Identidades compartidas y el brexit catalán

11 Jul 2017
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Pere Ortega Centre Delás d’Estudis per la Pau

La identidad de las personas se construye en base a varios factores y fases de la vida. En la niñez, por la educación recibida en la familia, más adelante por la educación recibida en la escuela y el entorno social. Cuando se pasa a la fase adulta y se puede discernir con mayor libertad, el entorno social continúa siendo importante, pero sobre todo es la formación la que conforma la identidad. Así hay personas que han recibido una cultura en la familia, otra en la escuela, una por el lugar donde viven, y una última a través de la auto formación, que además se irá transformando a lo largo de la vida.

Esta consideración inicial está hecha para aclarar que la identidad es algo muy personal y se construye en función de los factores antes mencionados y que, evidentemente, no son coincidentes en todas las personas. En el caso de Cataluña se dan esos casos y algunos, sienten una identidad únicamente catalana y otros una identidad compartida o múltiple. Estos últimos, se sienten igual de cómodos con la cultura catalana que con la castellana y quizás con otras, dado que utilizan las dos lenguas como vehiculares y quizás otras y esto se vive con naturalidad. Amartya Sen, acuñó el concepto de “identidad compartida” en su libro Identidad y violencia, advirtiendo que la identidad no debería ser motivo de enfrentamientos, porque cualquier persona tiene singularidades muy específicas que la hace diferente de cualquier otra dentro de la misma comunidad donde vive. Así, un ciudadano catalán, puede haber nacido en Castilla, ser de padres vascos, ser homosexual, vegetariano, historiador, practicar el ciclismo, gustarle el flamenco, ser amante de la naturaleza, buscador de setas, defensor de los derechos de los niños y más cosas. Y puede sentir que su identidad cultural está compartida, por una lengua materna, por la escolarización hecha en otra lengua y haber adquirido una tercera identidad por haber escogido trabajar y vivir en Cataluña.

Además, las personas pueden auto clasificarse por muchas otras cuestiones que no solamente por un sentimiento nacional, por ejemplo, por la clase social, por sus estudios, por el empleo que desarrolla, por la lengua, por el estatus social, por una tendencia política o por la religión. Entonces, puede no sentir muchas emociones ante una bandera o himno nacional y en cambio sentirse exaltado por la bandera y el himno de un club deportivo.

Todo esto viene a cuento porque muchos catalanes, en el debate sobre la construcción de un estado separado de España pueden vivir esto con preocupación, porque se sienten igual de catalanes como hermanados con el resto de gentes que vive en el estado y no desean separarse, sino continuar conviviendo sin fronteras entre ellos. Y a pesar de que reconozcamos el mal trato que Cataluña recibe de las instituciones políticas españolas, sobre todo después de la sentencia del Tribunal Constitucional que enmendó el Estatuto aprobado por los catalanes; también por el mal trato fiscal; por el mal trato a la lengua catalana y otros agravios; pidan una solución política que no rompa los lazos entre Cataluña y España. Y en este sentido, se declaren favorables de un estado catalán federado o confederado con el resto de la península.

Todas las personas no somos iguales, tenemos diferencias que nos hacen únicos. Somos iguales ante la ley en cuanto a derechos (menos los inmigrados, desgraciadamente), pero en el resto no lo somos. En Cataluña, tenemos tantas diferencias que hace que nuestra cultura sea diversa. Por ejemplo, en las tierras del Ebro les gustan los toros, cantan y bailan jotas, y en cambio en Barcelona parece que la mayoría abomina los toros y no les interesa la jota. En Cataluña tenemos compositores de zarzuelas, excelentes novelistas en catalán y castellano, cantantes de flamenco, músicos y cocineros que de lugares lejanos. Es decir, somos diversos, plurales, interculturales y muchos, nos sentimos catalanes y al mismo tiempo españoles o de otros lugares.

Y aquí aparece la actual proposición del Gobierno de la Generalitat de convocar un Referéndum para el 1 de octubre sin negociarlo con el Estado. Que además se propone con una pregunta binaría que dice: “Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república”, y que anuncia que la consulta tendrá el carácter vinculante. Una pregunta que aboca a una confrontación entre los partidarios del sí y del no, que es tanto como provocar una división entre la población y que afectará a la convivencia social en Cataluña.

La gravedad del asunto proviene del carácter unilateral de la convocatoria. Es decir, que no se trata de una propuesta negociada y pactada, ni tan siquiera ha sido llevada al Parlamento catalán. Sino que rompiendo todo el entramado jurídico que ampara el estado derecho, se propone una consulta sin ninguna garantía democrática. Y con agravantes, no se establece un mínimo de participación ciudadana en la consulta que avale el resultado final; es decir, que si acudiera a votar tan sólo una pequeña parte de la población con derecho a voto el resultado se daría por bueno. Como tampoco se establece qué % de los votos avalarían el resultado.

Ante semejantes dislates, hay que exigir a los partidos políticos de uno y otro signo y a los gobiernos de la Generalitat de Cataluña y muy especialmente al de España que hasta el momento se ha negado a escuchar las peticiones de Cataluña, se sienten a dialogar y busquen una solución para evitar males mayores, sin duda el mas importante, la ruptura social entre la población.


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