Por lo que no protestan las autoescuelas

La huelga de los examinadores de Tráfico y, posteriormente, las movilizaciones de autoescuelas ante aquélla, deberían ser objeto de reflexión. Más allá de lo insolidaria que me resulta la postura de las autoescuelas que, en lugar de unirse a las reclamaciones de los examinadores, presionan para que éstos renuncien a su derecho de huelga, hay ciertas consideraciones de las que no se habla lo suficiente.

En primer lugar, ¿por qué muchas de las autoescuelas que ahora protestan contra los examinadores no lo hacen sobre el modo en que se adjudican los centros en los que se imparten los cursos de reciclaje cuando una persona pierde los puntos del carné? Para que vean el tufo a chamusquina que desprende este asunto: para toda la provincia de Málaga, únicamente existen siete autoescuelas (dos en Málaga y una en Marbella, Estepona, Ronda, Antequera y Torre del Mar) en las que se pueden realizar estos cursillos. No es un caso aislado. Una persona que se haya quedado sin carné ha de desplazarse muchos kilómetros, precisamente, cuando no lo puede hacer en su vehículo y la combinación de transporte público no siempre es adecuada.

Por otro lado, ¿por qué las autoescuelas no luchan por regular los precios y evitar diferencias de tarifas tan desorbitadas? El último estudio comparativo de FACUA revelaba que mientras en ciudades como Murcia aprobar el carné de conducir B a la primera costaba más de 933 euros, en Granada únicamente unos 452 euros, esto es, diferencias superiores al 106%. ¿Cómo son posibles estas diferencias tan acusadas? Nada tienen que ver “las autoescuelas low-cost que viven de los suspensos”, como indica algún representantes de autoescuelas, pues el coste medio a nivel nacional roza los 700 euros.

Como dato curioso que no siempre trasciende, a finales del año pasado el Gobierno de La Rioja puso en marcha préstamos de hasta 2.000 euros para el carné B para jóvenes y hasta 3.000 para los permisos profesionales, con un plazo de amortización máximo de 36 meses, sin intereses a crédito cero.

Por otro lado, ¿por qué uno puede presentarse por libre al examen teórico abonando la correspondiente tasa pero, en cambio, no puede hacerlo al práctico? Para la prueba final del carné es requisito indispensable apuntarse a una autoescuela, lo que incluye el pago de una matrícula nada despreciable. ¿Acaso una persona no puede saber manejar el vehículo sin necesidad de recibir clases particulares de una autoescuela? Obviamente, serán l@s men@s pero, ¿por qué privar de ese derecho?

Pues no sólo sí se priva sino que, además, la DGT estudia la posibilidad de fijar un número mínimo de clases prácticas obligatorias antes de poder presentarse a examen. ¿El motivo? Que el 73% de las personas que se presentan por vez primera suspenden. En lugar de valorar la calidad de las clases prácticas que se están impartiendo, por ejemplo, la DGT considera que son necesarias más clases, algo que, naturalmente, han aplaudido las autoescuelas, que consideran que la relación óptima es de 1,5 clases por año de edad, es decir, que como mínino, una persona de 18 años debería recibir unas 27 clases. Vayan echando cuentas si tienen, por ejemplo, 40 años, pues 60 clases, a cerca de 30 euros por clase… 1.800 euros.

Ahora, en este maremágnum de cifras y normas, den un paso atrás y piensen, ¿quiénes sacan el máximo beneficio? ¿El futuro o la futura conductora? Pues está todo dicho…