Tags: escritores España Gómez de la Serna performanceA Ramón Gómez de la Serna lo conocíamos como escritor, pero hoy, y gracias a San Youtube, podemos verlo monologando o, en términos más contemporáneos, realizando una performance en la filmación El orador, con el Retiro madrileño de fondo. El material es una joya: impostando la voz desde su corbata bien anudada, Ramón (me permito llamarle por su nombre a secas) nos habla ceremoniosamente y con no poca sorna acerca del mónóculo sin cristal, centrando su atención en la variante “especial para nuevos ricos”; nos muestra también su maestría como imitador de los sonidos que se producen en el corral de gallinas y, por último y como plato fuerte, nos describe con precisión los usos del invento llamado “la mano convincente del orador”, un cruce entre guante de beisbol y manopla para sacar bandejas calientes del horno que, según él, produce un sinfín de efectos beneficiosos sobre las masas.
Esto sucedía en 1928, en plena dictadura de Primo de Rivera y con el crack del 29 llamando a la puerta. ¿Tenía España entonces el cuerpo tan poco de jota como lo tiene ahora? Lo ignoro pero, en cualquier caso y para mi sorpresa, el documento audiovisual no presenta síntoma alguno de envejecimiento: ochenta y tantos años más tarde, ya soplen vientos favorables o adversos, muchos seguimos entusiasmándonos con tipos como Gómez de la Serna, cuyo discurso nos saca con brío de la solemnidad. Y otros tantos, como probablemente sucedía en época del propio Ramón, seguirán considerando mamarrachos a los que tengan un mensaje de aires descabellados que transmitirnos. Qué razón tenía Julio Iglesias: la vida sigue igual.
Tags: becas conductas España trabajo veranoCaso real: una postdoctoranda becada durante un año por el Ministerio de Educación español en Inglaterra se persona en junio pasado en la institución británica donde debe desarrollar su trabajo para así empezar a cobrar su sueldo y, a los pocos días, desaparece durante lo que ella llama “los tres meses de verano” sin reincorporarse de nuevo a su puesto hasta octubre. Inglaterra calla, pues es España quien le paga por su trabajo o ausencia de éste. Es España (y recuerden: “Hacienda somos todos”) quien le financia esos tres meses de veraneo, que con el calentamiento global quizá pronto alargue hasta cinco, pero a ella no le quita el sueño estafarle a los demás contribuyentes los dos meses extra que se toma.
Lo que me deja turulata es, más que su fraude, la naturalidad con la que se lo contó a sus compañeros españoles de beca-contrato, presuponiendo su complicidad y aprobación. Somos conscientes de la precariedad del sistema de becas para investigadores, muchas de ellas congeladas este año, pero ¿es esa la manera de vengarse ante el problema? Obviamente, miles de investigadores se dejan la materia gris a diario en su trabajo, pero son los individuos como la arriba mencionada los que dañan a todo el colectivo, proporcionándole una imagen de falta de responsabilidad generalizada.
Al escuchar relatos sobre sujetos que siguen perpetuando estas conductas ancestrales —¿para cuándo la ética como tendencia en España?— me entran irrefrenables ganas de echar alguna maldición contemporánea a sus protagonistas. Sin ir más lejos, que pierdan la conexión a internet y la cobertura del móvil al menos durante los tres meses de verano.
Tags: ciudades flaneur pasearLa costumbre de echar a andar sin misión prefijada, solo por el gusto de callejear y ver qué novedades ofrece la vida urbana, o con la idea opuesta de constatar que sigue ahí, intacto, lo que nos sirve de asidero en nuestra ciudad (que cada uno marque en la casilla correspondiente si se trata de una charcutería o de un árbol centenario) comienza a ser un acto de militancia. De ahí que, en el temario de algunas escuelas de arquitectura españolas, ya se encuentre el capítulo titulado “el incierto futuro del espacio público”.
Este enunciado nos invita a reflexionar acerca de una modalidad de espacio que se tambalea a gran velocidad. La paradoja, no exenta de perversión, radica en que muchos de los núcleos urbanos recién construidos, si bien tienen un aspecto atractivo, con casas sólidas e hileras de árboles frondosos junto a los que apetece caminar, han sido concebidos para que la unidad básica de circulación sea la rueda y no el pie humano.
