Lo que no se dice de Repsol YPF

13 abr 2012
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Esta semana se están escribiendo ríos de tinta sobre Repsol YPF y la posible nacionalización de YPF por parte del gobierno argentino. A fin de cuentas, uno no ve todos los días al ministro Soria envalentonado, hablando en términos casi bélicos, y llamando posteriormente a consultas al embajador argentino en España.

En realidad, en el tema de YPF todo apesta (perdón por ser tan directo). A muchos, diarios incluidos, se les llena la boca hablando del poderío empresarial español, de la joya de Repsol y de cómo la posible nacionalización, total o parcial -podría ser sólo el 51%- espantará la inversión extranjera en Argentina. No entraré en valoraciones sobre si es correcta o no la nacionalización, pero mirando a la que se marca como modelo, la de Petrobras en Brasil en 2006, tan sólo decir que entre 2006 y 2010 Brasil lideró la atracción de inversión extranjera en Latinoamérica con más de 170.00 millones de dólares.

Siguiendo con YPF, ¿ha sido correcta su gestión? Se subraya que supone el 60% de la producción de Repsol pero ¿y la letra pequeña? Si uno echa un ojo a los informes presentados en la Bolsa de Nueva York podrá comprobar con estupor que a fecha 31 de diciembre de 2011 y tomando 2008 como punto de partida, los activos de YPF crecieron un 45%, mientras que su pasivo -lo que adeuda, vaya-, un 204%. ¿Cómo es posible?

En 2008 entró en YPF Ernesto Eskenazi, que acapara el 25,46%, aunque no pagó un solo dólar por ello. Entró a través de créditos bancarios que serían devueltos con dividendos. Quizás por eso, con el beneplacito de los gestores españoles, se llegó al inaudito acuerdo de repartir en dividendos el 90% de las ganancias netas durante una década (de media, una petrolera reparte un máximo del 30% de las ganancias), por lo que si era necesario afrontar nuevas inversiones se recurriría a nueva deuda. Así, en 2008, YPF repartió el 250% de sus ganancias: por cada dólar que ganó, repartió 2,5 dólares en concepto de dividendo. Como consecuencia, YPF debe tanto como vale: su valor es de unos 8.300 millones de dólares (21 dólares por acción) y su deuda también.

Por cierto, la entrada de Eskenazi estuvo auspiciada por su amigo y presidente Néstor Kirchner, en un intento por ‘argentinizar’ el cuadro directivo de YPF, aunque tiene gracia que Petersen Energía, la sociedad de Eskenazi, tiene su domicilio social en el número 9 de la calle Velázquez de Madrid. ¿Por qué ahora la presidenta Cristina se lo quiere quitar de en medio? Muchos aseguran que por las promesas incumplidas, contrapartidas por facilitar su entrada en YPF.

¿Beneficiaría a Argentina la nacionalización? En su favor, la recuperación de la soberanía energética, que falta le hace porque por segundo año consecutivo importará más energía de la que exporta. En su contra, el dinero que le hará falta para explotar adecuadamente YPF. Y por eso sobrevuela la sombra de la sospecha: ¿saldrán beneficiados los amigos petroletos de los Kirchner, los Cristobal Pérez, Lázaro Baéz y, sobre todo, la familia Bulgheroni, socia de excepción de la petrolera China National Offshore Oil Corporation?

Y rizando el rizo de por qué todo este asunto apesta, un clásico argentino: Roberto Dromi. El que fuera ministro de Obras y Servicios Públicos con Carlos Ménem en los 90 y se autodefiniera “gerente de privatizaciones” por haber liderado ese proceso de ‘desnacionalización’ de empresas, ahora se ha convertido en el cerebro jurídico de la nacionalización.


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