DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO
Desde hace unos meses Madrid cuenta con un nuevo espacio cultural, el CaixaForum, en el Paseo del Prado, en ese triángulo del Arte formado por el Reina Sofía, el Thyssen y el Prado. Obviamente, como museo no puede competir con los tres citados, pero el primer gran acierto del CaixaForum es el mismo edificio.
Recuperación modélica
Algo escondido, y relativamente modesto en cuanto a su tamaño, es un proyecto de los suizos Herzog y De Meuron. A la fachada de la antigua Central Eléctrica del Mediodía (cortado el zócalo inferior de piedra, de manera que el conjunto parece levitar) se ha superpuesto otra con formas geométricas, de color anaranjado. La nueva plaza, antes parcialmente ocupada por una gasolinera, se completa con un jardín vertical (guiño al Botánico, justo enfrente) de Patrick Blanc, de 24 metros de altura. Herzog y De Meuron han conjuntado de manera admirable tradición y modernidad. Hacía años que no me impactaba tanto en Madrid un nuevo edificio. La antigua central, inaugurada en 1901, se hallaba en ruinas. Ahora, gracias al estudio suizo –y a los 60 millones de euros invertidos por la Caixa-, es una visita muy recomendable.
Charlot
La exposición en el CaixaForum sobre Charlot (o, más exactamente, sobre Chaplin), ese personaje fácil de imitar e imposible de igualar, sirve para confirmar lo que ya sabíamos: podemos pensar que lo tenemos muy visto, pero siempre que volvemos a verlo, descubrimos algo nuevo. Chaplin en imágenes reúne fotografías, carteles y fragmentos de películas. El bombín, el bastón, el bigote, la chica con problemas, el vagabundo que se aleja caminando hacia el horizonte, fin. Sólo por ver –o por volver a ver- el combate de boxeo, vale la pena entrar.
Oferta cultural
La colección de arte expuesta en el CaixaForum Madrid es, hoy por hoy, bastante floja. El interés del centro radica, sobre todo, en sus exposiciones, conciertos, conferencias y talleres. Al salir, hojeo la agenda, con la programación para octubre, noviembre y diciembre. Una exposición sobre los etruscos, otra sobre la escuela Yi (“treinta años de arte abstracto chino”), espirituales negros, poesía cantada del Renacimiento hispánico, música electrónica, conferencias, proyecciones (Zelig, El aviador), y más, y más. En ciudades como Madrid la oferta cultural me sobrepasa. Y sin embargo, me gusta que exista la posibilidad de ir a un concierto de música tradicional de Mongolia, aun sabiendo que no asistiré, porque, de alguna forma, incluso las posibilidades que no aprovechamos ensanchan nuestra realidad.
HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG
Cuando Stefan Sweig se mató y fue hallado muerto con su esposa en un hotel de Brasil, encontraron borradores de su carta de despedida en la basura. Fue un hecho conmovedor que su búsqueda de la palabra justa llegara hasta el mismo instante de su muerte. Pero la pregunta es: ¿por qué los suicidas tienen la amabilidad de despedirse? Los pañuelos han caído en un triste desuso: ahora se emplean más para sonarse la nariz que para decir adiós. La cultura Kleenex, descartable y aséptica, ha acabado con la íntima costumbre de andar con ellos en el bolsillo. Hubo una época en que los pañuelos cumplían esa doble función, tan poética como melodramática: la de despedir a alguien y la de secarse las lágrimas. Ahora ya no se ven ni en los funerales, pero algún día alguien fundará con ellos un museo de los últimos adioses. En Zagreb, por ejemplo, hay un museo dedicado a las rupturas amorosas: el Muzej Prekinutih Veza tiene una próspera colección de fetiches de amores perdidos y es un basurero sentimental de esas cosas que uno guarda por amor en lugar de tirar por rabia, rencor o desesperación. Las donaciones son anónimas. Allí hay un cálculo de la vesícula biliar de un esloveno, presunta consecuencia de su dolorosa historia con una mujer. El museo también guarda cosas ordinarias como poemas, osos de peluche y teléfonos móviles. Los inventores del museo de rupturas amorosas son una ex pareja, Olinka Vistica y Drazen Grubisic, quienes tuvieron la idea de fundarlo al romper su noviazgo.
