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En un llano

28 nov 2008
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LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE

Lo decretó el geógrafo canoro: a diferencia de México, sita en una llanura, la capital de Jalisco está en un llano. Y en él se han instalado 1.600 editoriales, 17.000 profesionales y 500 autores para asistir a la Feria Internacional de Guadalajara, que este año reconoce el Mérito Editorial de Manuel Borrás, alma de Pre-textos.

Mogollón
Desde hoy y hasta el 7 de diciembre, la XXII edición de la FIL pone broche al año editorial. Es una cita de gran trascendencia para los intereses españoles, no en balde, según datos del Comercio Exterior del Libro, América se mantiene como segundo destino de las ventas al exterior, sólo superado por la Unión Europea. Por países, México se consolida como el segundo destino para nuestras exportaciones editoriales, por detrás de Francia; EEUU se confirma como mercado ineludible; y Brasil y Argentina son los que registran un mayor aumento de las importaciones españolas en Iberoamérica. De ahí la presencia de 150 empresas españolas.

Negocio
Los libros, además de ser una riqueza cultural, mueven anualmente en torno a 4.000 millones de euros (un 0,7% del PIB), y dan empleo –directo e indirecto– a más de 30.000 personas. Para esa industria, América Latina es (tópico al canto) Eldorado: el 50% de los libros que allí se venden se produce aquí. Lejos quedan los tiempos en los que las editoriales de la (ustedes perdonarán) Madre Patria dejaban su suerte en manos de esforzados representantes comerciales, los editores han trabajado para tejer una red de distribución a la altura de sus ambiciones, en tanto que los grupos más poderosos han sembrado la zona de filiales. Pero, ese éxito se sustenta sobre el sangrante desequilibrio que existe entre lo que venden las editoriales españolas en América Latina y lo que las latinoamericanas venden en España.

Desigualdad
Sería deseable encontrar fórmulas para nivelar la balanza comercial, a partir de una evidencia palmaria: su producción literaria nos interesa, basta con ver la cantidad de escritores argentinos, chilenos, mexicanos, colombianos… que publican en España. Sería bueno que nos llegaran a través de los sellos que allá los lanzan. Sería estupendo que las editoriales-matriz no renunciaran a la difusión en España de los autores de sus filiales, autores que en demasiadas ocasiones se ven obligados a hacer de nuevo el esfuerzo de encontrar quien los acoja. Y sería magnífico acabar con ese resabio colonial que hace que todavía tengan que pasar por editoriales peninsulares para, a), ser tenidos en cuenta aquí y, b) lograr la consagración allá.

La barbarie organizada

26 nov 2008
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AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA

Hace ahora setenta y ocho años, un joven capitán de infantería, Fermín Galán Rodríguez, se sublevaba en Jaca contra el rey y hacía colocar en los muros de la pequeña ciudad pirenaica un contundente bando proclamando la República. Pero los republicanos de Madrid no lo secundaron, el gobierno envió tropas para sofocar la rebelión y el impulsivo capitán terminó ante el pelotón de fusilamiento. Cuentan que el condenado se despidió gritando “¡Hasta nunca!” y después, como el oficial que mandaba el pelotón no terminaba de decidirse, fue él mismo quien dio la orden de disparar a los hombres que acabaron con su vida.

Olvidado
Medio año más tarde se proclamaba la II República y los mismos que en su momento lo habían dejado solo lo reivindicaron como héroe y mártir de la causa republicana. También se editaron los dos libros que Galán había escrito antes de morir: Nueva creación, una especie de ensayo utópico en el que exponía su sociedad ideal (al estilo de Tomás Campanella) y La barbarie organizada, subtitulada como Novela del Tercio, en la que daba testimonio de su experiencia en la guerra de Marruecos como oficial de la Legión. Luego vino lo que vino, y Fermín Galán y sus libros quedaron relegados al olvido. Incluso se le despojó de la Cruz Laureada que el Gobierno de la República le había concedido, a título póstumo, por sus méritos militares en la campaña africana.

Incómodo
Cuarenta años después volvió la democracia y con el auspicio de círculos anarquistas se reeditó Nueva creación. Se restituía con ello al lector español al Galán ideólogo, un pensador singular e incómodo, en su triple condición de ácrata, antifascista y antimarxista. Pero nadie se interesó por recuperar La barbarie organizada, un libro clave para entender a aquel hombre que en el campo de batalla marroquí y en la Legión, el mismo lugar donde otros (Francisco Franco y compañía) se convirtieron en futuros golpistas, se cuajó como revolucionario.

