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Los accionistas de SOS tendrán que pagar el pato

12 may 2009
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Los manejos de JESÚS y JAIME SALAZAR han abocado al segundo grupo alimentario español, SOS, a emprender una nueva ampliación de capital, apenas seis meses después de la última que aprobó. El importe será de 200 millones y permitirá provisionar el crédito que los hermanos se autoconcedieron el año pasado en el marco de unas negociaciones para la entrada de inversores árabes. Jesús y Jaime Salazar eran entonces presidente y vicepresidente de la sociedad, y no sometieron la operación a sus máximos órganos de gobierno. Dispusieron del dinero prácticamente como si fuera suyo, con la misma libertad que si tuvieran el 100% en vez del 28% y no debieran responder de sus actos ante los socios minoritarios.

Entre ellos se encuentran nada menos que Caja Madrid, Caja Granada, Cajasol y Cajastur, además de un viejo aliado de los Salazar, el suizo DANIEL KLEIN, que fue precisamente uno de los que antes dio la voz de alarma. Todos ellos, de consuno, acordaron apartar de sus cargos a los dos hermanos cuando la concesión del crédito se destapó con motivo de la presentación al consejo de las cuentas de 2008. Ni siquiera el peso de su participación pudo impedir que fueran destituidos de la noche a la mañana, cosa infrecuente en las grandes corporaciones españolas, donde el poder suele sustentarse en mayorías más cohesionadas. Sobre la cabeza de los Salazar pende también la espada de Damocles de una demanda judicial con la que otros accionistas los han amenazado.

Aunque se fraguó antes de su entrada, a Caja Madrid no puede haberle gustado este turbio asunto, que le obliga a rascarse el bolsillo si quiere que no se diluya la presencia que ahora tiene en SOS. La entidad presidida por MIGUEL BLESA entró en el gigante alimentario con motivo de la anterior ampliación de capital, que le permitió hacerse con un 10,5% por 150 millones. Ese dinero dio oxígeno a SOS, que entonces tropezaba con más problemas de los previstos para la venta de su negocio de galletas, agrupado en Cuétara.

Operaciones paralelas
La venta de Cuétara debía sufragar en parte la adquisición por SOS del líder mundial en la producción de aceite de oliva, Bertolli, perteneciente al grupo Unilever. Finalmente, en diciembre de 2008, Nutrexpa se quedó con Cuétara a cambio de 197 millones de euros. Pero para entonces Caja Madrid ya había metido la cabeza en SOS, donde cuenta con tres administradores. La nueva ampliación de capital le obliga a desembolsar 20 millones adicionales.

Una versión que no cuela
El consejo de administración no ha dado por buena la versión de los Salazar sobre el destino del crédito que se autoconcedieron el año pasado. Según ellos, los fondos fueron íntegramente a su sociedad Cóndor Plus, al único objeto de financiar la compra de un paquete de SOS que luego sería traspasado a los árabes. Sin embargo, una reciente auditoríia realizada por KPMG asegura que no hay correlación temporal entre una cosa y otra.

Acciones pignoradas
El crédito está garantizado con acciones de SOS propiedad de ambos hermanos, lo que viene a enturbiar aún más el panorama, pues la caída de la cotización hace que hoy por hoy esa prenda sea insuficiente. Se explica así que el consejo de administración haya aprobado sin demora una ampliación de capital a la que los Salazar, al menos en principio, no tienen intención de acudir, aun a costa de que su peso en el grupo disminuya.

El oscuro panorama de la aviación comercial

11 may 2009
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La crisis económica está infligiendo a la aviación comercial un daño superior incluso al que causaron los atentados del 11-S. Si entonces el hundimiento de la demanda dio al traste con once compañías, ahora son cuarenta las que se han ido al garete. La devastación, además, es general y, según cálculos de la IATA, se traducirá en unas pérdidas anuales de al  menos 4.700 millones de euros.

 

El recorte general de gastos de las empresas ha traído consigo una reducción del orden del 20% en la facturación de la clase bussines, tradicionalmente muy rentable. Pero los pasajes ordinarios también se están resintiendo y más que lo van a hacer, a tenor de las previsiones de las aerolíneas. Sólo en España, los derechos de vuelo solicitados a AENA para la temporada alta han caído de media un 8,5%.

