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El tecnolibro

09 nov 2007
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LETRAS DE CAMBIO // EVA ORÚE

En tanto se populariza y no el tan cacareado e-book, las ciencias editoriales avanzan que es una barbaridad. Seguimos instalados en la galaxia Gutenberg, pero ya en su versión 5.0.

Libro ¿qué?
Electrónico, libro electrónico. Y no me refiero a la versión electrónica de un libro (el texto colgado en la web), sino al artefacto utilizado para leer libros en formato digital. La buena nueva de su advenimiento inmediato nos ha sido anunciada en falso tantas veces que muchos desconfían. Pero no, existe, y hay quien se sirve de él. Ocurre que no ha dado aún el salto a las manos de los lectores, vaya, que no se ha producido nada similar al fenómeno iPod.

Tecnologías
Ni que decir tiene que cuentan, y mucho, en el mundo de la edición. Cuando Ofelia Grande, de Siruela, hace repaso de los 25 años de la editorial, señala que lo más destacado en este cuarto de siglo de actividad ha sido “la incorporación de tecnologías que han cambiado los modos de trabajar” (además de la tendencia empresarial cada vez más grande a la concentración), y es cierto que la impresión digital lo ha alterado todo: ha abaratado los costes, ha permitido flexibilizar las tiradas. Pero hay otros terrenos propicios para la novedad. ¿Quién le iba a decir al Cid que la recién lanzada edición de su Cantar, que se quiere definitiva, se establecería a partir del riguroso estudio del único manuscrito conocido, examinado incluso con las ultimísimas técnicas videomicroscópicas?

Tecnolomías
La revolución mayor, no obstante, pasa por que cada uno publique el libro que le dé la gana. Hasta hace nada, la autoedición era el último recurso para literatos inéditos que no querían o no podían convencer a una editorial de que lo suyo (novela, ensayo o poesía, también autobiografía, o la historia de su familia, o su blog…) merecía llegar al gran público.
Ahora, además, existen empresas que permiten que cada quien haga el libro que desea, con el diseño que le gusta y la tirada que su ego le pida. Blurb.com es pionera en este empeño: pone a disposición del internauta letraherido un software gratuito para proceder al diseño y maquetación; luego, imprime y envía el libro a su autor, aunque también puede distribuirlo en puntos de venta u ofrecerlo desde su propia web.

En definitiva, que del mismo modo que Internet ha dinamitado el monopolio de la comunicación que ejercían los medios establecidos, la fortaleza editorial puede resquebrajarse ante el e-mpuje de los autores tecnológica.

Faraón a domicilio

09 nov 2007
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CAMILO JOSÉ CELA, profesor de la Universitat de les Illes Balears

Si pudiese hacerlo, ¿querría usted ser faraón? De existir un modo asequible y seguro de convertirse en cabeza del Imperio conservando sus recuerdos de ahora mismo, ¿daría usted los pasos necesarios? La respuesta no está cantada. En tiempos de los faraones la esperanza de vida —ahora que en España supera ya los ochenta años— andaba por los suelos, no estaba disponible antibiótico alguno en caso de infección, las relaciones de pareja, siendo rey, eran un tanto peculiares y no resultaba posible oír los comentarios de la sentencia del 11-M (aunque esto último cabe tomarlo, en realidad, como una ventaja).

Vencer a la muerte
Los privilegios del emperador eran inmensos sin duda al compararlos con los egipcios de a pie de aquella época. Pero estamos en que usted dispondría de su memoria completa y añoraría por consiguiente el todo terreno, las paellas del domingo y el apartamento en la costa. ¿A cambio de qué? De lo más cercano que existe a la inmortalidad, hablando de trascendencias. El faraón, o lo que quedaba de su cuerpo una vez vacío de vísceras poco útiles tras la muerte, pasaba a formar parte de lo eterno. Con pirámide incluida, en algunos casos.

