La decisión del Gobierno británico de renunciar a un nuevo régimen para los aeropuertos, que le hubiera permitido incluso nacionalizarlos en caso de insolvencia, ha sido mano de santo para aliviar los dolores de cabeza que a RAFAEL DEL PINO le están causando de un tiempo a esta parte sus inversiones en el Reino Unido.
Ferrovial controla allí BAA, la mayor gestora aeroportuaria del mundo, con siete infraestructuras en el país, entre ellas Heathrow. Compró la sociedad en 2006 por 14.700 millones de euros, junto con la canadiense Caisse de Dépôt et Placement du Quebec y el fondo de inversión GIC, de Singapur.
Desde entonces, el peso de la empresa española en el sector es percibido con crecientes recelos, hasta el punto de que las autoridades de la competencia exigieron a BAA el pasado mes de marzo que se desprendiera de tres aeropuertos. Ferrovial, por si acaso, ya había puesto en almoneda Gatwick, por donde pasan cada año 35 millones de pasajeros.
Cuando se produjo la adquisición de BAA y pese a algunas presiones mediáticas, entre ellas la de Financial Times, esas mismas autoridades hicieron la vista gorda, sin duda porque había mucho dinero en juego y porque los aeropuertos necesitaban un remozamiento que sus nuevos propietarios extranjeros estaban decididos a proporcionarles.
La decisión de vender Gatwick en septiembre de 2008 fue un amargo trago para Ferrovial, que trece meses después aún no ha encontrado un comprador satisfactorio y que sigue dando la batalla jurídica para intentar que las cosas vuelvan a su cauce.
El anuncio del nuevo régimen aeroportuario no hizo más que añadir leña al fuego, porque la espada de Damocles de la nacionalización disminuía obviamente el valor de los activos de BAA y también las posibilidades reales de encontrar financiación en el mercado en unas condiciones razonables. De ahí el comprensible alivio con el que ha sido acogida en Ferrovial la marcha atrás del Gobierno británico.
Cuestión de precio
Aunque el director general de Ferrovial, IÑIGO MEIRÁS, dijo ayer que hay que darle tiempo al tiempo, el proceso de venta de Gatwick debería de coger velocidad una vez apartada esa piedra del camino. Sin embargo, el precio, a día de hoy, continúa siendo un escollo importante. Ferrovial aspiraba inicialmente a que la operación se cerrara en torno a los 2.000 millones de libras (2.260 millones de euros), cifra que nadie parece en disposición de pagar.
Por debajo
De los tres candidatos conocidos, el que más se acerca (1.800 millones de euros) es el consorcio formado por sendas subsidiarias de General Electric y de Credit Suisse, que ya poseen el London City Airport. Hasta donde se sabe, los otros dos (el aeropuerto de Manchester, aliado con el fondo canadiense Borealis, y el aeropuerto de Vancouver, de la mano de Citigroup) siempre se han movido por debajo y todo apunta además a que su interés ha decaído bastante.
Un mal precedente
Se da la circunstancia de que el responsable de infraestructuras de Citigroup era hasta hace poco JUAN BÉJAR, un hombre que antes ocupaba el mismo cargo en Ferrovial y que conoce a fondo las entrañas de BAA, pues no en vano fue el artífice de su compra. Citigroup llegó a barajar la cantidad de 1.600 millones de euros para pujar por Gatwick, exactamente el mismo importe en que está valorado a efectos de fijación de las tasas aeroportuarias.
Nada se puede vender si no hay alguien dispuesto a comprarlo y ese es el problema que tiene la SEPI para deshacerse de su paquete de Iberia, ligeramente superior al 5%. Según el presidente de la sociedad que agrupa las participaciones del Estado en empresas públicas y privadas, la operación se realizará en 2010. Pero ENRIQUE MARTÍNEZ ROBLES ya dijo lo mismo hace un año, coincidiendo también con el trámite parlamentario de los Presupuestos, y al final todo quedó en agua de borrajas.