Nietzsche decía que lo que más nos aproxima a una persona es una despedida, porque el sentimiento y el juicio no desean marchar juntos al separarnos. El tren de la vida corre sin darnos cuenta de que alguien se fue y de que no hubo tiempo para despedirse. En su ambición de velocidad, los últimos trenes ya no permiten correr tras ellos para decir adiós, y, de acuerdo con el detective Carvalho, las despedidas en los aeropuertos son indignas. ¿Por qué la gente se enfada tanto cuando uno se va de una fiesta sin despedirse? Hace un par de siglos Baudelaire tuvo una idea: “Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: el derecho al desorden y a marcharse”. Alguien, quizás Maradona, debería añadir a la lista de los deberes de un ídolo la prohibición de organizarse un partido de fútbol de despedida, de esos en que los rivales son tan bondadosos que te permiten meter dos goles en tu último día. “Hay que dejar partir a los que se ama”, dijo una tarde Christian Vallejo, un cronista que ya se fue. Su frase aún no está registrada en el museo de las rupturas amorosas. Tampoco los pañuelos. Se trata de la cortesía de irte de la fiesta sin hacer ruido. Stefan Sweig, cuyos libros prohibió Hitler además de perseguirlo, imaginó por entonces que toda Europa iba a caer en el nazismo. Decidió irse con su esposa y escribir esas cartas de despedida que hallaron en la basura.
LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE
Pss, oiga, autor novel. ¿Siente que necesita protección especial? ¿Se ve como miembro de una especie amenazada? Tranquilo, los editores le han preparado un corralito.
Oficial
El Tercer Nombre saca sello nuevo, y con galones: Almirante, pensado por y para los escritores primerizos cuyas obras no tienen cabida en las estanterías debido a la sobreabundancia literaria. Pensado también para el lector con limitado poder adquisitivo. “Las estructuras de editoriales ya consolidadas son de un alto coste -me dice Elena Fernández-Arias, su responsable-. Las calidades físicas de los libros también suponen un alto coste y por lo tanto y como consecuencia de ello, un precio venta al público elevado.” La idea es, con una estructura pequeña, unos costes de producción bajos y un precio asequible, generar oportunidades para que estos autores encuentren su propio nicho de mercado.
Ojeo
Cuando se habla de empresas comprometidas con los literatos desconocidos, la referencia ineludible es Lengua de Trapo, “que si se hubiera dedicado al ojeo de futbolistas, sería multimillonaria”, en expresión de Alejandro Gándara. Tiene dicho Pote Huerta que su mayor satisfacción es descubrir a escritores de talento, aunque luego vengan las grandes editoriales con sus grandes talonarios. “Lengua de Trapo es una marca y nos resignamos a que nos quiten a todos nuestros autores. Nos sentimos como si siempre estuviéramos en la casilla de salida.”
¿Ha dicho “marca”? Constantino Bértolo (Caballo de Troya) defiende que la primera necesidad de una nueva editorial es hacerse visible en medio del poblado paisaje y eso requiere crear marca utilizando los recursos a su alcance, entre ellos, su carácter literario, su línea, el perfil de sus contenidos. “Presentarse como editorial dedicada a autores noveles otorga esas señas de identidad. Pero al mismo tiempo se corre el peligro de convertirse en un gueto que la entierre literariamente al hacer recaer el acento sobre el adjetivo –noveles– y erosionando el sustantivo: lo literario.” En su opinión, que el mercado necesite editoriales especializadas en emergentes es señal de mala salud editorial, cultural y literaria.
