Esta mañana he desayunado con la noticia de que Rusia podría entrar en la Organización Mundial de Comercio (OMC). El próximo 15 de diciembre, cuando se reúnan los ministros de Comercio de la OMC, se verá si el freno que está tratando de imponer Georgia fructifica o, por el contrario, se da entrada al régimen de Moscú. La noticia aparece el mismo día que sabemos que el Kremlin está dispuesto a paliar la crisis de la Eurozona a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) con algo más de 7.100 millones de euros.
Rusia, enmarcado en el grupo de países emergentes (BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), al rescate de la Vieja Europa. Ambos movimientos del Kremlin vienen motivados, claro está, por el interés propio dentro de una contexto de globalización. ¿Quién rescata a los países más pobres? En realidad, nadie. En estos tiempos, los ricos andan tan preocupados en salvar su acomodado estilo de vida que no reparan en los más pobres. No es que lo hicieran demasiado antes de la crisis, pero la pasividad se ha incrementado exponencialmente. Somalia y la hambruna del Cuerno de África son una prueba irrefutable.
En plena globalización, tanto el FMI como la OMC, que comparten casi 150 países en común, se erigen como las dos grandes fauces del capitalismo. A pesar de que en los postulados de la OMC se habla de que “los pilares sobre los que descansa son los Acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la gran mayoría de los países que participan en el comercio mundial y ratificados por sus respectivos parlamentos”, la realidad es bien distinta. Si eres un país pobre, a pesar de ser miembro de la OMC, tu opinión contará bien poco y verás cómo tus aranceles para las importaciones son ridículos y, en cambio, tus exportaciones apenas pueden luchar con los impuestos que te imponen.
¡Sin rechistar! Que si lo haces, los G-20 de turno sabrán hacerte una oferta que no puedas rechazar. Si eres pobre, pero tienes recursos naturales, sobre todo energéticos, caerás mejor tanto al FMI como a la OMC, pero no por eso verás mejorada tu posición significativamente. Serás víctima de la especulación de los grandes, de sus intereses particulares, muchas veces compartidos. Y Rusia ahora, que vuelve a sentirse fuerte, que ve cómo económicamente hablando la Vieja Europa le rinde pleitesía, quiere también especular y alzar su voz global.
Y mientras, les doy otra noticia también de hoy, cientos de jóvenes protestan en Kasala (Sudán) porque no pueden afrontar las fuertes subidas que han experimentado los alimentos. ¿Creen que la entrada de Rusia en la OMC mejorará su situación? ¿Creen que la OMC en sí ha beneficiado a países como Sudán? ¿De qué hablamos cuando apostamos por un cambio global en realidad? ¿Qué hay que hacer para favorecer un cambio realmente traumático de estas instituciones? Ahí va una lista de preguntas complejas que requieren repuestas aún más complejas y que, seguramente, hasta dan vértigo.
La Primavera Árabe nos ha traído uno de los fenómenos más complejos y a la vez más apasionantes de los Estados: el nacimiento de la Democracia y el alumbramiento de una Constitución. Cuando yo era niño, se decía en el colegio que la Constitución era la “ley de leyes”; con el paso de los años, será que por eso del reuma en los mayores, las goteras del texto aparecen y hacen más mella en las articulaciones. Sencillamente, uno se da cuenta de que algunos artículos son, en realidad, declaraciones de intenciones más que esa supuesta ley de leyes.
Ya no digo los artículos 35, “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo” -vaya día para elegir este artículo-; o el 47, “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, sino otros, como el artículo 7, que indica que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos “deberán ser democráticos”… que se lo digan a las teorías conspirativas de Chacón o a las habituales disciplinas de voto de los partidos… o el artículo 17, “toda persona detenida debe ser informada de forma inmediata, y de modo que le sea comprensible, de sus derechos y de las razones de su detención”… que se lo digan a algunos indignados pacíficos del 15M, cuyos vídeos inundan la red… o el artículo 20, “el ejercicio de estos derechos [comunicar y recibir libremente información veraz] no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”… que se lo digan a mis colegas de Telemadrid… o el artículo 31, “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”… que se lo digan… bueno, ustedes ya saben.
