HORÓSCOPO CHINO / JULIO VILLANUEVA CHANG
David Paterson, un abogado que será el primer hombre ciego y de raza negra que gobierne el estado de Nueva York, despierta dudas en sus críticos por ser demasiado amable. Luego de la renuncia de Eliot Spitzer, el ex gobernador y antes fiscal de esa ciudad investigado por haber sido cliente de una red de prostitutas de lujo y la posibilidad de haberse gastado dinero público en ellas, a David Paterson le toca sustituirlo por ser el teniente gobernador. El número dos. El New York Times lo describe como “inteligente, amable y cándido”, y sus colegas lo recuerdan sobre todo por su afectuosidad y sentido del humor. En política, la bondad y la ceguera son sospechosas. El accidental gobernador de Nueva York nos recuerda a otro personaje singular: Apolinar Salcedo, un abogado ciego y de raza negra que por voto popular se convirtió en alcalde de Cali, esa ciudad cuya reputación internacional se debe a la prosperidad de sus narcotraficantes. Paterson y Salcedo no sólo comparten la misma raza y la misma discapacidad: ambos estudiaron leyes, tienen casi la misma edad, son deportistas y memoriosos, están casados y tienen dos hijos, y antes de empezar a gobernar sus ciudades fueron sospechosos de tanta bondad.
No fueron ciegos de nacimiento. Si escuchar a otro es un acto casi antinatural, a ambos se les considera personas que saben escuchar y esa virtud se suele atribuir a la ceguera. “Mi mayor fortaleza es creer que ser bueno es bueno”, decía Apolinar Salcedo. Tres años después de ser elegido alcalde de Cali, la Procuraduría de su país lo destituyó por haber cometido irregularidades al privatizar el servicio de cobro de impuestos en su ciudad. “He sido destituido como alcalde, mas no como ser humano”, dijo el alcalde ciego. No fue el primer político invidente ahogado en un escándalo. Ciego de nacimiento, David Blunkett fue ministro del Interior de Inglaterra, pero tuvo que dimitir por un escándalo de tráfico de influencias. ¿Qué sucederá con el angelical de David Paterson?
Borges, un ciego tan memorable como Homero, dijo que la democracia era un abuso de la estadística. Mientras el alcalde de Cali acabó siendo un mal gerente de la ciudad, el gobernador de Nueva York conserva aún la reputación de ser un buen administrador. Alguien dijo que invitaría a Apolinar Salcedo a su casa para que fuera el ejemplo de sus hijos, pero que jamás hubiese votado por él. David Paterson, un ex teniente gobernador cuyo trabajo hasta ayer había sido más protocolar, administrará un monstruo que no puede escapar de la vista de nadie. La pregunta no es qué será de Nueva York bajo su vigilancia. Su invidencia es un modo de abrir más los ojos frente a él. Por ahora el amable de David Paterson ha actualizado la pregunta de si la bonhomía y la bondad, en lugar del cinismo y la conveniencia, son virtudes antinaturales para hacer política.
UNO DE LOS NUESTROS / PEIO H. RIAÑO
Imagino que cuando entra en un espacio con cuatro paredes en blanco hay algo que se le desata, que le hace sacar el cúter y la cinta aislante y emborronarlo todo. Le veo ahí encerrado durante cinco días muerto de vértigo, sin parar. Imagino que no soporta verlo todo tan limpio porque, en realidad, nada está tan limpio. Juan López (Cantabria, 1979) es otro producto más surgido del ruido callejero, que mancha cada hueco libre de la pared y altera nuestra percepción de la ciudad. Es uno de los artistas más apegados a la estética gritona y macarra que se gasta la banda publicitaria.
