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Las cajas se quedan solas en SOS

30 jun 2009
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Una nueva mayoría, nucleada por Caja Madrid, ha arramblado con el poder en SOS después de expulsar del consejo a los accionistas tradicionales de la compañía. No sólo han perdido toda representación los hermanos SALAZAR, uno de los cuales, JESÚS, seguía siendo vocal pese a su destitución como presidente el pasado 30 de abril. Durante la junta general de ayer, también fue puesto de patitas en la calle el inversor suizo DANIEL KLEIN, bastión tradicional de la familia que ha controlado SOS desde su nacimiento.

Klein, al final, ha acabado enfrentado a todos los demás accionistas de la primera productora de aceite del mundo, que comercializa marcas tan conocidas como Koipe o Carbonell. Con los Salazar, porque fue quien levantó la liebre de que había algo turbio en el crédito de 212 millones de euros que en 2008 se autoconcedieron aprovechando su posición de privilegio en SOS. Y con las cajas, por haber solicitado el ejercicio de la acción social de responsabilidad contra aquellas que en febrero validaron la operación, aunque dieron marcha atrás posteriormente al comprobar la magnitud
del escándalo.

A Klein, que tiene el 5,27% del capital, no le han servido de nada ni la complicidad del consejero independiente LUCAS TORÁN, que también ha sido destituido pese a su beligerancia contra los manejos de los hermanos, ni la del saudí MANOSUR OJJEH, propietario de una participación en SOS algo menor que la suya. Éste se había sumado a la petición de responsabilidades a las cajas que la junta desestimó ayer antes de proceder a la formación del nuevo consejo, en el que las entidades financieras copan prácticamente todos los puestos.

El recién estrenado statu quo de SOS no sería posible sin el decidido concurso de Caja Madrid, que desembarcó en la compañía a primeros de 2009, tras cubrir una ampliación de capital de 150 millones, y cuyo 10% ha sido clave para constituir la nueva mayoría. Entre Unicaja, Caja Granada, Cajasol, Cajasur y Ahorro Corporación tienen alrededor del 30%, mientras que los socios individuales ahora relegados (los Salazar y Klein), junto con
Ojjeh, acumulan otro tanto.

Llueve sobre mojado

Con independencia de la batalla que pueda plantear ante los tribunales de justicia, su expulsión del consejo es un motivo añadido para que Klein intente salir de SOS. Hace un par de años, ya comunicó a los Salazar que tenía intención de vender, e incluso se pusieron de acuerdo para buscar comprador. Un fondo soberano libio llegó a mostrar interés por el paquete, pero las negociaciones acabaron en agua de borrajas. Ya entonces, Ojjeh unió su suerte a la de Klein.

Un relevo más complejo de lo que parece

26 jun 2009
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A cambio de una porción mayor del apetitoso pastel de Caja Madrid, ESPERANZA AGUIRRE consiguió hace poco la complicidad de IU, de la federación de banca de CCOO y de un grupo de impositores para tomar el control de la institución. Fuera del acuerdo quedaron, no obstante, el Ayuntamiento, el PSOE, UGT y otras entidades cuyo concurso es imprescindible porque juntas, a día de hoy,  continúan teniendo la mayoría en los órganos de gobierno.

La Comunidad ha intentado ganarse su apoyo apelando a la conveniencia de que Caja Madrid recupere la serenidad perdida, sobre todo en un momento en que la crisis amenaza con poner patas arribas el sector. Y lo ha hecho sin ruborizarse, como si fuera ajena a las turbulencias que vienen zarandeando al cuarto grupo financiero español desde que Aguirre decidió tomárselo al asalto el año pasado, harta de que MIGUEL BLESA no dijera amén a todas sus sugerencias.

Sin embargo, pese a ese cínico llamamiento, la presidenta no ha obtenido la adhesión del PSOE ni de UGT ni de ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN, que es consciente de los riesgos que entrañaría ponerle Caja Madrid en bandeja a su mayor adversaria política. Utilizada sin demasiados escrúpulos, semejante maquinaria puede dar para mucho, pues los depósitos de clientes suman más 140.000 millones, casi ocho veces el presupuesto de la Comunidad.