Sea como fuere, el proceso para elaborar una Constitución, de vital importancia a pesar de las goteras, es extraordinario. Hay muchas recetas para ello. Las hay como la española, que en lugar de convocar unas elecciones para formar una asamblea constituyente -es lo que ha hecho Túnez- eligió a dedo a los padres de la Constitución… aunque alguno esta semana casi renuncia a su patria postestad al plantear la exclusión catalana en favor de la adhesión portuguesa. Aquel modo de elegir a los padres de la Constitución hizo, por ejemplo, que quedaran fuerade la Ponencia eminencias del momento, como Enrique Tierno Galván, o partidos decisivos como el PNV.
También hay recetas como las de Marruecos, que desde que promulgara la Constitución en 1962 la ha revisado hasta en cinco ocasiones, optando en una sexta por reformar todo el texto de la Carta Magna. Es el texto que se ratificó en referéndum este mismo año, antes de las elecciones que tendrán lugar el próximo 25 de noviembre y que, curiosamente a un día del plebiscito, fue corregida sin que el pueblo pudiera leer el nuevo texto. Así se las gastan por esos lares, convenciendo a la Unión Europea, cuyo enviado especial para los países de la ribera sur del Mediterráneo, Bernardino León, ha asegurado esta misma mañana que “se trata de cambios profundos, no cosméticos”. Y tan profundos, cambiar un día antes del referéndum que el decreto de nombramiento del presidente del Tribunal Constitucional sólo ha de estar firmado por el rey, excluyendo al primer ministro, como decía el texto original, admitámoslo, no es cosmético.
¿A dónde quiero llegar? Que la importancia de una Constitución en las Democracias modernas está fuera de dudas, a pesar de ciertos artículos simbólicos cuya aplicación práctica se ha cepillado literalmente el capitalismo -y lo que queda, con las políticas neoliberales en alza-. Sin embargo, las personas que hay en la elaboración de esas Cartas Magnas son aún más cruciales. Túnez ha escogido a los suyos y apunta buenas maneras, con un discurso extraordinariamente aglutinador. Libia trabaja para convocar elecciones en ocho meses para un Congreso Nacional que elabore la Constitución, pero el CNT ya ha anticipado que tendrá marcado carácter islámico, vulnerando derechos de la mujer. Si se confirman los peores augurios, ¿esa Constitución será necesariamente positiva?
En realidad no, porque Constitución en Democracia no siempre tiene por qué ser positiva. Eso es una falacia debido a la cantidad de mecanismos intermedios que los Poderes utilizan. Y es que, como en la cocina, recetas para una Constitución hay muchas y, además, cada cocinero le pone su particular punto de sal… y a algunos, hasta se les quema.
En la noche del pasado sábado los cooperantes españoles Enrique Gonyalons y Ainhoa Fernández y la italiana Rosella Urru fueron secuestrados en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf. La RASD (República Árabe Democrática Saharaui) acaba de confirmar esta mañana la autoría: AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico). Mientras y a punto de abandonar el Gobierno, Trinidad Jiménez realiza su primera visita oficial a Marruecos. Los motivos reales de la visita son los mismos por los que el Gobierno español -que no España- da la espalda a los saharauis en favor de Marruecos: la cooperación contra la inmigración ilegal y el narcotráfico y el impulso de las inversiones económicas. Ni más, ni menos. Ya lo vivimos hace un año, en un encuentro en Madrid entre Jiménez y su homólogo marroquí, Taieb Fassi Fihri. Entonces apenas había pasado un mes de los asesinatos y torturas llevadas a cabo por Marruecos durante y tras el desmantelamiento del campamento Gdeim Izik y Jiménez, ignorando los informes de Human Rights Watch, fue muy clara al evitar depurar responsabilidades y asegurar que “ningún suceso va a alterar la relación que tenga la Unión Europea con Marruecos”. Y así fue.
Ahora, desde Rabat, la ministra de Exteriores ha anunciado que España “ha pedido a las Naciones Unidas que envíe una comisión que valore la situación de seguridad en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf”. Tiene gracia que pida la intervención de la ONU, la misma que lleva años negándose a incluir en el mandato de la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental) el respeto por los Derechos Humanos. La misma MINURSO, por otro lado, que en agosto de 2010 no recibió a los cooperantes de SaharAcciones que habían sido brutalmente apaleados por la policía marroquí en El Aaiún porque era domingo. Y eso que hace pocos días, Trinidad Jiménez aseguró en TVE que “la cuestión del Sáhara Occidental, a diferencia de la palestina, no es un problema de convivencia”.