La gran idea
Los alemanes, que son unos verdaderos linces en materia de inventos, han dado con la fórmula mejor para disfrutar de pirámide tras la muerte sin renuncia en vida a las series predilectas de la televisión. Se trata de levantar un tetraedro gigantesco al que se puede incorporar usted o, mejor dicho, sus cenizas, a título de bloque de hormigón. En la neopirámide cabrán miles de ciudadanos comprimidos y no se exigirá, para hacerse con un hueco, creencia religiosa alguna ni certificado de pureza de sangre. Sólo habrá que abonar un precio aún no decidido que puede acercarse a los 700 euros. Una ganga, a juzgar por lo que te cobran por la versión actual del artilugio, es decir, por cualquier adosado.

Vecinos indeseables
Pero, claro es, no existe progreso sin riesgo. La promiscuidad de tanta gente embutida puede traducirse por el problema de padecer un vecino indeseable a plazo eterno. Salvo que los promotores alemanes den un pasó adelante en su tarea innovadora y quepa elegir, a coste de lujo, el ático. La punta misma de la pirámide. Discutían los bizantinos cuál es el número de los ángeles que caben en ella —bueno, en la punta de una aguja. Por lo que hace a inquilinos faraónico-contemporáneos, la respuesta se conoce: usted, su perro y el canario.

PARA CONTACTAR CON EL AUTOR: cicela@atlas.com.es

Cómo ganar las elecciones

08 nov 2007
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¿SOY YO O ES LA GENTE? // ANTONIO OREJUDO, escritor

Dentro de poco los candidatos se harán las fotos, las imprentas empezarán a tirar carteles y en las vallas publicitarias irá apareciendo el rostro de cada líder con las siglas de su partido al fondo. En el PSOE creen que la cara de Zapatero no es el mejor reclamo para vender la mercancía en Cataluña, y recurrirán a Felipe González para que tire del partido.

Eduardo Zaplana, El Fibra
¿No se da cuenta José Blanco de que hoy por hoy el mejor activo del Partido Socialista dentro y fuera de Cataluña no es Felipe González ni Rodríguez Zapatero, sino Eduardo Zaplana? Cada aparición suya en la tele es un nuevo voto al PSOE; debe de haber estadísticas o ensayos de laboratorio. Tú enseñas una foto de Zaplana a unos abstencionistas, y en seguida se te ponen en pie como zombis en busca de un colegio electoral. Es un reflejo del intestino. Zaplana en la tele es como desayunar con fibra: lo ves y te entran ganas de votar. Votar para sacarlo del Parlamento, para evitar que sus infamantes intervenciones públicas y sus actitudes políticas de chuleta en Benidorm desprestigien aún más el noble oficio de la política.

Mi tracto intestinal ante una imagen de Zaplana
Yo es estar tirado en el sofá, verlo y saltar como un resorte. Ni en los tiempos del Mentirosillo me pasaba. Lo vi el otro día reírse cuando comentaba la sentencia del 11-M. Esa sonrisita genética y desalmada que llevan dentro. La vi, y si hubiera tenido una urna a mi lado, allí mismo hubiera echado mi papeleta con la lista abierta, cerrada o mediopensionista del PSOE. En una emergencia no hay melindres que valgan. Si hay que votar a Zapatero, se vota a Zapatero. Incluso a Bono si fuera preciso (me refiero al cantante,  que es mucho más indigesto). Lo que sea, con tal de no volver a ver esa estructura ósea de mangante venido a más, ese moreno de piscina municipal en tanga y ese aire general de yo he venido a la política para forrarme. Sacar a este pájaro de la vida pública es un deber cívico. No es difícil; bastaría un solo diputado menos, para que su propio equipo lo sustituyera. Y con él en el banquillo, el partido mejoraría. Y el mundo también.

Mi consejo de hoy
Si yo fuera responsable de la campaña del PSOE, tiraría carteles con el duro rostro de Zaplana en primer plano. Así, sin Photoshop. Y debajo un lema clásico: VOTA PSOE. Sería más efectivo que un anuncio de Benetton. Un éxito seguro. Por la cara. Que, en el caso de Zaplana, es el espejo del alma.