Solidario
No ha sido hasta 2008 cuando una pequeña editorial, Galland, nos ha devuelto a ese desconocido Galán novelista. Un escritor a veces ingenuo pero siempre brioso, y sobre todo, el testigo solidario de la dura vida de aquellos desheredados, los legionarios, cuyas vidas desechables se dilapidaban sin tasa en una absurda guerra colonial.
Fermín Galán sacude las conciencias con un relato que da voz a quienes no la tienen. La reedición de La barbarie organizada, libro hasta ahora inencontrable, supone una aportación imprescindible para reconstruir nuestra siempre deficiente y parcial memoria colectiva. Y es, también, una ocasión para sacudirse algunos prejuicios. Que nunca viene mal.

Remedios castos

25 nov 2008
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YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Un chiste muy conocido en los años de mi adolescencia contaba la historia de la señorita que va al ginecólogo en busca de un anticonceptivo eficaz. El doctor le da una aspirina: “tomésela con agua”, le dice. “¿Antes de o después de?”, pregunta la paciente. “En vez de”, le responde el doctor.

Cinco décadas después, el chiste se ha hecho carne y habita entre nosotros. Algunos hospitales públicos de la comunidad de Madrid (espero que pocos) reparten un manual para adolescentes en el que se recomienda la castidad como mejor medida contra el Sida. Es posible que la aspirina fuese incluso preferible; al menos, aleja ciertas miasmas.

Fundación bajo sospecha
El manual de castidad lo ha editado una fundación que aparece inscrita en el Boletín Oficial del Estado del día 11 de octubre de 2003, y figura como colaboradora del máster acerca de la enfermedad que provoca el virus VIH organizado en 2002 por el Hospital Carlos III. En diciembre de este año, 2008, la misma fundación organizó un acto científico con motivo del día mundial del Sida, acto que fue apoyado por el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Carlos III. Pero nada más difundirse la noticia del manual con los consejos sanitarios de vida casta, las autoridades sanitarias madrileñas se han apresurado a negar cualquier relación existente entre el hospital público y la fundación privada.

Google dixit
Negar evidencias es hoy, existiendo Google, difícil. Tal vez sea por eso que la búsqueda de la página web de la fundación de marras da como único resultado un mensaje de error —404 Not Found. Será que la castidad bien entendida comienza por uno mismo y, sobre todo, por la eliminación cuidadosa de las huellas que pueda haber uno dejado. Pero siempre hay un periodista insidioso al que recurre el paciente infectado por el virus cuando le recetan el “en vez de”, diciéndole encima que habría debido abstenerse antes.

Derechos de los enfermos
Si no se tratase del Sida, la recomendación de los meapilas que han redactado el manual sería de las que hay que tomárselas a broma. Pero como estamos hablando de una plaga tremenda —de una de los mayores amenazas a la salud pública que existen— más bien parece cosa de exigir a las autoridades que expliquen si el remedio de la abstinencia les parece adecuado. De ser que sí, ya sabemos lo que hay que hacer la próxima vez que se nos convoque ante las urnas: criterio meditado, voto responsable, una aspirina y a casa.

Periodismo que se entienda

24 nov 2008
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CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA

El cisco lingüístico de la semana pasada (en Catalunya se produce de media, y como mínimo, una polémica lingüística por semana; sí, resulta muy pesado) se desencadenó por unas declaraciones del filólogo Joan Martí i Castells, que ocupa el cargo de presidente de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans (IEC para abreviar: se trata de un organismo más o menos paralelo a la Real Academia de la Lengua, que limpia, fija y da esplendor a la lengua de Joan Vinyoli). Se le ocurrió a Martí i Castells denunciar la pobreza lingüística que se exhibe impúdicamente en los medios de comunicación audiovisuales que se expresan en catalán (para que se hagan una idea, una pobreza comparable a la que se puede escuchar en los medios que se expresan en castellano). Sostenía Martí i Castells que resulta inconcebible que alguien ejerza de comunicador en Francia, el Reino Unido o Italia sin dominar bien el idioma correspondiente, y se hacía la siguiente reflexión: “A la persona que no tenga una competencia muy buena en la lengua que sea, en este caso la catalana, se le debe recomendar que se retire de esta función [la de comunicador] hasta que no obtenga esa competencia”. Después añadió: “Llámelo sanción económica o destinación laboral diferente”.