Dime a, dime ámame
Junto a las líneas de cinta negra que corta y pega sobre las paredes que le ponen a pedir de boca, como ahora las de la galería madrileña La Fábrica, introduce también palabras troceadas, distorsionadas y retorcidas. Cien por cien lenguaje coloquial, cero moralina, perlas que se le presentan sin avisar: “Para tu tara”, “Ten Fe”, “Haz butrones y limonada” o “No sé cuándo ni cuánto pero os querré”. Juan se planta ante el prójimo escondido tras sus dibujos murales, para darle un poquito de buen rollo, para ofrecer puntito de ánimo que falta hace. Entre tantos malos humos, busca un encuentro que alegre, que agrade y que provoque pequeñas experiencias simpáticas. “Sólo busco 10 segundos de algo bonito”. Lo bien que sienta de vez en cuando volver a la ingenuidad. Oye, que para arreglar el mundo siempre hay tiempo, aunque no se pueda hacer nada por él.
Dos por uno
Yno pide nada a cambio. Le gusta cómo lo dice la valla publicitaria, pero luego no pasa el cacillo. De hecho, estas acciones sobre pared difícilmente se venden. Desaparecen y si te he visto no me acuerdo. “Siempre quise hacer trabajos que no generaran objetos”. Todo se destruye, nada se transforma. Imagino que se toma las paredes como hojas de papel, en las que incluye las texturas de Software, de 3D, motivos industriales y urbanos. Más que temas, motivos. Más que impacto, sugerencia. Más que arenga, belleza.
Accidentes fortuitos
Otra de las virtudes que han hecho de él en los últimos cinco años uno de los referentes del arte emergente es la capacidad para asumir lo inesperado. Con lo imprevisible se lleva a las mil maravillas e improvisa con motivos que no estaban ni en sus planes, ni en sus bocetos. Todo lo que pasa durante esos cinco días en los que se encierra para montar el mural será bienvenido. Así es como llegó a la cinta adhesiva, por pura potra: estaba marcando alturas en una habitación para un trabajo y no se podían pintar las paredes. En unos meses aprendió a hacer curvas, modelar la cinta adhesiva y ya no se la puede despegar de encima.
YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Eso es, ¿cuánto cuesta? A la hora de dar una cifra concreta podríamos quedarnos con la de 9,95 dólares USA, que es lo que piden por un cartel de ese dinosaurio en una tienda de posters educativos de San Francisco situada en la calle de Valencia, por cierto. Pero se trata de una lámina, claro. Por una maqueta de tamaño modesto, realizada en resina sintética, piden cosa de diez veces más en The 3rd Studio, empresa con venta exclusiva a través de Internet.
Si no se conforma usted con réplicas, está de enhorabuena. La casa de subastas Christie’s ha anunciado -y no sé si realizado ya- la venta en almoneda pública de un esqueleto completo de triceratops, el gigante hervíboro con cara de tres cuernos, que eso es lo que significa su nombre, aparecido y extinguido en el Cretácico.
Pero, insisto, ¿cuánto vale?
Desde la época de Adam Smith se sabe que el precio lo fija de manera digamos automática, siempre que no haya intrigas procedentes de un señor poderoso de la política preparándose la jubilación dorada, el mercado libre. Para eso, claro es, tiene que haber mercado: una multitud de personas que venden y otra, por lo general mayor aún, que está dispuesta a comprar. Pero, ¿fósiles de dinosaurios, y por añadidura su esqueleto entero? Ni abundan los coleccionistas, ni hay tantos ejemplares como para que quepa hablar de mercado en un sentido estricto de la palabra.
No se escaquee: ¿cuánto?