Con Maria del Mar Bonet

06 nov 2007
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CON CEDILLA // SEBASTIÀ ALZAMORA, escritor

salzamora@gencat.net

Ya lleva un par de meses sonando, pero supongo que no está de más recordar que Maria del Mar Bonet viene de publicar un nuevo disco, Terra secreta, que vuelve a acreditarla como uno de los nombres más relevantes de la música actual (¿popular?, ¿culta?). En todo el mundo, por supuesto: en su caso, hablar de éxito internacional no es ningún farol promocional, sino que responde a una muy cierta y comprobable realidad.

En plena forma
No es para menos. Terra secreta es un magnífico disco que pone en evidencia que Maria del Mar Bonet sigue en plena forma vocal, investigadora y creativa. Si el también enorme trabajo anterior, Amic, Amat, era viajador y aventurero, y proponía una indagación en las sonoridades del Mediterráneo más oriental en compañía del Cham Ensemble de Damasco, éste constituye en cambio un esplendoroso regreso a casa. Letras de poetas mallorquines como Antoni M. Alcover, Miquel Àngel Riera o Robert Graves (porque Robert Graves era mallorquín, ¿no lo sabían?) se ven musicalizadas y cantadas con exquisitez por la cantautora, quien a su vez no duda en recurrir a temas de algunos amigos, como Joan Bibiloni, Guillem d’Efak, Gabriel Sopeña o Serrat, para completar tan memorable colección de canciones. Intensidad e intimismo, contemplación y luz a partes generosamente iguales. Mientras tanto, la Bonet ya se halla enfrascada en un nuevo espectáculo, Els treballs i els dies, junto al admirado Miguel Poveda, en el cual dialogan las canciones de trabajo campesinas de Mallorca y de Andalucía, con resultados que no hace falta adjetivar. Si acaso, aconsejar a los apóstoles del multiculturalismo y el mestizaje baratos que escuchen a Bonet y Poveda, juntos y por separado, y que a continuación abran una plantación de coles.

Cosas raras
Sin embargo, aún hoy Maria del Mar Bonet se encuentra con extraños problemas de difusión, no muy importantes, pero si bien raros. Por ejemplo, dentro de poco tocará en su Palma natal después de cinco años sin hacerlo, y, de unos años hacia aquí, fuera de Catalunya, le salen muchos más bolos en el extranjero que en España. Por supuesto, los motivos de tan extrañas situaciones son políticos, aunque no profundizaremos en ellos porque ésta no es una columna política. Pero sí que no podemos dejar de apuntar que, si bien la música de Maria del Mar sigue al máximo nivel, por desgracia no puede decirse lo mismo de algunos ámbitos de nuestra sociedad. 

El arte y la crueldad de la vida

05 nov 2007
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DE AQUÍ PARA ALLÁ // Martín Casariego, escritor

No hay libro tan malo que no tenga algo bueno, afirmaba Plinio el Joven, y la sentencia la repetía Cervantes en El Quijote. Seguramente esa frase se pueda aplicar también a los monarcas.

El peor rey de España
Fernando VII pasa por ser el rey más desastroso de la Historia de España, pero fue el gran impulsor del Museo del Prado. El edificio de Villanueva iba a ser, en principio, un gabinete de curiosidades. Con Carlos IV se decidió que fuera una pinacoteca, nutrida con las colecciones reales y los cuadros de Murillo del Hospital de la Caridad de Sevilla. Fue creciendo, en espacio y en cuadros, a lo largo de dos siglos, pero crecer ilimitadamente puede ser un problema, y, durante la Transición, una comisión del Parlamento resolvió que los cuadros posteriores a 1881 –año en que nació Picasso- no podían estar en el Prado. Ahora, por fin, ha terminado la ampliación más ambiciosa de su historia, después de diez años de trabajos y polémicas. El rey, Juan Carlos, eligió como fondo para la fotografía oficial de la inauguración del “cubo de Moneo” el famoso cuadro de Gisbert, El fusilamiento de Torrijos, general ajusticiado, junto a otros liberales partidarios de la Constitución de 1812, por orden del peor rey de España.

