ANTONIO ALBERT
Diego Galán asegura que El cónsul de Sodoma es polémica. Supongo que así lo piensa porque la película muestra una polla en primer plano. Y no es una polla cualquiera, es la polla del poeta Jaime Gil de Biedma. No sé la cara que pondrá al verla su sobrina nieta Esperanza Aguirre: tal vez acabe por arquear la ceja, un gesto que ella debe despreciar porque le recuerda a ZP. Claro que entre pensar en la polla de su tío abuelo o en el presidente del Gobierno, incluso prefiera lo segundo.
La revista Fotogramas asegura que El cónsul de Sodoma recrea la “azarosa vida sexual” del poeta. Azarosa es un adjetivo que viene a significar arriesgada, ominosa, aciaga… Y todo, deduzco, porque a Gil de Biedma le gustaban las pollas. De gustarle los coños, la revista tildaría su vida sexual como gozosa, rica, intensa. Ah, se me olvidaba: en el filme se come un coño: el de Bimba Bosé. Pero incluso este desliz tiene tintes poco ortodoxos: ella tiene la regla. “Soy un vampiro”, confiesa él.
Tanta polla no es gratuita. Perdonen que me pase la columna con la palabra en la boca, pero la polla ocupa un papel clave en la película aunque, también, en la vida y en los versos de un hombre con debilidad por la noche y el morbo. Gil de Biedma era refinado y culto como Visconti, pero se movía en los antros más siniestros como Pasolini. Más que poeta, quería ser un poema. Y de serlo, más propio de Rimbaud que de Baudelaire.
Hay en El cónsul de Sodoma miradas lascivas, relaciones que oscilan entre el desprecio y la lujuria, bares que son el último refugio y, también, insultos y desprecios… Hay mucho de un estilo de vida que quedó para el olvido: era la España de Franco y los homosexuales de la época podían elegir entre el armario o la cárcel. Eso ha cambiado: gracias al Gobierno que no a Dios.
Pero volvamos a la polla. Sigfrid Monleón la presenta como lo que es, una estrella, y para ello recurre a un primer plano del miembro en erección. Una polla fea, por cierto, fotografiada con un efecto flou (se pone vaselina sobre un filtro o una gasa sobre la lente: Sara Montiel prefiere las medias de nylon) digno de las divas del Hollywood dorado. Un hallazgo. O un guiño.
A Jordi Mollà se le quedó el personaje. En las entrevistas habla como si declamara versos de Gil de Biedma, modula la voz y busca palabras que parecen prestadas para dar empaque a las respuestas. Las de su personaje tiene momentos brillantes gracias al talento de los guionistas Joaquín Górriz y Miguel Ángel Fernández, aunque lastrados por unas formas de rancio ‘tv-movie’. Y ojo al debú de Bimba Bosé, quien da su personalidad al personaje: impúdica, libre, fresca, hace verosímil una relación muy especial que podía resultar chirriante.
LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE
Fue una extraña asociación de ideas: una película reciente y el cumple de la Constitución me recordaron a aquellas actrices que decían desnudarse «porque lo exige el guión», cuando querían decir «la taquilla». Pensé luego que hoy nadie pide explicaciones, pero conductores de guaguas canarios o vecinos de Mataró se quitan la ropa y aluden a motivos solidarios. Por fin, recuperé una estimulante sesión de «ropas fuera» literaria.
Autores
Éramos varios amigos, nos habíamos citado para comer, y alguien preguntó: ¿qué autores están sobrevalorados? No daré nombres, son secreto de sumario, pero salieron a relucir unos que no pueden estar sobrevalorados porque apenas han sido valorados, y otras cuyo valor es más político (los últimos mohicanos, que tan bien se venden) que literario. Coincidimos en que lo peor son esos escribidores de apellido compuesto que van de divinos cuando sólo son virtuosos urdidores de tramas, deberían aprender de Ken Follett: «No soy un escritor profundo», ni falta que le hace. E irritante es toparse con ésos que intentan hacer pasar por iconoclastas inventos literarios que los surrealistas ya consideraban antiguallas.
Críticos
Hablamos entonces de los críticos que, por razones extrañas si no espurias, acogen tales experiencias con grandes alharacas. Metidos en faena, surgió el nombre de un reputado opinante que justificó su condescendencia con el peor de los libros de García Márquez, Memoria de mis putas tristes: «Es que Gabo siempre escribe bien». ¡Precisamente por eso! Tal actitud contrasta con la severidad que otros dómines reseñadores exhiben ante los primerizos, a los no amparan compromisos adquiridos ni redes de amistad e influencia tejidas.