Olfato
También de escasez de recursos. “Un editor honesto tendría que decir que si apostamos por emergentes es porque no nos queda más remedio, los consagrados están fuera de nuestro alcance.” Pablo Mazo, de Salto de Página, es realista, sector soñador. “El modelo de Lengua de Trapo funciona si se tiene intuición…” Es el olfato, amigo. Aquí y en la China Popular.
UNO DE LOS NUESTROS// PEIO H. RIAÑO
Leer a escritores rodeados de la miseria de una hambruna, supervivientes de las consecuencias de una guerra, salvaje como todas, es la pastilla que faltaba para la sobredosis de culpabilidad por no padecer la necesidad de unas botas con suela o un pan duro que llevarse a la boca, mientras te azotas por todos los premios que no has conseguido del estado del bienestar. El látigo de la mala conciencia no falla. Te sacude por tener la satisfacción a mano y no nos deja ver que también tenemos derecho a fustigarnos por saber que todo es mentira, que hay algo que hace que todo parezca lo que realmente no es.
Ruido
Los escritores de la recuperación sacan provecho de un pasado tormentoso e inaudito, para hacer terapia, para deslumbrar con historias rocambolescas. Para mostrar que la supervivencia no está garantizada en el estado de la gracia consumista. Entre los escritores de la recuperación de una identidad cubierta por una inmensa capa de fraude hoy quiero recomendarte a Augusten Burroughs. Está a punto de aparecer En el dique seco, que tras Recortes de mi vida (ambos en Anagrama), se presenta como la biografía de un sujeto que, a pesar de todo, ha salido a flote.
Más ruido
Burroughs (Pittsburgh, 1965) insiste en los motivos que cuecen lo que se supone que es hoy: un escritor hecho y derecho, con cara de tipo de confianza en la solapa. Si en Recortes de mi vida era el adolescente que vivía con la familia del psiquiatra (que leía la palabra de dios en las defecaciones) de su madre, en una casa en la que toda norma social podía ser alterada por cualquier ocurrencia espontánea (así, por resumir mucho), con En el dique seco ya tiene 25 años y es un alcohólico al que la empresa para la que trabaja como redactor publicitario le ha mandado a una clínica de desintoxicación para que los poros dejen de sudarle güisqui Dewar’s.
Mucho más ruido
En el paso de un libro a otro, la que fue una de las mejores sátiras que hemos podido leer últimamente, despunta hacia el puro patetismo: “Daría lo que fuera por ser el tipo que navega en el remolcador arrastrando una barcaza de basura río arriba. Apuesto a que él no tiene que sufrir esta ansiedad. Se limita a sentarse en el timón con el viento y el sol en la cara”, apunta el personaje Burroughs al llegar tarde a una reunión mundial de una marca de perfumes tras una noche de borrachera. Hasta que se da cuenta de que su problema no es la ansiedad, sino la soledad. El relato se vuelve mucho más profundo y terrible de lo que era Recortes de mi vida, mucho más natural e irónico. Tiene demasiado cerca a ese alcohólico crónico como para reírse de él. Ya no hay inocencia y carcajada, ahora toca dolor y miedo.
YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
El homenaje más significativo que habrá de ver la luz durante el año Darwin, cuando en abril de 2009 se cumpla siglo y medio de la aparición de su libro más influyente acerca de la teoría de la selección natural, ya se ha hecho público de antemano. EEUU va a dar vía libre a la venta y consumo de animales con modificaciones genéticas. Los mercados dispondrán de salmones gigantes, vacas inmunes a las cefalopatías producidas por los priones y cabras de un pelo tan fino y elástico como el de los filamentos de Spiderman.