Tiene razón
Por supuesto, estas palabras encendieron la muy corta mecha de la susodicha polémica semanal, y en cuestión de nanosegundos ya teníamos plenamente animada la verbena de los demócratas sempiternos, entonando su canción favorita: que en Catalunya existe un totalitarismo lingüístico, que se persigue por la calles con un garrote a los hablantes de castellano y que esto se parece cada día más a la Alemania nazi. En esta ocasión, contaron con el inesperado coro de los aludidos, es decir, de los periodistas catalanes, algunos de los cuales arguyeron que los pilares del periodismo son el cumplimiento del código deontológico y la libertad de expresión. Uno se siente totalmente de acuerdo con tales observaciones, pero el caso es que no dejo de preguntarme qué libertad de expresión puede practicar un individuo que sólo alcanza a chamullar toscamente su propio idioma, ni tampoco qué rayos puede llegar a comunicar alguien que no domina ni por asomo la herramienta básica de la comunicación, que, mira por dónde, no es otra que el idioma, se trate de catalán, castellano, alemán o arameo. Dicho en otras palabras y en resumen: el pobre señor Martí i Castells, a quien le cayeron encima todas las furias, tenía más razón que un santo. El periodismo, ciertamente, debe ser veraz, contrastado e independiente, pero hay una condición necesaria e incluso previa a todo esto, y es que se entienda. Y a quien no sepa hacerse entender debidamente, hay que derivarlo hacia otras tareas. O descontarle del sueldo las clases de repaso y las sesiones del logopeda.

Las puertas, el campo

14 nov 2008
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LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE

Las alarmas suenan insistentes desde que, en EEUU, Google, los representantes de los autores y la industria editorial alcanzaran un acuerdo para digitalizar, distribuir y comercializar millones de libros descatalogados. ¡Ay, mamita, que viene el lobo!

Busca, Google, busca
A la espera del visto bueno judicial, se resuelven así las demandas por violación del copyright presentadas contra el buscador. Los 125 millones de dólares que Google pone sobre la mesa cubren las reclamaciones por los siete millones de libros ya digitalizados, y servirán además para crear un Registro de Libros, independiente, sin ánimo de lucro, adecuado a los tiempos. En su momento, el dinero obtenido por ventas, suscripciones y publicidad, se repartirá (63-37) entre los dueños de los derechos y la web, que sólo podrá disponer de aquellos títulos que todavía están a la venta si sus autores lo autorizan expresamente.

Europeos
Conscientes de las críticas que se les venían encima, portavoces googleros (¿o se dirá googlistas?) manifestaron su voluntad de trabajar con cualquier socio que pueda facilitar acceso on line a los libros… Precaución inútil. Este jueves, la European Bookseller Association, a la que pertenece la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), definió el pacto como un Caballo de Troya que coloca a Google en una posición dominante, el paso previo a un monopolio de facto. Su temor es que si esta política se extiende a la Unión, los grandes perjudicados serán, además de los vendedores de libros, los lectores y la diversidad cultural. Por cierto, que en esta lucha los libreros británicos, tan castigados por la cruel lógica del mercado, se colocan más cerca de sus colegas continentales que de sus primos yanquis.

¿Hay límites?
Entiendo la inquietud de los libreros, y con ellos temo por el futuro de esa riqueza principalísima del Viejo Continente que es la diversidad. Supongo además que los distribuidores también estarán temblando, porque son los principales damnificados de la revolución tecnológica que sacude el comercio del libro. Es cierto, además, que hay alto totalitario en la voluntad expresada por Google de indexar todo el conocimiento humano, aterra imaginar un futuro en el que tantas cosas dependan de un único filtro. A cambio, se abre ante nosotros la posibilidad de, con sólo tener una conexión a Internet –y sé que muchos aún no la tienen–, acceder a la gran biblioteca del mundo. Los peligros son evidentes y tan grandes como las oportunidades. Suena un poco kumbayá, pero nos toca demostrar que estamos a la altura del reto.

Usos familiares

12 nov 2008
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YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Mi padre, que llegó bastante lejos en el mundo de la cultura en general y la novela en particular, solía decir que la familia es algo que sólo sirve para algo cuando estás enfermo. Creo que se equivocaba. Un ciudadano de origen asiático le ha encontrado una utilidad añadida secuestrando a su propio nieto.

