Opinion · Crónicas insumisas

Securitización del cambio climático

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz

En el día a día, en los momentos de café o siguiendo las conferencias de expertos, hablamos de los efectos del cambio climático y de cómo éste puede llegar a cambiar la vida de millones de personas. Pero hay un aspecto del que apenas se habla, que ha sido abordado de manera profunda por N. Buxton y B. Hayes en el libro Cambio Climático S.A. y del que quisiera recoger algún aspecto y recomendar su lectura.

En primer lugar destacar el enfoque securitizador del calentamiento global del planeta. La propia Estrategia Europea de Seguridad sitúa el cambio climático como una amenaza o riesgo a la seguridad, el cambio climático, se percibe como un multiplicador de amenazas por catástrofes naturales, inundaciones, sequias prolongadas, degradación del medio ambiente, desertización de amplias zonas y competencia por recursos naturales. Toda una serie de catástrofes que pueden provocar subidas en los precios de los alimentos y exacerbar la situación de pobreza de millones de personas, o dar lugar a crisis humanitarias consecuencia de hambrunas persistentes; todo ello también provocaría crisis políticas en tanto que la situación desesperada de millones de personas comportará frustración social y crisis o inestabilidad política, pudiendo producirse revueltas violentas.

Estas predicciones llegan a configurarse como un riego o una amenaza a la seguridad de Europa en tanto que la inestabilidad de gobiernos de países con recursos claves para la economía, puede poner en peligro el abastecimiento de ciertos recursos o puede afectar a las rutas comerciales de los mismos. El discurso securitizador nos remarca que hemos entrado ya en la era de las consecuencias del cambio climático y que entre otras cosas nos vamos a enfrentar a disturbios sociales, inestabilidades políticas y millones de personas que se verán forzadas a desplazarse a países más seguros, muy probablemente de Europa.

En todo el mundo tanto en el Norte como en el Sur las respuestas previstas al escenario descrito anteriormente, serán las de responder con mayor represión y vigilancia, lo abordaran como si la protesta y el descontento fueran una contrainsurgencia permanente, en definitiva el problema principal del cambio climático serán las personas, las personas que se rebelen a admitir la inevitabilidad de su situación, a tener que resignarse al papel de problema y que se rebelen al estatus quo que se les ha asignado.

Abordar el cambio climático como un tema de seguridad es la manera de enfocarlo que tienen las agencias militares y de seguridad, lo abordan como amenazas a largo plazo, que buscan el enfoque de mantener el control sobre el problema antes que abordar el problema de fondo. Se han secularizado problemas como la escasez de agua, de alimentos o de energía y lo hemos transformado en seguridad hídrica, seguridad alimentaria o seguridad energética, de manera que ello permite justificar la compra y acaparamiento masivo de tierras de cultivo o la seguridad energética sirve para desplegar acciones militares-policiales “preventivas” contra activistas medioambientales o para asegurar el acceso a los recursos energéticos.

Las respuestas militares y policiales tienen lugar cuando las elites tienen miedo al desorden social, temor a los pobres, a las minorías y a los inmigrantes. Las agencias de seguridad tienden a percibir disturbios potenciales donde otros identifican la situación como de injusticia.

Este discurso securitizador no aborda como detener o frenar el cambio climático, Es necesario analizar de forma critica el discurso imperante sobre el cambio climatico y la seguridad. Hay que introducir otro enfoque y articular nuevas alternativas al discurso. Alternativas para afrontar el cambio climático existen, hace años que se han ido desarrollando, es el momento de debatirlas y articular respuestas de abajo a arriba, de construir movimientos inclusivos que afronten la injusticia social sistémica en que vivimos. En definitiva es el momento de desarrollar respuestas justas y solidarias y no respuestas de miedo y represión.