Selección artificial
Darwin se inspiró, para dar con el mayor hallazgo que nunca se haya producido en las ciencias de la vida, en la selección artificial. Los ganaderos y los agricultores llevan siglos, si no milenios, eligiendo con esmero las razas y cepas adecuadas para producir y vender aquello que más se demanda. Pero había que aguardar a que las mutaciones azarosas quisieran contribuir a la mejora del producto, sin garantía alguna de que fuese a suceder tal cosa. Ahora se da un paso más forzando, mediante virus que introducen genes modificados en el organismo, los cambios. A los efectos de crear nuevos seres, nos hemos convertido en ese dios improbable que los creacionistas buscan debajo de las piedras.
Patentar la naturaleza
Cuando, allá por el año 1948, se intentaron patentar los primeros organismos modificados, la oficina estadounidense encargada de tales gestiones se negó a hacerlo. El caso llegó al Tribunal Supremo que, haciendo gala de una tendencia comprensible a dejar las cosas como estaban, sentenció que los productos de la naturaleza no son patentables. Lo fueron en 1980, cuando Anad Chakrabarty demostró que había cambiado tanto una bacteria como para que ya no pudiese ser considerada el resultado de la selección natural.
Lo que comemos
Al ciudadano se le darán una higa los detalles técnicos y las discusiones jurídicas. Lo que cuenta es si los productos transgénicos serán saludables y no ofenderán al paladar. Pueden estar tranquilos, dentro de un orden. El oficio de dioses trasladado a la tarea de enmendarle la plana a la evolución natural, tal como ha ocurrido, estará bajo grandes controles por ver que no nos haga daño. Y en cuanto al sabor de los transgénicos… ¿Qué quieren que les diga? Hace ya muchos años que, en el comedor de las universidades americanas –las cafeterías de por allá que mejor conozco– los platos no saben en realidad a nada.
¿SOY YO O ES LA GENTE?// ANTONIO OREJUDO
¿Cuándo fue la última vez que viste a alguien reconocer en público que estaba equivocado? ¿Quién ha visto a un tertuliano o a un columnista de prensa, a un intelectual, decir que su postura sobre tal asunto no era acertada y que su adversario ideológico tenía razón?
Hablando no se entiende la gente
Los políticos son especialistas en escurrir estos bultos. Los más hábiles siempre encuentran el modo de decir que aunque los hechos han demostrado que no tenían razón, en realidad sí la tienen. Los más torpes como Aznar confunden la firmeza con la obcecación y la cabezonería infantil. Y luego está la simple y llana cara dura, como cuando los socialistas mantenían contra viento y marea que aquel Barrionuevo de los GAL era inocente. No recuerdo ningún debate, ninguna conversación, que sirva realmente para lo que deberían servir las conversaciones y los debates, para contrastar el propio punto de vista, para ver las cosas desde otro lugar y aceptar el propio error. En teoría, todos contemplamos la posibilidad de estar equivocados, pero en la práctica todo el mundo piensa que quien se ha colado es el otro. La admisión de un error o de una equivocación se considera una debilidad.
Capitalismo comunista
Pienso todo esto después de lo que ha sucedido en el sistema financiero de Estados Unidos. He oído un montón de tertulias, he leído comentarios y glosas al fiasco bancario; pero no he visto a nadie decir: “señoras y señores, yo siempre he sido partidario del liberalismo económico y he pontificado sobre las bondades del mercado, he dicho a quien me haya querido escuchar que el mercado se autorregula como un organismo vivo y que el Estado debe dejar hacer y no poner trabas al libre movimiento del capital. Bien, señoras y señores, pues estaba equivocado. Los últimos acontecimientos económicos de Estados Unidos demuestran que si al mercado financiero no lo controla con brazo de hierro un organismo estatal, la avaricia consustancial de los banqueros conduce al desastre. Y yo, señoras y señores, que siempre he dicho que el Estado debe reducirse a su mínima expresión, digo ahora que ha inyectado miles de millones de dólares para sanear el sistema: bendito sea el Estado”.
