Con la venta del 50% de PortAventura, anunciada ayer, la Caixa se desprende por fin de parte de una inversión que asumió en 1994 cuando su promotor, el controvertido empresario JAVIER DE LA ROSA, perdió la confianza de JORDI PUJOL tras utilizar para otros negocios unos avales que la Generalitat le había facilitado con destino a la construcción del parque temático.
La entrada de la Caixa le dio consistencia financiera al proyecto y permitió preservar su catalanidad; pero con ella, inopinadamente, también se coló en el accionariado Pearson, editor de Financial Times, cuya única experiencia en el sector del entretenimiento era la gestión de los museos de cera Madame Tussaud.
Apenas un lustro después, los británicos decidieron soltar lastre y lograron colocarle su 37% de PortAventura a Universal Estudios, para lo que se sirvieron de los buenos oficios de JAIME CASTELLANOS, a la sazón consejero de Recoletos (Marca, Expansión), compañía de la que Pearson era el principal accionista.
Aquello le granjeó el reconocimiento de MARJORIE SCARDINO, primera ejecutiva de Pearson, que le recompensó con la presidencia de Recoletos, desde donde Castellanos inició su particular y lucrativo asalto al grupo español de comunicación, hoy diluido en Unidad Editorial (El Mundo), propiedad de la italiana RCS Mediagroup (Il Corriere de la Sera).
Universal Estudios se convirtió en el esperado socio industrial de PortAventura, si bien tampoco duró mucho: los americanos optaron por desinvertir en 2004 y la Caixa les recompró su parte a cambio de 25 millones de euros, menos de la mitad del precio le habían pagado a Pearson seis años antes.
La Caixa ha seguido desde entonces el camino prácticamente en solitario, hasta que ayer comunicó el acuerdo entre su holding Criteria (al que pertenece PortAventura) e Investindustrial, un fondo de capital riesgo promovido por la familia BONOMI, de origen milanés, pero algunos de cuyos miembros están afincados en Barcelona.
Buenas relaciones
Investindustrial compró hace dos décadas la papelera Sarrió y eso le permitió entrar en contacto con el ya desaparecido JOSÉ MARÍA CUEVAS, líder de CEOE durante un cuarto de siglo, al que la familia Bonomi acabaría reclutando como presidente no ejecutivo de su filial española, cargo en el que continuó después incluso de jubilarse en la patronal. Unos años más tarde, los Bonomi adquirieron otra empresa catalana, Hispano Suiza, con la ayuda de los BENETTON, de los que siguen siendo socios.
Una actividad ajena
La única experiencia de Investindustrial en parques de atracciones data de 2005 y 2006, en que fue socio mayoritario del italiano Gardaland, el más importante del país, situado junto al lago Garland y que ahora gestiona Merlin Intertainments. El negocio que mayor contribución ha hecho a su expansión territorial (tiene presencia en varios países europeos y en Estados Unidos) es el de reprografía y material de oficina, que explota a través de la empresa Picking Pack.
La anécdota
Investindustrial controla la mayor compañía española de helicópteros, Inaer, uno de cuyos aparatos se desplomó en diciembre de 2005 en Móstoles poco después de elevarse llevando a bordo a la presidenta de la Comunidad de Madrid, ESPERANZA AGUIRRE, y al líder del PP, MARIANO RAJOY. Cuando ocurrió el accidente, Investindustrial estaba en plena negociaciones para comprar Inaer a sus antiguos dueños: Canadian Helicopter y Transfesa.
Tras el “pacto de estabilidad” suscrito por ESPERANZA AGUIRRE con PSOE, IU, CCOO y UGT a finales de julio, en Caja Madrid reina una aparente calma chicha, rota sólo por la fugaz reaparición esta semana de RODRIGO RATO como hipotético, aunque improbable, sucesor de MIGUEL BLESA. El muñidor de la política económica del PP en tiempos de JOSÉ MARÍA AZNAR nunca ha dado tres cuartos al pregonero sobre esa posibilidad, que ni mejora el curriculo de quien ha sido vicepresidente del Gobierno y director gerente del FMI, ni puede aplacar las ambiciones políticas de una persona que siempre ha mirado con el rabillo del ojo el palacio de la Moncloa. Su sola mención, además, levanta sarpullidos en las fuerzas de izquierda, con las que Aguirre se ha comprometido a consensuar un candidato y a zanjar así la guerra por el poder abierta en la cuarta institución financiera de España ante la negativa de Blesa a plegarse sumisamente a los deseos de la Comunidad, a veces descabellados desde el punto de vista bancario. Otros nombres que se han barajado, como el de MANUEL PIZARRO, ÁNGEL ACEBES, el vicepresidente madrileño IGNACIO GONZÁLEZ o los antiguos secretarios de Estado LUIS DE GUINDOS y JOSÉ FOLGADO, también adolecen de falta de respaldo a día de hoy.