Y tiene gracia que ahora, cuando la amenaza ha sido en territorio argelino y no marroquí, el Gobierno español pida la seguridad de los cooperantes españoles. Cuando se produjo el desmantelamiento de Gdeim Izik, en los territorios ocupados ilegalmente por Marruecos y hoy por hoy bajo su soberanía, no hizo lo mismo. De hecho, los activistas de Sahara Thawra, Silvia García y Javier Sopeña, denunciaron cómo el Gobierno español actuó con negligencia. La única ayuda que prestó Mariano Collado, que actuaba entonces como cónsul desde Casa España, fue la de refugio en sus instalaciones, nada más, sin prestar escolta para llegar hasta allí desde los escondites en que se encontraban los activistas, tratando de eludir las palizas que otros cooperantes extranjeros ya habían recibido por parte de policías marroquís que asediaban El Aaiún.
Ahora, Taieb Fassi Fihri responsabiliza a Argelia de la seguridad de los campamentos preguntando cómo se ha podido producir “una intervención por la noche en una de las regiones más militarizadas y en un campo que dispone de la seguridad ofrecida por Argelia y el Polisario”. También tiene gracia que hable de militarización el mismo Gobierno que levanta un Muro de la Vergüenza que divide el Sáhara Occidental y que se extiende a lo largo de más de 2.700 kilómetros -20 veces más que el Muro de Berlín-, un muro que cuenta con más de 100.000 soldados desplegados y varios cientos de miles de minas antipersona (muchas de ellas ‘made in Spain’).
Hay quienes ven detrás del secuestro a los propios Servicios de Inteligencia de Marruecos, que podría haber ideado el plan con una doble finalidad: en primer lugar, asestar a la RASD un duro golpe, pues con el secuestro se extiende el temor a viajar a los campamentos de refugiados por parte de los cooperantes o, lo que es lo mismo, se cierra el grifo a buena parte de los ingresos y ayuda humanitaria que recibe el pueblo saharaui. En segundo lugar, erigirse como los grandes héroes del secuestro al ser ellos mismos, los marroquís, quienes liberen a los cooperantes.
Personalmente, avalar esa teoría sin ningún tipo de pruebas me parece un tanto arriesgado, pero no podemos olvidar el hecho de que desde hace años Marruecos trata de contaminar el conflicto saharaui acusando a los campamentos de refugiados de ser viveros de terroristas de AQMI. De hecho, a principios de año, el régimen de Rabat publicó a los cuatro vientos la detención al pie del Muro de la Vergüenza de una supuesta red terrorista de 27 personas ligadas a AQMI. Algo que no evitó, no obstante, que cuatro meses después se produjera un atentando en la misma plaza Yemaa el Fna de Marrakech. El vínculo de campamentos de refugiados y terrorismo no sólo ha sido desmentido hasta la saciedad por la RASD, sino que los cables de EEUU filtrados por Wikileaks también confirmaban esta impermeabilidad al terrorismo islámico. Con todo y aún sin ser viveros, los terroristas se han infliltrado y, dados los abundantes check-points que el Polisario tiene desplegados por el territorio, es lógico pensar que han tenido que contar con cierto grado de complicidad.
Sea como fuere, Marruecos trata de sacar partido a toda costa y un día antes de que el embajador Christopher Ross informe al Consejo de Seguridad sobre la situación en el Sáhara Occidental, el ministro marroquí cuestiona “qué ley se aplica en los campos de Tinduf” pues se trata de “un espacio de no derecho en el que no se conoce quién está encargado de la seguridad”. Si el territorio argelino, cedido voluntariamente a la RASD para que pueda sobrevivir el pueblo saharaui, es un espacio de no derecho, ¿qué es el Sáhara Occidental, ilegalmente ocupado y cuya soberanía marroquí no está reconocida legalmente por el Derecho Internacional?
Estos días en Rabat, Trinidad Jiménez debería hacerse ésta y otras muchas preguntas en la relación hispano-marroquí.
