Secuestrados por la Constitución

Desde el anuncio de la abdicación del rey, se han multiplicado exponencialmente las voces que reclaman poder decidir libremente la modalidad de Estado, algo, por otro lado, que en una democracia parecería de lo más lógico dado que la soberanía popular descansa y emana en el pueblo. Sin embargo, la teoría no se lleva a la práctica y desde los poderes públicos se niega sistemáticamente la libertad del pueblo a elegir su destino.

Quienes reclaman la proclamación de la III República no buscan imponerla, sino que sean los ciudadanos los que la reclamen por mayoría. Este es el motivo por el que desde estos sectores se exige la convocatoria de un referéndum mediante el cual se decida si España ha de ser una monarquía o una democracia. Dicho de otro modo, buscan disfrutar de la “gran fiesta de PososAnarquía_Referendum1978la democracia”, como habitualmente -y de un modo bastante casposo- llaman al acto de acudir a las urnas.

Pero hete aquí que quienes más se apropian de la etiqueta de demócratas, nos aguan esa fiesta y ningunean la voluntad del pueblo, comenzando por los dos principales partidos -cada vez menos principales-: PP y PSOE. En lugar de escuchar la voluntad del pueblo, el propio Rajoy llama a presentar una reforma constitucional en el Congreso de los Diputados (que con la mayoría del PP, más el apoyo incondicional del PSOE en esta materia, tumbará en o,1 segundos). Hoy mismo, el fiscal general del Estado ha tenido la desfachatez de señalar que “lo que no está en la Constitución, no existe en la vida política”.

Estamos, pues, secuestrados por un texto rígido, anticuado e interesado… y nadie pagará nuestro rescate. De hecho, buena parte de la población ha desarrollado el Síndrome de Estocolmo por nuestros captores (PP y PSOE, fundamentalmente), sin ser conscientes siquiera de su propia historia.

¿Qué pinta el rey en este asunto? Absolutamente todo, porque sobre el papel una monarquía es lo más opuesto a una democracia. Simplificando, nuestra jefatura del Estado recae sobre un tipo cuyo único mérito es llevar Borbón como apellido. Nada más. Choca que, en el imperio de la meritocracia que tanto gusta a los neoliberales, éstos sigan a pies juntillas a un personaje sólo por la sangre que corre por sus venas. En ese sentido, me hace gracia cuando alaban lo preparado que está Felipe VI -nuestro dinero nos ha costado este eterno becado-, porque en el fondo eso da igual. Sería exactamente lo mismo si fuera un patán, que con apellidarse Borbón ostentaría la jefatura de Estado.

¿Cómo legitiman la figura del rey todos esos que se llaman demócratas, incluso a pesar de que el monarca traicionó a su propio padre para conseguir la corona y juró obediencia al Movimiento Nacional? Por la Constitución de 1978 y, más concretamente, por el referéndum que la aprobó (por cierto, que en las cifras del Congreso hay un desfase de 30 votos que nadie sabe dónde fueron a parar). En la Carta Magna se reconoce la figura del rey y la totalidad del texto fue aprobada por el pueblo español hace 36 años. Y digo la totalidad porque como puede observarse en las papeletas, sólo había opción de Sí o No, ninguna otra matización. Imaginen, tras la sangrienta dictadura de Franco y en plena recuperación de libertades, ¿quién no se habría tirado como a una cantimplora en el desierto a aprobar la Constitución?

Pues se lo diré yo: el 33% de la población que ni siquiera votó en esta consulta popular. Aunque el Sí ganó por un 88% entre los que votaron, si contamos el censo total, únicamente el 59% de quienes estaban en edad de votar apoyaron al texto que hoy nos tiene secuestrados. Con estos datos (ver Gráficos explicativos aquí), ¿no merece la pena consultar de nuevo a la población y, en virtud del resultado, convocar una asamblea constituyente que adapte la Carta Magna a los nuevos tiempos?

Pues tanto para el PP como para el PSOE no merece la pena. Y eso da qué pensar. ¿Qué oscuros motivos pueden llevar a estos partidos a mantener secuestrados a los ciudadanos? Se lo diré yo: los mismos motivos que condujeron una Transición que no tuvo nada de modélica y cuya factura pagaremos durante muchos años. ¿Lo vamos a permitir?