Amancio, qué ricura

Hace mucho tiempo que me rendí a la evidencia de que, salvo por una buena lotería, es imposible hacerse rico de manera honrada. Hoy todos los diarios recogen la noticia de Amancio Ortega como el tercer hombre más rico del mundo. La cifra de su riqueza, 2.044.738 salarios medios de españoles, resulta obscena en esto tiempos, pero más obscenos se me antojan quienes alaban la figura del gallego como un ejemplo a seguir.

No encuentro nada de admirable en acumular denuncias públicas por trabajos precarios o las sospechas de esclavitud en sus talleres de Brasil. No me impresiona, más bien me asquea, informes como el de la ONG Setem que denuncia cómo Inditex paga a sus empleadas de Tánger (Marruecos) menos 180 euros al mes por 65 horas de costura. Cómo ese “modelo a seguir”, estudiado en Escuelas de Negocio elitistas, exige horas extras sin remunerar a sus empleadas marroquíes, acumulando jornadas de 12 horas, 6 días a la semana. Incluso, desvela el informe, cómo la gallega y otras firmas españolas (El Corte Inglés, Cortefiel, Mango…) emplean -que no contratan- a menores de 16 años con pagas aún inferiores a la citada.

Van saliendo las cuentas de cómo se amasa una fortuna. Si además se domicilia la tienda online en Irlanda, donde estaba hasta el año pasado cuando la devolvió a España en un intento por lavar su imagen salpicada por las acusaciones brasileñas de esclavitud, aún crece más la montaña de euros. Sólo en ese caso, hablamos de que el Estado dejaba de ingresar en impuesto de sociedades cerca de 500 millones de euros (en Irlanda se tributaba al 12,5% frente al 30% de España).

Porque en esto de tributar, poco, lo menos posible. El Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa ya desveló que el 82% de las empresas del Ibex-35 tiene empresas filiales o participadas en paraísos fiscales. Inditex no es una excepción, que cuenta con Zara Holding en Holanda o ITX Trading en Suiza. Julián Rodríguez, en su libro Señores de Galicia repasa unos cuantos casos, destapando cómo operan empresas como las de Amancio, qué ricura él, en paraísos fiscales a través de sociedades instrumentales.

Así que no, para mi no es una buena noticia que Ortega sea el tercer hombre más rico del mundo, porque eso significa que en el otro extremo de su riqueza ha contribuido a generar pobreza. Y eso, se mire como se mire, ni es admirable ni, mucho menos, digno de servir de ejemplo para nada, salvo para ilustrar el colapso moral del propio capitalismo que abraza y que delata al sistema como el más aniquilador de cuantos ha padecido la Humanidad.