La glosa de Vargas Llosa
El domingo pasado abrí con ansiedad el diario ‘El País’, y busqué el artículo de Vargas Llosa sobre esa hermosa aporía que nos ha traído todo esto: para que el capitalismo sobreviva a los desastres producidos por el liberalismo, el Estado tiene que intervenir en la economía de un país. Necesitaba su glosa, pero no la encontré. En su lugar había algo sobre Nápoles y la Camorra.
HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG
Barbie, la muñeca más desnudada y kitsch del mundo, va a cumplir cincuenta años. La princesa de plástico que en su apogeo vendía dos muñecas por segundo ha sufrido mil metamorfosis para adaptarse a estos tiempos en que las niñas juegan a vestir y maquillar muñequitas gratis por Internet con sólo un clic en el ordenador. Barbie puta, Barbie con diseños de Donatella Versace, Barbie con velo musulmán, Barbie embajadora contra el cáncer de mama, Barbie pariendo sin anestesia. Los creativos de Mattel, la mayor fábrica de juguetes del mundo, le inventan cirugías plásticas de toda calaña para venderla. Pero no ha habido ninguna historia más delirante sobre ella que una boda en la que no intervinieron sus fabricantes. A fines del siglo XX, el ciudadano Chang Hsi-hsum se casó con una muñeca Barbie en un templo budista de su Taiwán natal. También estaba por cumplir cincuenta años y creía que esta muñeca alojaba el espíritu de su esposa Tsai, una mujer que dos décadas antes se había suicidado porque la familia de Chang Hsi-hsum se oponía a este matrimonio. Como un modo de pedir perdón a la difunta, sus parientes acabaron bendiciendo su boda con la Barbie. La ceremonia fue un domingo: ella llevaba un traje de novia, lucía anillos y un collar de oro que había pertenecido a la muerta. Durante la ceremonia, un Mercedes Benz de papel –parte de la dote de Tsai– fue incinerado para que ella pudiese usarlo en el mundo espiritual. Al final de la boda, Chang Hsi-hsum volvió a casa con las cenizas de Tsai en una urna y su nueva esposa de treinta centímetros. Era su tercer matrimonio.
¿Por qué Chang Hsi-hsum creyó que en una Barbie podía habitar el espíritu de su esposa muerta? Es un tema para psiquiatras. Pero más allá de ella –y de las nuevas e hiperrealistas muñecas inflables– siempre hubo una mutua dependencia entre seres humanos y muñecos. De cuando en cuando, cualquier hombre o mujer mira a su objeto de deseo como un juguete. Decía Baudelaire que la mayor parte de los niños quieren sobre todo ver el alma, y que ésta es su primera tendencia metafísica: «El niño gira y vuelca su juguete, lo araña, lo sacude, lo golpea contra las paredes, lo tira al suelo –escribía el poeta–. De cuando en cuando le obliga a reiniciar sus movimientos mecánicos, a veces en sentido contrario. La vida maravillosa se detiene. El niño entonces hace un supremo esfuerzo: al final logra abrirlo, es el más fuerte. Pero ¿dónde está el alma? Aquí comienzan el embrutecimiento y la tristeza». En Taiwán, Chang Hsi-hsum hizo de su matrimonio con una Barbie una obra maestra (y plástica) del desconsuelo. Ahora Barbie va a celebrar sus cincuenta años. La caída de sus ventas no se debería sólo a su menopausia ni al encarecimiento de las materias primas. Los fabricantes han rebajado su elegancia y sofisticación: han rasgado sus ojos, acortado su estatura, aumentado el grosor de su cintura. Apartándola de su anorexia, hoy es una muñeca que pretende parecerse más al resto del mundo.
YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Las niñas de nueve años dan mucho mejor resultado en la cama que las señoras de veinte. No lo digo yo; lo afirma un jeque marroquí, Mohamed Ben Abderrahman Añl Magharoui de nombre, que ejerce de teólogo musulmán por añadidura. La noticia no trae, como los artículos científicos, un apartado de métodos, así que no se sabe cómo lo ha averiguado el caballero. Pero da igual.
