de hoy, Endesa no cuenta con un plan estratégico, ni hay acuerdo sobre la explotación de los activos de energía renovable, ni siquiera se ha aprobado el dividendo con cargo a 2008, notablemente engordado por obra y gracia de la venta de Viesgo y del negocio europeo a la alemana EON. Una buena oportunidad para desatascar estos asuntos hubiera sido el consejo de noviembre, que fue suspendido sin mayores explicaciones.
El pecado original
En el fondo de las desavenencias entre Acciona y Enel está la paradoja de que los poderes ejecutivos correspondan a los españoles, a pesar de que su participación es sustancialmente inferior (25%) a la que tienen los italianos (67%). Eso es consecuencia de las condiciones nunca reconocidas que puso el Gobierno para aceptar la compra de Endesa, que en ningún caso podía quedar, al menos entonces, en manos extranjeras.
Debe de creer GERARDO DÍAZ FERRÁN que las tiene todas consigo cuando ha aceptado adelantar las elecciones presidenciales en CEOE, inicialmente previstas para marzo de 2010. Hoy va a proponérselo a la asamblea general, convencido de que es lo que más le conviene, a pesar de los inevitables riegos que conlleva la operación.
Su mandato adolece de cierto déficit democrático, pues no lo eligió la Junta Directiva, sino el sanedrín formado por los vicepresidentes, que gozan de dicha potestad gracias a una reciente reforma estatutaria. Éstos se limitaron entonces a acatar la voluntad expresa de JOSÉ MARÍA CUEVAS, mentor de Díaz Ferrán, de quien todos esperaban que se continuara la obra de su antecesor.
El nuevo presidente, sin embargo, demostró muy pronto que tenía ideas propias, bastante alejadas en algunos casos de principios que en CEOE se consideran esenciales. Eso le costó más de un encontronazo con el secretario general que heredó, JUAN JIMÉNEZ AGUILAR, acérrimo partidario de mantener el statu quo y no poner en riesgo los equilibrios trabados en la patronal durante años.
Harto de sus constantes desencuentros, Díaz Ferrán acabó por despedirlo, pero a cambio de la posibilidad de situar en el puesto a una persona de su confianza (JOSÉ MARÍA LACASA) tuvo que abrir la puerta al adelanto de las elecciones. Tres meses después de aquello, ha decidido cruzar el umbral, y para no pegársela pretende acallar las voces críticas procediendo a un reparto de cromos con sus más significados detractores.
Que un hombre como SANTIAGO HERRERO, líder de los empresarios andaluces, acceda a plegar velas por un poco más de poder es posible, pero poco probable. Su concepción de lo que debe ser CEOE nada tiene en común con la de Díaz Ferrán, y entraría dentro de la lógica que presentara una candidatura propia, como ya intentó cuando Cuevas anunció su retirada.
En esa ocasión, toda la nomenklatura de la organización estaba a lo que el presidente saliente mandara, y Herrero prefirió una retirada a tiempo antes que una más que previsible derrota. Ahora, sin embargo, las cosas son distintas, toda vez que Díaz Ferrán no goza, ni de lejos, de la influencia que Cuevas tuvo, y por tanto la tentación de disputarle el cargo es muy fuerte.
Otros frentes
De cualquier forma, Herrero es solo uno de los obstáculos con los que puede tropezar el presidente de CEOE en su carrera hacia la reelección, si finalmente la emprende. Hay otros dirigentes patronales que tampoco ven con buenos ojos los planes de Díaz Ferrán, que pasan por convertir a la patronal en una especie de lobby, básicamente dedicado a defender los derechos de las grandes empresas españolas y no al conjunto de ellas, como ha ocurrido hasta ahora.
Cambio o ruptura
En Cepyme existe un hondo malestar ante esta eventualidad, y así lo ha puesto de manifiesto reiteradamente su presidente, dentro y fuera de los órganos de Gobierno. JÉSUS BÁRCENAS lleva meses quejándose de que Díaz Ferrán no vela por los intereses de las pequeñas y medianas empresas con el ahínco que debería, lo que ha dado pie incluso a que se especule con la hipótesis de que, si la situación no cambia, Cepyme se plante su continuidad en CEOE.
