Obama pasará a la Historia como un buen o mal presidente según la óptica desde la que se le mida. Es de perogrullo; pero lo que es innegable es que se ha convertido en la constatación viviente de que el presidente de los EEUU, en realidad, no pinta demasiado en la cúpula de poder estadounidense. Por muy buenas intenciones con las que uno llegue a la Casablanca, los entresijos del poder, los grupos de presión tienden rápidamente sus tentáculos y el parásito termina por dominar al anfitrión. No hay más que ver, a punto de llegar a las presidenciales, la promesa electoral incumplida del cierre de Guantánamo, por citar un ejemplo.
Eso también es de perogrullo. Como lo es el sentimiento anti-estadounidense que se extiende por todo el mundo. No me atrevería a decir que es dominante pero, en todo caso, tiene un peso específico que debería preocupar a esos grupos de poder. Y de hecho, les preocupa. La CIA acaba de confirmar que las fotos en las que aparece Bin Landen asesinado sin juicio previo y a sangre fría por las fuerzas especiales han sido clasificadas. También, por supuesto, en las que arrojan su cuerpo con los sesos deshechos al mar para que nadie puede reclamarlo, para que nadie le rinda culto.
¿El motivo? Si se hicieran públicas las imágenes se extendería el sentimiento ‘anti-americano’, como dicen ellos… A ver si van corrigiendo, por cierto, que la animadversión es sólo contra EEUU, no contra el resto del continente… Dicho de otro modo: “todo el mundo sabe que hemos hecho mal, pero una cosa es eso y otra que lo ilustremos”. ¿Saben qué es lo peor? Que buena parte de los estadounidenses aplaudirían esas fotos, se harían una reproducción a tamaño natural y lo convertirían en la cortina de su ducha, para verlo cada mañana al despertar. Y Obama lo sabe. Y lo explota y explotará durante toda su campaña electoral como si fuera el más republicano de los republicanos. En eso, todos iguales.
PD. Por cierto, no se pierdan la película The Whistleblower, de Larysa Kondracki.
Médicos sin Fronteras se ha visto obligado a retirar su ayuda en Misrata tras comprobar in situ las continuas torturas de presos gadafistas en las cárceles. Las fuerzas del Consejo Nacional de Transición (CNT) llegaron, incluso, a solicitar a los médicos que atendieran a los presos para poder seguir torturándoles. Increíble.
Ni es la primera vez que una organización humanitaria denuncia a las actuaciones del CNT ni tampoco que se desvelan las ejecuciones sumarias llevadas por éste. Y mientras, quienes pusieron al CNT en el lugar que hoy ocupa ni mú… una vez más. No crean que han movido ficha – o la moverán- con la misma celeridad que antaño. Ni una mala palabra, ni un mal gesto. Nada se escucha de Obama o Clinton, preocupados por presentar “un país que lidera al mundo en la educación de su pueblo” (risas enlatadas); ni de Cameron o Sarkozy, en Davos aplaudiendo al capitalismo, ni de, por supuesto, del presidente del Consejo Europeo, Aumba Baluba Ba Van Rompuy (por meterle algo de sustancia a este álma de cántaro). Nada.
Mientras, vemos cómo se embarga a Irán y con ello, las compras de petróleo al régimen de Teherán. Nada menos que al cuarto exportador del mundo y el quinto proveedor de la Unión Europea (UE) -para España, el segundo-. ¿Qué efectos tiene eso? Para empezar, el FMI ya ha advertido de que el embargo puede suponer un aumento del precio del petróleo del 20 al 30%. En segundo lugar, que Ahmadineyad ejecute su amenaza de cerrar como represalia el estrecho de Ormuz, por el que transita el 40% de las exportaciones mundiales petroleras por vía marítima.
Y en tercer lugar pero no menos importante, que hay que buscar alternativas de proveedor. ¿A quiénes baraja la UE? Pues fundamentalmente a Arabia Saudí y, adivinen: a Libia.
Cerramos el círculo. A buen entendedor, sobran palabras.