Los caminos del Señor
Los caminos divinos son inescrutables, ya se sabe, según se dice en el capítulo 33 del Génesis, si no voy equivocado. Bien es cierto que se trata en este caso de la Biblia pero tampoco creo que el tipo de dios de que hablamos cambie mucho de una a otra religión, siempre que no nos apartemos de las del Libro. Pues bien, a la tarea —bien ardua, reconozcámoslo— de escrutar lo inescrutable se dedican como actividad central los teólogos. Que a alguno de ellos les patine las ideas tampoco debería ser como para extrañarse.
Lo dice el código
Lo malo llega cuando de los códices divinos pasamos, sin solución de continuidad alguna, al código penal. Como es el caso. Incluso dejando de lado las correcciones políticas, e incluso la simple buena educación, alabar las relaciones sexuales con una cría de nueve años debería animar a los fiscales y jueces de la Audiencia Nacional a interesarse por semejante proclama. Que provenga de un jeque, teólogo y marroquí, no cambia nada: hemos sentado ya bastantes precedentes acerca de la necesidad de perseguir los delitos más allá de las fronteras. Insisto: es el caso.
Pleito en marcha
En espera de que sus señorías se animen a intervenir, un abogado de la capital del reino alauita ha presentado ya querella contra el jeque de iluminación divina. Será cosa de ver sus resultados. Cabe la tentación de curarse en salud recordando que Marruecos es país de confesión musulmana pero, como decía antes, la ocasión viene al pelo para lo que de veras importa aquí, en el reino de España: que los interesados por la tutela de la Iglesia sobre la sociedad civil se pronuncien, aun cuando sea a distancia. Con la Educación para la ciudadanía tenida por anatema, cualquiera sabe dónde hay que poner las fronteras para el pensamiento sobrenatural. Es preciso aclararlo, y hacerlo, por cierto, con la misma fuerza con la que se combate el pensamiento laico. Nueve años es una edad a la que las niñas deben ser protegidas, por mucho dios o intérprete divino que opine lo contrario.
¿SOY YO O ES LA GENTE?// ANTONIO OREJUDO
Me río como un tonto con los anuncios de La Primitiva, con ese serial de Ramiro Benítez (interpretado con mucho talento por un actor que no conozco) y su perro multimillonario, Pancho, que desapareció cuando su amo le mandó echar un boleto de lotería al despacho de la esquina.
En vías de desarrollo
Por desgracia, no todos los perros son tan pacíficos como Pancho ni todos los amos tan simpáticos como Ramiro Benítez. El pasado sábado en Alhauín de la Torre, en Málaga, a dos perros rottweiler se les volvieron a cruzar los cables y se lanzaron sobre un niño de cinco años que está muy grave. Creo que el padre de los niños es el amo. En España, los privilegios de los perros, y la desvergüenza de sus amos son propios de un país en vías de desarrollo, que en realidad es lo que somos, aunque en los últimos quince años hayamos vivido dentro de una burbuja. La impunidad de estos majaderos sólo es comparable a la que tuvieron hace muchos años los fumadores, que podían llenar de humo las aulas, los trenes, los aviones y los restaurantes.
Te fastidias tú
Sí, ya sé que a raíz de los últimos ataques de perros asesinos, los dueños están obligados a no sé qué y a no sé cuántos. ¿Pero alguien ha visto alguna vez un perro con bozal por la calle? ¿Y atado? Salvo que el perro sea uno de esos brutotes que van echando espuma por la boca, raro es el amo que fastidia a su chucho llevándolo de la correa. Que se fastidien los demás. Si el perro te viene a ti y te husmea los genitales, es que quiere conocerte. Y si te lame, es que es muy simpático. Y si te muerde un poquito, casi sin hacerte daño, es que es muy juguetón y todavía no controla su fuerza. Y no digo ya las mierdas. ¿Alguien ha visto alguna vez a un dueño recoger la caca de su perro? Los hay, no me cabe duda; pero son los menos. La mayoría deja que el chucho cague donde se le antoja y marque con pis su territorio. Y no le digas nada, no le hagas ver lo incivilizado de su comportamiento, porque es capaz de darte una hostia.