Lectores
Ya puestos, decidimos pedir cuentas a los lectores. Las excusas son infinitas, andamos sin tiempo, sin ganas, y se nos ofrecen demasiadas alternativas: elijan la venda que quieran para la herida que vamos a infligirnos, pero caemos rendidos con gran facilidad en brazos de autores cuyo único mérito (nada desdeñable, añado) es hacernos pasar (que no pensar) un buen rato. Somos presa fácil de libros que los yanquis llaman pageturner porque no puedes soltarlos, y los británicos adult-teen crossover porque están pensados para mayores pero elaborados con criterios adolescentes, vivimos tiempos en los que escritores que fueron populares (Zweig, por ejemplo) son considerados propios de un público culto.
Concluido el striptease, un espeso silencio cayó sobre la mesa. Y a la hora de la despedida, brindamos porque locura literaria no se detenga, así que pasen 30 años.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
El hasta ahora rey indiscutible del género negro sueco, Henning Mankell, ha opinado sobre el autor que a título póstumo ha venido a disputarle el cetro, Stieg Larsson. Dice que ha leído los libros del escritor fallecido (que sólo en Suecia ha vendido más de 3 millones de ejemplares, y que se ha convertido en un fulminante éxito en toda Europa, incluida España) y que no le han emocionado. Para él, agrega, el fenómeno Larsson es como el de cualquier best-seller, al estilo Dan Brown. Mira que podía haber dicho nombres de autores de best-seller. Pero no, obsérvese el calibre del plomazo: Dan Brown. Caca de la vaca.
Puñaladas traperas
¿Por qué la gente a la que le va bien, y aun diría más, apoteósicamente bien, es tan poco generosa a la hora de reconocer el mérito de alguien que se incorpora al club? O, admitiendo que puede resultarles difícil hacerle propaganda a un rival, e incluso que están en su derecho de no sentir aprecio por esa creación ajena, ¿por qué sienten la necesidad de desacreditarla con puñaladas traperas como la asestada por el filantrópico Mankell al difunto (y no menos filantrópico) Larsson? Tal vez en este caso haya además una cuenta pendiente: según sus amigos, y esto ha llegado a los papeles, Larsson declaraba su más rotundo desinterés por la novela negra escandinava, que llevaba al extremo de leer sólo autores anglosajones (y en inglés). En el saco de su desdén estaría por tanto Mankell. ¿Se trata entonces de devolver el golpe?
Fastidiosa piedad
Pero en fin, es que hablamos de un muerto. De un hombre que no vivió para ver su propio éxito y que ha dejado tras de sí un lío con la herencia, porque ni le dio tiempo a formular su última voluntad. ¿O es que los muertos, con esa fastidiosa piedad que inspiran, son rivales especialmente odiosos para los reyes del mambo? No hace mucho otro celebradísimo escritor, éste español, se quejaba en su columna de los elogios para él desmedidos que reciben los autores difuntos, y de la facilidad con que se los eleva a la categoría de clásicos. Sin decirlo, de lo que se quejaba era de que a él alguien le regateara aún esa etiqueta. Y en su columna tampoco faltaba un feo lanzazo a moro muerto.
Del lado del muerto
Si he de elegir, prefiero alancear al moro vivo. Hay cosas de Lars-son que no comparto (su tono moralista, su afán de explicarlo todo), pero Mankell, por quien hasta ahora sentía simpatía, no tiene derecho a despreciarlo. Con todos sus defectos, Larsson resulta más divertido, llega a más gente y además no le puede devolver los golpes. Así que, ya que el vivo ha abierto fuego, me pongo del lado del muerto y de su feroz criatura, Lisbeth Salander. Sintiéndolo mucho por Wallander.
YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Los opositores al gobierno de Somchai Wongsawat, primer ministro tailandés, tomaron hace una semana el aeropuerto internacional de Bangkok, Suvarnabhumi, buscando poner en evidencia la debilidad del gobierno. Wongsawat asumió su cargo tras la sentencia del Tribunal Constitucional de Tailandia que inhabilitaba a su predecesor, Samak Sundaravej, por presentar un programa de cocina en la televisión, pero no se ha mostrado menos proclive a hacer negocios. El jefe del ejército tailandés coincide con los opositores en la idea de que el gobierno debe dimitir, aunque mantiene a las tropas al margen del conflicto.
