Florentino da la cara por Ronaldo. ¡Qué cara!

En una entrevista concedida al diario ABC, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, da la cara por Cristiano Ronaldo después de que la Fiscalía lo haya acusado de defraudar 14,7 millones de euros a Hacienda. Dado que hablamos del Madrid, sigamos en clave castiza y exclamemos “¡Qué jeta tienen algunos!”.

El presidente del Real Madrid da la cara por su gallina de los huevos de oro porque, en realidad, el fútbol le importa bien poco a Pérez, lo que le gusta es el dinero y, con ese fin, ha convertido al equipo en una máquina de generar euros, invirtiendo en fichajes con los cálculos realizados al céntimo de cuánto ingresará vendiendo camisetas y derechos de imagen. Por este motivo, no puede perder ahora al portugués, pues está en uno de los momentos comerciales más boyantes.

Así las cosas, la única justificación que se le ocurre a Pérez es que lo único que hizo Ronaldo fue trasladar la misma estructura para la explotación de sus derechos de imagen que tenía en Reino Unido… ya saben, esa que desvía a paraísos fiscales los ingresos. Dicho de otro modo, que ya eludía el pago de impuestos cuando jugaba en el Manchester.

Increíble. Según la revista Forbes, Ronaldo es el deportista mejor pagado del mundo, con 81,7 millones de euros entre sueldo y contratos de publicidad. Unos ingresos que, según esta misma publicación, le han reportado una fortuna de más de 620 millones. Y, con todo, recurre a la ingeniería fiscal para eludir el pago de impuestos. Eso, incluso aunque fuera legal -que está por demostrar-, debería revolvernos las entrañas, debería resultarnos tan detestable que nos hiciera vomitar. Más aún cuando parte de su prestigio viene de su condición de ídolo de l@s más pequeñ@s, lo que debería hacer de su comportamiento algo ejemplar.

En su lugar, prefiere evitar pagar impuestos… y Florentino Pérez lo defiende, porque su propio bolsillo está también en juego. ¿Qué nos dice esto? Que nadie, absolutamente nadie se hace rico sin ser moralmente despreciable. Recuerden que ninguna buena obra hace menos reprobable una mala conducta, que ninguna donación multimillonaria de Amancio Ortega hace menos asquerosos sus talleres de semiesclavitud en Brasil (por los que ya ha sido multado) ni la precariedad laboral que despliega en nuestro propio país… ¿O acaso vamos ahora a defender a los narcos que construyen hospitales y escuelas en México? Pues eso.