Escribo esto desde una ciudad con un centro bastante degradado, que ahora enseña sin pudor sus tripas en muchos puntos estratégicos, rodeados de vallas amarillas y bloques apilados de granito que desvían el camino de los transeúntes. Si bien su estatus de ciudad paseable peligra, Madrid sigue contando en sus calles con flâneurs, esos viandantes de la modernidad. Me pregunto si los lectores de Cuenca, de Jaén o de Estella, por citar varias ciudades al azar, sienten este temor acerca de su propio lugar de residencia. Si ni siquiera conciben la amenaza de un futuro en el que salir de paseo sea una actividad descatalogada en su ciudad, eso indica que están de verdad salvados.
Tags: blogs conductas noticias¿Es en los comentarios anónimos de las noticias publicadas en blogs donde se halla el sentir popular en su máxima expresión? Si damos por válida la hipótesis, observaremos que gran parte de ese sentir popular opta por la protesta, a menudo en su versión refunfuñona. Es frecuente que, en entrevistas a personajes cuyas caras y apellidos no frecuentan los medios, aparezcan comentarios en tono chulesco preguntando “¿Y este quién es? Lo conocerán en su casa a la hora de comer”.
Parece fácil constatar que tras ese comentario de tinte agresivo se esconde quien pide pan y circo y obtiene a cambio una rebanada de un cereal distinto del trigo y un formato circense desprovisto de la carpa de rayas que tan bien conoce. Tiembla entonces el suelo para este pequeño Rey Sol que ningunea todo lo que ignora y que cree participar en un concurso perenne en el que sumamos o restamos puntos por nuestro saber o ignorancia.
En el mejor de los mundos la figura desconocida no sería interpretada como una amenaza o un insulto a nuestras carencias y, por ende, no nos urgiría ir hacia el teclado a mostrar nuestra rabieta despectiva. Es un impulso sano no aceptar ciegamente toda información que se nos proporcione, pero la necesidad automática, casi pavloviana, de ponerse en guardia ante lo no familiar es un mal lamentablemente ibérico, propio de quien viene acomplejado de fábrica. Cambiar esta actitud por las dosis de curiosidad suficientes para evitar que reaccionemos con rabia ante lo que aún no es parte de nuestro bagaje cultural, me temo que llevará edades geológicas. La pregunta es si hay alguien interesado en que este cambio suceda.
Tags: argot Campanella castellano GaddaA los espectadores que acudimos en 2001 a ver en España El hijo de la novia, la primera en llegar de las películas del exitoso tandem Campanella-Darín, se nos entregó junto a nuestra entrada un glosario de términos argentinos. Se presuponía —y con razón— que el espectador ibérico necesitaba asesoramiento frente a palabras como “bancársela”, “morfar” o “chorro”. A día de hoy, con bastantes más horas de cine latinoamericano proyectadas en pantallas españolas, el uso de ese glosario resultaría quizá tan irrisorio como los ruedines de las bicicletas infantiles, que tan útiles nos fueron en su momento.
Viene a cuento aquí mencionar al escritor italiano Carlo Emilio Gadda para hablar de un tema que atañe a los más de 400 millones de hispanohablantes: el de las variantes dialectales y su interactuación. La escritura de Gadda se aleja del toscano oficial y hace uso de todos los dialectos de la lengua italiana, que son muchos y sorprendentemente distintos entre sí. En sus fábulas, así como en su novela El zafarrancho aquel de Vía Merulana, encontramos diálogos delirantes entre personajes que van alternando audazmente términos y modismos sicilianos, napolitanos, florentinos y de otras zonas de Italia.
No parece descabellado emular a Gadda y dejar caer, en cualquiera de nuestros escritos o conversaciones, un chèvere, un a la chingada, un bacanísimo o un cachai güevón sin darle mayor importancia, pensando que cada nueva expresión aprendida es un complemento más para usar en nuestro día a día lingüistico. Aprovechémonos: el uso del lenguaje sigue siendo gratis.
Tags: amigos campechanos conductas EspañaEspaña es tierra de campechanos conscientes y orgullosos de serlo. Este apelativo, en principio totalmente libre de connotaciones negativas, cobra unos tintes inusitadamente incómodos para quien padece las conductas que van aparejadas a la versión más radical y militante de la campechanidad, cuyo lema preferido es “no comerse la olla”, y cuya lucha contra la sofisticación del discurso es acérrima.