Nunca te arrepentirás de ir a un museo
Me he arrepentido de bastantes cosas a lo largo de mi vida, pero jamás me he lamentado de ir a un museo. Y el Prado, seguramente el mejor museo de pintura del mundo, es una pequeña luz que ilumina el paso del hombre por la Tierra, y que nos consuela de tantas atrocidades, de tantas injusticias. Aunque en él se guarden cuadros tan estremecedores como Los fusilamientos del 3 de mayo, o grabados como los de los Desastres. O también por ello.

Aquellas excursiones del colegio
Seguramente mis padres me llevaron alguna vez al Prado, antes de ir con el colegio, pero no lo recuerdo. En el colegio en el que estudié me llevaron, también, a una fábrica de embutidos. Vimos el proceso completo, no sólo cómo salían los chorizos de las máquinas y cómo se empaquetaban, sino también cómo conducían a los cerdos en fila, mediante pequeñas descargas eléctricas, hacia el lugar en el que iban a ser colgados de un gancho y degollados. Jamás he vuelto a un lugar así, mientras que, por el contrario, he regresado al Prado. No es que pretenda comparar ambos lugares, si no es para resaltar el contraste, pero he de agradecer que me llevaran a aquella fábrica. Aspiraban supongo, a darnos una educación bastante completa: el arte, y la crueldad de la vida.

Privilegios

04 nov 2007
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COLOFONOSCOPIO // TONINO, guionista y periodista

toninoguitian@hotmail.com

“España es tierra de oportunidades”, dijo Zaplana subrayando que el mejor de los mundos permite por igual a un mísero boliviano poner ladrillos como a un cargo público forrarse. Aprovechar el momento no es una cuestión de derecha o de izquierda, como han demostrado esos chalés crecidos bajo todo signo: es una cuestión de influencias familiares. Los más fervorosos defensores del sistema hispano de corrupción no creen en la igualdad de oportunidades y derechos, sino en que quien no escoge entre medrar o esclavizarse es indigno de pertenecer al mercado.

En las empresas, como en política, se ha multiplicado el número de personas necesarias para el funcionamiento social sin que se haya aumentado la calidad del trabajador ni la calidad o cantidad de trabajo a realizar. Es decir: el número de imbéciles que hacen falta para hacer lo de siempre en España aumenta sin parar.

Hay tanto inepto que el trato de favor se establece como el medio necesario para la selección natural: cuñados, sobrinos, hermanas, amantes, amigos, favores mutuos conquistan espacios nuevos de incapacidad. Cuestionan la monarquía y no jerarquías mil veces más ponzoñosas.

No hay cretino dispuesto a admitir que lo es, menos aún en un cargo importante y blindado. Inmunidad, impunidad, irresponsabilidad y cara dura son todavía privilegios de ricos e influyentes correligionarios.

Escribir en foráneo

04 nov 2007
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LETRAS DE CAMBIO // EVA ORÚE, escritora

En estos días se publica en España El cordero carnívoro (Cabaret Voltaire), de Agustín Gómez Arcos, autor que en algún momento fuera conocido como Agustin Gomez-Arcos. Nunca antes habíamos podido leerla en español.

Exilio
Prescindir de los acentos y unir los apellidos paterno y materno mediante un guión fue la manera que el almeriense (Enix, 1939) tuvo de integrarse en la patria literaria de su país de adopción, Francia. Allí llegó, tras pasar por Londres, después de que -entre otros atropellos- la censura franquista impidiera o dificultara las representaciones de las obras teatrales con las que había ganado los Premios Nacionales Lope de Vega 1962 (Diálogos de la herejía) y 1966 (Queridos míos). En París siguió aferrado a su lengua primera, sus obras eran traducidas para ser representadas, hasta que en 1974, el editor de Stock le propuso escribir novela y directamente en francés. El resultado fue L’Agneau carnivore, Prix Hermès 1975, su segundo nacimiento literario, el inicio de una nueva vida artística.