Las subastas no fijan, por supuesto, el precio de venta sino el de salida, aunque las casas serias suelen hacer una estimación. El precio de compraventa del triceratops de Christie’s se cifraba en alrededor de medio millón de euros. Lo difícil ahora es saber si se trata de un valor ajustado, de un timo o de una ganga. Si se vendiesen muchos triceratops completos a lo largo del año cabría hacer un cálculo. Con uno solo…
Cuestión de capricho, claro es. Los triceratops eran lo bastante grandes como para que pueda uno colocar el fósil en la estantería o encima de la mesa camilla, y ni siquiera en medio del salón. ¿Quién será, pues, el cliente interesado en llevárselo? Los museos, por supuesto. Las instituciones científicas. Los especuladores. Los muy millonarios y caprichosos. Es lo que tiene el mercado: a la hora de las transacciones no exige otra cosa que dinero. No pide ni certificado de salud mental, ni origen de los fondos. Y es una lástima. Porque el verdadero precio para todo particular que vendiera o comprase un triceratops en el mercado debería ser el de la cárcel, sin más.
YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Eso es, ¿cuánto cuesta? A la hora de dar una cifra concreta podríamos quedarnos con la de 9,95 dólares USA, que es lo que piden por un cartel de ese dinosaurio en una tienda de posters educativos de San Francisco situada en la calle de Valencia, por cierto. Pero se trata de una lámina, claro. Por una maqueta de tamaño modesto, realizada en resina sintética, piden cosa de diez veces más en The 3rd Studio, empresa con venta exclusiva a través de Internet.
Si no se conforma usted con réplicas, está de enhorabuena. La casa de subastas Christie’s ha anunciado —y no sé si realizado ya— la venta en almoneda pública de un esqueleto completo de triceratops, el gigante hervíboro con cara de tres cuernos, que eso es lo que significa su nombre, aparecido y extinguido en el Cretácico.
Pero, insisto, ¿cuánto vale?
Desde la época de Adam Smith se sabe que el precio lo fija de manera digamos automática, siempre que no haya intrigas procedentes de un señor poderoso de la política preparándose la jubilación dorada, el mercado libre. Para eso, claro es, tiene que haber mercado: una multitud de personas que venden y otra, por lo general mayor aún, que está dispuesta a comprar. Pero, ¿fósiles de dinosaurios, y por añadidura su esqueleto entero? Ni abundan los coleccionistas, ni hay tantos ejemplares como para que quepa hablar de mercado en un sentido estricto de la palabra.
No se escaquee: ¿cuánto?
Las subastas no fijan, por supuesto, el precio de venta sino el de salida, aunque las casas serias suelen hacer una estimación. El precio de compraventa del triceratops de Christie’s se cifraba en alrededor de medio millón de euros. Lo difícil ahora es saber si se trata de un valor ajustado, de un timo o de una ganga. Si se vendiesen muchos triceratops completos a lo largo del año cabría hacer un cálculo. Con uno solo…
Cuestión de capricho, claro es. Los triceratops eran lo bastante grandes como para que pueda uno colocar el fósil en la estantería o encima de la mesa camilla, y ni siquiera en medio del salón. ¿Quién será, pues, el cliente interesado en llevárselo? Los museos, por supuesto. Las instituciones científicas. Los especuladores. Los muy millonarios y caprichosos. Es lo que tiene el mercado: a la hora de las transacciones no exige otra cosa que dinero. No pide ni certificado de salud mental, ni origen de los fondos. Y es una lástima. Porque el verdadero precio para todo particular que vendiera o comprase un triceratops en el mercado debería ser el de la cárcel, sin más.
¿SOY YO O ES LA GENTE?// ANTONIO OREJUDO
Soñé que dos artículos de Vicente Verdú en El País –‘Reglas para la supervivencia de la novela’ (17-11-07) y ‘Las noches de Baudelaire’(7-3-08)– se publicaban en el BOE y se hacían obligatorios. A partir de ese momento quedaban terminantemente prohibidas las novelas con argumento. El entretenimiento quedaba fuera de la ley.