Según los cálculos de Aguirre, sólo MARIANO RAJOY podría doblegar al alcalde, cuyas expectativas se han enfriado después de que el presidente del PP haya salido airoso de las últimas citas electorales. Pero, aun cuando Ruiz-Gallardón cediera, el problema no se habría resuelto porque la clave para sacarle partido al reciente pacto en Caja Madrid estriba en encontrar un candidato aceptable para relevar a Blesa.

De hecho, el texto del acuerdo deja claro que los firmantes apoyarán al que proponga la Comunidad tras valorar “su idoneidad y adecuado perfil”, y eso significa que Aguirre no tiene carta blanca y deberá negociar el nombre.

Se necesita experiencia
Atendiendo a la delicada situación en la que están inmersas las cajas de ahorro y a la elevada probabilidad de que la de Madrid juegue un papel relevante en la reestructuración del sector, sería de todo punto lógico que el nuevo presidente conociera la institución a fondo. Miguel Blesa, cuando accedió al cargo en 1996 por expreso deseo de JOSÉ mARÍA aZNAR, llevaba cuatro años de consejero y, por tanto, mal que bien sabía lo que iba a encontrarse.

Sin connotaciones partidistas
Si esta vez se optara también por alguien de la casa, como el sentido común parece aconsejar, las posibilidades se reducen de forma considerable, pues los actuales miembros del consejo que podría ser presentados por el PP adolecen de una evidente impregnación política. Estanislao Rodríguez Ponga, José Manuel Fernández Norniella, Mercedes de la Merced, Ricardo Romero de Tejada… son personas del partido difícilmente digeribles por la izquierda.

¿El recurso final?
De ahí que dentro y fuera de la propia Caja Madrid empiece a barajarse la posibilidad de una prórroga del statu quo vigente, al menos hasta que amaine el temporal financiero y las aguas vuelvan a su cauce. Hay un horizonte temporal que podría servir de referencia para proceder al cambio: la renovación de los representantes de los impositores y los trabajadores en 2012. Pero ¿aceptaría Aguirre ese exiguo viaje después de haber cargado tanto sus alforjas?

El laberinto de Hesperia en NH

25 jun 2009
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Ni las frías cifras de la crisis, que redujo casi un 10% la demanda hotelera en mayo, han atemperado las relaciones entre Hesperia y NH, muy calientes desde hace seis años. La última junta de este último grupo, celebrada recientemente, sirvió para escenificar de nuevo la absoluta falta de entendimiento entre uno y otro, a pesar de sus indudables intereses comunes.

Hesperia es el primer accionista de NH con alrededor de un 25%, que compró en 2006 con el apoyo financiero del Banco Santander de EMILIO BOTÍN. Tres años antes lo había intentado mediante una infructuosa opa hostil, con la que apenas consiguió rebañar un 4,58% del capital, porcentaje a todas luces insuficiente para tener influencia alguna en la gestión.
Aquel fallido asalto le granjeó la antipatía de los responsables de NH, que desde entonces han visto siempre con recelo cualquier iniciativa proveniente de Hesperia. De ahí que su presidente, JOSÉ ANTONIO CASTRO, ni pinche ni corte nada a día de hoy en la segunda mayor cadena hotelera de España.

Castro, un empresario de padres gallegos, nacido en Venezuela y afincado en Barcelona, aprovechó la última junta de NH para pedir tres asientos en el consejo, pero le dieron con la puerta en las narices. Y eso a pesar de que había mostrado su decisión de acudir, bien que a regañadientes, a una ampliación por importe de 222 millones, de los que les toca poner la cuarta parte.

Conseguir semejante dinero va a entrañar una dificultad añadida para Hesperia, porque algunos de los socios de Castro no están conformes con su fijación por NH. JAUME SAGUÉ y MELCHOR OLIVELLA creen que por ese camino no se va a ningún sitio, ni siquiera a base de rascarse el bolsillo cada dos por tres.