Finlandia viene siendo un ejemplo diferencial en muchos sentidos pero, por encima del resto, sobresalen su sistema educativo y su manera de abordar la crisis, haciendo pagar a buena parte de quienes la generaron. Ahora podemos asistir a otro modo de hacer distintas las cosas: imaginen, un presidente verde, pacifista, gay y casado con un inmigrante (en concreto, un ecuatoriano). Hablo del candidato de los Verdes finlandeses, Pekka Haavisto, que aunque lo tiene complicado en la segunda vuelta de las presidenciales frente al líder del Partido de Coalición Nacional, Sauli Niinistö, ya ha hecho historia. Pase lo que pase, será el adiós a la presidenta Tarja Halonen, tras haber estado en el poder todo lo que permite la Constitución del país, es decir, doce años.
Haavisto lo tendrá muy difícil a la luz de los últimos sondeos pero haber forzado una segunda vuelta frente al que muchos consideran uno de los economistas punteros de Europa -de hecho, es el actual presidente del Banco Europeo de Inversión- dice mucho a favor del verde y del reflejo de la diversidad social en la política, no sólo por su orientación sexual, sino por su carácter pacifista y su conciencia medio ambiental.
Existen otros ejemplos en Europa, desde el progresivo ascenso de los Verdes en Alemania a Elio di Rupo, el primer ministro belga, abiertamente gay y, por supuesto y aunque no sean minoría social -pero sí en el poder- el de mujeres presidentas como la propia Merkel o Thorning-Schmidt en Dinamarca que, además, ha combinado experiencia y frescura en su Ejecutivo combinando a la vieja escuela con jóvenes talentosos (y comprometidos).
En suma, asistimos poco a poco al ascenso de las minorías, que van sumando mayorías. Es un largo camino por recorrer, pero quizás y si no renuncian a muchos de sus principios éstas y otras minorías, será posible cambiar el rumbo de un mundo que va a la deriva, de un sistema abocado al desastre sino se genera un punto de inflexión que ni los Obama, ni los Merkozy, ni los Chávez ni los Ahmadinejad han conseguido hasta ahora.
Caminamos hacia un mundo sin sentido, donde los gobiernos manejan indicadores parciales que al ciudadano de a pie dejan, me van a perdonar, con el culo al aire. Hace unos días, se aplaudían en Europa los datos económicos de Alemania, con un crecimiento del 3%, pero no se decía nada de sus niveles de desigualdad social, de que 7,3 millones de personas, el 25% de la Población Económicamente Activa, sufre contratos temporales -mini jobs- de tan sólo 230 euros al mes.
Hace unos días también, el ministro de Economía británico, George Osborne, viajaba a China, paraíso del respeto de los Derechos Humanos (como todo el mundo sabe), para tratar de convertir a Reino Unido en el mayor receptor de inversión de renminbis y hoy sabemos que China Investment Corporation (CIC) ha comprado el 8,68% de Thames Water (el Canal de II de Londres, para entendernos).
Sigamos con Reino Unido. Estas Navidades han sido uno de los períodos más exitosos en cuanto a ventas para cadenas de supermercados como Sainsbury; han batido récords. Sin embargo, esta semana conocíamos un informe, elaborado por una cooperativa de organizaciones entre las que se encuentra Oxfam, en la que se denunciaba que sus empleados no ganan un salario digno. En concreto, cobran del orden de 7,20 libras/hora (8,5 euros) cuando el salario digno según las autoridades de Londres es de 8,30 libras/hora (unos 10 euros). Curioso tambiénes que buena parte de estos empleados son inmigrantes. Los mismos a los que hoy el Gobierno pone en la picota al publicar un informe en el que revela que más de 370.000 inmigrantes solicitaron ayudas del Estado… justo unos días después de saber que aplauden, incluso el ministro de Educación apoya, que se financien los 70 millones de euros que hacen falta para el nuevo yate de Isabel II.
¿Saben qué es también curioso? Que la propia Oxfam, que ha denunciado la situación de los trabajadores de supermercados, ofrece puestos de prácticas -que no voluntariado- sin pagar sueldo, cubriendo únicamente comida y transporte. No es la única organización que recurre a estas prácticas en Reino Unido, también lo hacen otras como Greenpeace, incluso la ONU, que exigen unos requisitos y un compromiso al alcance de muy pocos… si lo que quieren es vivir y no son ricos.