Planteamiento
Soñé que vivía en el año 2098 y que en mi biblioteca sólo había novelas fragmentarias. Era una pesadilla, porque no había forma de encontrar algo adecuado para llevarse a la piscina. Animados por Verdú, que había censurado las novelas que no se pueden dejar hasta el final, los nuevos novelistas escribieron otras sin terminar. El doble o el triple de las que se habían escrito en los tiempos del punto final. Las incongruencias argumentales, las contradicciones internas, la falta de justificación de las acciones o la superficialidad de los personajes -defectos que habían echado a perder muchas novelas del siglo XIX y XX- en mi sueño se consideraban virtudes.
Nudo
Soñé que muchos escritores volvían sus ojos a los primeros años del siglo XX. A los tiempos en los que José Ortega y Gasset también había declarado ilegales los argumentos apasionantes y las tramas envolventes. También lo había publicado en el BOE. Que los autores agarraran del cuello a los lectores y los sumergieran en sus ficciones se consideró delito. Si alguien no podía dejar un libro, tenía que denunciarlo. De disfrutar, tenía que disfrutarse con la cadencia de la prosa, con el ritmo del lenguaje y con las metáforas. Con cosas con las que no disfrutara todo el mundo. Nada de intrigas. Nada de hilos argumentales. Soñé que el Quijote era desbancado por El doctor inverosímil, de Ramón Gómez de la Serna; y que al Instituto Cervantes le cambiaban el nombre por el de Benjamín Jarnés.
Desenlace
Soñé que llegaba el fin de semana y que lo único que me apetecía era poner los pies en alto y dejarme llevar por un argumento poderoso. Pero no había. Las novelas lineales estaban prohibidas. Según la policía no reflejaban nuestra percepción del mundo, que era fragmentaria. Yo protestaba: ¿por qué las novelas tienen que reflejar la realidad, aunque sea fragmentaria?, preguntaba. ¡Eso está bien para el siglo XIX, pero estamos en el siglo XXI! Me metieron en la cárcel, donde eché de menos las historias con principio, nudo y desenlace, y me acordé de cuando era niño y escuchaba trastornado las historias que contaba, como diría Juan Bonilla, el que luego apagaba la luz.
CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA
Es decir, The Cure, por supuesto. Cuando los lectores amables lean estas líneas, un servidor espera estar flotando de felicidad recordando los mejores momentos del concierto que el gran Robert Smith y sus compinches habrán ofrecido el lunes por la noche en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Es cierto que el bueno de Robert empieza a estar algo mayor y entrado en kilos, que aún no ha aparecido su misterioso nuevo disco y por lo tanto poco nuevo tendrán que ofrecer, que es la tercera vez que les veo en directo y eso anula casi cualquier elemento sorpresa, que los conciertos multitudinarios en grandes estadios diluyen los matices de unas canciones que van cargados de ellos: todo eso es cierto, pero no es suficiente para negar la mayor, esto es, que Robert Smith es uno de los mejores (¿el mejor?) de los compositores de la historia de la música pop, y que cualquier ocasión de verle actuar (y más todavía si, como es el caso, viene secundado por Simon Gallup y Porl Thorhust, los cureros más queridos por la afición) es siempre fiesta grande que no se debe dejar pasar. Al menos por quien suscribe, claro.
Los mitos necesarios
Y es que por muy escépticos, desengañados y descreídos que nos queramos, siempre tenemos necesidad de algo en que apoyarnos, de algún mito personal al que poder acudir cuando falla lo demás. Algo que nos acompañe y nos recuerde la certeza de esa frase de Borges, quien, ya ciego, afirmaba que la belleza, como la felicidad, son frecuentes; el único problema consiste en saber verlas.
Bien, yo no olvidaré, por ejemplo, que cuando empezaba a escribir poemas horrorosos en mi tierna adolescencia, sin apenas lecturas ni referentes ni nada, intentaba copiar malamente las letras de unas canciones que aún hoy, ante la perspectiva de oírlas otra vez en directo, vuelvo a escuchar con la emoción de quien de repente descubre que el sol sale cada día.