Martínez Robles anunció entonces que esperaba obtener a lo largo de 2009 algo más de 190 millones de euros a cambio de sus acciones de Iberia, una cifra impensable hoy por hoy, salvo que ocurra un auténtico milagro. A tenor de su capitalización bursátil actual, el 5% de la compañía española de bandera supera ligeramente los cien millones. Y entre los analistas hay bastante consenso en que los beneficios económicos de una eventual fusión con British Airways ya los ha descontado casi por completo el mercado de valores.
Este paquete de Iberia es un residuo de la privatización, que se realizó en dos fases separadas entre sí por apenas dos años, bajo los gobiernos de JOSÉ MARÍA AZNAR. La primera tuvo lugar en 1999 y permitió la entrada en el capital de varios socios institucionales; la segunda fue en 2001 y se materializó a través de una OPV. La SEPI retuvo un 5%, que le servía como acción de oro y del que pudo haberse desprendido en 2006, justamente un lustro después. Sin embargo, no lo hizo, a pesar de que la cotización llegó durante ese ejercicio a 2,81 euros, un precio claramente ventajoso respecto de la oferta pública (1,19) y a la vista de la evolución posterior.
Ahora, los títulos de Iberia transitan por la senda de los dos euros, con leves oscilaciones al alza y a la baja que dependen de cómo suene cada día la música de la fusión. Una fusión en la que la SEPI no está llamada a desempeñar ningún papel relevante, entre otras cosas, sin duda alguna, por su conocida y antigua
disposición a vender.
El golpe de mano de Caja Madrid
La SEPI tuvo otra ocasión de enajenar su participación en condiciones más favorables cuando a Iberia se la rifaban varios grupos españoles y extranjeros, circunstancia que lanzó la cotización hasta el máximo de 4,11 euros entre rumores de OPA que nunca se llegaron a materializar. MIGUEL BLESA puso fin a esta situación en noviembre de 2008 con un golpe de mano que elevó hasta el 23% la presencia de Caja Madrid en Iberia, tras comprar la parte de BBVA y la de Logista en la línea aérea.
El que no corre vuela
La SEPI quedó descolgada de aquella atractiva operación, en la que Caja Madrid pagó las acciones de Iberia a razón de 3,6 euros, muy por encima del valor de mercado, espoleada por el deseo de hacerse con el control antes de que alguien se le adelantara. Blesa, además, contó en este caso con el respaldo de ESPERANZA AGUIRRE, que no veía con buenos ojos que el futuro de Barajas, tan importante para la economía regional, cayera en otras manos.
En la distancia
Desde entonces, Caja Madrid ha ejercido su poder sin remilgos, como puso de manifiesto el abrupto relevo de FERNANDO CONTE por ANTONIO VÁZQUEZ al frente de Iberia el pasado mes de julio. La SEPI, mientras tanto, ha sido un observador mudo de los acontecimientos, dada su nula influencia en la compañía, donde ni siquiera tiene representantes en el consejo de administración.
Conforme avanza el proceso judicial por el desvío de fondos en SOS, JESÚS SALAZAR se va hundiendo más y más en el fango. El anterior presidente del gigante alimentario español ha intentado involucrar en sus manejos incluso a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Pero lo único que ha conseguido, de momento, es acrecentar el descrédito que se ha ganado a pulso a lo largo de los últimos meses.
Sostener, como sostiene, que el regulador bursátil le otorgó el nihil obstat para que se autoconcediera en 2008 un crédito de 212 millones de euros es poco creíble. Y, en todo caso, Jesús Salazar no lo puede demostrar porque, según su versión, la autorización se la dio verbalmente JULIO SEGURA . El máximo responsable de la CNMV, por supuesto, lo niega en redondo.
Salazar, además, se está quedando aislado, toda vez que sus principales colaboradores han marcado distancias con él al prestar declaración ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu. Hasta su hermano JAIME, que era vicepresidente y consejero delegado de SOS, ha manifestado que no sabía nada porque tenía funciones “operativas y no financieras”. Aunque justificar ese desmarque no le resultará fácil.
