Somos idiotas, no escarmentamos

Somos idiotas, no escarmentamos. Cuando se inició la crisis en 2008 -2010 para Rodríguez Zapatero-, había quien utilizaba la excusa o el atenuante de que la banca nos había hecho la cama, de que la concesión de préstamos imposibles, que la barra libre de créditos personales habían propiciado la oleada de desahucios que hemos vivido en los últimos años.

Aquel atenuante era asumir que un porcentaje demasiado elevado de la población no había sido lo suficientemente sensato como para ver que se movía en arenas movedizas de la usura del capitalismo moderno, donde en lugar de pegarte una paliza real, te la pegan a nivel contable con una absoluta desprotección del Estado que mira más por los intereses de la banca que por los de quienes sostenemos y rescatamos a esas entidades.

Compramos pulpo como animal de compañía: la culpa fue de la banca. Vale. ¿Y ahora? Ya sabemos todos que nos la pegaron, que caímos en su trampa -ahora que está de moda eso de las tramas y las trampas- y, sin embargo, volvemos a estar endeudados hasta las cejas. Cuando te timan una vez, la culpa es del timador; cuando sufres el mismo timo, la culpa es tuya. Somos idiotas; no escarmentamos.

Antes de las Navidades, engañados por esos aires triunfalistas que se envían desde el Gobierno a pesar de que nunca antes en España había habido tanta gente trabajando sin salir por ello del umbral de la pobreza, la deuda de los hogares subió en 6.428 millones. ¿Por qué ese empeño en gastar lo que no tenemos en lugar de exigir lo que nos corresponde, que no es otra cosa que un salario digno?

Los operadores de crédito se están haciendo de oro. Estas compañías están recuperando los ritmos de crecimiento previos a la crisis, superando el 22%. Sólo en el capítulo de Vivienda, su incremento va camino del 30%. Normal, por otro lado, considerando que estamos viviendo otra burbuja inmobiliaria: desde 2014, cuando el mercado inmobiliario comenzó lo que los expertos califican de ‘recuperación’ y otros lo llamamos ‘estafa’, ya andamos en tasas de subidas de precios del 10%. Increíble.

A ello es preciso sumar la escalada incesante de alquileres en las ciudades en las que los procesos de gentrificación convierten a las grandes ciudades en parques temáticos para turistas y sitios cada vez más complicados en los que vivir.

Dejemos de ser idiotas, escarmentemos de una vez por todas y exijamos con toda la contundencia lo que nos corresponde, no asumamos, por ejemplo, que 10 millones de españoles ya recurren a la Sanidad privada porque la pública deja tanto que desear en cuanto a listas de espera… No asumamos que la sanidad privada supone ya el 30% del gasto sanitario en España ni nos resignemos a los planes de pensión privados mientras el Estado despilfarra en conceptos superfluos.

Y si nos resignamos, si dejamos que nos vuelan a timar otra vez, al menos, reconozcámoslo y cantemos juntos el mantra: “Somos idiotas, no escarmentamos”.