Contra la desilusión, la felicidad de una melodía; contra la bajeza, un ritmo exultante; contra la soledad, una voz que sientes tuya porque lleva toda la vida a tu lado; contra la rabia o la tristeza, un tarareo alegre y despreocupado. Pueden acosarnos por todas partes, pueden ganar los malos como de costumbre: pero ese fondo de armario moral formado por piezas llamadas Charlotte sometimes, Killing an arab, A forest, The kiss, Lullaby, Plainsong, Pictures of you y tantas otras que serían suficientes como para no caber en ningún artículo, esa base, esa bella melancolía, esa cura, ya no nos la va a quitar ni Dios. Eres grande, Robert: en tu lápiz de labios cabe entera una patria.
DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO
La cara de este artículo es la de Javier Bardem, la suya y la de la moneda. Hacía tiempo que en España todos sabíamos que es un actor grandísimo. Ahora se sabe también fuera.
Presencia
No es país para viejos, la triunfadora de los Oscar, no tiene un claro protagonista, y Bardem se llevó el premio al mejor actor secundario. Un secundario que casi se erige en protagonista. Eso es lo que tienen los grandes actores. Eso es lo que tiene Bardem. Creo que el armazón principal de una película es el guión. Si éste falla, nada se sostiene. Lo sigo pensando, pero hay varias películas españolas que parecen sostenerse sobre todo en él. Posiblemente lo que le hace distinto es su presencia, algo difícil de explicar e imposible de copiar. Curiosamente, los actores contenidos suelen llenar más la pantalla que quienes pretenden hacerlo llamando la atención con muecas, gestos y sonrisas a destiempo.
Ausencia
La cruz, después del Oscar, es la del cine español. Frente a la presencia de Bardem, la ausencia de los espectadores. El 15 de enero el director del ICAA dio unas cifras según las cuales el cine español, con 12,9 millones de espectadores, había perdido en 2007 seis frente a 2006, y su cuota de pantalla había descendido al 12,7%. Más nubarrones en un cielo casi siempre nublado. Irónicamente, en un panorama que suele dar miedo, los datos no fueron mucho peores gracias a dos películas de terror, El orfanato y Rec. Que, por cierto, tienen el mismo éxito fuera de nuestro país. Quizá el cine español deba ser simplemente cine, y quitarse ese adjetivo que algunos sólo invocan a la hora de pedir subvenciones.
Vienen y van y desaparecen
Abba cantaba “que las penas vienen y van y desaparecen”, y exactamente eso es lo que parece pasar con nuestros espectadores de cine, al menos con 2,6 millones. Se fueron, y han vuelto, desaparecieron, y ahora están aquí, como en una película de zombis. En marzo el ICAA corrigió los números, que eran provisionales (entonces, ¿por qué los dieron?). La cuota de pantalla española fue realmente del 13,4%, con 15,5 millones de espectadores. Algunos han pensado que la rectificación, muy pocos días antes de las elecciones, fue interesada, para contribuir a la idea de que todo ha ido muy bien en estos cuatro años. Me cuesta creerlo, porque me cuesta creer que alguien crea que esos datos harían cambiar un solo voto. En cualquier caso, me alegro de que hoy sea el primer lunes después de las elecciones. Podemos ir a ver al actor y la película que nos dé la gana, y votar al partido que queramos. Verdaderamente, somos unos privilegiados.
HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG
Detrás de un cigarro, dentro de unos pantalones con tirantes, Jorge Lanata acaba de fundar el último diario de papel. Así. Sin comillas. Su nombre es “Crítica”. De la Argentina. A fines del siglo XIX, desde la República de Weimar, Nietszche profetizaba con la nariz: “Un siglo más de periódicos y las palabras apestarán”. Pero, a principios del XX, José de la Riva Aguero ya se preguntaba desde el Perú con incredulidad: “¿Cuando fue la última vez que una persona leyó todo el periódico?”. Poder leer un diario entero ha sido desde siempre el acto de un antihéroe de la curiosidad y el tiempo libre. Por lo visto, desde antes que Borges los condenara, el desprecio intelectual por los periódicos no sólo fue temprano: fue prematuro. Hoy hay que ser un anticuado y un irrespetuoso de los árboles para vender un nuevo periódico de papel. “La gente se entera de lo que pasa por los medios electrónicos, pero lo entienden por los diarios de papel”, recuerda Lanata, un best seller que ya fundó un par.