Ambos comparten algunas sociedades patrimoniales a las que fue a parar al menos parte del crédito supuestamente irregular, so pretexto de comprar títulos de SOS para un nuevo socio. Ese socio nunca llegó y del dinero tampoco ha vuelto a saberse nada, con el consiguiente perjuicio para el prestatario, que ha tenido que aprobar una ampliación de capital de 200 millones de euros a fin de cubrir el quebranto.
La búsqueda de un nuevo socio se justificó en su día como fruto del deseo de vender de dos importantes accionistas de SOS: el inversor suizo DANIEL KLEIN y el saudí MANSOUR OJJEH. Precisamente ellos fueron los primeros en dar la voz de alarma por la maniobra de los Salazar y en pedir responsabilidades tras la validación del crédito por el consejo de administración junto con las cuentas correspondientes a 2008.
Donde dije digo…
Ese hecho fue muy controvertido y puede que acabe deparando también algún disgusto a quienes lo protagonizaron. El 27 de febrero, en efecto, el consejo de SOS dio por bueno el crédito, cosa a la que Jesús Salazar se agarra ahora para defender que no actuó por su cuenta y riesgo. A la vista del escándalo posterior, el consejo decidió reformular las cuentas y poner de patitas en la calle a los hermanos.
Problemas judiciales
Tan clamorosa marcha atrás no es seguro que exima de culpa a los administradores que inicialmente dieron su visto bueno a la operación y entre los que se encuentran algunos representantes de las cajas de ahorros. Son éstas las que controlan ahora SOS, si bien la iniciativa la tiene Caja Madrid, que desembarcó en el grupo a raíz de una anterior ampliación de capital a finales del año pasado. El nuevo presidente, MARIANO PÉREZ CLAVER, es un hombre de su total confianza.
Suspensión de pagos
En el fondo del asunto está la pésima evolución de SOS en Bolsa (ha bajado más del 70% en lo que va de año) y el fuerte nivel de apalancamiento de los hermanos, a cuya participación le han dado un buen bocado por ese motivo los bancos. Jesús Salazar solicitó recientemente la suspensión de pagos como persona física para que la sangría no continuara. Con ello gana tiempo porque sus acreedores no pueden ejecutar las garantías en el plazo de un año.
Caja Navarra y Caja Canarias se han embarcado en una fusión preventiva, indolora y de baja intensidad. Preventiva porque les proporciona razones de peso para escabullirse si fueran invitadas por el Banco de España a socorrer a otras entidades en apuros. Indolora porque entre ellas apenas hay duplicidades, con lo que resulta innecesario realizar recortes significativos de plantilla. Y de baja intensidad porque sólo van a integrar una parte de sus negocios, que además no es la sustancial.
Ambas tendrán total independencia en sus respectivos territorios, donde seguirán operando con las marcas de ahora. Pondrán en común las políticas financieras, de solvencia y riesgo, la banca privada, el servicio a grandes empresas y poco más. Conservarán sus consejos de administración y seguirán gestionando separadamente los fondos destinados a la obra social. A esta fórmula algunos la llaman “fusión virtual”; sin duda por contraposición a lo que sería una fusión real, con todas las de la ley, como Dios manda.
Caja Navarra y Caja Canarias, eso sí, van a situar bajo una misma enseña a las sucursales que poseen fuera de sus áreas básicas de influencia. La primera, además de la comunidad foral, se reserva el País Vasco, La Rioja y Aragón. Caja Canarias tendrá la exclusiva en todo el archipiélago. El resto de las oficinas (alrededor de cien) serán, de hecho, el germen una nueva entidad, de modo que la operación, al menos de cara al mercado, no sólo no reduce el número de las ya existentes, sino que lo amplía.
Los promotores de la fusión, que abanderan ENRIQUE GOÑI por Caja Navarra y ÁLVARO ARÉVALO por Caja Canarias, han anunciado que no recurrirán al FROB. Es lo natural, pues las dos están en beneficios (ganaron casi 130 millones de euros en conjunto hasta junio), tienen una solvencia muy por encima del mínimo recomendado y con su alianza no van a hacer precisamente una aportación decisiva al sistema financiero español.