El asesinato de Gadafi a manos de los rebeldes continúa pasando factura al futuro de Libia. Que el CNT rechace una investigación internacional del asesinato de Gadafi y lo califique de “provocación” es lógico pero, al mismo tiempo, ¿no debería ser el propio pueblo libio quien esclareciera los hechos? Sin embargo, no parece que esté por la labor: “Incluso si lo mataron de forma intencionada, se lo merecía”. Son palabras de un alto cargo del Consejo Nacional de Transición (CNT) que hacen dudar de su propia preparación para llevar a cabo la democracia al país. ¿Opinará lo mismo de los crímenes de guerra que denunció Amnistía Internacional por parte de ambos bandos (gadafistas y rebeldes)?
Por lo pronto, hoy mismo conocemos una nueva denuncia, esta vez de Human Rights Watch: los brigadistas del CNT habrían ejecutado en masa a 53 supuestos partidarios de Gadafi la semana pasada en un hotel de Sirte. ¿Sobre qué bases quiere el pueblo libio levantar su nueva democracia? ¿Cuál es la mejor opción para asentar el futuro del país, un sencillo borrón y cuenta nueva? ¿Será posible para el CNT olvidar los crímenes de guerra de los gadafistas para, así, no tener que juzgar los suyos propios?
Las diferencias comienzan a aflorar. Sólo para empezar, el destino del cadáver de Gadafi es motivo de polémica. Se pretende evitar a toda costa que se erija su figura como mártir, como de hecho ya hay quien lo ha hecho, incluso estando fuera del país, como Chávez. El conjunto de los rebeldes parece no querer que se produzcan peregrinaciones a la tumba del dictador y para evitar eso hay dos opciones: enterrarlo en lugar desconocido o que se conozca la tumba pero se prohiba su visita.
Pero hay más diferencias y es que todos quieren ser héroes y, posiblemente, ganarse por ello una cuota en el liderazgo del país: mientras los rebeldes de Bengasi reclaman su papel como iniciadores de la lucha contra Gadafi, los de Misrata consideran que suyo fue el golpe de efecto que hizo dar un vuelco a la contienda. Y el CNT no cumple el papel aglutinador que se espera de él. De hecho, hasta la fecha prácticamente ha sido más eficaz de puertas para afuera que para adentro.
Ahora, con la la ‘sharia’ (ley islámica) como marco, sólo tendrán ocho meses para la celebración de las primeras elecciones democráticas en décadas. De nuevo, incógnitas: ¿es un plazo suficiente para montar toda la estructura necesaria para esas elecciones? Desde la misma creación de partidos al resto de las instituciones. ¿Qué calado tendrá en la población, extraordinariamente dispersa por todo el territorio libio? ¿Habrá represalias contra tribus, como los tuareg, que apoyaron a Gadafi? ¿Cómo se conjugará la necesaria unidad nacional con el acervo multicultural para no excluir a tribus como los bereberes? Son retos a los que el pueblo libio en su totalidad tendrá que hacer frente pero cuya ejecución inicial, hoy por hoy, recae sobre los hombros del CNT y no la asume con la transparencia que fuera deseable. De hecho, es cuestión de tiempo saber si entre las ejecuciones sumarias que se atribuyen al CNT no se incluye también la del propio futuro del país, aunque ahora mismo ni lo sepa.
Hoy se ha anunciado la muerte de Gadafi. Aunque la noticia ha ido perdiendo fuerza en España a medida que se expandía el comunicado de ETA, el hecho es sin duda trascendental y requiere un análisis. Las primeras manifestaciones de los líderes occidentales, con Obama en punta de lanza, han sido de triunfo de la libertad pero, ¿realmente ha sido un triunfo?
Bien es cierto que la información a estas horas aún es confusa, pero mientras que Mahmud Shammam, que asume el papel de ministro de Información del Gobierno rebelde, aseguró desde el principio que Gadafi murió en el bombardeo a un convoy, circula por la red un vídeo difundido por Al Yazira en el que se ve cómo Gadafi camina junto a sus captores. ¿Ha sido, pues, ejecutado? Sería un gravísimo error y la confirmación para muchos de que la nueva Libia se construirá sobre los cimientos de la mentira.