La inversión en NH empezó a lastrar los resultados de Hesperia en 2007, debido a las provisiones relacionadas con su fuerte caída en Bolsa, que ascendieron entonces a 55 millones. La evolución posterior del valor en el parqué no ha hecho más que empeorar las cosas, pues el coste medio del paquete de NH controlado por Castro fue de 13 euros y la cotización actual no llega a los cuatro.

El frente interno
La entrada en NH obligó a contraer una deuda de 264 millones de euros, y ese es el origen de las desavenencias entre los socios de Hesperia. Castro, de todas formas, cuenta con una holgada mayoría (75%), mientras que Sagué y Olivella son titulares de un 17,6% y un 7,7% respectivamente. Hesperia negoció no hace mucho con los bancos para aliviar el peso de sus compromisos financieros. Gracias a ello, el vencimiento de la deuda se ha alargado hasta 2019.

Todos contra todos en SOS

23 jun 2009
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A medida que se acerca la junta general convocada para el lunes 29 de junio, es más palmario el resquebrajamiento del accionariado de SOS, aparentemente compacto como una pieza de mármol hasta que afloraron los turbios manejos de  JESÚS y JAIME SALAZAR. Estos controlan a día de hoy el 20% del capital, pero tienen enfrente a los demás socios desde que salió a la luz pública que, aprovechando su condición de presidente y vicepresidente, se habían autoconcedido un crédito de 212 millones con cargo a la compañía, sin encomendarse a Dios ni al diablo.

El consejo bendijo la operación en la misma reunión en la que aprobó las cuentas de 2008, año en que tuvo lugar; aunque posteriormente, cuando saltó el escándalo, dio enseguida marcha atrás. Sin embargo, no todos los consejeros se involucraron en la primera decisión, que (aparte del que le dieron los propios hermanos) contó con el respaldo formal de los representantes de Unicaja, Caja Granada y Cajasur, propietarios de un 20% de los títulos de este gigante de la alimentación española y mundial.

Contra ellos pesa ahora la amenaza de una acción social de responsabilidad, cuya votación se ha incorporado al orden del día de la junta por expreso deseo de los dos únicos vocales que entonces se mostraron contrarios a validar el crédito: DANIEL KLEIN y LUCAS TORÁN. En aquel consejo, hubo tres abstenciones, correspondientes a Caja Madrid, que acababa de unirse al accionariado de SOS tras suscribir íntegramente una ampliación de capital de 150 millones de euros.

El inversor suizo Daniel Klein es el mayor socio individual (sólo precedido por los Salazar) y en su iniciativa va de la mano del saudí MANSOUR OJJEH, con el que suma casi el 10% del capital. Como Caja Madrid posee otro tanto, si se pusiera  de su lado podría producirse una curiosa situación, pues habría tres bandos con un peso muy similar, que dejarían a las claras su enfrentamiento en el momento mismo de la junta. Lucas Torán, a lo sumo, tendría un papel testimonial, dada su condición de consejero independiente.

Nuevas destituciones
Mientras llega la junta general del 29 de junio, continúan los movimientos en SOS, que comercializa marcas de aceite tan populares como Carbonell o Koipe. El hasta ahora director de operaciones ha sido fulminantemente despedido por su presunta complicidad con la autoconcesión del crédito por los Salazar. ESTEBAN HERRERO fue administrador único de Cóndor Plus (ahora denominada Phaes Desarrollo Empresarial), la sociedad a la que fueron a parar los 212 millones de euros del préstamo.

Cinco hermanos
Herrero ha sido incluido en la querella interpuesta ante la Audiencia Nacional contra Jesús y Jaime Salazar, de la que no se van a librar otros tres hermanos suyos: PILAR, LUIS y ROBERTO, director financiero de SOS hasta la primavera de 2008. PEDRO BARRAGÁN, responsable de Aceites Cañaveral, perteneciente a la familia que hasta ahora ha hecho y deshecho a su antojo en el grupo, también tendrá que sentarse en el banquillo por otro crédito presuntamente irregular, en este caso de 25 millones.