Que una de las primeras fusiones sea entre dos cajas de ahorros sanas y que tenga estas peculiaridades da la medida de los enormes escollos con los que choca la estrategia diseñada por el Banco de España para evitar males mayores y que, visto lo visto, difícilmente alumbrará un statu quo muy distinto del actual.
Pese a llevar ya más de catorce meses de ininterrumpidas negociaciones, Iberia y British Airways siguen tanteándose con la misma desconfianza que dos boxeadores al inicio de un combate. Casi todos los detalles de su fusión están prácticamente perfilados desde antes del verano, pero ni la una ni la otra quieren echar las campanas al vuelo para no correr el riesgo de que el asalto final les pille con la guardia baja.
El irlandés WILLIE WALSH, consejero delegado de la aerolínea británica, rompió momentáneamente esa tónica hace sólo unos días con unas declaraciones optimistas, que sin embargo enseguida corrigió. “Hemos progresado en las reuniones posteriores al cambio de liderazgo en Iberia. Pero, como en toda operación, nada está acordado hasta que todo está acordado”, dijo con cautela.
El cambio de liderazgo al que se refería es el nombramiento de ANTONIO VÁZQUEZ como presidente de la aerolínea española en sustitución de FERNANDO CONTE. Un cambio promovido por Caja Madrid en su condición de principal accionista de Iberia (controla casi el 24% del capital) y que se materializó sorpresivamente en la primera quincena de julio.
El objetivo del relevo era precisamente avivar las negociaciones con British Airways, que habían desfallecido tras la decisión de Conte de aprovechar la oportunidad que le brindaba su contrato de acogerse a la jubilación en 2010. Sin embargo, está por ver que el revulsivo que sin duda ha representado la llegada de Vázquez sea suficiente para sortear las dificultades objetivas con que todavía hoy tropieza la fusión.
A estas alturas, continúa en el aire la solución para el fondo de pensiones de los trabajadores de la compañía británica, que arrastra un déficit superior a los 3.000 millones de euros, inasumible por Iberia. Tampoco hay acuerdo sobre la ecuación de canje, aunque la reciente evolución de la Bolsa favorece las pretensiones de Walsh, partidario de que su compañía tenga en la nueva sociedad un peso mayor.
Sin paridad
El consejero delegado de British Airways siempre se ha negado a una fusión paritaria, que le resultaría muy difícil de defender ante sus accionistas por razones obvias. Además, ya no estaría justificada, toda vez que Iberia se encuentra muy por detrás en capitalización (2.093 millones frente a 2.804 con datos de ayer). En la época de Conte, llegó a ocurrir lo contrario y de ahí que Caja Madrid se hiciera ilusiones sobre el papel que le correspondería desempeñar en la sociedad resultante.
Frente común
Que se perdiera aquella oportunidad era algo que no le cabía en la cabeza ni a MIGUEL BLESA, presidente de la entidad financiera, ni a los demás consejeros de Iberia. La mayoría de ellos tenía plena conciencia de que difícilmente podría repetirse una coyuntura tan buena, aunque subestimaban la capacidad de los británicos para marear la perdiz a la espera de que el paso del tiempo les beneficiara.
Deprisa, deprisa
Blesa, temeroso de que todo se fuera al traste si dejaba transcurrir los plazos previstos, precipitó el relevo en la presidencia de la línea aérea. No le costó demasiado lograr la aceptación del cargo por Vázquez, que estaba en expectativa de destino tras su salida de Altadis. Sin embargo, la venta de la antigua Tabacalera a Imperial Tobaco, que con tanto éxito culminó, quizás ahora le parezca que fue un juego de niños al nuevo presidente de Iberia.
Con la inauguración ayer del plazo para la presentación de ofertas, que permanecerá abierto tres semanas, se inicia la última etapa del proceso iniciado con la intervención de Caja Castilla La Mancha. En estos seis meses, bajo la supervisión del Banco de España, la entidad ha sido saneada, aunque no lo suficiente como para continuar en solitario, salvo que recibiera nuevas aportaciones de capital. De momento ha necesitado 1.300 millones de euros provenientes del Fondo de Garantía de Depósitos de las cajas de ahorros, aparte del aval de hasta 9.000 millones que el Gobierno puso sobre la mesa cuando el 29 de marzo acudió a su rescate.