Los perros no ladran
Y luego, por la noche, están los ladridos. Si tienes la mala suerte de vivir en una urbanización, no te quejes a tu vecino cuando su perro ladre enloquecido, a coro con otros cien, hasta las tantas. Te dirá con inocencia: “Los perros ladran”. Los perros ladran, pero cuando vas a otro país menos bárbaro y maleducado que éste, los perros no ladran y las urbanizaciones están en silencio. No es que sean de otra raza, es que perros y amos están obligados en estos países a asistir a cursos de adiestramiento, donde unos y otros aprenden a controlarse y a convivir con los demás.
CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA
Este benemérito diario publicaba, el pasado lunes 8 de septiembre, un excelente reportaje (Atasco lingüístico en Aragón, firmado por Patricia Horrillo) que daba cuenta de la situación de las lenguas aragonesa y catalana en Aragón: una lamentable situación de minorización debida a tejemanejes políticos, como suele suceder con las lenguas que se hablan en España diferentes al castellano, pero especialmente grave por cuanto –después de 30 años de supuesta democracia– esas dos lenguas no han conseguido en Aragón ni siquiera ser reguladas y protegidas por una Ley de Lenguas que nunca llega a ser propuesta ni votada, por mucho que así lo exija el Estatuto de la comunidad. Dos partidos (el PAR y, cómo no, el PP) se oponen a ello con empecinamiento, mientras el PSOE, a pesar de ser oficialmente favorable a la aprobación de esa ley, se hace en la práctica el sueco. Nada nuevo bajo el sol, pero no por falto de novedad menos preocupante por lo que se refiere a la solidez democrática del país llamado España.
Nada de imposiciones
Sin embargo, lo que me pareció más llamativo del reportaje fueron las declaraciones de la señora María Herrero, diputada del PAR por más señas, quien no dudaba en afirmar que “no se puede imponer a la gente que lo que habla es catalán”. Fascinante razonamiento, caramba. Por esa misma regla de tres, no se le podría imponer a ningún ciudadano de Cuenca -es un decir- que lo que habla es castellano y no quechua, si prefiriera llamarlo así. Aún más: tampoco se le podría imponer a nadie que la tierra sea redonda, llegado el caso de que alguien tuviera la ocurrencia de imaginarla plana. Ya puestos, a ningún individuo se le debería imponer que dos y dos sumen cuatro, si creyera más certero pensar que tal suma da setenta y tres. Bonito camino el que lleva a negar la evidencia científica presentándola como una imposición, y a tergiversar datos objetivos como si fueran opinables, en nombre de uno u otro interés político: sin duda, es el más corto para llegar a la meta de la decadencia. Nada de imposiciones; que la ciencia y sus incómodas constataciones se vayan a hacer puñetas.
Lingüística y política
La política consiste en la gestión y regimiento de los asuntos públicos, y la ciencia ha sido definida como cada una de las ramas de conocimientos sistematizados que se consideran campo de investigación u objeto de estudio: es el caso de la lingüística, que determina con claridad que lo que se habla en la llamada Franja de Aragón es catalán, qué le vamos a hacer. Definidas las dos disciplinas, la primera no debería interferir jamás en la segunda ni atreverse a impugnarla, aunque sólo fuera para evitar el fomento de la barbarie. Si en su día se separaron las creencias religiosas de la política, lo mismo debería hacerse con respecto a la ciencia. Y sin embargo, qué tristemente lejos nos hallamos aún de conseguirlo.