Opinion · Crónicas insumisas

Cómo frenar el yihadismo

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Hace catorce años, tras el 11S de 2001, bajo el mando de Estados Unidos se empezó una guerra global contra el terrorismo. Bajo ese pretexto, desde entonces, los bombardeos y ocupaciones militares en distintos países se han sucedido, directamente o mediante aliados se invadió Afganistán, Irak, Bahréin, Libia, Mali, Siria y se bombardeó Paquistán, Yemen, Sudán, Somalia,… Pese a ello, hoy, la seguridad mundial no ha mejorado y los ataques contra Occidente han proseguido. Se han derrocado jefes de estado que eran dictadores, se ha puesto en su lugar a gobernantes amigos, pero pese a ello, la democracia no llegó a esos países, la seguridad interna en lugar de mejorar empeoró, y en la mayoría se ha instalado el caos mediante ataques y atentados contra la población.

El balance, entonces, es catastrófico. Pero en cambio se persiste en proseguir con nuevas intervenciones militares. Así, en la guerra civil que vive Siria se baraja la posibilidad de una intervención terrestre para acabar con el Estado Islámico (EI). Pues nuestros gobernantes, bien saben que con bombardeos, ayuda militar y armas no es suficiente para acabar con el EI, sino que se precisan divisiones acorazadas bien equipadas que por tierra liberen los territorios en poder de ese autodenominado califato. Pero los gobiernos de Occidente, también tienen la certeza que ello acarreará muertos propios que no se desean, pues el EI y otros grupos contrarios a una intervención practican la guerra de guerrillas muy difícil de combatir con ejércitos regulares. Una intervención que puede empantanar a las tropas que allí intervengan, produciendo efectos no deseados, más muertes y sufrimiento por parte de la población, lo cual no evitará ataques contra las metrópolis occidentales, sino que los puede incentivar, pues una espiral de más guerra engendrará más odio y más yihadismo.

Cierto es que hay esperanzas, aunque remotas, que el avispero sirio amaine y se llegue a un acuerdo de alto el fuego en las negociaciones de Ginebra que se llevan a cabo estos días. Alto el fuego muy importante porque abriría el camino a pacificar el conflicto y que todos los países -que son muchos- que apoyan a uno u otro bando abrieran la posibilidad de aislar y poder neutralizar a los grupos más radicales como Al Nusra y Estado Islámico. Pero en la Mesopotamia hay muchos más problemas, el conflicto kurdo, el resto de grupos rebeldes que se enfrentan a Al Asad, la lucha por el poder con enfrentamientos en Irak, la guerra en Yemen. Conflictos que deberán buscar su solución en unas largas negociaciones posteriores al alto el fuego sirio.

Unas negociaciones de pacificación en las que la voz principal les debería corresponder a los países de la región que, con el apoyo de Naciones Unidas y quizás –dada su debilidad- la Liga Árabe, deberían intentar hacer acallar las armas y buscar acuerdos. Aunque también sería ilusorio pensar que las potencias exteriores se mantendrán al margen cuando son en buena parte responsables de esos conflictos por los intereses económicos (hidrocarburos) y políticos (alianzas) tienen en Oriente Próximo. Por tanto, también deben ser parte de la solución.

Después está el denominado yihadismo internacional y los posibles ataques que se puedan producir en nuestras metrópolis por causa de las guerras llevadas a cabo en esa región. Desde luego esa no es una cuestión fácil, pues esos grupos tienen predicamento entre musulmanes que habitan entre nosotros. Pero para reducir ese odio que los empuja a atacarnos, el primer y más acertado paso sería que EEUU y sus aliados abandonen la ocupación de esos países y dejen en manos de sus políticos y gobernantes la solución a sus conflictos. Quienes mediante la mediación, otra vez de la Liga Árabe y de la ONU, pueden ayudar a pacificarlos. Qué eso puede producir qué los talibanes vuelvan a gobernar en Afganistán, o qué en Irak y Siria se modifiquen fronteras, se formen federaciones, se rompan y aparezcan nuevos estados o autonomías cómo ya se apunta en Kurdistán. ¿Y qué? Al final son esos pueblos los que deben buscar su modelo y no EEUU, Rusia o Europa quienes deben decidir su futuro.

Además una retirada de tropas, aunque aquí sea percibido como una derrota, allí calmaría los ánimos entre la población, pues es mucha la contraria a la ocupación. Desde el final del imperio otomano, Reino Unido, Francia, Estados Unidos, después la URSS/Rusia, metieron sus manos en Oriente Próximo y los conflictos han ido en aumento hasta el caos actual. Es el momento de revertir esa situación y que sean los dos principales estados que rivalizan por el poder regional, Irán y Arabia Saudí y sus aliados quienes afrenten resolver sus conflictos.

Mientras, Estados Unidos y Europa deberían concentrarse en resolver el conflicto palestino, virus principal que infecta todas las relaciones del mundo árabe y musulmán por el apoyo que se presta a Israel y su colonialismo y apartheid sobre Palestina.

Una retirada hoy puede ser una victoria mañana. Recordemos Vietnam.