Aunque el Banco de España no está obligado a vender Caja Castilla La Mancha al mejor postor, se trata de la opción que menos le disgusta y también la que estaría dispuesta a aceptar la Junta de Comunidades, siempre que no se pierdan ni la marca ni la obra social. De ahí la tenacidad con que MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ lleva tiempo buscando candidatos, si bien su preferida es Ibercaja, al menos desde que BRAULIO MEDEL se zafó de la presión para que Unicaja salvara Caja Castilla La Mancha. El gobernador tanteó la vía aragonesa antes del verano, durante una reunión de matrimonios celebrada en Madrid, en la que pilló a AMADO FRANCO por sorpresa. Desde entonces, el presidente de Ibercaja le ha dado muchas vueltas, hasta que por fin, hace apenas diez días, se animó a recabar y obtuvo la autorización de su consejo para meterse de lleno en la subasta.
No sólo le avala el Banco de España, sino también el entorno político, ya que tanto Aragón como Castilla La Mancha están gobernados por los socialistas y esa afinidad puede ser una garantía en caso de ulteriores dificultades. La BBK, controlada por el PNV y que tampoco le hace ascos a sacar tajada de Caja Castilla La Mancha, carece de semejantes ventajas, aunque cuenta a su favor con una solvencia mayor (casi el triple del ratio exigido) y con la simpatía del algunos miembros del Gobierno y del PSOE, partidarios de proporcionarles una satisfacción a los nacionalistas vascos con la vista puesta en futuros pactos parlamentarios.
La alternativa andaluza
La sevillana Cajasol reveló ayer que no presentará ninguna oferta por Caja Castilla La Mancha, posibilidad que al Banco de España no le entusiasmaba. Su presidente, ANTONIO PULIDO, sueña con una futura expansión hacia el norte, que ya sólo podrá ser hacia Extremadura. Esta vertiente, sin embargo, necesita más tiempo porque el gobierno regional prefiere unir las cajas de Cáceres y de Badajoz antes de embarcarse en una gran fusión.
La suspensión cautelar de las elecciones en Caja Madrid, decidida el viernes por un juez de primera instancia, añade incertidumbre al desenlace de tan controvertido proceso. Hasta hace sólo unos días, todo parecía encarrilado para la sustitución de MIGUEL BLESA al frente de la cuarta institución financiera de España. Sin embargo, la aceptación a trámite de un recurso del Ayuntamiento deja las cosas en el aire, al menos de momento.
El recurso pone en solfa el reparto de los 64 miembros del cuerpo electoral (la Asamblea) cuyo nombramiento corresponde por ley a la Corona y que, como consecuencia de la renuncia real a ese privilegio, eran prorrateados históricamente entre el resto de las entidades. ESPERANZA AGUIRRE, aprovechando una reciente reforma legal, rompió con la tradición en beneficio de la Comunidad de Madrid, para disgusto de ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN, con quien mantiene una disputa a cara de perro por el control de la caja.
Las diferencias entre ambos se venían sustanciando de puertas adentro desde que en septiembre del año pasado se desataron las hostilidades, tras conocerse el propósito de la presidenta de sustituir a Blesa por alguien de su cuerda. Gallardón, sin embargo, había perdido últimamente mucho terreno, sobre todo a raíz del inaudito acuerdo alcanzado en julio por Aguirre con los representantes de izquierda para compartir el poder en Caja Madrid. Ahora, la suspensión cautelar de las elecciones deja la pelota en el siempre imprevisible tejado judicial y da un respiro al alcalde.
Tan clara parecía hasta el viernes la victoria de la presidenta de la Comunidad, que hubo quien rescató del olvido uno de los nombres manejados con mayor insistencia cuando empezó el asalto al sillón de Blesa. IGNACIO GONZÁLEZ, el omnipotente número dos de Aguirre, ha regresado a la palestra, pese a estar supuestamente vinculado a algunos asuntos muy turbios y pese a las duras acusaciones políticas que de antiguo suelen verter contra él IU y los socialistas madrileños.
