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Michael Jackson y el paso de baile secreto

17 may 2009
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Que es un título así como de novela de Harry Potter o de nueva entrega de la saga Indiana Jones. Bien, la filosofía de esta columna es hablar de una persona, un animal o una cosa. ¿Se ve venir el chiste, verdad? ¿En qué categoría incluyo a Michael Jackson? En las tres. Hasta que la ciencia no se pronuncie en sentido contrario aún se trata de una persona, es y ha sido sin dudarlo un animal escénico, y sí, parece una cosa.

Michael Jackson, uno de los grandes genios de la música del siglo XX, a la par que uno de los grandes engendros de la estética del XXI, tiene (o tenía) previsto dar una serie de 50 recitales en el O² Arena de Londres. Resulta que Jacko podría tener firmado un contrato que le impediría actuar en un escenario si no es en compañía de sus hermanos, otros que están también como para invitarlos a un bautizo.

Confieso que me planteé desplazarme a Londres, por dos razones. La primera es que ya lo hice en 2007 cuando Prince dio 21 conciertos en el mismo recinto. En aquella ocasión, además de disfrutar de un excelente recital, pude presenciar una deliciosa excentricidad del genio de Minneapolis. Los músicos atravesaron a pie el espacio entre el camerino y el escenario circular central del O² Arena. Pero Prince, para evitar ser visto, pasó metido en un cajón de transporte de instrumentos con ruedas empujado por cuatro porteadores, para regocijo del respetable. La segunda razón es que temo perder la oportunidad de ver a Jackson en directo. Pienso que, de un día para otro, podría estallar, licuarse, desmembrarse, partírsele la cadera, derretírsele el rostro, volverse del revés como un calcetín o convertirse en un puñado de cenizas al entrar en contacto con la luz solar y quedar desparramado por el viento en una avenida de Los Ángeles.

Algunas fuentes aseguran, sin embargo, que Michael Jackson se encuentra ensayando para sus 50 citas de julio. Afirman, y este es mi dato preferido, que “trabaja con un coreógrafo y diez bailarines en un nuevo movimiento de baile que mantiene bajo estricto secreto”. ¿Os acordáis de Ben Stiller en el papel de Derek Zoolander hablando de su nueva mirada Magnum en la película del mismo nombre? Aquí es donde me entra la risa y tengo que parar.

La era zombi

09 mar 2009
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Atención, damas y caballeros: ya ha llegado a mis oídos la siguiente frase: Internet ha muerto. Reconozco que esta vez me ha sorprendido, aunque estoy acostumbrado a oír este tipo de aseveraciones categóricas semi apocalípticas de vez en cuando. Llámame ingenuo, pero con Internet pensaba que la gente se iba a cortar un poquito. No sé…la veía tan boyante, tan efervescente, tan llena de píxeles, blogs y facebooks…

Internet ha muerto, decía. Al parecer, esta frase fue pronunciada por un periodista especializado en nuevas tecnologías durante una charla a los trabajadores de una empresa en la que trabaja una conocida. Según aseguraba dicho gurú, en cuestión de 5 ó 10 años los contenidos informativos, audiovisuales y de comunicación interpersonal se han de ver trasladados masivamente a los dispositivos de telefonía móvil, relegando la Internet que conocemos a un uso residual.

Añadimos pues este presunto nuevo cadáver a otras insignes formas de comunicación dadas también por fallecidas: la prensa escrita, la radio, la televisión, el teatro, el correo ordinario, el libro, la pintura, la fotografía, el cine, el mimo, las palomas mensajeras y un largo y lúgubre etcétera de defunciones que me permito detener aquí para no aburrirte ni apesadumbrarte. Cultural y comunicativamente hablando, la nuestra es la era zombi, en la que todo está muerto, si es que no murió ya al nacer. Y, si no lo está, le quedan cuatro días.

“Internet ha muerto” pasa a colocarse en el número uno de mi lista de aseveraciones categóricas y desproporcionadas favoritas. Acaba de desbancar a “el Iphone ya cansa”, pronunciada por un buen amigo mío meses antes de que dicho aparato comenzara a venderse legalmente en nuestro país.

85 días

23 feb 2009
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“A ver cuánto tardas en escribir una columna de listas”, me profetizó un amigo cuando le informé de que comenzaba a escribir esta columna. Hace de esto 85 días.

Según me comentó este caballero, todo columnista usa en alguna ocasión el recurso fácil de confeccionar una lista de filias y/o fobias. Algo así como si te contara que odio poner una radiofórmula y escuchar por enésima vez Every breath you take, Faith o I want to break free, porque me las han hecho aburrir. Porque creo que el uso de consultoras que les dictan lo que supuestamente el público quiere escuchar las ha convertido en una brasa repetitiva y adocenante. O que no me gusta darle mi nombre a los del Starbucks para que me avisen luego en voz alta al entregarme el café, y les doy nombres falsos. Es por eso que un día nos sirvieron a un amigo y a mí como “señor Ortega” y “señor Gasset”. Que me enfurece que me llame por teléfono una grabación para venderme algo. O que lo haga a horas intempestivas, porque la oficina que han subcontratado para realizar este trabajo está en la India. Que cuando alguien gira sin poner el intermitente delante mío pienso en un AK-47, un arma tremendamente efectiva y de fácil manejo. Que me da pena cuando alguien entra en un sitio sin saludar. O cuando no me devuelven el saludo cuando entro yo, especialmente si el sitio es una tienda. O que me molesta que un vendedor me trate como si fuera retrasado mental por no conocer tan bien sus productos como él. Que me indigna que el doctor del seguro no me trate como merezco porque se le acumulan las visitas y quiere sacarse faena rápido. Que opino que la frase “y lo bueno es que aparcas donde quieres” debería prescribir ya y no poder usarse en las conversaciones entre motoristas.

Nada, que he tardado 85 días.

‘Fairlengehender-Payments’

16 feb 2009
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Me cuenta un amigo que la empresa en la que trabaja ha anunciado beneficios. Sin embargo, hace unas semanas, me explicaba cómo la misma empresa había echado a la calle a unos cuantos de sus compañeros y reducido el sueldo de los que aún siguen allí.

Mi amigo se halla estupefacto e irritado, y se siente alterado, molesto, inquieto y nervioso. Presenta un curioso tic que le hace alzar el dedo corazón de una mano y es probable que también sufra algún tipo de prurito en la zona genital que le lleva a agarrarse simultáneamente los testículos con la otra mano. He intentado hacerle entrar en razón. No debe haberse informado bien. Quizá no se ha enterado de que vivimos una crisis global, que afecta a todos y cada uno de nosotros. Individuos físicos y jurídicos. No sólo a los currantes, sino también a las empresas y corporaciones que, sin duda, han renunciado a sus beneficios habituales. Es más, no sólo han renunciado a dichos beneficios, sino que la mayoría de sus directivos han dejado de cobrar bonificaciones, comisiones, incentivos, pluses, bonus o como le llamen (propongo un nombre inventado: Fairlengehender-Payments).

Han agotado todos los planes necesarios de reducción de gastos, eliminado todo lo superfluo, constreñido el margen de beneficio hasta el mínimo. Han aplicado en el engranaje preciso de la estructura empresarial los fondos de ayuda gubernamental, en caso de recibirlos. En definitiva, han hecho lo indecible hasta que la
inaguantable situación coyuntural les ha llevado a un callejón sin salida. Y la obligación les ha arrastrado amargamente a la decisión final de tener que llevar a cabo esos despidos que me comentabas. Infórmate correctamente, querido amigo. Porque NO puede ser de otra manera.