Por un nuevo internacionalismo. Las elecciones griegas

13 Ene 2015
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Isidro López @LumumbaJr

 

Quien nos iba a decir hace tan sólo cinco años que íbamos a seguir unas elecciones griegas como si fueran las nuestras. A los que estamos permanentemente con la cantinela de la importancia política de la escala Europea se nos suele decir que es una escala inasible, que no podemos esperar a que el mosaico cultural y desbarajuste político, que es Europa, se movilice en una dirección de transformación. ¿Y acaso podemos seguir esperando al levantamiento conjunto, todos a una, de los pueblos de Europa para sacudirnos el dominio de los gobiernos nacionales y transformar la Unión Europea? Si esa es la política europea a la que aspiramos, podemos esperar sentados. No habrá ningún levantamiento a toque silbato. Mientras el poder neoliberal europeo hará lo que quiera sin contrapoder alguno.

Pero quizás, la cosa sea más sencilla. Para hacer política europea basta con ser conscientes de que lo que sucede en los contextos nacionales europeos/euromediterraneos está lejos de ser un asunto ajeno. Lo que sucede en estos países ya no se detiene en los puestos fronterizos, sino que forma parte de nuestros contextos políticos. En otras palabras, formamos parte de la misma realidad política. Eso mismo, es lo que se percibe cuando entendemos que una victoria de Syriza en Grecia nos abre posibilidades y oportunidades políticas inéditas hasta ahora. Por supuesto, estas sólo pueden ser aprovechadas y complementadas en nuestro propio contexto y en nuestros propios términos. Pero lo importante es comprender que hacer política europea tiene que ver con reconocer que en Grecia se juega nuestro futuro.

Naturalmente, decir que en Europa tenemos una sola realidad política no significa decir que sea la misma. Por debajo de los pactos de estabilidad, los Maastricht y la moneda única, Europa se ha constituido como una división continental del trabajo. Esto, en términos de la sociología clásica, quiere decir, que la forma material de Europa se constituye como un conjunto de situaciones diferenciales pero estrechamente vinculadas entre sí. La situación sociopolítica en Alemania no es la misma que en España pero están vinculadas, si se mueve una, la otra también. La gestión política de esos efectos diferenciales es la política europea de transformación a la que nos referimos.

Esto lleva a una generalización, quizá apresurada, pero con un núcleo de verdad. Estamos acostumbrados a un tipo de internacionalismo procedente de los años sesenta y de los movimientos de liberación nacional en el que la figura política principal consistía en un movimiento voluntario para hacer propia la opresión de los pueblos de la tierra. Un “me pongo en tu lugar”. Ahora, está naciendo un nuevo internacionalismo, podemos llamarlo transnacionalismo, que opera de otra manera, siendo consciente de la vinculación material entre los contextos nacionales, es más un “lo que te pase a ti me pasa a mi”. Curiosamente, este nuevo internacionalismo vuelve a algo que entendían perfectamente los movimientos revolucionarios de principios del siglo XX, quedarse encajonado y aislado en la escala nacional es una derrota evitable. Por eso conviene reconocer, más que nunca, que en las elecciones griegas se juega el futuro de Europa.


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