Lamentablemente, y como no podía ser de otro modo, existe una cara B de estas conductas contundentes y en pro de lo fácil: si bien los campechanos se suelen deshacer en sonrisas y a nadie le niegan una broma simpática, pueden ser simbólicamente muy agresivos con aquellos que mencionan referentes desconocidos para ellos. Suenan las alarmas antiaereas para el campechano cuando alguien pronuncia un apellido enrevesado extranjero sin hacer mil aspavientos, o cuando solicita algo más de precisión en los datos que se están manejando en la conversación, cansado el interlocutor de oir tautologías conformistas estilo “es que esto es como tó”. Ahí emite el campechano su pequeña pulla, camuflada en el interior de un chiste facil y ofensivo cuyo blanco es el sujeto que hace tambalearse el suelo mullido de su doctrina anticomplicaciones.
Si la campechanidad ibérica solo fuese sinónimo de trato fraternal sin estiramiento, me sacaría ya mismo el carnet de socia, pero juraría que su ejercicio está a menudo endémicamente aquejado de una gran pereza mental que, en defensa propia, suprime la curiosidad y, quizá sin pretenderlo, trata de acallar la voz del otro. Líbreme Dios de esos campechanos, que de los snobs ya me libro yo.
Tags: bolsas de plástico publicidadPara concienciarnos acerca del impacto medioambiental provocado por la generación de desechos de plástico y metal se han ideado cientos de campañas. Una muy ingeniosa de la Agencia Catalana del Agua nos alertaba hace unos años, por medio de carteles, de las “especies más peligrosas” que poblaban el Mediterráneo. En ellos aparecían, con su nombre al pie, imágenes de lo que podrían ser pescados y mariscos pero que en realidad eran latas oxidadas, botellas de refrescos o preservativos.
Todo este despliegue de imaginación gráfica lamentablemente no ha servido de mucho, quizá por eso a día de hoy Carrefour quiere convencernos de algo similar —el daño causado por las bolsas de plástico—, pero a través de un discurso bastante menos sofisticado: leo los inmensos carteles que rezan “bolsa caca”, instalados en el mobiliario urbano de las principales ciudades españolas, e inmediatamente me parece recibir el mismo manotazo infantil que obtenía al tratar de coger del suelo un muñeco raído o una piruleta. Hay que admitir que la campaña es impactante. Carrefour tiene que estar contento: comentamos sus anuncios, protegemos el medio ambiente y además nos sentimos culpables cada vez que aceptamos un ejemplar en otros comercios donde el reparto de bolsas de plástico no ha sido restringido todavía. Era casi ayer, en los tiempos del derroche inconsciente, del bum de la construcción, de la ostentación a mansalva, cuando nos las daban ellos mismos a puñados. Ahora hemos adquirido una nueva responsabilidad como ciudadanos adultos; aunque eso sí, a través de un mandato de resonancias cien por cien infantiles.
Tags: agendas rentrée tecnologíaEl afrancesado término rentrée no es más ni menos que la versión adulta de la vuelta al cole y, al igual que esta última, implica pequeños o grandes reajustes en nuestra cotidianidad. Tanto para los que estrenan agenda nueva en septiembre, dependientes aún —y a mucha honra— de las directrices del año académico tradicional, como para aquellos que abandonaron esa práctica hace años y ahora inauguran calendario el uno de enero, septiembre suele traer consigo algún cambio vital. Un clásico es el deseo repentino de deshacernos del exceso de trastos que nos emparentaban con Drugos el acumulador, ese genial personaje de Mauro Entrialgo cuya vida transcurre dedicada al mantenimiento de sus colecciones de objetos. Otro, más clásico aún, es acudir con optimismo a matricularnos en el gimnasio o en algún idioma cuyo subjuntivo no acabamos de conjugar bien.La idea que se esconde tras esto es la de someternos a una actualización, término que ya no suena bien por la frecuencia inusitada con la que aparece en nuestras vidas desde las pantallas de nuestros ordenadores: se nos insta casi a diario a actualizar nuestros programas informáticos, algunos de ellos totalmente ignotos para nosotros, bajo amenazas en forma de virus o cuelgues del sistema. Ese furor por la renovación constante comienza a propagarse como una mancha de crudo por el resto de nuestra existencia. Para combatirlo, tratemos de no considerar un fracaso el renunciar al curso de Photoshop o de inglés comercial este trimestre. La procrastinación, el dejar para mañana lo que podamos hacer hoy, aunque esté totalmente demodée puede ser una sana reacción contra la furia actualizadora que nos rodea.