Envidia insana
Qué envidia. Los tailandeses muestran unos modos y costumbres en eso de poner y quitar gobiernos que para nosotros los querría yo. Setenta años después de la Guerra Civil todavía no sabemos abrir o cerrar las tumbas sin que surjan los incendios. Los ciudadanos y los políticos de Tailandia son gente mucho más civilizada. Wongswasat, al verse contra las cuerdas, ha declarado que la policía tratará de forma gentil a los ocupas del aeropuerto. Todo modo.
Perdonen las molestias
Pero también los insurgentes exhiben modales. Al ocupar el aeropuerto de Bangkok, los opositores desplegaron una pancarta escrita en ingles en la que pedían disculpas a los viajeros por las molestias que pudiesen causarles la suspensión de los vuelos. Ese mensaje, en la boca de cualquier ayuntamiento, cuando levanta por enésima vez las calles, suena a fórmula manida. Pues bien: se vuelve cortesía exquisita si se trata de una revolución.
El hierro y la seda
La fórmula de la mano de hierro con guante de seda tiene sus precedentes. El general corrupto que en la película Traffic torturaba a los narcos con voz amable y como pidiéndoles perdón por lo que iba a hacerles viene a cuento acerca de la paradoja de los buenos modales desplegados en episodios sangrientos. No se trata de nada personal, dicen los ejecutores de la mafia antes de pegarle un tiro en la nuca a sus víctimas. Pero habida cuenta de que, como sostiene Fidel Castro, no hay forma alguna de hacer una tortilla sin romper antes unos cuantos huevos, más vale que te hagan la puñeta de manera educada. A lo mejor fue eso lo que consideraron los tribunales tailandeses al destituir al primer ministro culinario-televisivo: que su programa hería la sensibilidad de los espectadores. Qué pena que aquí, en España, no contemos con tan buena educación.
CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA
Cuando empezó a extenderse la palabra progre, ya advirtió el escritor Jaume Vidal Alcover que se veía por el diminutivo que los progres iban a ser la caricatura de los progresistas. Supongo que se reiría lo suyo, el bueno de Vidal Alcover, si levantara la cabeza y viera las ocurrencias que despacha el Ajuntament de Barcelona –paradigma y faro de la militancia progre— cada vez que se acercan, oh cielos, las Navidades, unas fiestas que las mentes fértiles del casal barcelonés deben considerar de lo más carca y desfasado, y que les despierta un terrible empeño de modernización y puesta al día.
Habitualmente, el blanco de la inspiración consistorial suele ser el belén que, desde hace un montón de tiempo, se instala por tan señaladas fechas en la plaza Sant Jaume, justo delante del edificio del Ajuntament (y del Palau de la Generalitat, que está al otro lado de la misma plaza). Un año les dio por montar un belén ciudadano, como creo que lo llamaron, lo que significó cambiar los pastorcillos por imágenes de personajes típicos de la ciudad: desde transeúntes sin identificar hasta un mosso d’esquadra, pasando por un bombero, unos inmigrantes y lo que ustedes quieran. No sé si dejaron al buey y la mula en su sitio, pero entonces quedarían algo desubicados, pobres. Otro año, poco después de aprobar una llamada normativa cívica sobre uso de la vía pública (que, por lo que se comprueba a la que sale uno a la calle, debió de ser olvidada inmediatamente), se debatió sobre la conveniencia de suprimir del belén la muy catalana figura del caganer, no se diera el caso que algún despistado la interpretara como una apología del zurullo callejero. Perlas cultivadas, en fin, de la corrección política progre.
Abetos sostenibles
Este año, sin embargo, el celo corrector ha ido a fijarse en otro abalorio navideño: el árbol, que ya se ve que constituye una barbaridad ecológica y un atentado contra toda moral verde que se precie. Ante ello, en el Ajuntament han encontrado una solución feliz: abetos sostenibles, les llaman. Son seis cachivaches enormes, de unos doce metros de altura y forma cilíndrica: cuatro de ellos se iluminan con placas fotovoltaicas y los otros dos por interactividad, es decir, pedaleando una bicicleta que llevan adosada, en homenaje al más progre de los vehículos. Podría parecer un chiste, si no fuera porque los seis abetos de marras han costado la poco sostenible cifra de 214.000 euros, que podrían haber dado para unas cuantas fiestas de la biodiversidad. En fin, no es que uno sea precisamente un fan del espíritu navideño y todas esas cosas. Pero las tradiciones también son cultura, y, cuando alguien se empeña en transformarlas a cuenta de una u otra ideología, el resultado suele ser grotesco (y caro, en este caso). Eso sí, reírte te ríes un rato.
LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE
Lo decretó el geógrafo canoro: a diferencia de México, sita en una llanura, la capital de Jalisco está en un llano. Y en él se han instalado 1.600 editoriales, 17.000 profesionales y 500 autores para asistir a la Feria Internacional de Guadalajara, que este año reconoce el Mérito Editorial de Manuel Borrás, alma de Pre-textos.
Mogollón
Desde hoy y hasta el 7 de diciembre, la XXII edición de la FIL pone broche al año editorial. Es una cita de gran trascendencia para los intereses españoles, no en balde, según datos del Comercio Exterior del Libro, América se mantiene como segundo destino de las ventas al exterior, sólo superado por la Unión Europea. Por países, México se consolida como el segundo destino para nuestras exportaciones editoriales, por detrás de Francia; EEUU se confirma como mercado ineludible; y Brasil y Argentina son los que registran un mayor aumento de las importaciones españolas en Iberoamérica. De ahí la presencia de 150 empresas españolas.
Negocio
Los libros, además de ser una riqueza cultural, mueven anualmente en torno a 4.000 millones de euros (un 0,7% del PIB), y dan empleo –directo e indirecto– a más de 30.000 personas. Para esa industria, América Latina es (tópico al canto) Eldorado: el 50% de los libros que allí se venden se produce aquí. Lejos quedan los tiempos en los que las editoriales de la (ustedes perdonarán) Madre Patria dejaban su suerte en manos de esforzados representantes comerciales, los editores han trabajado para tejer una red de distribución a la altura de sus ambiciones, en tanto que los grupos más poderosos han sembrado la zona de filiales. Pero, ese éxito se sustenta sobre el sangrante desequilibrio que existe entre lo que venden las editoriales españolas en América Latina y lo que las latinoamericanas venden en España.
Desigualdad
Sería deseable encontrar fórmulas para nivelar la balanza comercial, a partir de una evidencia palmaria: su producción literaria nos interesa, basta con ver la cantidad de escritores argentinos, chilenos, mexicanos, colombianos… que publican en España. Sería bueno que nos llegaran a través de los sellos que allá los lanzan. Sería estupendo que las editoriales-matriz no renunciaran a la difusión en España de los autores de sus filiales, autores que en demasiadas ocasiones se ven obligados a hacer de nuevo el esfuerzo de encontrar quien los acoja. Y sería magnífico acabar con ese resabio colonial que hace que todavía tengan que pasar por editoriales peninsulares para, a), ser tenidos en cuenta aquí y, b) lograr la consagración allá.
AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA
Hace ahora setenta y ocho años, un joven capitán de infantería, Fermín Galán Rodríguez, se sublevaba en Jaca contra el rey y hacía colocar en los muros de la pequeña ciudad pirenaica un contundente bando proclamando la República. Pero los republicanos de Madrid no lo secundaron, el gobierno envió tropas para sofocar la rebelión y el impulsivo capitán terminó ante el pelotón de fusilamiento. Cuentan que el condenado se despidió gritando “¡Hasta nunca!” y después, como el oficial que mandaba el pelotón no terminaba de decidirse, fue él mismo quien dio la orden de disparar a los hombres que acabaron con su vida.
Olvidado
Medio año más tarde se proclamaba la II República y los mismos que en su momento lo habían dejado solo lo reivindicaron como héroe y mártir de la causa republicana. También se editaron los dos libros que Galán había escrito antes de morir: Nueva creación, una especie de ensayo utópico en el que exponía su sociedad ideal (al estilo de Tomás Campanella) y La barbarie organizada, subtitulada como Novela del Tercio, en la que daba testimonio de su experiencia en la guerra de Marruecos como oficial de la Legión. Luego vino lo que vino, y Fermín Galán y sus libros quedaron relegados al olvido. Incluso se le despojó de la Cruz Laureada que el Gobierno de la República le había concedido, a título póstumo, por sus méritos militares en la campaña africana.