Muere el mayor comprador de armas de Occidente y resulta insultante la sonrisa y el “WOW” de Hillary Clinton al leer en su smartphone la confirmación de la muerte del dictador. A estas horas huele a ejecución, como lo fue la de Bin Laden, como lo fue la de Saddam Hussein con un juicio más que cuestionable. Y no parecen esos los mejores cimientos para asentar una Democracia. No parece el mejor inicio del, como dice Obama, “triunfo de la revolución”. Como tampoco lo son las denuncias de Amnistía Internacional de graves crímenes de guerra por parte de ambos bandos, tanto los gadafistas como los rebeldes… y en ese último bando, no lo olvidemos, se encuentra Occidente con la OTAN a la cabeza.
¿Se perseguirá a los criminales de guerra rebeldes, ya sean orientales u occidentales, o sólo irán a por los gadafistas? ¿Se esclarecerá la muerte de Gadafi o, por el contrario, se cargarán las tintas en el fin de la guerra y ese supuesto éxito de la revolución? ¿Encontrará Occidente un nuevo comprador de su arsenal armamentístico a la vez que se reparte el petróleo libio? Muchas incógnitas… además del duro trabajo interno por parte del Consejo Nacional de Transición de aunar a los diferentes líderes tribales.
La casualidad o el oportunismo han hecho que, coincidiendo con el polémico canje del preso israelí por más de 1.000 palestinos -entre ellos, terroristas con muertes de decenas de civiles a sus espaldas- la cadena francesa Europe1 ha entrevistado desde la prisión de La Santé al venezolano Ilich Ramírez Sánchez. A muchos, ese nombre no les dirá demasiado, pero si les digo que se trata de Carlos, ‘el Chacal’, la inmensa mayoría sabrán de quién hablo. Un preso, un terrorista y para muchos, uno de los mayores defensores de la causa palestina.
En la década de los años 70, Ramírez actúo bajo el auspicio del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), poniendo en jaque en los 80 a las autoridades francesas cuyos servicios secretos, finalmente, le detuvieron en extrañas circunstancias en Jartúm (Sudán) en 1994. Ramírez siempre ha alegado que se trató de un secuestro orquestado por el que fuera ministro del Interior francés, Charles Pasqua, contra el que está emprendiendo acciones legales, ahora que ya no es senador.
Sea como fuere, ‘el Chacal’ cumple cadena perpetua, aunque durante la entrevista se ha mostrado confiado en salir pronto de la cárcel. A sus 62 años, comparte presidio con el ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega (78 años), que arrastra una condena de siete años por blanqueo de dinero del narcotráfico, y se felicita por mantenerse aún con vida. Su sueño, obtener la libertad y, según apunta en la charla con Europe1, ”ir a rezar ante la tumba del libertador Simón Bolívar en el panteón nacional de Caracas”.
¿Qué se le pasará por la cabeza a Ramírez cuando haya leído las noticias del intercambio israelí? ¿Qué opinión le merecerá Netanyahu, capaz de negociar un canje de esta naturaleza con Hamas, pero no de hablar con la Autoridad Nacional Palestina? ¿Y de las 2.600 nuevas viviendas que Israel planea construir en Jerusalem Este? ¿Cómo actuaría ‘el Chacal’ si estuviera ahora en activo? ¿Sería uno de los presos canjeados ahora, si no hubiera sido ‘secuestrado’, como él asegura, por Francia?
Muchas incógnitas que la entrevista no desvela. Lo que sí revela es su sentido de la responsabilidad, su modo de ser consecuente con los actos. A la pregunta del entrevistador de si han merecido la pena los 17 años que lleva ya en la cárcel, Ramírez es muy claro: “Lo lamento, pero es el precio a pagar”. Exactamente lo mismo que piensan los dos bandos aún enfrentados, israelís y palestinos.
Cuando comencé a escribir este post anoche, la Liga Árabe estudiaba la expulsión de Siria. La reunión de urgencia comenzó ayer a última hora (española) en El Cairo. Al Asad ha estirado tanto la cuerda de la Liga que ésta ya no puede aguantar más… ¿o sí? Sí, sí que puede, porque hoy he amanecido con la noticia de que la suspensión no ha prosperado. Eso sí, han emitido un comunicado en el que indican que “no podemos quedarnos callados ante lo que está ocurriendo en Siria. Ante La violencia, los enfrentamientos y las muertes que nos entristecen profundamente. La Liga Árabe y todos los países árabes tenemos una gran responsabilidad para poner fin a esta crisis en Siria”. Pero no parece que con buenas palabras se vaya a conseguir mucho.