La ausencia de un relevo claro ha dado un soplo de esperanza al actual presidente, cuya única opción para salvarse de la quema es una alianza corporativa con otra entidad, que detendría el proceso electoral a tenor de lo establecido por la ley estatal de cajas de ahorro. En el último consejo de administración, Blesa admitió que está sopesando todas las oportunidades de crecimiento que la situación actual del sector ofrece, pero no dio ni una sola pista más, temeroso sin duda de que le revienten sus planes si se va confiadamente de la lengua. A principios de agosto, ya hubo un considerable revuelo al filtrarse el interés de Caja Madrid por una fusión con Caixa Galicia y la Caja de Ahorros del Mediterráneo. La publicación de la noticia, y el visceral rechazo político que en algún caso despertó, dieron al traste con el proyecto.
Discreción obligada
Para evitar interferencias externas que podrían ser letales, Blesa necesita amarrarlo todo bien antes de dar un paso al frente, lo que no es nada fácil debido a la complejidad de este tipo de operaciones y a que la Comunidad tiene potestad para frenarlo. El tiempo, además, le apremia porque faltan apenas dos meses para que las elecciones convocadas en Caja Madrid lleguen a su punto álgido con la designación del presidente, prevista inicialmente para noviembre.
Novios esquivos
Como consecuencia de su tamaño y de su origen territorial, Caja Madrid es vista con muchos recelos por otras entidades y por sus respectivos gobiernos regionales, que no quieren arrostrar los inconvenientes de una fusión desigual salvo que sea estrictamente imprescindible. Los dirigentes autonómicos del PP tropiezan con el problema añadido de que, si le hacen el juego a Blesa por su cuenta y riesgo, van a tener a Esperanza Aguirre enfrente.
Hasta el final
La presidenta de la Comunidad ha puesto toda la carne en el asador a lo largo del último año para hacerse con el control de Caja Madrid, que administra la friolera de 140.000 millones de euros en depósitos de clientes, ocho veces el presupuesto regional. Y, aunque ha fiado su suerte a lo que finalmente decida MARIANO RAJOY, no existe el menor indicio de que tenga intención de echarse atrás, a no ser que sus propios intereses políticos le aconsejen lo contrario.
Los Cosmen, antiguos dueños de la compañía de autobuses Alsa, están rozando con las yemas de los dedos el sueño que acarician desde hace al menos cuatro años: tomar el control de National Express, primer transportista de viajeros del Reino Unido y uno de los más importantes de Europa. Esta familia de empresarios afincada en Asturias atesora ya más del 18% del capital, que empezó a amasar en 2005, cuando recibió un importante paquete de acciones como parte del pago por la venta de Alsa al grupo británico. Ahora, aprovechando que National Express languidece en bolsa (sus títulos cotizan casi a la mitad que entonces), los Cosmen quieren arramblar con el 82% restante, para lo que se han buscado un poderoso socio, CVC Partners, protagonista de algunas sonadas operaciones dentro y fuera de España.
Se trata de un fondo de capital riesgo, de origen británico también, que adquirió cierta proyección mediática a finales de los noventa con la compra de Torraspapel a Kio y de Dorna a Banesto. Esto último le permitió controlar el Mundial de MotoGP y, andando el tiempo, le abrió las puertas de la Fórmula 1, cuyos derechos comerciales aún hoy conserva. CVC rige también los destinos del grupo textil Cortefiel y de Zena, una multimarca de restauración con enseñas tan conocidas como Burger King, Foster’s Hollywood o Cañas y Tapas. En 2002 estuvo a punto de ganar la puja para la privatización de Transmediterránea, pero fue Acciona la que se llevó el gato al agua. Más recientemente, intentó hacerse con Altadis, que al final cayó en manos de Imperial Tobaco.
Desde que en julio desvelaron sus intenciones, los Cosmen y CVC han mejorado dos veces la oferta por National Express, hasta los 876 millones de euros en que aceptaron valorar el 100% del grupo la semana pasada. Se vieron obligados a ello para vencer las resistencias del consejo de administración, que se negaba en redondo a prestar el apoyo que le habían pedido por considerar claramente insuficientes sus anteriores propuestas.
Castigada por la crisis
Aunque para los Cosmen y CVC resulte atractiva, National Express no es precisamente una perita en dulce, pues el parón de la economía ha hecho mella en su actividad, tanto por ferrocarril como por carretera. Las cosas han llegado a tal extremo que hace poco, para disgusto del Gobierno británico, anunció su propósito de renunciar a finales de 2009 a la concesión del tren que une Londres con Escocia y que mueve 17 millones de pasajeros al año.
El baldón de la deuda
National Express arrastra, además, una notable deuda (1.200 millones de euros), derivada de las compras de Alsa primero y de Continental Auto después, que le dieron el liderazgo en España. Su refinanciación no está prevista hasta el próximo ejercicio, aunque es probable que los Cosmen y CVC fuercen un adelanto si consiguen hacerse con el grupo. El consejo de administración de National Express no descarta una ampliación de capital en caso contrario.
Lo fundamental y lo accesorio
Para soltar lastre, los Cosmen y CVC han mantenido conversaciones formales con Stagecoach, rival de National Express,
y que está interesado en algunos de sus activos ferroviarios y líneas de autobuses metropolitanos. National Express conservaría el transporte interurbano por carretera y, por supuesto, el negocio en España, donde los Cosmen podrían convertirse por fin en los auténticos reyes del sector, como siempre han ambicionado.