Una nómina ilustre
No son pocos los grandes de la literatura que por razones más o menos políticas decidieron abandonar total o parcialmente su idioma materno: Conrad, Beckett, Nabokov, Brodsky… Conrad, al que algunos tenían por traidor, consideraba “un verdadero homenaje rendido a la patria” el haberse ganado la estima de los ingleses “demostrándoles que un noble de Ucrania podía ser un marinero tan bueno como lo eran ellos y podía tener algo que decirles en su propia lengua”. Beckett escribía en francés para empobrecerse, él mismo dijo que así buscaba una estética del fracaso en la expresión, y de la depauperación.

Nabokov, que se manejaba en francés, inglés y, por supuesto, ruso, sostenía que “el francés, o mejor dicho, mi francés, que es una cosa muy especial, no se doblega tan bien al suplicio de mi imaginación” y aseguraba que adoraba el ruso, lo cual no le impedía afirmar que “el inglés lo supera como instrumento de trabajo, en riqueza de matices, en prosa delirante y en precisión política”. Brodsky, por fin, se mostraba satisfecho con su doble condición de “poeta ruso y ensayista estadounidense”.

Libertad
¿Cuáles eran las razones de Gómez Arcos? “En Francia aprendí a escribir libremente. En realidad, me siento prácticamente francés”, declaró. Pero nunca perdió la nacionalidad española, y su obra hablaba de España, y sólo de España. Falleció en 1998, cuando su país ya había recuperado la libertad, y su teatro. Ahora toca hacer justicia a sus novelas.

Metáforas

01 nov 2007
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YO TAMPOCO ENTIENDO NADA // CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Ahora que a los próceres les da por escribir y, de nuevo, España se pone al frente del mundo literario gracias a las epístolas de don José María Aznar, el futuro es de las metáforas. Encuentre usted una adecuada, conviértase en expresidente y, dos o trescientas páginas por medio, tiene ya el best seller garantizado.

El oso ruso

Con más pinta y condiciones, cierto es, de zorro que de oso, Vladimir Putin se ha anticipado a su libro reglamentario de éxito poniendo por delante la metáfora apta para la ocasión. El proyecto de despliegue de las armas norteamericanas en la periferia rusa es, nos dice Putin, como la crisis de los misiles cubanos. Sí, ya sé, eso no es una metáfora; es una comparación. Pero el tropo se ve venir: Armagedón, Apocalipsis; escojan ustedes, hablando del derrumbe del universo, el que les caiga mejor.

Miedo a la bomba
Noi non abbiamo paura della bomba, decía la canción que ridiculizaba el pánico nuclear en los tiempos en que yo era joven. Hoy tendría poco éxito porque ni a los bebés de pecho se les puede asustar con lo de la bomba atómica. Nuestros terrores son otros. Así que Putin, peor para él, tendrá que afinar la pluma si quiere hacerle la competencia a Stephen King o, ya que estamos, a la Cope.

El libro de los muertos

Por contra, el expresidente Aznar ha dado en el clavo con su apocalipsis local de pocos matices pero mucho miedo. Ahí es nada poner de vuelta y media desde la idea de España que tiene la mitad del reino a las prácticas liberales relacionadas con cualquier cosa ajena al mercado. Hubo ya hace años un libro de mucho éxito, con formato de catecismo, que tiraba de orejas a los herejes y de la lengua a los deslenguados pero no se le puede comparar. El padre Ripalda carecía del eco mediático tan en boga hoy, capaz de convertir en estrella a cualquier ignorante y en víctima al primer verdugo que caiga a mano. Pero además de estar en el lugar preciso, el expresidente epistolario se encuentra en el momento ideal: el mes de los muertos. Calabazas, velas, disfraces de bruja o de diablo: la parafernalia llega desde tierras americanas pero el folklore lo ponemos nosotros. Para ser santo uno debe morirse, aunque cada vez hay que dejar pasar menos tiempo desde el fallecimiento, y esperar luego los festejos del 1º de noviembre. Para ser autor de éxito, basta con matar a los demás. De miedo, de risa o de pena, que tampoco es cosa de poner trabas al repertorio.