Acechanzas
Los sucesos en torno a SOS están siendo seguidos con mucha atención por algunos de sus más destacados competidores, que podrían tener interés en comprarle todo o parte del negocio. Entre ellos se encuentran Borges, Hojiblanca y Nueva Rumasa, además de Prieto Corecelli y Olitalia. SOS controla el primer productor italiano de aceite, Carapelli, y otra de las joyas del sector: Bertolli, con una notable penetración en el mercado estadounidense.

Una ampliación vertiginosa con efectos secundarios

18 jun 2009
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Pese a disponer de tres días de plazo, Iberdrola apenas ha necesitado 24 horas para cubrir la ampliación de capital acelerada que anunció el martes por la tarde. Esta demostración de poderío va a permitirle saldar muy pronto parte de la voluminosa deuda que arrastra, cercana actualmente a los 31.000 millones de euros. La primera eléctrica española pretende evitar así que las agencias de rating le rebajen la calificación crediticia, pues tal cosa penalizaría su acceso a los mercados financieros.

Los 1.350 millones de la ampliación de capital se sumarán a los 2.400 que, en números redondos, recibirá Iberdrola en el último trimestre del año por la titulización del déficit de tarifa con aval del Estado, y a 2.500 más derivados de la prevista venta de activos no estratégicos. Ya se ha desprendido del 10% de Gamesa (con la que, no obstante, mantiene una importante alianza para el suministro de aerogeneradores) y de su participación en la pequeña empresa guatemalteca de telecomunicaciones Navega.

Iberdrola, gracias a todo ello, tiene la posibilidad de plantarse en 2010 con menos de 25.000 millones de deuda, lo que le permitiría exhibir las credenciales necesarias para recabar financiación ajena destinada a nuevos proyectos. Las desinversiones, además, ayudarán a alcanzar el objetivo fijado por su presidente, IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, de repetir o aumentar “ligeramente” en 2009 los resultados del año pasado, el mejor de la compañía, que obtuvo un beneficio neto de 2.860,6 millones de euros.

Aunque sea de rebote, la última ampliación de capital, que ha sido criticada porque los accionistas no tenían derecho de suscripción preferente, es una chinita más en el camino de ACS hacia su reforzamiento en Iberdrola, largamente acariciado por FLORENTINO PÉREZ. Éste anhela llegar al 20% del capital y meter la cabeza en el consejo de administración de la eléctrica para consolidar sus cuentas y cubrir el vacío que la venta de Unión Fenosa ha dejado en las de ACS.
A salvo de la futura evolución bursátil de Iberdrola, el movimiento realizado ahora por Ignacio Sánchez Galán puede alejar el objetivo de Florentino Pérez y de sus socios, a los que la ampliación de capital les obliga a poner más dinero para seguir adelante con su empeño.

Oportunidad perdida
Ese encarecimiento lo habrían sorteado si ACS hubiera acudido a la ampliación, que incluía un descuento del 7,2%. Sin embargo, el grupo constructor y de servicios declinó la invitación a participar, según fuentes de los bancos colocadores. ACS, de todas formas, sigue siendo el principal accionista de Iberdrola, aunque ya no con el 12,6%, sino con el 11,95%.

Menos riesgos
El consejo de administración de la eléctrica decidió recurrir al procedimiento acelerado para la ampliación de capital recién concluida porque así se evita que el valor esté expuesto más tiempo de la cuenta al desgaste en el mercado consecuente con ese tipo de operaciones. Iberdrola cerró ayer a 5,5 euros, con una caída levemente superior al 6% respecto a la sesión del martes.

Suma y sigue
La política de desinversiones requiere nuevos pasos hasta lograr los 2.500 millones de euros en que Iberdrola las ha cifrado para este año. En el mercado se baraja la posibilidad de que la compañía española salga de Energias de Portugal (EDP), donde tiene el 9,5%, por el que podría embolsarse del orden de los mil millones.con su empeño.

