Murcia: prueba piloto de la antidemocracia

Resulta inaudito cómo, llevando tanto tiempo acorralado por la corrupción, el Partido Popular (PP) sigue disfrutando de una posición de poder en el espacio político. Sin embargo, esto no significa que los de Génova quieran seguir tentando a la suerte, la efectividad de su manipulación o, sencillamente, la insconsciencia humana -por no hablar en otros términos-. Por eso, quizás, hace años que lleva conqueteando con limitar derechos como la libertad de expresión y la libertad de prensa; ahora, además, quiere impedir que un partido político o un sindicato puedan poner querellas.

El escenario escogido para la prueba piloto de esta medida es Murcia, que se ha convertido en la demostración más palpable de por qué PP y Ciudadanos (C’s) son dos caras de una misma moneda. Publicaba recientemente Le Monde Diplomatique un interesante artículo en el que se planteaba el origen de la formación de Albert Rivera con el objetivo de frenar a los nuevos partidos. Una suerte de anticuerpo que estaría vertebrado por quien los que peinamos canas conocimos en su día como yuppies, esos jóvenes ejecutivos, dinámicos, que venden una imagen de transparencia y anticorrupción.

Meros productos del coaching de saldo que han conseguido que un buen puñado de electores caiga en sus redes, pero detrás de ese don de gentes, todo es hueco. Miren, si no, a Murcia y comprueben cómo C’s es la muletilla del PP, cómo dice y se desdice con la misma facilidad con la que los de Rajoy dictan el paso. A estas alturas del partido, tod@s sabemos que C’s dará el diputado que le hace falta al PP para que el sucesor del ampliamente imputado (“formalmente”, como le gusta apuntar) Pedro Antonio Sánchez tome el relevo al frente del Gobierno regional de Murcia.

Rivera sería campeón de debates en su etapa estudiantil, pero mucho tendría que afinar ahora el discurso para salir de la imagen de líder de un partido sin identidad, volátil e instrumental en que se ha convertido Ciudadanos. ¿Cómo justificar que vayan a dar el poder al PP en Murcia en lugar de haber favorecido una moción de censura que desembocara en nuevas elecciones? ¿Cómo fundamentar que Ciudadanos permita que Sánchez continúe siendo diputado a pesar de su más de media docena de imputaciones? Sencillamente, no puede.

Mientras el PP quiere anular la acción popular, sabedor de que seguramente aún queden demasiadas manzanas podridas en el cesto y desde Génova ni se puede ni se quiere tener control sobre ello. ¿Se imaginan si una medida así se hubiera propuesto en alguno de los países iberoamericanos contra los que la derecha más recalcitrante de España carga con la misma intensidad con que aquí minan nuestra democracia?

El viperino Rafael Hernando asegura que lo que se busca con la acción popular es ganar en los tribunales lo que no se ha ganado en las urnas. De ahí que la quieran borrar de un plumazo. Lo dice alguien que milita en un partido que ha sido sentado en los tribunales y cuya misma defensa, con su actuación durante el proceso, admitió su culpa. Quizás, lo ignoro, lo que busca el PP eliminando la acción popular es ganar delictivamente lo que no gana de un modo legal. Quizás ansía impunidad, sabedor de la lista de presuntos delitos que acumula a sus espaldas.

Quizás, como siempre he sostenido, el PP sólo defiende la Democracia mientras le es útil y, cuando no, la deforma, manipula y mancilla hasta tal punto, que no sólo pierde su esencia, pierde su misma naturaleza. Ahora que se ha desatado el neolenguaje con estupideces como la posverdad (en lugar de decir “mentira”), pónganle ustedes nombre, pero no lo llamen Democracia. No lo es.