Incómodo
Cuarenta años después volvió la democracia y con el auspicio de círculos anarquistas se reeditó Nueva creación. Se restituía con ello al lector español al Galán ideólogo, un pensador singular e incómodo, en su triple condición de ácrata, antifascista y antimarxista. Pero nadie se interesó por recuperar La barbarie organizada, un libro clave para entender a aquel hombre que en el campo de batalla marroquí y en la Legión, el mismo lugar donde otros (Francisco Franco y compañía) se convirtieron en futuros golpistas, se cuajó como revolucionario.
Solidario
No ha sido hasta 2008 cuando una pequeña editorial, Galland, nos ha devuelto a ese desconocido Galán novelista. Un escritor a veces ingenuo pero siempre brioso, y sobre todo, el testigo solidario de la dura vida de aquellos desheredados, los legionarios, cuyas vidas desechables se dilapidaban sin tasa en una absurda guerra colonial.
Fermín Galán sacude las conciencias con un relato que da voz a quienes no la tienen. La reedición de La barbarie organizada, libro hasta ahora inencontrable, supone una aportación imprescindible para reconstruir nuestra siempre deficiente y parcial memoria colectiva. Y es, también, una ocasión para sacudirse algunos prejuicios. Que nunca viene mal.
YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Un chiste muy conocido en los años de mi adolescencia contaba la historia de la señorita que va al ginecólogo en busca de un anticonceptivo eficaz. El doctor le da una aspirina: “tomésela con agua”, le dice. “¿Antes de o después de?”, pregunta la paciente. “En vez de”, le responde el doctor.
Cinco décadas después, el chiste se ha hecho carne y habita entre nosotros. Algunos hospitales públicos de la comunidad de Madrid (espero que pocos) reparten un manual para adolescentes en el que se recomienda la castidad como mejor medida contra el Sida. Es posible que la aspirina fuese incluso preferible; al menos, aleja ciertas miasmas.
Fundación bajo sospecha
El manual de castidad lo ha editado una fundación que aparece inscrita en el Boletín Oficial del Estado del día 11 de octubre de 2003, y figura como colaboradora del máster acerca de la enfermedad que provoca el virus VIH organizado en 2002 por el Hospital Carlos III. En diciembre de este año, 2008, la misma fundación organizó un acto científico con motivo del día mundial del Sida, acto que fue apoyado por el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Carlos III. Pero nada más difundirse la noticia del manual con los consejos sanitarios de vida casta, las autoridades sanitarias madrileñas se han apresurado a negar cualquier relación existente entre el hospital público y la fundación privada.
Google dixit
Negar evidencias es hoy, existiendo Google, difícil. Tal vez sea por eso que la búsqueda de la página web de la fundación de marras da como único resultado un mensaje de error —404 Not Found. Será que la castidad bien entendida comienza por uno mismo y, sobre todo, por la eliminación cuidadosa de las huellas que pueda haber uno dejado. Pero siempre hay un periodista insidioso al que recurre el paciente infectado por el virus cuando le recetan el “en vez de”, diciéndole encima que habría debido abstenerse antes.
Derechos de los enfermos
Si no se tratase del Sida, la recomendación de los meapilas que han redactado el manual sería de las que hay que tomárselas a broma. Pero como estamos hablando de una plaga tremenda —de una de los mayores amenazas a la salud pública que existen— más bien parece cosa de exigir a las autoridades que expliquen si el remedio de la abstinencia les parece adecuado. De ser que sí, ya sabemos lo que hay que hacer la próxima vez que se nos convoque ante las urnas: criterio meditado, voto responsable, una aspirina y a casa.
CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA
El cisco lingüístico de la semana pasada (en Catalunya se produce de media, y como mínimo, una polémica lingüística por semana; sí, resulta muy pesado) se desencadenó por unas declaraciones del filólogo Joan Martí i Castells, que ocupa el cargo de presidente de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans (IEC para abreviar: se trata de un organismo más o menos paralelo a la Real Academia de la Lengua, que limpia, fija y da esplendor a la lengua de Joan Vinyoli). Se le ocurrió a Martí i Castells denunciar la pobreza lingüística que se exhibe impúdicamente en los medios de comunicación audiovisuales que se expresan en catalán (para que se hagan una idea, una pobreza comparable a la que se puede escuchar en los medios que se expresan en castellano). Sostenía Martí i Castells que resulta inconcebible que alguien ejerza de comunicador en Francia, el Reino Unido o Italia sin dominar bien el idioma correspondiente, y se hacía la siguiente reflexión: “A la persona que no tenga una competencia muy buena en la lengua que sea, en este caso la catalana, se le debe recomendar que se retire de esta función [la de comunicador] hasta que no obtenga esa competencia”. Después añadió: “Llámelo sanción económica o destinación laboral diferente”.
