Dinamitar la igualdad es dispararnos a un pie

Hace una semana, en unas de las tertulias radiofónicas en las que participo, uno de los contertulios me dejaba de piedra al negar que en España exista brecha salarial entre hombres y mujeres. Tal cual. Daba igual la lista interminable de estudios que ponen de relieve que las mujeres cobran a día de hoy lo que los hombres ganaban hace una década y que deberían trabajar cincuenta días más al año para igualar sus nóminas.

A pesar de ser un tipo informado, el tertuliano negó informes de organismos como el Foro Económico Mundial, que sitúan a España en el puesto 29 (de 144 países) de un ránking de igualdad en el que la brecha de género se sitúa en el 59%, la mayor tasa de desigualdad desde 2008.

Es preocupante que haya voces que todavía niegan la realidad que las propias estadísticas del INE ponen al descubierto para sonrojo del empresariado. Y es preocupante porque eso favorece que al tiempo que la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat (PP), propone anonimizar los currículums para evitar el sexismo dentro de su plan de igualdad de oportunidades, da un zarpazo a esa igualdad eliminando las ayudas para impulsarla en las pequeñas y medianas empresas.

España tiene un problema muy serio con este asunto y buena parte de quienes nos gobiernan y de la propia ciudadanía, como el tertuliano, no lo quieren ver. De poco sirve que Susana Díaz (PSOE) en Andalucía advierta que va a multar con hasta 120.000 euros a las empresas que discriminen a sus trabajadoras, cuando en la propia Junta los funcionarios cobran un 12% más que sus compañeras, y un 16% más a partir de los 55 años. Así es muy complicado concienciar.

La brecha salarial está mucho más ligada de lo que la gente cree a la lacra de la violencia machista, porque no tener independencia económica crea una lazo más, una soga más para no poder dar un paso al frente cuando se es víctima. Una dependencia que se produce, no sólo durante la vida laboral, sino también después. La pobreza se feminiza.

Para todas esas personas, como el tertuliano, que siguen pensando que no existe brecha salarial -que estadísticamente se sitúa en el 23,2%-, ahí va otro dato revelador: la diferencia entre hombres y mujeres cuando cobran sus pensiones es del 37,8%. Si un hombre cobra de media casi 1.200 euros, las mujeres no llegan a 743 euros, lo que ilustra a la perfección la brecha salarial y la precariedad laboral que sufren. Además, de los 2,4 millones de pensionistas que cobran menos de 700 euros mensuales, el 72% (1,5 millones) son mujeres.

Ahí tienen un buen puñado de datos, no sólo para exigir a los Gobiernos que cumplan con la Constitución que tanto alaban, sino también para acallar voces como las de ese tertuliano, porque la casa se empieza por los cimientos. Ya va siendo hora de que la sociedad en bloque defendamos los que tenemos que defender y abandonemos de una vez por todas la máxima del ‘sálvese quien pueda’. Más solidaridad, porque en último extremo, a tod@s nos afecta. Dinamitar la igualdad es dispararnos a un pie.