Mal menor
Estos últimos, para asombro de propios y extraños, no tienen la menor intención de vetar que González tome las riendas de Caja Madrid, según reconoció el jueves JOSÉ BLANCO, que desde su nombramiento como ministro de Fomento está a partir un piñón con Aguirre. El vicesecretario general del PSOE es consciente de las ventajas de tener detrás una buena maquinaria financiera y prefiere que esté en manos de su nueva amiga antes que en las de Gallardón.
Miedo al alcalde
En la calle Ferraz, donde está la sede federal de los socialistas, siempre se ha visto con enorme recelo un eventual ascenso político del alcalde, ya sea a la sombra de MARIANO RAJOY o como sucesor suyo, porque quizás sea el dirigente del PP que más daño electoral podría hacerles. No es el caso de Aguirre, que tiene capacidad de sobra para atraerse los votos de la derecha, pero difícilmente sumaría otros, lo que siempre representa un hándicap, sobre todo en unas generales.
Un pésimo momento
En cualquier caso, que el tacticismo político acabe decidiendo quién ocupa la presidencia de Caja Madrid es poco recomendable coincidiendo con tiempos de tribulación como los actuales, en que las instituciones financieras necesitan más que nunca regirse por criterios profesionales. De ahí la evidente preocupación con que se observan los acontecimientos en torno a Caja Madrid desde el Banco de España e incluso desde la Moncloa.
Al dinero le gustan bastante poco las sorpresas y por eso nada tiene de particular que la Bolsa haya fruncido el ceño ante la repentina salida del BBVA de JOSÉ IGNACIO GOIRIGOLZARRI. Tras el anuncio de su relevo por ÁNGEL CANO, que era hasta ahora el director general de Recursos y Medios del banco, la cotización se ha resentido significativamente en los dos últimos días. A tal punto que las acciones del BBVA, al cierre de la sesión de ayer, valían en el mercado un 4% menos que el martes, día en que la opinión pública conoció el cambio de consejero delegado.
Aparte de su natural aversión a los sobresaltos, en el ánimo de los inversores ha debido de pesar también que Goirigolzarri sea un defensor a ultranza del negocio tradicional. Esa vocación está muy extendida en la banca española y explica que sus quebrantos no hayan sido mayores en la última crisis financiera, consecuencia directa de una hiperactividad especulativa. Pero casaba mal con los planes de FRANCISCO GONZÁLEZ, partidario declarado de aprovechar a conciencia las oportunidades que la actual situación ofrece para dar un salto cuantitativo y cualitativo más durante su presidencia.
Éste recabó y obtuvo los apoyos necesarios para un tercer mandato, con lo que a Goirigolzarri se le presentaba la perspectiva de otros cinco años de agotador tira y afloja. El todavía consejero delegado, que tenía motivos para sospechar las intenciones de González desde que en 2007 amplió la edad de jubilación en su propio beneficio, no se sintió ya con fuerzas para continuar. Y, ni corto ni perezoso, pidió la cuenta.
Aunque llevaba tiempo estipulada, había recibido el visto bueno de los accionistas del BBVA y figuraba en la página web de la CNMV, esa cuenta (una pensión anual de tres millones de euros) se ha convertido al final en piedra de escándalo. Por su indudable desmesura y porque es falaz reclamar para los bancos privados plena autonomía a la hora de decidir cómo retribuyen a sus directivos, cuando luego los platos rotos siempre acabamos pagándolos todos.
Fondo de pensiones
La pensión que va a proporcionar a Goirigolzarri un auténtico retiro dorado procede de las sucesivas aportaciones realizadas a su favor por el BBVA en un fondo que, a 31 de diciembre de 2008, había generado derechos por importe de 52,5 millones de euros en números redondos. El beneficiario los podría haber cobrado de golpe, pero ha preferido hacerlo mediante cantidades periódicas que le permiten obtener una percepción total mayor.