Don Piso, ahora, ¿para quién será?

16 jun 2009
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Don Piso, una de las grandes redes españolas de intermediación en la compraventa de viviendas, que antes de estallar la crisis del ladrillo llegó a los 150 millones de facturación al año, está a punto de cambiar de manos otra vez. Desde que su fundador, ÁNGEL FERNÁNDEZ, decidió traspasarla en 2001, Don Piso ha tenido dos dueños: Ferrovial y Habitat, que a principios de 2007 adquirió todo el negocio inmobiliario controlado por la familia DEL PINO. Quien se haga ahora con la marca será, pues, el tercer propietario en menos de una década, lo que da idea de los vaivenes a los que ha estado sometida la gestión de Don Piso a lo largo de un periodo crucial para su sector.

Los dos últimos años han sido especialmente azarosos, no sólo por la caída general de la demanda, que hace 13 meses obligó a Don Piso a cerrar 120 oficinas y a despedir a 348 trabajadores, sino por el desapego que Habitat mostró pronto por la empresa. Apenas medio año después de incorporarla a su grupo, BRUNO FIGUERAS decidió ponerla en almoneda, so pretexto de que la especialización de Don Piso en el mercado de segunda mano chocaba con la tradición de Habitat, centrada históricamente en la comercialización de vivienda nueva. En realidad, Figueras necesitaba dinero para hacer frente a la deuda de 1.750 millones de euros contraída con motivo de la absorción de Ferrovial Inmobiliaria, que no tardó mucho tiempo en revelarse como un bocado de difícil digestión.

Aunque pocos atisbaron la magnitud de la tormenta que se avecinaba, por entonces había ya negros nubarrones en el horizonte y nadie se atrevió a apostar en serio por Don Piso, al que el pinchazo de la burbuja le cogió de lleno y con el cartel de “Se vende” puesto. Paralelamente, los serios problemas de Habitat para atender sus abultados compromisos financieros se fueron agudizando y ni siquiera le valió el oxígeno que la banca le proporcionó, bien que a regañadientes, en febrero de 2008. Nueve meses más tarde, en noviembre del año pasado, Habitat tuvo que solicitar concurso de acreedores con un pasivo de 2.300 millones de euros y, como era previsible, arrastró a Don Piso con ella.

De insolvente a comprador
Entre los actuales candidatos a comprar Don Piso, además de varios directivos y del grupo frances Concière, figura una sociedad que acaba de salir de un proceso parecido. A Expofincas, el concurso de acreedores le ha insuflado ánimos renovados, según su presidente, JOSÉ ANTONIO GALEANO. Aparte de pujar por Don Piso, se ha ofrecido recientemente a las cajas de ahorro para recolocar los miles de inmuebles que se les han venido encima como consecuencia de impagos.

Un desencuentro político sin miramientos

15 jun 2009
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En su asalto a Caja Madrid, ESPERANZA AGUIRRE viene tratando a ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN con un insultante desprecio. Ese desdén se puso de manifiesto por última vez a propósito del acuerdo que la Comunidad, IU, la federación de banca de CCOO y un grupo de impositores suscribieron recientemente. El Ayuntamiento fue excluido de las negociaciones, y sólo se le invitó a sumarse a ellas cuando estaba todo atado y bien atado. Igual que el PSOE y UGT. Con un pequeño detalle: Aguirre y Ruiz-Gallardón pertenecen al mismo partido, aunque su vieja rivalidad política hace que a veces no lo parezca.

La excusa esgrimida para justificar este apartamiento del alcalde es que MARIANO RAJOY ya había bendecido el acuerdo con tal de poner fin al penoso espectáculo de Caja Madrid. Desde el PP regional, incluso se dejó caer que la última palabra en el nombramiento del futuro presidente de la entidad la tendría el líder de la oposición. Sin embargo, la versión trasladada a los medios por el entorno de Rajoy es que este no tiene nada que decir al respecto, pues se trata de una decisión que escapa a sus competencias. Aunque formalmente sea así, se trata de una verdad a medias, bien que coherente con la trayectoria seguida por el máximo responsable nacional del PP, que en el conflicto de Caja Madrid siempre se ha lavado las manos.

