Sin confianza en la Justicia

La confianza en la Justicia española se ha convertido en un acto de fe; un ejercicio que para los que somos ateos resulta complicado, porque no somos muy dados a creencias ciegas y preferimos hechos. Y los hechos, la verdad sea dicha, apuntan a que la Justicia en nuestro país está más amenazada que nunca.

Es una acusación muy grave, lo sé, pero más grave aún es la larga lista de evidencias que la sustentan. Ni siquiera haré referencia a algunas de las ‘sentencias reales’ que ya conocíamos de antemano por el propio presidente del Gobierno. Tampoco a la larga lista de indultos escandalosos que se ocultan en el BOE.

Podemos mirar directamente a lo que está pasando en Murcia. Ya no es que escucháramos como el propio ministro de Justicia buscara al imputado para anticiparle en persona, durante el Congreso del PP, los próximos movimientos en su causa… no; es que lo sucedido en la fiscalía pone los pelos de punta.

El responsable de la investigación de casos como Novo Carthago o Umbra, esto es, el fiscal Anticorrupción de Murcia, Juan Pablo Lozano, ha sufrido dos asaltos a su casa robándole el ordenador en el que guardaba los sumarios de sus investigaciones. ¿Y el resto de las cosas de valor? Intactas. Es cristalino lo que buscaban. A estos asaltos se suma un tercero: al domicilio del subinspector de la Agencia Tributaria de Murcia que actúa de perito judicial en los casos de corrupción. ¿Casualidad? No lo creo.

Y la guinda del pastel es el relevo del fiscal jefe de Murcia. El que durante una década ha sido el azote de la corrupción en esta Comunidad Autónoma, Manuel López Bernal, será sustituido incomprensiblemente por José Luis Díaz Manzanera. Este movimiento se lo tenemos que agradecer al fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y es uno de los muchos que son criticados por la Unión Progresista de Fiscales, que no dudan en tachar de “cambios ideológicos”.

Cuando un fiscal jefe como López Bernal denuncia públicamente las intimidaciones que sufre, aunque no sepa quiénes son los autores de las mismas, ¿cómo podemos tener confianza en la Justicia? La situación es gravísima, porque perdida por completo esa confianza -para quienes no creemos en la fe ciega-, ¿qué impide que alguien empiece a tomarse la justicia por su mano? Llegados a ese punto, tan culpable será quien lo haga, como quienes han propiciado esta situación.