Y es que en este país -y cada vez más en España- trabajar gratis para las empresas y, además, tener que sentir que eres un privilegiado es una práctica común. Pero, ¿es que no hay apoyo político para frenar esta locura? Sí… Recientemente, el viceprimer ministro, Nick Clegg, promovía una iniciativa para acabar con las prácticas gratis. Tiene gracia, porque su propio partido, el Liberal-Demócrata, fue acusado de los mismo hace menos de un año.
La pieza que firma hoy María Jesús Güemes acerca de la visita oficial de Rajoy a Marruecos es, sencillamente, magistral. No se la pierdan. Tanto nuestro presidente del Gobierno como Mohamed VI tendrán que tragar sapos y culebras a cambio de dinero. Eso tiene un nombre, que cada uno lo defina como quiera, pero la realidad es que quienes aplauden esta manera de hacer política no hacen otra cosa que firmar nuestra propia sentencia de muerte, no ya moral, sino vital.
Lo hemos visto con los acuerdos de pesca cancelados, que se han llevado por delante la economía de unos pesacadores a los que, por otro lado, nunca les importó a quién pertenecía realmente el pescado que estaban capturando, los recursos que estaban esquilmando. Ahora, Rajoy obviará su propio programa electoral -de qué nos sorprendemos- y tratará de reencauzar la situación sin pensar en el pueblo saharaui. “Apoyamos el proceso de negociaciones entre las partes, patrocinado por Naciones Unidas, con vistas a lograr una solución conforme con las resoluciones del Consejo de Seguridad y el derecho internacional y a la responsabilidad histórica de España”. Ese es su programa y sólo la parte de “conforme al derecho internacional” es suficiente para que se exija a Marruecos que abandone la ocupación ilegal que realiza en el Sáhara Occidental y, desde luego, para no sacar partido de esa ilegalidad, como de hecho está haciendo España.
Pero así funciona la política de hoy en día: el mismo país que según todos los juristas de Derecho Internacional ha cometido una ilegalidad en toda regla ocupando un territorio en proceso de descolonización es hoy miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ni siquiera menciono la interminable lista de violaciones de Derechos Humanos denunciadas y perfectamente documentadas por un sinfin de organizaciones internacionales, porque eso daría para un libro entero.
Y en este contexto, ¿cuál es la máxima aspiración de Rajoy? Replicar la reunión de Alto Nivel (RAN) que mantuvo Rodríguez Zapatero en 2008 con el entonces primer ministro de Marruecos, Abbas el Fassi, por valor de 520 millones de euros. Dicho de otro modo, esconder toda la porquería debajo de la alfombra a cambio de dinero.
Lo dicho: eso tiene un nombre.
Tiene guasa que después de haberle criticado tanto durante varios artículos en este blog, haya sido Ahmadinejad el único dirigente mundial que ha dicho algo realmente sensato acerca de esta crisis mundial que nos asola. Durante su visita a Cuba, donde ha sido investido como ‘Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas’ en la Universidad de La Habana, el presidente iraní ha hecho un llamamiento para alcanzar “un orden nuevo, una mirada nueva, que respete a todos los seres humanos, un pensamiento basado en la justicia”.
Ahmadinejad ha sido claro, cristalino, al asegurar que “el sistema capitalista está en decadencia, en diferentes escenarios, está en un callejón sin salida”. Ha ido, incluso, más allá, llegando a asegurar que “cuando al capitalismo le falta la lógica recurre a las armas para matar y destruir. Hoy en día lo único que le ha quedado al sistema capitalista es matar”. Y de nuevo, tiene toda la razón; no hay más que mirar las últimas guerras iniciadas en la última década. Es algo que no le oirán nunca a un Obama, a una Merkel o a un Sarkozy… no digamos, ya, a un Rajoy. Imposible.