No todo el mundo opina igual a la hora de decidir cuál es la mejor solución para lo que parece innegable: la sistemática violación de los Derechos Humanos de los sirios. No olvidemos que gracias al veto de Rusia y China, el Consejo de Seguridad de la ONU no vetó al régimen sirio… y Brasil, India y Sudáfrica se abstuvieron. Una opción que en materia de decisiones políticas debería estar prohibida, a todos los niveles.
El Consejo Nacional Sirio, en el que se agrupa la mayor parte de los opositores de Al Asad, había lanzado un órdago -ni siquiera un envite-, porque no sólo reclamaba que se expulsara a Siria de la Liga Árabe sino, además, que se reconociera al Consejo como único representante del pueblo sirio. Si la segunda parecía bastante improbable, la primera tenía alguna posibilidad. Al final, ni una ni otra.
Con todo, los ciudadanos sirios no habrían percibido demasiado los beneficios de la suspensión, más bien al contrario. Las pérdidas en productividad que ha supuesto la revolución social a Siria ya superan los 19.500 millones de euros, según apunta el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el aislamiento por parte de los países árabes no ayudará a mejorar la situación. Estas son las métricas en contra de las cuales millones de personas se han manifestado este fin de semana por todo el planeta, pero son las métricas que tenemos y las que aplicará Al Asad a su pueblo.
La ONU ya estima en más de 3.000 personas las víctimas del régimen de Damasco. Y suma y sigue. Y el mandatario no parece que se vaya amilanar por la expulsión de la Liga, que antes de la reunión ya amenazó con tomar otras medidas más drásticas si la suspensión no conseguía detener la violencia. ¿Qué medidas si ni siquiera ha aprobado la expulsión? No se ha precisado. Difícil papeleta. ¿Debe la Comunidad Internacional entrometerse en la política interior de un país -a través de cualquiera de sus alianzas mundiales, encabezadas por la ONU- o debe esperar a que lo resuelvan ellos mismos? Muchos son los partidarios de una intervención, pero todos conocemos la ejecución y, sobre todo, el desenlace. Lo estamos viendo en Libia, con los Cameron, los Sarkozy y los Obama de turno quieren una Libia a su medida. Por eso la misma cantidad de voces que reclamaron la intervención contra Gadafi, hoy la lamentan.
En política internacional no siempre uno puede retractarse a tiempo. Y el pueblo sirio no puede aguantar más y posiblemente sueña con un mismo rasero para todos, a pesar de la mala ejecución y peor desenlace de las intervenciones. Quizás sean ellos, los sirios, los que rompan con esa penosa tradición de contrapartidas, de vidas comerciadas. Al menos, se les debe esa oportunidad.
En Irán, cuando uno ha pasado al menos un par de años en las filas del Artesh (‘ejército’ en persa) puede aspirar a dar el salto a los takavaran. Se trata de un grupo de fuerzas especiales, cifrada en unos 200 efectivos aproximadamente. Entonces, se someterá a un durísimo entrenamiento, cuya duración supera los 20 meses. El modo de reclutamiento, incluso la doctrina de entrenamiento, prácticamente es clónica a la de las Fuerzas Especiales estadounidenses o británicas. Por las manos de un takavar pasa el armamento más vanguardista fabricado por Irán, dejando las reliquias made in USA, heredadas del reinado del Sha de Persia cuando iba de la mano de EEUU, al resto del ejército.
Y si el ejército tiene a los takavaran, los pasdaran (el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica) cuentan con la Fuerza Quds, un grupo especial más amplio -unos 15.000 efectivos de un total de 125.000 guardianes- instituido por el ayatolá Jomeini a finales de los 70. El propio Mahmud Ahmadineyad fue miembro de la Guardia Revolucionaria.