Tiene razón
Por supuesto, estas palabras encendieron la muy corta mecha de la susodicha polémica semanal, y en cuestión de nanosegundos ya teníamos plenamente animada la verbena de los demócratas sempiternos, entonando su canción favorita: que en Catalunya existe un totalitarismo lingüístico, que se persigue por la calles con un garrote a los hablantes de castellano y que esto se parece cada día más a la Alemania nazi. En esta ocasión, contaron con el inesperado coro de los aludidos, es decir, de los periodistas catalanes, algunos de los cuales arguyeron que los pilares del periodismo son el cumplimiento del código deontológico y la libertad de expresión. Uno se siente totalmente de acuerdo con tales observaciones, pero el caso es que no dejo de preguntarme qué libertad de expresión puede practicar un individuo que sólo alcanza a chamullar toscamente su propio idioma, ni tampoco qué rayos puede llegar a comunicar alguien que no domina ni por asomo la herramienta básica de la comunicación, que, mira por dónde, no es otra que el idioma, se trate de catalán, castellano, alemán o arameo. Dicho en otras palabras y en resumen: el pobre señor Martí i Castells, a quien le cayeron encima todas las furias, tenía más razón que un santo. El periodismo, ciertamente, debe ser veraz, contrastado e independiente, pero hay una condición necesaria e incluso previa a todo esto, y es que se entienda. Y a quien no sepa hacerse entender debidamente, hay que derivarlo hacia otras tareas. O descontarle del sueldo las clases de repaso y las sesiones del logopeda.
LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE
Las alarmas suenan insistentes desde que, en EEUU, Google, los representantes de los autores y la industria editorial alcanzaran un acuerdo para digitalizar, distribuir y comercializar millones de libros descatalogados. ¡Ay, mamita, que viene el lobo!
Busca, Google, busca
A la espera del visto bueno judicial, se resuelven así las demandas por violación del copyright presentadas contra el buscador. Los 125 millones de dólares que Google pone sobre la mesa cubren las reclamaciones por los siete millones de libros ya digitalizados, y servirán además para crear un Registro de Libros, independiente, sin ánimo de lucro, adecuado a los tiempos. En su momento, el dinero obtenido por ventas, suscripciones y publicidad, se repartirá (63-37) entre los dueños de los derechos y la web, que sólo podrá disponer de aquellos títulos que todavía están a la venta si sus autores lo autorizan expresamente.
Europeos
Conscientes de las críticas que se les venían encima, portavoces googleros (¿o se dirá googlistas?) manifestaron su voluntad de trabajar con cualquier socio que pueda facilitar acceso on line a los libros… Precaución inútil. Este jueves, la European Bookseller Association, a la que pertenece la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), definió el pacto como un Caballo de Troya que coloca a Google en una posición dominante, el paso previo a un monopolio de facto. Su temor es que si esta política se extiende a la Unión, los grandes perjudicados serán, además de los vendedores de libros, los lectores y la diversidad cultural. Por cierto, que en esta lucha los libreros británicos, tan castigados por la cruel lógica del mercado, se colocan más cerca de sus colegas continentales que de sus primos yanquis.
¿Hay límites?
Entiendo la inquietud de los libreros, y con ellos temo por el futuro de esa riqueza principalísima del Viejo Continente que es la diversidad. Supongo además que los distribuidores también estarán temblando, porque son los principales damnificados de la revolución tecnológica que sacude el comercio del libro. Es cierto, además, que hay alto totalitario en la voluntad expresada por Google de indexar todo el conocimiento humano, aterra imaginar un futuro en el que tantas cosas dependan de un único filtro. A cambio, se abre ante nosotros la posibilidad de, con sólo tener una conexión a Internet –y sé que muchos aún no la tienen–, acceder a la gran biblioteca del mundo. Los peligros son evidentes y tan grandes como las oportunidades. Suena un poco kumbayá, pero nos toca demostrar que estamos a la altura del reto.