Una casa. 86 por ciento

15 Jun 2009
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Berto Romero

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Voy a hablarles hoy de los datos que la semana pasada publicó El Observatorio Joven de Vivienda. Antes, por deformación profesional, no puedo evitar hacer una apreciación jocosa, absurda y estéril sobre el nombre de tal identidad: Formulado de este modo, parece que sea el observatorio el que es joven, es decir, que se ha construido o instituido hace poco, y no que sea la relación de la juventud con la vivienda el objeto de su análisis. Propongo cambiar su nombre por el de “Observatorio de la Vivienda para jóvenes”. No se preocupen, no encontrarán más chorradas de este calibre en lo que queda de columna. Me pongo serio. Ya verán:

Según el observatorio de equívoco nombre los jóvenes deben destinar el 86% de su sueldo para poder comprar una vivienda. 86%…¡86%!…¡Ochenta y seis por ciento! (manos a la cabeza). Para cumplir la saludable, deseable, utópica e incluso me atrevería a decir que diurética premisa de destinar únicamente un 30% de su sueldo a ello, ese joven del que hablamos debería cobrar como mínimo 3.400€/mes (la media actual es de 1.200€). En caso de que el susodicho joven quiera compartir su miseria en pareja, el gasto dedicado a la compra de la vivienda es de un 53,9%, con lo cual más de la mitad de las neuronas de la pareja dejan de dedicarse al amor para ocuparse en temas más urgentes, como por ejemplo intentar conciliar el sueño por las noches.

Estos datos llevan aumentando de forma exponencial desde los últimos 8 años. Mientras tanto, ¿qué hacen la banca y el sector constructor/inmobiliario, los dos mayores responsables en la actual crisis económica? Los primeros no dan dinero y los segundos se resisten a bajar el precio de los pisos. Todos ellos congelados, paralizados, conejitos ante los faros de un coche, mirando para otro lado, esperando que se produzca un espontáneo milagro macroeconómico. A mí la Fundación Alfred Nobel no me daría el premio de economía ni aunque sólo quedáramos en el mundo un chimpancé senil y yo, pero como joven sí que soy se me ocurre decir algo demagógico, insensato, seguramente incorrecto y a todas luces poco meditado: a lo mejor…sólo a lo mejor…¡Podrían empezar por bajar de verdad los precios de los pisos e ir soltando algo de pasta! 


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