Opinion · Contraparte

El bulo y la esperanza: una semana tras la muerte de Mmame en Lavapiés

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Pablo Carmona Pascual (@pblcarmona)
Concejal en el Ayuntamiento de Madrid

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Por nuestros hermanos y hermanas en el fondo del mar, por los que aún seguimos a la deriva”. Este es el lema de la cabecera de la manifestación que en 2008 convocó a miles de senegaleses y bangladesíes en favor de la despenalización del Top Manta. La marcha se realizó en el barrio de Lavapiés. Y con esta protesta se inauguró el movimiento mantero en España. A lo largo de los últimos diez años, este movimiento ha impulsado algunas de las reivindicaciones más importantes de los inmigrantes en España.

Aquellas movilizaciones estaban dirigidas a pedir la despenalización de la Manta. Se denunciaba que las personas que vendían esos productos no tenían ninguna culpa de las falsificaciones. Más aún, cuando quienes lo hacían eran personas sin papeles que, en muchos casos tras llevar años entre nuestras fronteras, permanecían en situación irregular. De hecho, gracias a aquella movilización, en 2010 y a pesar del evidente recorte respecto a lo que proponían los movimientos de manteros, se logró un significativo cambio en la legislación. Ese cambio de la norma, que se mantuvo hasta 2015, logró apaciguar, al menos en parte, las consecuencias legales de la venta en la Manta. Aunque nunca dejara de ser una actividad perseguida.

Aquellas mejoras de los derechos de los manteros, contrastan sin embargo, con el recrudecimiento de la persecución de los denominados sin-papeles que se vivió en esos mismos momentos. No se trata de un problema nacional, la misma tendencia se observa en toda Europa y en Estados Unidos. Conviene recordar, que los protagonistas de las grandes políticas de deportación de aquellos años, no fueron solo los gobiernos conservadores. Esta nueva ola de persecución y de deportaciones de extranjeros en España fue protagonizada particularmente por el Partido Socialista, que amparó con su voto (al igual que el Partido Popular) la denominada Directiva de Retorno (2008/115/CE). Esta medida se complementó en el año 2009 con la mayor campaña de persecución callejera de inmigrantes en situación irregular de nuestra historia reciente. La orden de persecución se hizo explícita en la Instrucción 1/2010. Circular que daba instrucciones a la policía a fin de establecer puntos sistemáticos y masivos de control a las personas sin papeles con el objetivo de agilizar los procesos de deportación masiva.

Al otro lado del Atlántico, y mientras en Europa se fijaba el objetivo de deportar a más de ocho millones de personas, Obama comenzó a emplearse a fondo en lograr el dudoso mérito de ser el presidente de la historia de Estados Unidos que más inmigrantes sin papeles había expulsado. Su carrera acabó con el escalofriante récord de 2,5 millones de deportados.

No es extraño, cuando se contempla el contexto abierto en aquellos años, que las cuatro grandes reivindicaciones que se han articulado en materia de migración, tengan que ver con la derogación de la Ley de Extranjería, el cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros, el respeto de los Derechos Humanos en la frontera sur y el fin de las redadas y controles policiales por motivos raciales. Este entramado legal y administrativo ha sido el responsable de armar un medio ambiente normativo racista y discriminatorio contra todos aquellos deciden emigrar a nuestro país.

En estos días, se ha producido una misteriosa amnesia en algunos sectores de la sociedad. La muerte de Mmame el pasado jueves fue un hecho excepcionalmente grave, pero que se produce en el contexto de algo absolutamente cotidiano en la ciudad de Madrid. No podemos engañarnos y pensar que este tipo de situaciones en la que un grupo de policías ya sea andando, corriendo o en moto persiguen con mayor o menor intensidad a vendedores de la Manta es algo excepcional. Tampoco lo son la tensión y el miedo de los manteros, las carreras precipitadas o la caídas lesivas mientras son perseguidos. Ninguna de estas imágenes tan duras, como cotidianas en los entornos de Sol, Gran Vía y Atocha, son desconocidas para muchos vecinos de Madrid. Tampoco lo son para el Sindicato Mantero y la Asociación de Sin Papeles, que llevan más de diez años denunciándolas ante todas las administraciones, también ante nuestro actual gobierno municipal.

Sabemos perfectamente que el contexto legal de las personas sin papeles depende del gobierno del Partido Popular. También sabemos que en materia de derechos humanos y de extranjería, tal y como pasa en el ámbito de los refugiados, poco podemos esperar del mismo. Pero también es cierto que desde el Ayuntamiento de Madrid debemos hacernos cargo de lo sucedido en estos días y tomar la determinación de erradicar las redadas de los manteros. Es el momento de tomar medidas concretas que sean eficaces y que apoyen otras muchas iniciativas necesarias en nuestra ciudad. Principalmente: el cierre del Centro de Internamiento de Extranjeros, la eliminación de los controles raciales o la derogación de la Ley de Extranjería. Pero también son necesarias aquellas medidas que impidan la criminalización del Top Manta a través de su despenalización.

Europa se enfrenta a un enorme reto. La defensa de los derechos de los inmigrantes es uno de los nudos gordianos del futuro del continente. No pocos partidos y tendencias políticas miran de reojo, cuando no asumen claramente, los discursos racistas con motivos oportunistas. La situación se dirime en estos momentos entre dos tendencias que se retroalimentan y tienden a generar una combinación explosiva. De un lado, la crisis política aprovechada por las fuerzas que promueven la criminalización y culpabilización de los inmigrantes. Del otro, una crisis financiera que se alimenta de un ataque general y global sobre los derechos de la población, cebándose especialmente en los sectores más precarizados, donde se encuentran los y las inmigrantes. Conviene, sin duda, enfrentar la segunda con una respuesta que no se parezca a la primera.

En esta semana, las organizaciones de inmigrantes y el Sindicato de Manteros y Lateros de Madrid nos han puesto frente al espejo. Han sacado a la luz la situación de marginación y discriminación que sufren las personas sin papeles. Han señalado el juego del racismo institucional en todos los niveles de las administraciones públicas. Y han demostrado que existen alternativas para construir una ciudad que respete los derechos de todos y de todas. De hecho, los manteros han representado a la perfección el sentimiento de muchos y muchas en nuestra ciudad: la esperanza de una sociedad que se organiza y expresa sus derechos, que no da la vuelta a la injusticia y que sabe que el marco de cualquier democracia pasa por el respeto a los derechos humanos.