Con este panorama, ¿es creíble que Irán mandara a un ‘chapucero’ para cometer atentados terroristas selectivos de alto nivel en suelo estadounidense? Una cosa muy distinta es ver a Irán capaz de montar una operación de este tipo -como también lo es EEUU, que llegó a entrar sin permiso en territorio extranjero, matando a un terrorista sin juicio previo y arrojando su cuerpo al mar- y otra muy distinta que lo haya hecho con este aire de improvisación.
Por otro lado, la contundencia en la respuesta de EEUU, con amenazas, represalias y llevando el asunto a la ONU choca con las pruebas presentadas al más puro estilo de ‘Anacleto, agente secreto’. Al parecer, el detenido de origen iraní, un tal Mansur Arbabsiar, ha confesado -vayan ustedes a saber cómo visto el historial de interrogatorios de Guantánamo- que seguía órdenes de su primo, que ocupa un alto cargo en la Guardia Revolucionaria. Eso es todo.
En espera de pruebas más contundentes, las acusaciones deberían carecer de peso internacional. ¿Irán es capaz de eso? Por supuesto, y de mucho más, como tantos otros países, ya sean de Oriente u Occidente. Pero hay que demostrarlo; de lo contrario parecerá una estrategia más de EEUU para arrinconar a quien se erige como amenaza, dado el poder que está ganando el gobierno de Ahmadineyad en la región.
Era un 29 de abril de 1973 cuando 17 hombres, en representación de los saharauis de Argelia, Marruecos, Mauritania y el Sáhara Español, se organizaron un congreso en Zuerat. Aquel cónclave duraría 48 horas ininterrumpidas, sin apenas dormir ni comer. De ese congreso nacería el Frente Polisario, con un “Programa de acción nacional” debajo del brazo y, desde entonces, este partido ha sido el único representante legítimo del pueblo saharaui. Entre sus fundadores, de hecho, se encuentra el actual presidente de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), Mohamed Abdelaziz).
Desde entonces y con una guerra de por medio, han pasado 38 años, 36 de los cuales el pueblo saharaui ha padecido el destierro de su territorio, el olvido internacional y el desprecio y las torturas -incluso asesinatos- por parte de Marruecos. 36 años en los que las negociaciones del Polisario con Marruecos, en el marco de la ONU, no han dado los frutos esperados. Hay quien reprocha el inmovilismo saharaui, incapaz de aceptar el plan de autonomía marroquí, pero no es legítimo tal reproche: sería como pedir al propietario de un inmueble que comparta su casa con un okupa que ha irrumpido en su hogar habitado.
Sea como fuere, la Primavera Árabe ha llegado también al pueblo saharaui y un grupo de ellos está promoviendo estos días una alternativa al Polisario: la Agrupación Saharaui Democrática (ASD). Uno de sus fundadores y militante, Mohamed Jatri, me contaba ayer por la tarde cómo “el Polisario ha hecho muchísimas cosas buenas, pero queremos que el pueblo saharaui elija libremente a sus representantes”, más allá de un partido único.
Como sucede en el resto del mundo, algunos saharauis -Mohamed asegura que muchos, pero no se aventura a dar una cifra exacta- se han empapado de cierto aire sano de indignación, tratando de mejorar el sistema establecido, superando inercias que pueden rozar la esclorosis en algunos aspectos. Mohamed habla de “falta de transparencia a la hora de comunicar al pueblo el estado de las negociaciones”, habla de “desigualdad en los campamentos de refugiados, donde unos se han enriquecido con la ayuda humanitaria y a otros apenas les llega”. En suma, habla de una sociedad imperfecta, como todas, en las que 36 años de ostracismo en el desierto más duro de la Tierra no han sido obstáculo para que adolezca de ciertos males.
La Agrupación Saharaui Democrática es un proyecto vivo, en gestación, que aspira a organizar en los campamentos de refugiados su primer congreso -para elegir democráticamente a sus representantes- el mes que viene, un mes antes que el XIII Congreso del Polisario, en el que también se renovará a sus mandatarios.