Durante un año, Luis Jochamowitz visitó un archivo con el único fin de leer periódicos viejos. Leía diarios publicados en Perú entre fines del siglo XIX y principios del XX. y seleccionaba los recortes de prensa que le provocaban una sonrisa pensativa. Jochamowitz los reescribió y publicó Última noticia, un libro que se lee como una sensacional inauguración del pasado. Una baronesa advierte que mecer a los bebés es una actividad riesgosa y que no hay que convertir las cunas en hamacas. Un príncipe italiano reta a un acaudalado mexicano por ser demasiado atento con su esposa. El presidente de Haití muere y sus soldados lo llevan al cementerio en un ataúd destartalado que les permite comprobar a cada paso que sigue muerto. Un profesor hace un examen bacteriológico del agua bendita de una de las iglesias más concurridas de Roma con un resultado aterrador: estafilococos, estreptococos, bacilos de Loffer, etcétera. “Última noticia” de Jochamowitz evidencia un antiguo síntoma de la enfermedad de hacer periódicos: para el público, la política nunca ha sido lo más memorable.
Lanata lo sabe y quiere darle buena compañía a sus primeras páginas de golpes. Su cómplice en la subdirección de Crítica, el escritor Martín Caparrós, tuvo la idea de inventar una columna que contara lo que sucede todos los días en el periódico y asignársela a Roka Valbuena. Candelaria Schamun, una blogstar con ninguna experiencia en periodismo, escribe una columna sobre un muerto por accidente de tránsito en la que cuenta cómo era esa persona cuando estaba viva. En la edición electrónica, hay un blog que es una guía para ligar mujeres. Se anuncia que pronto habrá alguien que dibuje las noticias en la tradición de Joe Sacco. Debajo de sus tirantes y el humo, Lanata, un enemigo de los puntos suspensivos, promete equivocarse hasta hacer un periódico contra el olvido.
Letras de cambio // Eva Orúe
Primero fue el puente aéreo, luego el puente AVE, ahora el literario: Madrid y Barcelona, hermanas y gemelas (Maiakovski me lo perdone) mal que a algunos les pese y pese a la incredulidad de otros, se presentan hoy más unidas que nunca.
La cita
El 28 de febrero se celebró en el madrileño Blanquerna Centre Cultural, embajada ilustrada de Cataluña en Madrid, el primero de los encuentros que bajo balompédico título: “El partido del siglo. Diálogos Barcelona-Madrid: narradores fuera del juego”, y con el arbitraje de Eduardo Becerra, enfrentan hasta el 24 de abril, a Lolita Bosch contra Rafael Reig (hablando de “La biblioteca del escritor”), Miquel de Palol / Javier Azpeitia (“Presencia y valor de lo fantástico en la narrativa actual”), Francisco Casavella / Antonio Orejudo (“Contar historias; contar la Historia”), Menchu Gutiérrez / Flavia Company (“La mitad de la boca. Dos aproximaciones a una literatura fronteriza”), y Robert Juan Cantavella / Javier Montero (“Narrar en imágenes”). Diez autores, cinco días, dos ciudades, un objetivo: ayudar a comunicar narrativas a menudo incomunicadas.