Lo que vale un crío
El caballero de talante creativo en cuanto a los usos familiares puso precio al rescate del crío: 50.000 euros; una cantidad apreciable en estos momentos en que hay que apretarse el cinturón. Verdad es que tal cifra, equivalente a menos de diez millones de pesetas, no da para sacar adelante a un hijo si hay que alimentarlo, vacunarle, vestirle, llevarle al colegio y quién sabe si hasta a la universidad. Añadamos el que haga deporte, algunos libros, la factura del móvil, dinero de bolsillo, cines, vacaciones y viajes, y los cincuenta mil euros se quedan en una cantidad ridícula. Pero como el crío secuestrado era un bebé, se ve que la valoración de mercado tira a la baja.

Pagando vicios
Lo mejor del episodio del señor Jintuan, que es como se llama el individuo en cuestión —el secuestrador, no el niño— es que el dinero lo quería el pollo para gastárselo en tragaperras. Como nunca experimenté tal placer, no sé para cuánto da una cantidad así pero teniendo en cuenta los detalles técnicos, el hecho de que, según creo, en tales máquinas hay que echar monedas y la de valor más alto disponible es de dos euros, el abuelo desaprensivo pensaba tener crédito para cerca de veinticinco mil jugadas. Diez al minuto, y salen poco más de cuarenta horas, sin contar lo recuperado con los premios que, por necesidad, serán pocos. Vaya fiasco.

Maximizando la inversión
Pedir más dinero por el secuestro de un bebé tiene el problema de que los padres pueden verse incapaces de pagar tanto. Una vez dado el primer paso, hay que maximizar las posibilidades. En la línea de Jonathan Swift, quien realizó su modesta y célebre proposición de comerse a los niños pobres de Irlanda para hacerlos útiles al público y evitar que fuesen una carga para sus padres, digo yo que cabría considerar a la familia como una fuente de proteínas o, en estos tiempos transmodernos, un suministro perfecto de órganos para trasplantes. Así seguro que conseguíamos las monedas necesarias para acudir al tragaperras todo un mes seguido y quien sabe si hasta para esnifarnos, de propina, una rayita de coca o dos.

El valor de las cosas

09 nov 2008
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DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO

Llevo meses acordándome a menudo de la portada de un disco de Supertramp, Crisis? What crisis?, con un hombre sentado, en bañador, gafas de sol, sombrilla, mesa, periódico, cóctel, y el resto, ya en blanco y negro, fábricas y desperdicios.

Subastas
El lunes pasado, en una subasta en Nueva York, Sotheby’s esperaba recaudar 260 millones de euros y se quedó en 172. Sin embargo, una obra de Malevitch alcanzó los 42,5, convirtiéndose en una de las más caras de la historia. En realidad, había sido adquirida semanas antes. Imagino al comprador como al tipo del disco: la crisis estaba allí, pero él no se había enterado (hay otra lectura, claro: a él no le afecta). ¿Cuánto pagaría hoy por la misma pintura? Mientras, Christie’s se dispone a subastar el “Wittelsbach azul”, diamante que Felipe IV regaló a la infanta Margarita Teresa, figura central de Las Meninas.

Las Meninas
Ese cuadro es tan hermoso, tan sereno, que parece que nos va a proteger. De pequeño yo pensaba que Velázquez era el caballero que aparece tras la puerta del fondo. Y hasta hace poco, que el niño que molesta al perro era eso, un niño, y no un enano milanés con nombre y todo (Nicolás Pertusato). El señor desdibujado que habla con la monja es el guardadamas palatino. Originalmente, la principal misión del guardadamas era ir en el estribo del coche de las damas para impedir que nadie hablase con ellas. Curioso oficio. Dicen que Velázquez pintó el aire; dicen que al verlo, maravillado, Teófilo Gautier dijo: “¿Dónde está el cuadro?”.

Fantasía
Me pasé media mañana haciéndome una pregunta propia del inspector Clouseau: “¿Dónde está el diamante?”. Miraba y remiraba las manos de la infanta, su cuello, sus cabellos, su vestido, y no lo veía por ninguna parte. Empezaba a desconfiar de mis ojos, de la reproducción de aquel libro, me desesperaba. Como en un buen cuento de Poe, se me ocurrió al fin la solución más simple: no lo veía porque no estaba. Releí la noticia y, en efecto, nada se decía de que la joya apareciera en Las Meninas. Llevado por mi fantasía, lo había inventado; llevado por mi fantasía, había imaginado que, de ser inmensamente rico, pujaría por la joya. De pronto, ese multimillonario caprichoso que no soy había perdido todo interés por ese diamante que Velázquez no había pintado. Ya no estaba dispuesto a pagar una cantidad disparatada. Y es que las obras de arte tienen un valor incalculable, pues valen lo que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. Porque el dinero es algo tan poco romántico –y tan necesario– que al final, el cliente siempre tiene razón. Aunque tratemos de arte.