Control limitado
Aunque es difícil que la sangre llegue finalmente al río, el mero hecho de que suenen tambores de ruptura es una muestra de lo turbia que bajan las aguas en la patronal y de que renovar en el cargo no será un camino de rosas para Díaz Ferrán. Cuenta a su favor con el control de la organización, pero se trata de un control mucho más limitado del que los dos anteriores presidentes de CEOE (FERRER SALAT y Cuevas) tuvieron en su día.
El anuncio de que British Airways y la australiana Qantas están dispuestas a emparejarse ha cogido por sorpresa a Iberia. FERNANDO CONTE no fue informado por sus socios británicos hasta una hora antes de que se hicieran públicas las negociaciones. Es lógico, pues, que desde entonces reine el malestar entre los directivos de la aerolínea española de bandera, que lleva cinco meses intentado anudar su propia fusión con British.
Esta compañía es partidaria de un acuerdo a tres bandas, que en Iberia no descartan, si bien preferirían que los todos implicados fuesen europeos. Conte sostiene que la integración tiene pocas posibilidades de éxito cuando en ella participan empresas de distintos continentes. El consejero delegado de British no comparte su opinión: para WILLIE WALSH lo importante es que el principio de complementariedad esté garantizado.
En cualquier caso, no parece que ahora mismo sea eso lo primordial, sino la justificada quiebra de confianza que se ha producido en el ánimo de Iberia. La traición no es plato de buen gusto para nadie, y el hecho de que British haya mantenido contactos con Qantas por su cuenta y riesgo, y sin decir nada, no constituye precisamente una prueba de lealtad.
Se da la circunstancia, además, de que los australianos, como todo el mundo desde finales de julio, sí conocían el compromiso entre British e Iberia, a la que esta vez le ha tocado en desgracia el ingrato papel de esposa engañada.
No es la primera ocasión en que los británicos se la juegan. Pocos después de abrirse las conversaciones este verano, afloró un problema que, según el equipo de Conte, no le había sido comunicado, al menos en su verdadera magnitud. El fondo de pensiones de los trabajadores de British tenía un multimillonario déficit, agravado por la crisis galopante de la Bolsa, donde está la mayoría de sus inversiones.
Ello, en opinión de los españoles, debería ser suficiente para replantearse las bases de la fusión en beneficio de Iberia, cosa por la que, en principio, British no está dispuesta a pasar. Pero la dispareja evolución de las cotizaciones de ambas compañías, cuya capitalización bursátil prácticamente se ha igualado, no boga a su favor.
La ecuación de canje
Cuando empezaron los preparativos para su matrimonio, British Airways valía en Bolsa prácticamente el doble que Iberia. Por eso, la ecuación de canje pactada fue del 60-40. Sin embargo, desde entonces, la compañía británica se ha dado una costalada importante, mientras que la española ha ido hacia arriba. Ahora su precio es similar, e Iberia quiere revisar los acuerdos de julio para igualar el peso de ambas aerolíneas en la sociedad resultante de la fusión.
Ni siquiera las inyecciones de liquidez aplicadas por el Gobierno han conseguido reanimar de momento el mercado del crédito. A las entidades financieras les sigue costando soltar dinero, bien porque no tienen, bien porque no se fían. Una reciente encuesta del Banco de España alerta, además, de que la situación no mejorará a corto plazo. Lograr préstamos será complicado para las familias y también para las empresas durante una buena temporada, aunque parece que no para todas por igual.
Hay grandes operaciones que se están cerrando con una prontitud impropia de esta época de restricciones. Es el caso de la compra de Unión Fenosa por Gas Natural, cubierta a primeros de agosto en apenas unas horas, a pesar de que hacía falta la friolera de 18.500 millones de euros. El sindicato bancario que con tanta diligencia se formó entonces ha tenido que ser ampliado ahora para repartir mejor el riesgo, y tampoco ha sido difícil encontrar nuevos aliados.