“Eres un ingenuo, cómo puedes creer a ese farsante que también ha defendido en Cuba el uso pacífico de la energía nuclear”, me dirá más de uno. Y bueno, parte de razón no le faltará: que Ahmadinejad coquetea con la misma violencia que critica del capitalismo es evidente, tanto como que su opacidad en cuanto al programa nuclear es lógico que levante suspicacias. Pero no hay por qué mezclar churras con merinas, señores, que un mentiroso no tiene por qué mentir siempre, del mismo modo que quienes posicionamos como sinceros nos la pueden colar literalmente doblada (perdón).
Dicho de otro modo, si en lugar de en boca de Ahmadinejad hubieran escuchado la crítica al capitalismo de uno de esos líderes de Occidente que se autoerigen -y nosotros mantenemos- como salvadores de la crisis, ¿cambiaría su percepción? Apuesto que sí. No digamos ya si en lugar del presidente iraní lo hubiera dicho uno de esos pensadores que ahora salen de debajo de las piedras llamando a la indignación, borrando de un plumazo su pasado capitalista. Qué cosas.
Por eso, al César lo que es del César y hoy, posiblemente de manera puntual y sin que sirva de precedente, chapeaú por Ahmadinejad.
El discurso de Bashar al Asad de hoy -el cuarto desde que arrancaron las protestas en las calles de Siria- no ha tenido desperdicio. Siguiendo la estrategia de adormecer a la audiencia por espacio de casi dos horas, sobre todo cuando se ha enzarzado en reflexiones sobre el arabismo, el presidente que dejó de ser líder -otro más en la escena internacional- ha arremetido contra sus enemigos que, prácticamente, son todos, del uno al otro confín, con contadas excepciones.
En realidad, su hilo argumental ha cargado más contra los países árabes que contra Occidente, aunque puestos a repartir, siempre hay para todos. Y es que Al Asad ve en algunos países árabes intenciones más agresivas para con Siria que, incluso, otros países occidentales, con EEUU a la cabeza. Y ahí, ha plantado su frase lapidaria, una de esas ‘ideas-fuerza’ que Al Asad, educado en los mejores colegios de Occidente, conoce muy bien: “los países árabes que dan consejos sobre la Democracia son como los médicos que recomiendan dejar de fumar mientras tiene un cigarrillo en la boca”.
Con la prepotencia de saber que “sin Siria, la Liga Árabe no es árabe”, se ha atribuido a él mismo la idea de que acudieran observadores internacionales y ha dejado caer nuevas promesas de reforma. Pero su mensaje ha sido claro e inequívoco: se mantendrá firme tanto en sus ideas como en “los métodos empleados”. Los mismos métodos que han conducido a más de 5.000 muertos en los diez meses de represión que se han vivido en el régimen de Damasco. Y los mismos métodos con los que diversos organismos aseguran que se ha manipulado por completo la misión de los observadores.
Sin embargo, Al Asad es inmune a todo esto y hoy no le ha templado la voz al asegurar tajantemente que “hay más de 60 cadenas de televisión que se dedican a dañar la imagen de Siria”. Incluso, ha vuelto a repetir, como ya hiciera en diciembre, que la entrevista realizada hace unas semanas en la cadena estadounidense ABC fue manipulada; aquella en la que sostenía que sería propio de un “dirigente loco” haber ordenado la masacre de la que se le acusaba.
Mientras Al Asad clama contra el imperalismo árabe del que se cree víctima -y lo diferencia del occidental-, al otro lado del charco, Mahmud Ahmadineyad y Hugo Chávez luchan “juntos para siempre“, según el presidente iraní, contra el imperialismo yanqui. Ambos países han apoyado a Al Asad desde que arrancó el conflicto. Pero hoy se ha producido un punto de inflexión, apenas imperceptible, pero que marca diferencias entre las aproximaciones de ambos bandos. Si Ahmadineyad y Chávez consideran que los países árabes a los que ha acusado hoy Al Asad están al servicio del imperialismo de Occidente, hoy el presidente sirio les ha otorgado entidad propia, ambición genuina, alumbrando dons imperialismos bien distintos. Y eso, de ser cierto, lo cambia todo.