La idea
Fue de los responsables de Blanquerna, que se la encargaron a una empresa de gestión cultural, Trivium. Querían poner cara a cara a autores compatibles, personas con planteamientos similares, y ver hasta dónde llegan, en el convencimiento de que sólo pueden hablar quienes tienen zonas de interés común. Nunca hubo, me aseguran, intención política, y peor para el que no lo lea de otra manera…
A la hora de seleccionar a los participantes, el idioma (catalán, castellano, castellá, catalá) tampoco fue determinante: se elaboró una lista con los de aquí, otra con los de allí, y se preguntó a quienes en ellas aparecían con quién les interesaría conversar. Pensaron en apostar por “escritores mixtos”, léase, nacidos fuera de Cataluña pero trasterrados a la cultura catalana, y entre éstos, Javier Cercas. Pero -digámoslo así puesto que estamos en clave futbolera-, no pudo ser.
El futuro
Aunque el resultado definitivo de esta tanda de encuentros no se conocerá hasta el día después del día del libro, los promotores piensan ya en darle continuidad. En Madrid parece garantizada, la segunda entrega podría tener lugar tan pronto como el mes de octubre. Pero el sueño es presentarla también en Barcelona, donde el escenario sería el Palau Robert. Los padres y madres de la criatura buscan un patrocinador que les ayude a mantener vivo este puente que no es ni aéreo, ni férreo, pero tiene mucha altura y transita por vías firmes. ¿Alguien ha llamado ya a Iberia y Renfe?
Uno de los nuestros // Peio H. Riaño
La inadaptación se lleva dentro. Por algún lado, por alguna razón. No encajas y no encajas. No se trata de forzar nada, simplemente ser. Ser a secas. Nuestro primer invitado a este viaje que arranca hoy por quienes se empeñan en un discurso creativo propio de nuestros días, es Sergi Fäustino, actor, director e intérprete de representaciones que no encajan en ningún teatro que pretenda la rentabilidad. Tampoco la quiebra, que la inadaptación también necesita comer para resistir.
Fórmate como puedas
Fäustino es un bicho que busca el espacio propio para dar rienda a su libertad desde que en 1996 ingresara en la School for New Dance Development (SNDO), en Amsterdam. Dejó los estudios a la mitad, pero el ingreso en esta academia para que le formasen como bailarín ha debido de ser el único intento que se ha planteado por seguir la corriente. Si se le pregunta por su formación suelta que estudió un curso de vela en el Club Marítimo de Barcelona, que hizo la mili en el acuartelamiento de Huesca y que estuvo en una clínica para gente de la tercera edad durante dos años. Todo eso antes de que saltara al escenario, porque sin todo eso no hubiera sido posible hacerlo.
Cómetela toda
Pero lo hizo y se dio a conocer en el año 2003 con unas morcillas que preparaba allí mismo, en Nutritivo. Una enfermera le sacaba la sangre en escena, la cocía con cebolla, canela, pimienta y un poquito de sal. Una vez cocinada la ofrecía al público y desataba la polémica. Él dice que la mayoría de la gente no dejaba ni una. Cuando fui a verla quedaron todas. Aquello se convirtió en un bombazo inmediato con el que recorrió media España y Francia, sembrando expectación a partir de la anécdota.
En escena, ideas
Sergi rompió con las normas que le obligaban a tener una formación para pisar ese sacro lugar, reservado para los cómicos. Nada de imposiciones. Dejaba de lado las etiquetas que si danza, si teatro o si performance. Lo que ve es un espacio para hacer carne unas ideas. Qué importa cómo se llame. Hace lo que le apetece, con el formato que mejor le viene. Y ya van cinco montadas y una en preparación, además de haber trabajado con La Fura dels Baus, con Sol Picó, con Carlos Santos o Carmelo Salazar, entre tantos.
La obligación es la libertad
Le sobran decorados, luces y fuegos artificiales, se queda con los huesos para roer en la caricatura de lo que somos, aunque delante haya 50 personas el mejor día. Enseñará Duques de Vergara, lo nuevo, el próximo 18 de abril, como uno de los ciclos imprescindibles de la escena contemporánea, “Radicales libres”, en el Teatro Lliure.