La voz suprema

08 nov 2008
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HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG

Hace una semana Yma Sumac, la soprano inscrita en el Paseo de la Fama de Hollywood y descendiente del inca Atahualpa, murió en un asilo de Los Ángeles y con ello resucitó la inútil pero divertida pregunta de cuál ha sido la voz cantante más sorprendente de la historia. Ella tenía una voz inaudita: se mudaba de los rugidos más graves a los trinos de los pájaros sin recurrir al falsete, pasando del barítono al soprano sin trucos de estudio y alcanzando un registro de cinco octavas, un récord vocal que podría leerse como el Everest de la voz. Descendiendo de esa montaña, la pregunta de fondo es otra. ¿Qué nos seduce de una anónima voz por teléfono si no conocemos el cuerpo que la produce? ¿Qué es tan irresistible de Joaquín Sabina, cuya voz algún día será objeto de un congreso de otorrinolaringólogos? En su libro Una voz y nada más, el filósofo Mladen Dolar dice que, incluso cuando vemos hablar a una persona en vivo, hay una suerte de ventrilocuismo en juego, algo que dota a su voz de una autonomía espectral como si nunca terminara de pertenecer a su cuerpo. Casi nunca es sexy la chica del sexo por teléfono. 
 
Mladen Dólar explica que un cantante trae la voz al primer plano a expensas del significado y que el canto es una distracción de lo que las palabras quieren expresar. Una prueba irrefutable son las canciones de amor, a cuyas letras ordinarias algunos cantantes pueden dotar de hipnotismo y poesía. En Frank Sinatra está resfriado, Gay Talese apuntaba cómo la entonación del divo producía un significado más profundo en una letra sencilla. «Poco representa la verdad de lo que decimos –recuerda Pascal Quignard– frente a la persuasión que con empeño buscamos al hablar». El teatro de la intimidad y de la política exige más que una voz sincera o meliflua. En un pasaje de En busca del tiempo perdido, el yo narrativo de Marcel Proust usa el teléfono por primera vez para hablar con su abuela: «La voz de ella, oída sola, sin su cuerpo, lo sorprendió –dice Mladen Dólar–: es la voz de una anciana frágil, no la voz de la abuela que él recuerda». La voz es como una huella digital que se permite ironías. 
 
La de los buenos cantantes siempre nos trae efectos secundarios. «La voz es la forma más sutil de la carne y al mismo tiempo la más pérfida», sentencia Dólar. A principios de este año, Juan Diego Flórez, el tenor más famoso del mundo, canceló sus actuaciones en Estados Unidos por una inflamación en la garganta causada por una espina de pescado. Hallada en su laringe sin que comprometiera sus cuerdas vocales pero agravada por una gripe, su médico le recetó descanso. El caso de este tenor, compatriota de Yma Sumac, recuerda la gravedad de las pequeñeces en la vida de todos. Pero a la vez el drama de un hombre dependiente de la excepcionalidad de su voz.

Viajes culturales

05 nov 2008
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YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE 

Me parece que era Pío Baroja quien sostenía que el analfabetismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando. Los viajes, de acuerdo con esa idea, constituyen una especie de seminario en marcha, una vía de culturización que para sí querrían los filósofos peripatéticos de la Grecia clásica. No existen ya academias ni liceos al estilo de las de Platón y Aristóteles pero tampoco viajes a pie, como los de antes. Ahora se recurre a los vuelos de bajo coste y el viajero, el sufrido viajero, luce la etiqueta de turista.

Modalidades al uso
Ser turista no tiene hoy mérito particular: la especie abunda. Pero tal vez sea el horror a la masa el que lleve a que los paquetes turísticos se diversifiquen en busca de alguna identidad. Así, existen el turismo deportivo que arrastra a los hooligans de estadio en estadio; el culto, compuesto, en buena parte, por japoneses que acechan cámara en ristre desde los alrededores de Nôtre Dame; el turismo rural, fuente de incontables recalificaciones urbanísticas y, por fin el turismo en busca de sexo que se desplaza a países como Cuba o Tailandia. Aunque acabo de enterarme de la aparición de una nueva forma de turismo a la que llaman por su nombre anglosajón: el pub crawling. Lo que inventa el hombre blanco.