 

Los peores augurios atañen a Canarias, a donde se prevé que este verano vuele un 20% menos de pasajeros. Para Bilbao y Barcelona, las perspectivas son igualmente muy malas; no así para Madrid, ya que en Barajas estima que el descenso será del 3,7%.

 

Iberia no es ajena a esta coyuntura y de ahí el plan de contingencia aprobado por su consejo de administración con el fin de atenuar el impacto de la crisis en la cuenta de resultados. Las tienden hacia una mayor austeridad y a acomodar la oferta a la notable contracción del mercado registrada en los últimos tiempos. Una de ellas es dejar en tierra otros nueve aviones, con lo que ya sumarán 30 los que han sido retirados de la circulación desde principios de 2008.

 

No es Iberia, por supuesto, el único gigante de la aviación mundial sumido en este proceso de ajuste, que nada sabe de fronteras. Se explica así la delicada situación en la que anda sumida la industria aeronáutica por la atonía de la demanda. La estadounidense Boeing, sin ir más lejos, vendió 58 aparatos en los cuatro primeros meses del año, pero sufrió 59 cancelaciones. Al consorcio europeo Airbus le fue algo mejor, pues tuvo 30 pedidos durante el mismo periodo y le anularon 19, once ellos correspondientes a Iberia.    

La jugada fallida de los Salazar en SOS

06 may 2009
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Uno de los grandes grupos españoles de alimentación, propietario entre otras de las marcas Carbonell
y Koipe, se ha convertido en piedra de escándalo por los manejos de sus dos mayores accionistas: JESÚS y JAIME SALAZAR BELLO, que controlan el 28,23% de  SOS más otro 8,93% en opciones. Ambos fueron fulminantemente destituidos de los cargos de presidente y vicepresidente durante el consejo de administración de la semana pasada, en el que se revocaron también todos los poderes ejecutivos que  tenían delegados. Tan drástica decisión se tomó tras salir a la luz pública una operación con muchos claroscuros, por la que los dos hermanos se autoconcedieron, sin encomendarse a Dios ni al diablo, un crédito de 212,7 millones de SOS que fue a parar a su sociedad Cóndor Plus.

Según ellos, ese dinero sirvió para comprar en el mercado títulos de SOS cuyo destino final era un fondo soberano de Libia, que estaba dispuesto a tomar hasta el 29,9% como paso previo a la concesión de un megaproyecto agrícola en aquel país. La otra vía natural para que entrara en el grupo, la ampliación de capital, no contaba con el visto bueno del resto de los socios (el suizo DANIEL KLEIN, Caja Madrid, Unicaja, Cajasol y Cajasur), pues habría conllevado que su participación se diluyera significativamente.

Los Salazar dieron por hecho que el acuerdo con los libios no tenía marcha atrás y que el crédito sería devuelto por Cóndor Plus en un santiamén, mientras para SOS se abrían unas expectativas inmejorables. Sin embargo, la caída general de la Bolsa arruinó la negociación porque los compradores se negaron a pagar los 14 euros inicialmente previstos por unos títulos que a finales de 2008 cotizaban bastante  por debajo de ese precio. Un intento posterior con inversores de Bahréin también encalló, y los hermanos llegaron al cierre del ejercicio con una deuda de 212,7 millones de la que es acreedora SOS y con un paquete de acciones aparcado en Cóndor Plus imposible de colocar sin incurrir en notables minusvalías.

Hasta ahí la versión de los Salazar, cuyos socios han acordado ponerla a prueba mediante una auditoría interna destinada a desentrañar una operación que, con todas sus peculiaridades, recuerda inevitablemente a las que protagonizaron no ha mucho ENRIQUE BAÑUELOS en Astroc y ROMÁN SANAHUJA en Metrovacesa. Además, no es la primera vez que esta saga empresarial se ve envuelta en la controversia: hace un año, otro hermano, ROBERTO SALAZAR, tuvo que abandonar la dirección financiera de SOS para evitar que la imagen del grupo se viese dañada por el desplome bursátil en mayo de 2008 de la constructora Cleop, de la que era consejero y segundo socio, al ejecutar los bancos las acciones que tenía contratadas como derivados.