La tradicional tibieza de Rajoy probablemente explique la cauta reacción de Ruiz-Gallardón tras conocer el acuerdo, sobre el que se limitó a sugerir la conveniencia de que responda a un consenso más amplio.
El alcalde, partidario de mantener el actual statu quo de Caja Madrid y de que MIGUEL BLESA siga en la presidencia, probablemente ha preferido ahora no pujar más fuerte por temor a que le dejen en la estacada.

A fin de cuentas, no sería la primera vez que Rajoy se la jugara: en vísperas de las generales del año pasado, hizo añicos las expectativas de Ruiz Gallardón al dejarlo abruptamente fuera de las listas electorales al Congreso para que Aguirre no se incomodara.

Ahora, estabilidad
El acuerdo propiciado por la Comunidad se explica en razón de mantener “la estabilidad de Caja Madrid”, que en la actual crisis “debe ser un objetivo primordial”. Ese propósito sólo merecería elogios si no fuera porque la situación por la que atraviesa la cuarta entidad financiera de España trae causa del ansia de Aguirre por ponerla bajo su control. Por ello, el comportamiento de la presidenta recuerda al del pirómano que tiene la desfachatez de presentarse en el lugar del incendio con ínfulas de bombero.

Insuficiente respaldo
Aguirre cuenta, en virtud del acuerdo, con ocho votos en el consejo de Caja Madrid: cuatro de la Comunidad, dos de la federación de banca de CCOO, uno de IU y otro del grupo de impositores independientes. Eso no le basta para salirse con la suya, pues el número total de administradores es de 21 y para nombrar nuevo presidente hacen falta 14 votos (sólo 11 si se trata de una reelección).

Los poderes de Ruiz Gallardón
Los socialistas y CCOO de Madrid, que suman seis vocales, se han manifestado públicamente en contra del acuerdo, por lo que la Comunidad necesita nuevas adhesiones, entre ellas inevitablemente la del Ayuntamiento. Ruiz-Gallardón, con cuatro mandatos, está llamado, pues, a desempeñar un  papel determinante en el desenlace de la batalla; de ahí que cueste entender la actitud que Aguirre tiene hacia él, salvo que Rajoy, de verdad, le guarde las espaldas.

Los nuevos aliados de Aguirre en Caja Madrid

10 jun 2009
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En su asalto a Caja Madrid, que mantiene en vilo a la organización desde hace meses, ESPERANZA AGUIRRE ha sido capaz de granjearse últimamente algunas inopinadas complicidades. IU y la federación de banca de CCOO le han prestado sus fuerzas para retirar del puente de mando a MIGUEL BLESA, un hombre con el que nunca ha hecho buenas migas la presidenta. Aún no se ha dicho la última palabra sobre este asunto, pero el acuerdo dado a conocer a bombo y platillo ayer es un paso hacia el objetivo que la Comunidad persigue.

Hasta ahora, IU y CCOO habían arropado a Blesa en su resistencia frente al férreo asedio al que está sometido por no plegarse a las indicaciones de la lideresa. De ahí la natural sorpresa que ha causado este súbito cambio de bando, que puede dejar en manos de la más genuina representante del ala derecha del PP un instrumento estratégico de primer orden. Si finalmente se alza con el control de Caja Madrid, para Aguirre será más fácil avanzar hacia el proyecto ultraconservador del que en otros ámbitos tanto abominan sus nuevos aliados. IU y parte de la representación de CCOO, con este apoyo, van a perder mucha autoridad moral a la hora de llamar a la movilización contra las controvertidas políticas de la Comunidad en materia de sanidad o enseñanza. Estos dos ámbitos están sirviendo para la experimentación de un modelo liberal, basado más en criterios de eficiencia económica que de rentabilidad social. Un modelo al que resulta paradójico que indirectamente vayan a favorecer dos organizaciones de acreditada tradición de izquierdas.

