Opinion · Crónicas insumisas

Felipe VI, Arabia Saudí y yihadismo

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Felipe VI de Borbón, rey de España, ha ido de visita a Arabia Saudí donde otra familia real gobierna. Esta visita se encuadra, como tantas otras que realizó su padre Juan Carlos I, como un viaje de negocios. Arabia Saudí, es un país con un enorme PIB, ocupa el 19 puesto en el ranquin mundial, íntegramente procedente de poseer las reservas mundiales de petróleo más importantes y entonces, es comprensible que Felipe VI acompañe al sector empresarial español para intentar se consigan contratos con la petromonarquía saudí. Aunque lo que no es tan normal es la clase de gobierno que rige los designios de los sauditas.

Arabia Saudí, es bien conocido, que está regido por una autocracia familiar, los Saud, que al más puro estilo medieval musulmán se rige por la ley islámica. Se estima que no son menos de medio millar los familiares que dirigen todo el entramado del estado y ocupan la mayoría de puestos más importantes de la administración saudí. A modo de ejemplo, el actual rey, Salman bin Abdelaziz, que heredó el trono de su hermano mayor, aún tiene 42 hermanos que por orden de edad le sucederán en el trono. Pero lo llamativo de esta plutocracia, no es la dictadura con que se gobierna, donde todos los resortes del estado, ejecutivo, legislativo y judicial recaen sobre el monarca. Sino que se trata de uno de los países más corruptos del mundo, así lo señala Transparency Internacional. Es bien conocido que cualquier negocio que se quiera llevar a cabo en ese país debe ir acompañado de substanciosas comisiones para los miembros de la familia real que interceden en todas las negociaciones, así lo atestiguan las numerosas investigaciones y juicios por corrupción en diversos países por esas causas.

Entre los presidentes y ejecutivos de empresas españolas que acompañaban a Felipe IV en la visita, se encontraban empresarios de ferrocarriles RENFE, CAF, Talgo, de constructoras OHL, Acciona, FCC y Sacyr, un grupo del sector electrónico; y por último, las más llamativas, un nutrido grupo de industrias militares, Navantia, INDRA, Sener y Arpa. Por si no se sabe, Arabia Saudí fue en 2015, el mayor comprador de armas del mundo y España que le suministra armas un productor importante de estos artefactos. Sí que se sabe, que Arabia Saudí está inmerso en una guerra abierta en Yemen, donde intervienen sus tropas y su aviación bombardea a menudo ese territorio donde los rebeldes huzíes, de la rama chiita, se levantaron en armas contra el dictador Saleh.

Pero hay más cosas que insultan nuestra inteligencia. Arabia Saudí de la corriente sunita, denominada wahabismo, ha estado financiando al yihadismo, existen pruebas fehacientes de ello, y entre otras, a una de las corrientes más sectarias del Islam, los salafistas, a quienes les ha proporcionado recursos, armas y ha estado detrás de los grupos armados que actúan en la guerra de Siria contra el régimen de Al Asad, de la corriente chiita y apoyado por Irán. País con quien se enfrenta por la hegemonía militar en Oriente Medio en una carrera de armamentos que no presagia más que nuevos conflictos. Entre las múltiples acusaciones de financiar el yihadismo se encuentra el hecho de que 15 de los 19 terroristas que atentaron contra Estados Unidos el 11-S de 2001, eran sauditas.

A su vez, Arabia Saudí es un país denunciado por Amnistía Internacional y Human Rights Watch como uno de los mayores violadores de los derechos humanos, mujeres y trabajadores sin derechos, país donde homosexuales y lesbianas son condenados a muerte, un país donde todos los años unas 300 personas son ejecutadas.

Con ese tipo de país el Gobierno de España se va a hacer negocios, y entre otros intenta venderle cinco corbetas por un valor de 2.000 millones de euros que debe fabricar Navantia en las factorías de Cádiz y El Ferrol. Ventas de armas que según indica la Ley española que regula el comercio de armas deberían estar prohibidas, pues viola los criterios de la ley y de obligado cumplimiento que recoge de la Posición Común de la UE, y que prohíbe vender armas a países que participan en conflictos, donde se producen graves violaciones de los derechos humanos, así hasta ocho criterios. Y no sólo viola la Ley española y la Posición Común de la UE, también la del reciente Tratado de Comercio de Armas internacional aprobado en Naciones Unidas y que España ha ratificado.

Lamentable que la oposición política al gobierno del Partido Popular no levante la voz y diga que esas ventas son una ignominia. Lamentable es que los sindicatos obreros de Navantia y las otras empresas militares que buscan carga de trabajo en Arabia Saudí se olviden de la solidaridad de clase con los obreros de otros países que son masacrados con las armas que ellos fabrican. Lamentable que los alcaldes y gobiernos autonómicos donde están ubicadas esas empresas no busquen alternativas de conversión de esas industrias promoviendo estudios, junto a los sindicatos, colegios profesionales y demás instituciones para dejar de fabricar armas y pasen a la producción civil.

Sin duda se deben arbitrar medidas para erradicar el yihadismo terrorista y todos estaremos de acuerdo en que se debe actuar sobre sus causas. Pues una de ellas debería ser impedir la venta de armas a estados como el de Arabia Saudí y otros similares de Oriente Medio. Armas que luego se utilizan en guerras causando mucho dolor entre la población civil, que es motivo de que muchos jóvenes se enrolen en las filas yihadistas.

Alcaldes, gobiernos autonómicos, sindicatos y movimientos sociales donde se ubican las fábricas de armas españolas que suministran armas a países de Oriente Medio ¿Cuál es una de las causas que promueve el terrorismo internacional?