Uno de ellos es el ICO, que no ha detallado su aportación, si bien algunas fuentes la sitúan en el entorno de los 400 millones. No es la primera vez que financia movimientos corporativos: en 2006, por ejemplo, ayudó a LUIS DEL RIVERO a hacerse con el 20% de Repsol que ahora está en almoneda. Pero, aun así, resulta chocante que este organismo público emplee parte de sus necesariamente limitados recursos en una operación que, de entrada, sólo va a generar riqueza para los actuales socios de Unión Fenosa.
Su principal accionista, ACS, se va a embolsar 7.600 millones, buena parte de los cuales corresponden a la elevada prima de control que aceptó pagar Gas Natural. De rebote, los dueños de la constructora van a hacer un negocio redondo, pues su participación del 46% en Unión Fenosa, antes de ponerla en venta este verano para aligerar la voluminosa deuda de ACS, valía en Bolsa menos de 5.000 millones.
Que FLORENTINO PÉREZ, la familia MARCH y los ALBERTOS se llenen los bolsillos gracias a una inversión que el tiempo ha demostrado que era puramente especulativa, les atañe sobre todo a ellos. Y si Gas Natural ha aceptado pagarles por Unión Fenosa un precio muy superior al de mercado, sus razones tendrá. Pero, con la que está cayendo, que el Estado utilice dinero de todos para apoyar este tipo de jugadas no parece que sea lo que la economía española más necesita.
Ni un empleo
El ICO arguye que la financiación de la compra de Unión Fenosa por Gas Natural no es algo excepcional. Según su presidente, AURELIO MARTÍNEZ, el instituto, cuando se le invita a ello, procura “facilitar los procesos de internacionalización y crecimiento empresarial”. Sin embargo, en este caso se trata de una fusión entre compañías españolas, que en principio no dará lugar a otra mayor que la suma de las dos, ni creará un solo puesto de trabajo, sino más bien todo lo contrario.
Los grandes sí logran créditos
Sostiene el ICO que su participación en operaciones corporativas de gran envergadura le permite obtener recursos que luego son aplicados a otras líneas de financiación. Aunque así fuese y pueda tener su lógica en momentos de menos premuras económicas, el mensaje que se transmite no es demasiado edificante ahora que al común de los mortales les cuesta Dios y ayuda conseguir un préstamo, da igual para lo que sea.
¿Y las pymes?
El ICO, en fin, dice que entrar en el sindicato bancario que hará posible el cambio de manos de Unión Fenosa no va en detrimento de las pequeñas y medianas empresas. Según el instituto, las líneas abiertas a su favor no se han agotado y, por lo tanto, hay margen para atender las demandas de financiación que planteen. Eso, tal y como están las cosas, lo único que hace es abonar la duda de si el ICO ha hecho lo suficiente por que esas líneas se conozcan y da las facilidades que sus potenciales beneficiarios necesitan para acogerse masivamente a ellas.
Estados Unidos se acostó el viernes con la tasa de paro más alta de los últimos 15 años (6,7%) y se levantó ayer con el anuncio de un detallado plan de fomento del empleo, cuyo objetivo es la creación de dos millones y medio de puestos de trabajo. Para ponerlo en marcha, Obama pretende movilizar cuantiosos fondos federales, que esta vez no se dedicarán a taponar las vías de agua abiertas en el sistema financiero, sino a emprender una ambiciosa modernización de las infraestructuras del país, más necesitadas de ello en líneas generales que las de Europa. El importe de esas inversiones no ha sido revelado por el presidente electo, que sólo conocerá las disponibilidades presupuestarias reales después de tomar posesión el 20 de enero, aunque nada tendría de particular que apelara al déficit público, con lo que, de una u otra forma, acabaríamos pagándolas entre todos.
Al plan de empleo de Obama se le considera un anticipo de su particular New Deal: el paquete de medidas con el que se ha comprometido a plantar cara a la recesión, como Roosevelt hizo en los años treinta. Su antepasado estableció controles bancarios para evitar que el crash del 29 se repitiera y del nuevo inquilino de la Casa Blanca se espera que colabore decididamente en la lucha contra las miserias que han llevado a la calamitosa situación en que la economía mundial se encuentra.