Aguirre ha pedido a los socialistas madrileños que se le unan también. El PSM de TOMÁS GÓMEZ ha tenido una actitud vacilante en este conflicto por temor a que cualquier ficha que moviera diese ventaja a alguno de sus grandes rivales electorales. Sin embargo, a estas alturas, cada vez le va a resultar más difícil guardar la equidistancia entre la presidenta de la Comunidad y ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN, partidario declarado de la continuidad de Blesa y que obviamente no ha entrado en el pacto urdido por Aguirre.

En todas partes cuecen habas
No sólo en el PP regional han salido nuevas fisuras a cuenta de la batalla por el poder en Caja Madrid. Ni son los socialistas madrileños los únicos que han dudado sobre qué posición adoptar. En CCOO tampoco lo han tenido siempre claro y algunos de sus dirigentes ven ahora con malos ojos el acuerdo alcanzado por su federación de banca con Aguirre. A fin de cuentas, es mucho lo que hay en juego y nadie quiere perder bocado de un pastel tan jugoso como Caja Madrid.

Un nuevo horizonte para las cajas andaluzas

09 jun 2009
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La imperiosa necesidad de proporcionarle respiración asistida a Cajasur, que presenta claros síntomas de asfixia desde hace meses como consecuencia de su elevada exposición al ladrillo, puede arruinar definitivamente los planes iniciales de la Junta  de Andalucía para las entidades de ahorro de la región. Durante diez años, MANUEL CHAVES predicó en el desierto sobre la conveniencia de crear una sola caja, fruto de la unión de todas las existentes y que diera la talla para competir con los gigantes del sector. Los intereses políticos y los localismos, sin embargo, conspiraron abiertamente contra ese objetivo, de modo que el anterior presidente andaluz cedió el testigo hace dos meses para incorporarse al Gobierno sin otro bagaje que la fusión de El Monte y Caja San Fernando, ahora Cajasol.

La crisis económica, que en el sistema financiero ha servido de abono para un rebrote desconocido de la morosidad, proporcionaba sobre el papel la ocasión propicia de recuperar el viejo proyecto de Chaves, pero su gravedad es tal que exige soluciones urgentes, incompatibles con el sosiego requerido por una operación de largo alcance. De ahí que, de un tiempo a esta parte, no se hable ya tanto de una sola caja como de propiciar “cajas más grandes”, como ha defendido con insistencia JOSÉ ANTONIO GRIÑÁN desde que tomó el relevo de Chaves, aunque nunca ha dado públicamente demasiados detalles para evitar polémicas.

No obstante, la delicada situación de Cajasur, cuyos beneficios cayeron un 90% en el primer trimestre y que tiene una tasa de morosidad del 6,55%, dos puntos por encima de la media del sector, obliga a replanteárselo todo y quizás a un diseño en dos fases. La primera pasaría por la salvación de la entidad cordobesa mediante la intervención de Unicaja, lo que daría lugar a una entidad con 28.000 millones de euros en depósitos, 1.500 sucursales y casi 8.000 empleados, mientras que la segunda exigiría definir previamente el futuro de Cajasol y buscarle emparejamiento a Caja Jaén y Caja Granada.

Dos perspectivas opuestas
La fusión mutua es vista con buenos ojos por los directivos de Unicaja, no así por los de Cajasur. esta, históricamente controlada por la Iglesia, preferiría aliarse con Cajamurcia, que pertenece a una comunidad gobernada por el PP. La Junta y el PSOE, sin embargo, no están dispuestos a autorizarlo y abogan por una solución andaluza, como advirtió recientemente el consejero de Gobernación y vicesecretario regional socialista, LUIS PIZARRO.