¿Cómo reaccionará el Frente Polisario? Ayer charlé también con Bucharaya Beyún, delegado del Frente Polisario en España. Su postura es tajante: “le están tomando el pelo, no hay tal partido nuevo”. Según Beyún, “se trata de una nueva estrategia de Marruecos para dividir al Polisario; lleva meses intoxicando y cuando se acerca un congreso, siempre lo hace”. El delegado no duda en afirmar que “muchos periodistas le están haciendo el trabajo sucio a Marruecos, difundiendo estas noticias, porque si alguien quiere opinar, incluso exponiendo teorías pro-marroquís, lo puede hacer libremente en el Congreso del Polisario, donde hay voz para todos, donde convergen muchas corrientes diferentes”.
Yo no sé si Marruecos está detrás o no. El tiempo lo dirá, para eso es implacable. Hoy por hoy, tan sólo sé que Mohamed, como su hermano Saleh -también fundador de la ASD-, son hijos de un veterano de guerra, ex capitán de la marina saharaui, que arrastra su pierna derecha destrozada por una mina -probablemente Made in Spain- durante un ataque contra el muro en los 80. Llevan la misma sangre que este beduino al que el propio Abdelaziz ha pedido en alguna ocasión asesoramiento militar, son hijos de un saharaui “más amigo de morir en el frente que devorado por las moscas en la jaima”, como describía mi amigo Nacho Para en una de sus impagables crónicas. Y quieren que sea el pueblo saharaui quien elija si quiere partido único o no, si desea que el Polisario sea el representante legítimo del pueblo. Si cuaja la ASD, si no está detrás Mohamed VI, ¿lo permitirá el Polisario?
Mohamed admite que “esperamos cualquier cosa”, pero se muestra confiado en que “el Polisario sabrá estar a la altura”.
Este fin de semana se han vivido las peores revueltas en El Cairo desde la caída del dictador Mubarak. Han llovido las acusaciones contra la policía militar por haberse excedido en el empleo de la fuerza contra los manifestantes cristianos coptos y las cifras, desde luego, sí que revelan que la situación no se gestionó correctamente: al menos 24 muertos y más de 200 heridos en el centro de El Cairo. El mismo escenario pacífico de la Primavera Árabe se torna ahora sangriento, llegando a imponerse el toque de queda.
El primer ministro, Essam Sharaf, ha negado que se trate de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. En su opinión, no es un problema de religiones, sino de enemigos de la nación contrarios a la Primavera Árabe, opuestos al cambio. Pero la realidad es que, sea o no un enfrentamiento entre coptos y musulmanes, hay un problema de fondo.
Los cristianos coptos son una minoría social; suponen aproximadamente un 10% de la población egipcia. Y como minoría, siempre temerosa de que la mayoría -islámica- termine por acorralarla asfixiándola socialmente, reforzando sus argumentos con críticas vertidas contra la policía por su tibieza a la hora de intervenir cuando con anterioridad se han producido agresiones a grupos cristianos.
Ya 2011 arrancaba, en pleno Año Nuevo, con una bomba en una iglesia cristiana de Alejandría; además, el pasado mes de mayo ya hubo revueltas, entonces sí entre cristianos y musulmanes, después de que cundieran los rumores de que los primeros estaban ahorcando a un hombre que se ha había convertido al Islam. El Gobierno, entonces, puso en marcha la maquinaria para establecer nuevas leyes que penalizaran los crímenes por violencia sectaria.
Por eso, escuchar a Sharaf negar un problema no llama al optimismo. De hecho, escuchar sus palabras tachando a los manifestantes del fin de semana como enemigos del cambio democrático, que “es un complot contra el país” detrás del cual puede haber extranjeros, recuerda a las palabras de Bashar al-Assad cuando arrancaron las revueltas en Siria. Y si echamos un vistazo a los últimos acontecimientos, podemos ver que el Gobierno de Sharaf cerró el canal de televisión que retransmitía en directo el caos de las revueltas o que los episodios de la dura represión de la policía no son aislados, ya hubo otros contra universitarios en Alejandría.
¿Está el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) facilitando el mejor de los escenarios para un aperturismo democrático, para allanar el camino -por definición empedrado- hacia el cambio? Ya hay voces en Twitter que califican a los miembros del SCAF de asesinos. El proceso hacia la democracia no es sencillo y si hace meses todas las miradas se centraban en Egipto como ejemplo de cómo derrocar pacíficamente a un dictador, hoy también está en el punto de mira. ¿Será también ejemplo del cambio? ¿Pasará su propia reválida democrática?