Sobre el soberanismo

20 Dic 2017
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Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Ser soberanos es afirmar que la ciudadanía es libre de escoger su futuro. En líneas generales, se debería estar de acuerdo, aunque si se profundiza algo más y se analiza cómo se ejerce la soberanía, entonces, quizás, se empiece a dudar de que tal afirmación responda a la realidad. ¿Por qué, quién es el sujeto de la soberanía, la ciudadanía, la nación o el estado? En la mayoría de ocasiones esos tres sujetos no coinciden. Porque hay pueblos sin estado, naciones que son estados y pueblos que no son nación pero se consideran. Estos últimos, porque no están asentados en un solo territorio y se encuentra diseminados dentro de otras naciones o estados convirtiéndose en minorías étnicas. Para mayor complicación, desde la revolución francesa, la nación se asimila a estado, y los estados liberales así lo proclaman y siempre aúnan nación con estado.

Entonces, la ciudadanía (pueblo) ¿cuándo ejerce la soberanía? También lo sabemos, el día en que es llamado a las urnas para ir a votar a sus gobernantes, que generalmente y según los países es una vez cada cuatro o cinco años. Pero en el interregno entre una y otra votación electoral, la ciudadanía ¿es alguna vez invitada a ejercer soberanía sobre otras cuestiones importantes? Generalmente no, en muy pocas ocasiones, y las decisiones las toma siempre el gobierno o el parlamento en nombre del pueblo, y como mucho se consulta a la ciudadanía para refrendar una constitución, pero pocas cosas más, quizás un tratado internacional y no siempre.

Entonces la soberanía está más que limitada y se convierte en un concepto de afirmación de los intereses de un grupo social o partido político que lo invoca como sujeto para conseguir una reivindicación. Pero en general la soberanía no es una realidad sobre la que se sustenta la democracia. Porque democracia es el derecho de toda la ciudadanía sin excepción a ser escuchada y escoger su futuro, incluidas las minorías étnicas, de género o edad (la infancia también tiene derechos) y no única y simplemente la soberanía de la mayoría.

Esta reflexión viene a cuento porque en el conflicto que se vive en Cataluña, soberanía está se asimila a autodeterminación. Tanto por los defensores del estado español, como de los partidarios de la creación de un estado independiente catalán. Mientras los primeros, sostienen que la soberanía recae en toda la ciudadanía española, que incluye los diversos pueblos y comunidades del Estado, como así lo refrenda la Constitución española. Los segundos, sostienen que Cataluña es una nación porque así lo desea la mayoría de su población, que se siente pueblo pues tiene una identidad propia y diferenciada del resto de identidades que pueblan España. Y cómo tal, tiene el derecho a ejercer la soberanía decidiendo sobre su futuro. De ahí deriva el enfrentamiento y el conflicto actual que mantiene enfrentados a poblaciones y partidos políticos del todo el Estado.

La autodeterminación fue concebida y plasmada en tratados internacionales como un derecho de los pueblos para liberarse del yugo de los imperios coloniales. La autodeterminación, no fue pensada para los pueblos que vivían en países con democracias liberales, pues en estas, se suponía que se vivía con constituciones que habían sido aprobadas por la ciudadanía por sufragio universal. Y en el caso de que surgiera alguna petición de autodeterminación de un pueblo que habite un territorio dentro de un estado, su demanda sería atendida por el gobierno del estado y canalizada de manera que diera satisfacción a esa comunidad y al conjunto de la ciudadanía.

La cual cosa, de momento, no se ha conseguido en Cataluña por la obcecación del gobierno español en impedirlo.
Con estas reflexiones sobre la soberanía quería concluir, que en política, lo importante no son los principios en que se sustenta una constitución, sino los medios que mueven la acción política en buscar soluciones ante las demandas de la población, incluidas las minorías. Entonces, ¿cómo se ejerce la tan recurrida soberanía? Siempre debería ser con más democracia, y en consecuencia, garantizando la soberanía de la ciudadanía cuando ésta desea ejercerla.


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