Tags: fast food libro electrónico libros Londres El sueño bibliófilo de pasear por una calle plagada de librerías de las que no salir hasta la hora del cierre es factible al menos en Londres y Buenos Aires: Charing Cross Road y la avenida Corrientes siguen ahí para que se cumpla este deseo casi erótico de los locos por la letra impresa. La idea de encontrar todos los libros —viejos, saldados y nuevos— que se nos pasen por la cabeza sin desplazarnos nada más que en línea recta o, como mucho, cruzando el paso de peatones convierte a estas dos calles en una versión tridimensional de Amazon.com. Pero no nos engañemos: los cambios en la industria editorial, con la reciente aparición del libro electrónico prêt-à-porter, provocan fisuras en los cimientos de las librerías instaladas en estas emblemáticas calles, consagradas al servicio de los lectores desde hace décadas. Así, en Charing Cross Road, Murder One, especialista en novela negra desde los setenta, cerró en enero de este año, explicando por medio de carteles en la puerta que la competencia en internet le obligaba a hacerlo. Le siguieron otras de pequeño tamaño; hoy solo permanecen las grandes como Foyles.
En Corrientes la cosa está mucho más animada: entre las calles Junín y la avenida 9 de Julio se encuentran kilómetros de librerías muy queridas por sus visitantes: Gandhi, Hernández, De la Mancha… La noticia que nos alegra la daba el diario La Nación a principios de este año: las ventas subieron, y el ambiente que se respira en ellas es lo más alejado posible a la idea de decadencia. Pero sería imperdonable olvidar que estas librerías alternan sus escaparates con los de pizzerías y otros locales dedicados a nutrir el cuerpo como El palacio de la papa frita, La Giralda, el vetusto café El Gato Negro y muchos otros. Como ejemplo de su importancia, el ritual del escritor argentino Damián Tabarovsky (publicado en España en Caballo de Troya) cuando pasea por Corrientes: husmear entre los estantes de Hernández y tomarse un helado de dulce de leche y frutilla con crema en Cadore. Otros alternan los libros con una porción de pizza en Güerrín o Banchero…. Estos complementos son los que le faltan —y le faltarán por siempre— a Amazon. Larga vida entonces a Corrientes.
Tags: canciones libros Stieg Larsson veranoLeo la lista de libros (¿detectan la aliteración? Es buscada) considerados por la Casa del Idem como los oficiales del verano 2009 y, al fijarme en los títulos, me entran unas ganas irrefrenables de echarme una toquillita de lana por encima: Las hijas del frío, La reina en el palacio de las corrientes de aire, La princesa de hielo… Es lógico que, en un país donde el personal (incluída una servidora) tiene como misión principal del verano buscar desesperadamente cualquier amago de sombra o de aire acondicionado, triunfe la literatura escandinava, fresquita ella (casi escribo frejquita: eso es porque estoy aún en Madrid), de Stieg Larsson y Camilla Läckberg. Pero, nos guste o no, el concepto “libro del verano” está unido indefectiblemente al de “canción del verano”. Ya lo decía Georgie Dann nada más sacar su Mecagüentó, canción del verano 2007: “Quien critica el tema del verano, critica al pueblo”. No seré yo entonces quien vierta el menor comentario contra los fans acérrimos de Larsson, a riesgo de comprobar cómo me llueven en la cabeza trilogías Millenium por doquier, que si caen de canto deben de hacer chichones tamaño Zipi y Zape, sólo curables a base de árnica.
Este tercer párrafo conjuga las dos ideas anteriores: libro y canción del verano. Casualmente, los columnistas Guillem Martínez, de El País, y Rafael Reig, de este periódico, han dedicado 31 textos agosteños a canciones (el primero) y libros (el segundo) que marcaron sus respectivas épocas estivales. Entre explicaciones de cómo estaban las cosas por ahí fuera en el año del Bailemos el Bimbó y anecdotarios sobre su propia realidad de mocetón transcurrían las finísimas crónicas de Martínez, hoy afortunadamente recopiladas en el libro La canción del verano (Ediciones Debolsillo, 2007). Reig está haciendo lo propio aquí mismo, unas cuantas páginas más adelante, pero en versión libresca. Ambos tienen un poco más de vida a sus espaldas que yo, y mucho anecdotario jugoso —y rijoso— que contar. No esperen más, vayan a leerlos. Yo mientras voy a alcanzar un tetrabrick de horchata de lo alto de la alacena. Por suerte tengo en casa un par de novelotas de tapa dura sobre glaciaciones y mamuts: las usaré como escalones.