Entre frío y caliente
Desde Cajasur se ha restado importancia a los contactos mantenidos hasta ahora con Unicaja, lo que pone de manifiesto el escaso entusiasmo que a la entidad le merece esa opción. Por el contrario, BRAULIO MEDEL no ha tenido inconveniente en que se sepa que con Cajasur va “a por todas”, actitud especialmente significativa si se recuerdan las reticencias que mostró cuando tuvo la oportunidad de absorber Caja Castilla La Mancha.

Un precedente
La fusión de Unicaja y Cajasur sería una manera de que los socialistas predicaran con el ejemplo en su mayor feudo, después de que JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO haya insistido en la conveniencia de una reestructuración del sector. De momento, a pesar de la que está cayendo, el único movimiento importante no se ha saldado con un acuerdo de autoayuda entre las cajas, sino con la fulminante intervención del Banco de España.

La banca pierde terreno frente a las financieras

04 jun 2009
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La falta de liquidez de la economía, que desencadenó la recesión y está obstruyendo la salida de ella, ha aumentado la importancia de la financiación en punto de venta. Este instrumento facilita la compra a plazos de los bienes de consumo y tiene una larga tradición, aunque nunca había alcanzado las proporciones de ahora. Según la Asociación Española de Establecimientos de Crédito (Asnef), su peso ha pasado del 77% al 85% entre febrero de 2008 y el mismo mes del este año. Mientras tanto, la participación de bancos y cajas de ahorro en dichas operaciones (entre las que no figura la inversión en vivienda) ha caído al 15%.

Esa variación no obedece a que las entidades sobre las que recae la financiación en punto de venta sean más activas que antes, sino al bajo nivel del crédito que circula por los canales tradicionales. Últimamente, se aprecia un ligero repunte del dinero que llega a las empresas, después de mucho tiempo embalsado; sin embargo, bancos y cajas mantienen todavía a las familias a pan y agua. Un dato habla por sí solo: nada menos que un 30,5% cayeron los préstamos personales concedidos hasta abril, si hacemos caso de las cifras del Banco de España.

Los consumidores recurren a la financiación en punto de venta sobre todo para equipamientos del hogar, que absorben un 52% del mercado. Las compras de vehículos, sea de automóviles o de motocicletas, copan el 16%, aunque en volumen de dinero son de las más cuantiosas. Hoy, exceptuando las de pago al contado, tres de cada cuatro operaciones se canalizan en los concesionarios a través de financieras. Éstas, cuando pertenecen a las propias marcas, tienden a abrir la mano, pues en otro caso se perderían oportunidades de venta, cosa poco recomendable en las actuales circunstancias.

A cambio, los tipos de interés son cada vez más altos y no sólo en el caso de los vehículos. Se intenta cubrir así futuros supuestos de morosidad, que en esta modalidad de crédito son más frecuentes.

Flexibilidad frente a rigidez
Desde Asnef se sostiene que las financieras utilizan mecanismos de salvaguarda similares a los empleados por bancos y cajas de ahorro para curarse en salud y evitar, en la medida de los posible, clientes susceptibles de caer en la insolvencia. Sin embargo, es público y notorio que sus procedimiento, por lo general, son más ágiles y menos severos que los de las entidades tradicionales, al menos en esta época de restricciones al crédito.

Una relación distinta
En esa diferencia estriba una de las grandes razones por las cuales menudean más los impagos en las financieras. Otra es el temor casi reverencial con el que los ciudadanos se han relacionado tradicionalmente con bancos y cajas de ahorros. A ello se une, en el caso concreto de los préstamos hipotecarios, la resistencia de los deudores a poner en peligro sus viviendas, habida cuenta la arraigada cultura de la propiedad que existe en España.

Ojo avizor
La tasa de morosidad derivada de la financiación en punto de venta se situó el año pasado en torno al 8%, claramente por encima de la media de la banca. Asnef admite que en los últimos meses ha subido, como consecuencia del brutal crecimiento del paro, aunque la asociación no ha querido revelar cuál es su nivel ahora. Eso aconseja prestar atención a unas entidades que cada vez ocupan un puesto de mayor relevancia dentro del sector financiero.