Puestos a traducir
Las noticias acerca de esa fórmula novedosa llegan desde Mallorca y, buceando por el diccionario de mi Mac, he podido enterarme de que crawling es la manera lenta de moverse de los insectos o, en otra acepción, el desplazamiento sobre rodillas y manos, como gateando. Dado que gat significa, en mallorquín, borracho, eso del pub crawling me parece una expresión de lo más indicada para nombrar el nuevo turismo sin necesidad de hacerse con una alternativa en castellano.

Gateando en busca de la felicidad
Parece obvia la satisfacción que produce el turismo gateante. Lo que resulta más raro es que haya que trasladarse hasta una isla remota en busca de tabernas; se diría que ingleses, galeses, escoceses e irlandeses disponen ya de suficientes. Es proverbial la ignorancia de los turistas en busca de alcohol y playa acerca del lugar en que se encuentran; una vez logrado un cierto índice de alcohol, se entra en el Nirvana así que, ¿a santo de qué el viaje? Quizá sea cosa del precio: entre 60 y 80 euros bastan para alcanzar el paraíso del turismo etílico. Un Baroja redivivo diría hoy que lo que se cura con el pub crawling es el miedo a tener que vivir en este siglo infausto.

La opinión real

04 nov 2008
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¿SOY YO O ES LA GENTE?// ANTONIO OREJUDO

Que opine me trae sin cuidado. Reconozco que tenía curiosidad por saber si era discreta. Ya he visto que no. Yo pensaba que la educación refinada daba para más; y estaba por sacar a mis hijos de la escuela pública, que está hecha un asco. Pero veo que los colegios de pago y la educación políglota no garantizan el sentido común, así que los voy a dejar en el instituto del barrio. Por cierto, el único político que ha hablado con sensatez en todo este asunto ha sido González Pons. Que lo hayan mandado callar dice mucho del canguelo de nuestros demócratas, incluso de los más republicanos y homosexuales, cuando tienen que lidiar con los asuntos de La Casa.

Coraje
Estaría bien que los homófobos perdieran el miedo a la Nueva Inquisición (a las Pajín, Aído y De la Vega) y se expresaran con total libertad, que dijeran con claridad lo que piensan. Por ejemplo: los homosexuales no pueden casarse. O: los homosexuales deben estar fuera de la ley. En este sentido, la Iglesia católica es un ejemplo de coraje. Cuando el Papa se ocupa de esos elevados asuntos teológicos que tanto le preocupan (los condones y la penetración anal), no tiene reparos en manifestar su delirante opinión. Acaba de decir que los homosexuales no serán ordenados sacerdotes, aunque sean castos. Podrás estar de acuerdo o no con Benedicto16, pero no me negarás que hay que tenerlos bien puestos para decir eso en la era de la corrección política y en plena crisis de vocaciones.

Vergüenza y filología
Pero, fíjate, prefiero esta actitud, casi naif, a la homofobia vergonzante de nuestros conservadores. Acobardados por la Nueva Inquisición, ninguno se atreve a decir lo que piensa: que la homosexualidad va contra natura y que habría que volverla a llamar pecado nefando. Repiten como una letanía el clavo ardiendo al que se han agarrado: estoy-a-favor-de-que-los-homosexuales-se-casen, pero-que-no-lo-llamen-matrimonio. También dicen: yo no soy racista, pero los moros no me gustan. O: yo no estoy en contra de la inmigración, pero en España no hay trabajo para todos.
¿De dónde les vendrá esta repentina preocupación lexicográfica? No les molesta que los homosexuales se casen y formen familias cristianas. Lo que les molesta es la palabra. Un matrimonio, dicen, no es eso. ¡Pero no dijeron nada, los muy bribones, cuando la palabra nave, utilizada siempre para designar barcos, se aplicó también a los cohetes! ¡Y tampoco protestaron cuando navegar dejó de ser solamente un desplazamiento por mar para convertirse en un viaje por Internet! ¿Acaso no es esta evolución semántica un fenómeno igualmente indignante? No sé qué pensarán en La Casa.