Esperanza Aguirre, deje de dar lecciones

Nunca soporté la soberbia de Esperanza Aguirre. Esa superioridad moral que siempre ha ejercido, como si caminara por encima del resto, como si hubiera que admirar su integridad. Basta ya de lecciones de moral, señora Aguirre. Váyase de una vez por todas con sus pucheros y su prepotencia y no vuelva más… salvo para rendir cuentas para una ciudadanía a la que ha defraudado… incluso, a la que hubo un tiempo que la jaleaba.

Ni siquiera voy a entrar en sí Aguirre estaba o no en el ajo de alguno de los casos de la larga lista de corrupción que ensombrece la trayectoria política de Aguirre; me reservo la opinión. Sin embargo, lo que es un hecho es que la lideresa no podía haber estado peor rodeada. Demasiados imputados, demasiados condenados… demasiados fichajes que “han salido rana”.

Ahora, ya en su despedida, la aprendiz a Dama de Hierro del PP, muere (políticamente) matando, lanzando el recado a Rajoy de que, si ella no ha estado muy hábil vigilando, él tampoco. El gallego es a la ceguera ante la corrupción a nivel nacional lo que Aguirre a nivel autonómico.

Mención aparte merece, además, la despedida que ha realizado el PP a la que, aún siendo un continuo quebradero de cabeza para Rajoy, representó una época dorada del triunfalismo electoral para los de Génova. Si la despedida del partido nacional ha sido más bien fría, la del PP de Madrid ha sido gélida. No sorprende ninguno de los dos casos, puesto que Aguirre ha sido utilizada por su partido del mismo modo que éste utiliza la democracia: respetándola sólo cuando le conviene.

En el caso del PP de Madrid, se destila venganza, rencor por doquier. Cristina Cifuentes, su sucesora al frente de la formación en Madrid, debe de haber celebrado por todo lo alto la marcha de su rival, a la que ha asestado varapalo tras varapalo.

En esta coyuntura, no caigan en el error de sentir lástima por esa despedida a Aguirre, como tampoco caigan en la trampa de admirarla por dimitir. Todo lo contrario, reprochen que no lo hiciera antes y abran los ojos para constatar una vez más qué clase de partido es el PP. “Me siento engañada y traicionada”, decía ayer Aguirre. No me lo creo pero, aunque lo hiciera, está a años luz de cómo se siente la ciudadanía con ella y tod@s l@s de su calaña.