Superior al sueldo
Con creciente frecuencia, los fondos de pensiones son parte de los beneficios sociales de los que disfruta el personal de muchas empresas y en la banca española permiten enmascarar las elevadas remuneraciones de su alta dirección. Goirigolzarri, por ejemplo, tuvo una retribución total (sumando la fija y la variable) de 4,6 millones de euros a lo largo de 2008, pero además su fondo engordó en otros seis millones por las aportaciones que efectuó el BBVA.
En todas partes
En el primer banco de España, el Santander, ocurre tres cuartos de lo mismo. El consejero delegado, ALFREDO SÁEZ, cobró el año pasado 9,3 millones de euros y su fondo recibió 13 millones más. En este caso las aportaciones son de superior envergadura porque Sáenz tiene una mujer relativamente joven y, por tanto, con una esperanza de vida mayor. Las esposas de los banqueros tienen derecho a seguir cobrando la pensión cuando sus maridos fallecen.
El duro castigo que la crisis está infligiendo a las líneas aéreas, con caídas de la demanda en torno al 10%, aporta un argumento de peso para acelerar la transformación del sector, iniciada hace ya varios años a la vista del indudable éxito de las compañías de bajo coste. Para aguantar el pulso de las low cost, la mayoría de los operadores tradicionales emprendieron en su día una progresiva cura de adelgazamiento, que últimamente se ha intensificado para compensar en lo posible el drástico descenso de los ingresos.
El esfuerzo se centra en un severo ajuste de la oferta, mediante el agrupamiento o la supresión de los vuelos menos rentables, e incluso de rutas completas, con la reducción de personal correspondiente. Todas las grandes aerolíneas han dejado en los últimos meses aviones en tierra y han aligerado sus plantillas, aunque ni aún así podrán evitar que la industria cierre 2009 con unas pérdidas colosales, cifradas en 7.000 millones por la IATA.
Además de la oferta, también el servicio se está resintiendo de una política dictada por la obsesión de recortar los gastos o de cobrar por lo que antes era gratis, a despecho de los inconvenientes que deban sufrir por ello los usuarios. Primero fueron los menús a bordo, que IBERIA, por ejemplo, suprimió a primeros de marzo de 2004 en la clase turista de los trayectos cortos. Después, la distribución de prensa, cada vez más cicatera, excepto para los pasajeros de bussines. Y ahora BRITISH AIRWAYS pretende establecer un recargo por la reserva de determinadas plazas, como las situadas junto a la ventanilla o junto a la salida de emergencia.
Aunque la idea de la china SPRING AIRLINES de viajar de pie para que quepan más pasajeros en los vuelos parece hoy todavía una quimera, está claro que el empobrecimiento del servicio que proporcionan las compañías todavía puede dar de sí. Y, en consecuencia, este imparable proceso hará que las diferencias entre las tradicionales y las de bajo coste, ya muy desdibujadas, tarde o temprano prácticamente desaparezcan.
Paso atrás
Las aerolíneas tradicionales, por otra parte, están dejando campo libre a las low cost en algunos segmentos donde cada vez les compensa menos operar. Es el caso de Iberia, que se ha concentrado en la explotación de las rutas con América Latina, mientras su presencia en el mercado doméstico disminuye sin cesar. La compañía española de bandera confía, no obstante, en que de este repliegue saquen partido su subsidiaria AIR NOSTRUM y la nueva VUELING, en cuyo capital social tiene mayoría.
Cambio de liderazgo
Un hito en la guerra que mantienen las aerolíneas tradicionales y las de bajo coste se produjo en agosto, cuando RYANAIR desbancó a Iberia del primer puesto del ranking por pasajeros transportados. La agresiva política de precios aplicada por los irlandeses, que movieron ese mes en España a más de dos millones de personas, cayó sobre terreno abonado en un país donde la crisis ha reducido notablemente la capacidad de compra de los ciudadanos.
¿Un relevo temporal?
Si se contabilizan los ocho primeros meses del año, Iberia conserva su liderazgo, pero lo ocurrido en agosto es un toque de atención, sobre todo teniendo en cuenta que no se trata de un hecho aislado. Otras dos compañías de bajo coste, EASYJET y AIR BERLIN, se han encaramado a la tercera y a la cuarta posición del ranking, respectivamente, relegando a SPANAIR y AIR EUROPA.